La semana de la lactancia materna, celebrada en septiembre, es uno de los asuntos que genera debate, especialmente en el ámbito de las cuestiones relacionadas con las mujeres. Aunque el título de este análisis pueda parecer provocador, la verdad es que una no debería llegar nunca a tener que decir que está a favor o en contra de la lactancia, porque no se está a favor o en contra de algo que nunca ha estado ni puede estar prohibido y que, por tanto, es una elección muy personal.
La lactancia materna es un tema que atraviesa la experiencia personal y sobre el que se ha reflexionado bastante en los últimos años. La autora de este texto, madre de dos hijas, ha estado vinculada durante años a los movimientos sociales y al activismo feminista, lo que le ha proporcionado una perspectiva particular. Ha dado pecho a su hija mayor hasta los 22 meses y su hija pequeña aún mama, aunque este hecho no ha sido constituyente de su identidad o de su posición en el mundo, o quizá un poco sí.
Los debates sobre la lactancia se pueden resumir, simplificando mucho, en dos posturas principales dentro del feminismo.
Dos Corrientes en el Feminismo sobre la Lactancia
La Postura Pro-Lactancia Prolongada y Crianza con Apego
Por un lado, existe una corriente que apuesta fuertemente por la lactancia materna prolongada y a demanda, vinculada a lo que se llama la «crianza con apego». Esta corriente ha puesto de manifiesto los beneficios de la lactancia materna para las criaturas, tanto a nivel físico como de su desarrollo emocional, una tendencia corroborada por la comunidad médica, con entidades de fuerte peso como la Organización Mundial de la Salud a la cabeza, situando a buena parte de la opinión pública en un marco prolactancia.
Muchas mujeres la reivindican, además, como un símbolo y como una herramienta para poner en valor los cuidados, que, asociados tradicionalmente al ámbito reproductivo y doméstico que realizan las mujeres, han sido infravalorados como una cuestión menor, sin reconocimiento social y no remunerados. Así, estos estilos de lactancia y crianza se han convertido para muchas en una oportunidad para poner los cuidados en valor y reivindicar la importancia de los mismos en la sociedad.

Este debate se ha cruzado con el de los permisos de maternidad y paternidad, pues desde estas posiciones se ha apostado a menudo por la demanda de la extensión del permiso de maternidad para las madres y la no equiparación de los permisos de los padres bajo el argumento de que, siendo las mujeres las que llevan a cabo la lactancia, deben ser ellas quienes obtengan mayores beneficios sociales y apoyo para poder desarrollarla.
La Crítica Feminista a la Lactancia Obligatoria
Por otro lado, dentro del feminismo se esgrimen también otras posturas que consideran este estilo de crianza muy útil y conveniente al patriarcado, que habría encontrado así una nueva forma de devolver a las mujeres a la esfera de lo reproductivo, disfrazándolo de libertad y elección personal. Desde esta postura, se tilda a la otra de esencialista y biologicista, y se apuesta por una mayor equiparación en la cuestión de los permisos de paternidad y maternidad como herramienta de conquista de la igualdad efectiva.
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Presiones Sociales y Moralidad en la Decisión de Amamantar
A nivel personal, algo que produce bastante rechazo en cuanto a opiniones que vienen indistintamente de una u otra postura es cierta superioridad moral. Así, se esgrime que hay mujeres que escogen la lactancia o la crianza con apego porque no son capaces de darse cuenta de la trampa del patriarcado, es decir, que en realidad, no están eligiendo libremente, sino bajo presiones sociales y mandato de género. Sobre las mujeres que deciden no amamantar a sus hijos, se dice que son mujeres que no tienen la suficiente información, que no saben lo que es mejor o que no han recibido bastante apoyo para consolidar la lactancia.
En el tema de la lactancia, las presiones sociales son múltiples. Por un lado, existe una creciente presión, tanto por parte de la comunidad médica como de otros agentes y también entre las propias mujeres, para que las madres den de mamar a sus criaturas, pues es lo mejor para ellas. Al mismo tiempo, desde los sectores de mujeres y colectivos pro lactancia se señala lo hipócrita de estas recomendaciones, pues no se hacen acompañar de medidas ni políticas de apoyo real a la lactancia para llevarla a cabo, ni en el sentido material ni en el emocional.
Además, la lactancia está socialmente admitida en bebés de corta edad, pero mucho peor vista en bebés grandotes o niñes en los primeros años de edad, y se dan así mismo enormes presiones para abandonarla llegado cierto momento, no respetando la decisión de madres y criaturas.
La Libertad de Elección y la Autonomía del Cuerpo
Bajo el punto de vista de la autora, ambas perspectivas tienen algo de cierto. Lo que no se apoya, precisamente, es la libertad de las mujeres a elegir, dando por hecho que cuando lo hacemos, las mujeres no contamos con criterios suficientes o no hemos analizado lo suficiente los mandatos de la sociedad patriarcal.
Si se hiciera un paralelismo con la cuestión del aborto dentro del feminismo, esto sería impensable. El feminismo ha logrado construir un fuerte consenso en torno a la libertad de las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos, implicando ello la elección de cómo, cuándo y con quien se desean mantener relaciones sexuales, y si se desea o no ser madres o interrumpir un embarazo en un determinado momento. Cada una elegirá, teniendo en cuenta su situación material, emocional, su bagaje cultural, etc. Pensar que las mujeres no podemos hacerlo es infantilizarnos y tutelarnos, que es lo que tratan de hacer las posturas provida.
Sin embargo, ¿no es infantilizarnos también, de algún modo, pensar que otras mujeres tienen menos o peores criterios para decidir sobre su estilo de lactancia y crianza? Esta pregunta se lanza sin obviar, claro, que no vivimos en un mundo ideal, sino que las mujeres nos enfrentamos con innumerables barreras y desigualdades en todos los ámbitos de la vida, y que estas influyen en todas nuestras decisiones vitales, también sobre la maternidad y la lactancia.

Experiencias Diversas y Perspectivas Múltiples
La experiencia de la maternidad es completamente distinta en función del origen y bagaje cultural, la experiencia vital, el nivel formativo y la situación socioeconómica de cada mujer. Por eso, una mujer puede vivir la lactancia con felicidad y plenitud, y otra como una imposición y como un yugo, y las dos cosas son ciertas, porque su vivencia es real.
La experiencia de una mujer activista, con formación universitaria y feminista, le ha hecho vivir su maternidad y su lactancia de una determinada manera, y tomar unas determinadas elecciones. Pero lo que ella considera que es bueno para sí misma, quizá no es lo mejor para otra. Algunas mujeres con las que tiene la oportunidad de charlar en su barrio, Vallecas, con un recorrido vital diferente al suyo, viven estas opciones de manera distinta.
Un día, una mujer embarazada, charlaba con otras sobre el hospital de referencia en la zona y preguntó: “¿Pero se ponen muy pesados con lo de dar la teta?”. Parece evidente que esta mujer no quiere dar la teta, y sus razones tendrá. Se ha establecido como un axioma que la lactancia materna es lo mejor para los y las bebés. Efectivamente, parece que aporta grandes beneficios. Pero, por encima de todo, lo mejor para los y las bebés es que sus madres se sientan emocionalmente bien.
Si hay mujeres que no quieren dar la teta o que la quieren dejar pronto, ¿por qué pensamos que no saben, que si tuvieran apoyo seguirían, que les falta información? A veces se detecta desde el feminismo cierto clasismo hacia las elecciones de las mujeres en situaciones más vulnerables o de menor estatus socioeconómico. No se duda que existan casos de mujeres que abandonen la lactancia por falta de apoyo suficiente, pero resulta paternalista generalizar, dando por hecho que estas mujeres deciden porque no saben suficiente, sin respetar que otras lo hacen sencillamente porque quieren.
Todo esto aplica también a un cierto colonialismo en la forma de entender la cuestión lactancia/estilos de maternidad en el feminismo, donde no hay mucha cabida para la experiencia de mujeres gitanas, musulmanas, indígenas o negras, por considerarse posturas en ocasiones retrógradas o poco feministas. De nuevo, se piensa que ellas no saben, no tienen suficiente información, no son capaces de ver la opresión patriarcal… ¿No tiene esto también mucho de infantilizante?
Ambivalencias y la Necesidad de Espacios de Diálogo
Durante la experiencia de la maternidad, esta llega como un obús, un tiempo en el que se replantea la propia identidad y forma de vida, donde los conceptos de interdependencia y cuidados cobran un nuevo sentido, que va más allá de los significados dados en debates y asambleas. En esos tiempos, la autora se atormentaba pensando en la pérdida de espacios personales de ocio y de participación política que acarrea la maternidad. Habiendo elegido, por intuición, la lactancia a demanda, se cuestionaba si realmente se puede ser feminista y apostar por la lactancia a demanda o por la crianza con apego, o si no estaría autoengañándose.
El debate está servido y se echa muchísimo en falta espacios donde realmente se puedan problematizar y politizar las maternidades, pero desde un lugar donde no solo haya posturas enfrentadas y cuajadas de certezas, sino desde donde se puedan nombrar también las múltiples ambivalencias que atraviesan la crianza. Elecciones sobre las que coexisten emociones encontradas.
Dar teta puede ser un acto de empoderamiento, profundamente feminista y anticapitalista, pero que también nos sitúa como mujeres en un marco de “ser para otros”, posiblemente el mayor que se haya vivido, que regula y pauta nuestros tiempos y nuestras vidas. Una ambivalencia basada, quizá, en valoraciones muy realistas de la naturaleza compleja de lo que se pone en juego.
Los debates deben servirnos, no para hacernos sentir culpables, sino para que las mujeres consigamos tomar decisiones conscientes, lo más libres posibles -sabiendo que la libertad total es una quimera- sobre nuestros cuerpos, sobre la forma de relacionarnos con nuestras criaturas, resistiendo a las presiones que circulan en todas direcciones, haciendo de este hecho un acto sencillamente transgresor, transformador y feminista.