La epilepsia infantil es un trastorno neurológico crónico caracterizado por una predisposición a sufrir crisis epilépticas recurrentes, originadas por una actividad eléctrica anormal y excesiva de las neuronas en la corteza cerebral. Se estima que el 5% de los niños experimenta una crisis epiléptica en algún momento de su vida, aunque una crisis aislada no implica necesariamente un diagnóstico de epilepsia.

Sintomatología y manifestaciones clínicas
La expresión clínica de las crisis en la infancia es muy polimorfa y depende en gran medida de la edad y de la zona del cerebro afectada. Mientras que en niños mayores los síntomas suelen ser más evidentes (sacudidas, rigidez o pérdida de conciencia), en los lactantes y recién nacidos los signos pueden ser sutiles y difíciles de identificar:
- Chasquidos de labios o masticación involuntaria.
- Mirada fija o desviación ocular.
- Pérdida temporal del tono muscular.
- Pausas respiratorias.
- Espasmos o "encogimientos" de hombros repetidos, especialmente al despertar o adormecerse.
En niños más grandes, las crisis pueden presentarse como ausencias (mirada perdida), rigidez muscular, sacudidas violentas o sensaciones inusuales (hormigueo, miedo repentino o percepción de olores inexistentes), conocidas como auras.
Causas y factores desencadenantes
La etiología de las convulsiones en la infancia es diversa. En un gran porcentaje (hasta el 70% de los casos), se clasifica como epilepsia idiopática o genética, donde no siempre se identifica una lesión estructural clara. No obstante, otras causas frecuentes incluyen:
| Categoría | Ejemplos |
|---|---|
| Factores perinatales | Anoxia neonatal, hemorragias intracraneales, sufrimiento fetal. |
| Metabólicas | Hipoglucemia, hipocalcemia, hipomagnesemia, déficit de piridoxina. |
| Estructurales | Malformaciones cerebrales, tumores de bajo grado, displasias corticales. |
| Infecciosas | Meningitis, encefalitis (incluyendo la herpética). |

Diagnóstico: el rol de la evaluación médica
Para un diagnóstico preciso, el neuropediatra realiza una historia clínica detallada, valorando antecedentes familiares y el desarrollo psicomotor. Las herramientas diagnósticas fundamentales son:
- Electroencefalografía (EEG): Es la prueba clave para observar la actividad eléctrica cerebral. En niños pequeños, es habitual realizar registros durante el sueño para aumentar la sensibilidad de la prueba.
- Neuroimagen: La Resonancia Magnética (RM) y la Tomografía (TC) permiten identificar malformaciones, hemorragias o tumores.
- Estudios complementarios: Análisis de sangre y orina para descartar trastornos metabólicos y, en casos específicos, punción lumbar para descartar infecciones del sistema nervioso central.
Pautas de actuación ante una crisis convulsiva
Es vital que los padres y cuidadores sepan cómo actuar:
- Protección: Mantener al niño alejado de objetos afilados, escaleras o superficies peligrosas.
- Posición: Colocar al niño de lado (decúbito lateral) para facilitar la respiración.
- Seguridad: Nunca introducir objetos en la boca ni intentar sujetar la lengua. No contener los movimientos de forma forzada.
- Observación: Cronometrar la duración de la crisis.
Debe solicitarse asistencia de emergencia si: la crisis dura más de 5 minutos, si es la primera vez que ocurre, si el niño presenta dificultades respiratorias o si se producen crisis repetidas sin recuperación de la conciencia.
Convulsiones Jacinto
Tratamiento y pronóstico
El tratamiento se centra en la causa subyacente. Si las convulsiones persisten, se utilizan medicamentos anticonvulsivos, los cuales logran controlar las crisis en aproximadamente el 80% de los niños. En casos de epilepsia refractaria, donde los fármacos no son suficientes, se pueden considerar otras alternativas:
- Dieta cetogénica: Una alimentación alta en grasas y baja en carbohidratos, supervisada por especialistas.
- Cirugía de la epilepsia: Indicada cuando el foco de las crisis está bien delimitado y puede ser extirpado sin comprometer funciones vitales.
- Estimulación del nervio vago: Dispositivo similar a un marcapasos que ayuda a reducir la frecuencia de las crisis.
La mayoría de los niños con epilepsia llevan una vida normal y muchos logran la remisión completa tras unos años de tratamiento. El seguimiento regular con el neurólogo es fundamental para ajustar las dosis y monitorear el desarrollo cognitivo y emocional del menor.