Tras el nacimiento de tu bebé, es común experimentar una serie de sensaciones físicas inesperadas. Una de las más frecuentes son los entuertos, unas contracciones involuntarias que se producen en el útero después del parto. Aunque a menudo se asocian con el parto vaginal, también son una realidad tras una cesárea, donde el proceso de recuperación del tejido requiere una atención especial.

¿Qué son los entuertos postparto?
El útero, un órgano muscular que durante el embarazo aumenta significativamente su tamaño y peso (de 70-100g a más de 1.100g), debe recuperar su estado previo al embarazo en un periodo conocido como puerperio o cuarentena. Este proceso se denomina involución uterina.
Los entuertos son la herramienta fisiológica mediante la cual el útero se contrae para:
- Volver a su posición y tamaño habitual.
- Comprimir los vasos sanguíneos para reducir el sangrado posparto y prevenir hemorragias.
- Evacuar restos de membranas y tejido hemático.
¿Por qué ocurren con mayor intensidad tras una cesárea?
Si bien los entuertos ocurren en todos los casos, las mujeres que han tenido una cesárea pueden percibirlos de manera más llamativa. Esto se debe a que, además de las contracciones naturales del músculo uterino, existe una incisión en el tejido muscular que se encuentra en pleno proceso de cicatrización, lo que añade una carga de sensibilidad a la zona abdominal.
Factores que influyen en su intensidad:
- Multiparidad: Son más frecuentes y dolorosos en mujeres que ya han tenido más de un hijo, ya que el útero necesita mayor esfuerzo para contraerse.
- Lactancia materna: La succión del bebé estimula la liberación natural de oxitocina, una hormona que favorece las contracciones uterinas, intensificando los entuertos durante la toma.

Síntomas comunes
Los entuertos suelen comenzar entre las 24 y 48 horas tras el nacimiento y su intensidad disminuye progresivamente a lo largo de una semana. Se describen comúnmente como:
- Dolores punzantes y agudos, similares a cólicos menstruales.
- Presencia de una estructura dura o "bola" a nivel umbilical (el útero contraído).
- Aumento de la molestia durante la lactancia o al realizar esfuerzos.
Cómo aliviar los síntomas
Aunque los entuertos son un proceso natural y necesario, existen diversas técnicas para gestionar las molestias:
Medidas físicas y relajación
- Aplicar calor: El uso de una almohadilla térmica tibia o una bolsa de agua caliente en la zona abdominal puede proporcionar gran alivio.
- Masaje uterino suave: Realizar masajes muy delicados sobre el útero (cuando no se esté produciendo la contracción) ayuda a liberar la tensión.
- Control de la vejiga: Es vital orinar con frecuencia; una vejiga llena presiona el útero y aumenta la sensación de dolor.
- Técnicas de respiración: Utilizar las mismas pautas de respiración y relajación aprendidas durante el embarazo ayuda a gestionar el umbral del dolor.
Medicación
El dolor puede ser tratado con analgésicos compatibles con la lactancia materna. Es común la pauta de paracetamol alternado con antiinflamatorios como el ibuprofeno, dexketoprofeno o diclofenaco, siempre bajo supervisión médica.
Técnicas de relajación y respiración para el parto
Es importante recordar que los entuertos no son patológicos; al contrario, son una señal de que el cuerpo está trabajando correctamente en su recuperación. Ante cualquier duda o si el dolor se prolonga más allá de la semana o se vuelve insoportable, es fundamental consultar con la comadrona o el obstetra para asegurar que el proceso evoluciona con normalidad.