Introducción al debate
La gestación subrogada (GS) es un tema que genera intensos debates, enmarcados en la tensión entre el deseo de ser padres, los derechos de la mujer gestante y el bienestar del menor nacido. Diversas posturas políticas y feministas se han posicionado ante esta práctica, cada una con argumentos y enfoques particulares.
El partido Ciudadanos ha manifestado su intención de regular el "derecho a la gestación subrogada". Sin embargo, desde una perspectiva crítica, se argumenta que ser padre o madre es un deseo, no un derecho, y que la conversión de deseos en derechos es una característica del neoliberalismo, ideología que se atribuye a Ciudadanos. La propuesta de regulación de Ciudadanos ha sido señalada por establecer requisitos para las gestantes (ser mayor de 25 años, haber gestado un niño sano previamente, no presentar historial de problemas mentales) sin aplicar criterios similares a las solicitantes.
En contraste, EH Bildu, autodenominado partido feminista, propone prácticas que se alinean con esta perspectiva. Una de las cuestiones fundamentales de su propuesta es que la mujer gestante será dueña de sus decisiones durante todo el proceso, incluida la opción de interrumpirlo.
La gestación subrogada altruista y sus implicaciones
En el caso de la GS altruista y garantista, es crucial valorar las consecuencias de una posible regularización. Inicialmente, podría pensarse que una regulación que proteja a la parte más débil (la mujer gestante y el menor) evitaría que las parejas o personas solicitantes recurran a un mercado internacional en países con mayor precariedad. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario.
La enorme brecha entre oferta y demanda en la gestación subrogada altruista regulada lleva a que la mayoría de los solicitantes continúen buscando gestantes en otros países. Esto se debe a que la oferta bajo estas condiciones no cubre ni un mínimo porcentaje de la demanda.
Los datos de regulaciones altruistas, como las de Inglaterra, evidencian esta tendencia: de los 271 casos de GS registrados en Reino Unido, 252 procedieron de vientres de alquiler en el extranjero.

La gestación subrogada en el contexto del patriarcado y el capitalismo
Decidir libremente en condiciones de justicia e igualdad es extremadamente complicado, si no imposible, en un contexto de relación de poder que produce abusos. La gestación subrogada es inseparable del contexto heteropatriarcal y capitalista en el que se produce, donde las mujeres, y especialmente las mujeres pobres, son las más perjudicadas.
El capitalismo ejerce un control sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres como fuente de riqueza. Silvia Federicci señaló hace años que el útero es visto como una fábrica de trabajadores desde el inicio del sistema capitalista, considerando el cuerpo de la mujer como "la última frontera del capitalismo". Este control sobre los cuerpos femeninos no es solo económico, sino también político.
Lamentablemente, la voz de las mujeres gestantes a menudo está ausente en el debate. La falta de testimonios y asociaciones de mujeres gestantes se debe a que siguen sin ser reconocidas como sujetos de acción o interlocutoras, o porque pocas deciden pasar por este proceso libremente.
Se establecen paralelismos con el debate sobre la prostitución, ya que ambos comparten un contexto de violencia patriarcal que explota y mercantiliza los cuerpos de las mujeres para satisfacer los deseos de otros. Sin embargo, se aboga por alejarse de la polarización y profundizar en la ideología neoliberal y la mercantilización de la vida.
Se plantea la reflexión sobre el bien común y el uso mercantilizado de bienes que, como la sangre o los órganos, no deberían ponerse a la venta. Un embarazo, intrínsecamente relacionado con la salud física y psicológica de la mujer gestante, entraña riesgos y experiencias vitales durante al menos nueve meses, y se pretende regular mediante contratos con cláusulas a menudo abusivas.
Perspectivas feministas sobre la gestación subrogada
Diversas corrientes feministas han abordado la gestación subrogada desde diferentes ángulos:
Feminismo crítico y abolicionista
Muchas feministas que se han movilizado contra los vientres de alquiler, como Amelia Valcárcel, Alicia Miyares o Victoria Camps, son doctoras en Filosofía. A nivel internacional, la crítica a la gestación subrogada fue pionera por parte de la fundación FINRRAGE (Red Internacional Feminista de Resistencia a la Ingeniería Reproductiva y Genética), que en 1984 relacionó las técnicas de reproducción asistida con el control patriarcal de las mujeres.
El manifiesto «No somos vasijas», lanzado en 2016 por académicas feministas españolas, dio continuidad a este argumentario. Otra corriente crítica es el ecofeminismo, que considera que la gestación subrogada inserta la creación de la vida en las lógicas capitalistas.
Alicia Puleo critica el alquiler de vientres como una escisión entre la mujer como totalidad psicofísica y una parte de su cuerpo que entra en el mercado. Las abolicionistas recuperan tesis de feministas de la diferencia como Luce Irigaray o Luisa Muraro, quienes señalan que el patriarcado se basó en un "matricidio" simbólico y que los cuerpos femeninos se han convertido en nuevos espacios de inversión para el capital y la ciencia.
Patricia Merino Murga, referente del movimiento de maternidades feministas, observa en la gestación por sustitución la misma lógica del patriarcado de apropiarse de la capacidad reproductiva de las mujeres, otorgando más poder al espermatozoide que a la mujer gestante. La psicóloga perinatal Ibone Olza reivindica el valor existencial del parto como un rito de paso ancestral.
Feminismo de la teoría queer y propuestas alternativas
En el otro extremo, feministas con un discurso más favorable a la gestación subrogada se ubican mayoritariamente en la teoría queer. Sophie Lewis, en "Otra subrogación es posible. El feminismo contra la familia", remite a los úteros artificiales y al Manifiesto cíborg de Donna Haraway. Lewis propone reevaluar la subrogación comercial como una reproductora cyborg, pero enfocándose en el control de los medios de producción por cooperativas de trabajadoras gestantes y promoviendo una "comuna gestante" para liberar la reproducción de la miseria del statu quo y del absolutismo de la tecnología.
Se aboga por una "gestación de código abierto", colaborativa, hospitalaria, que multiplique solidaridades y construya una comuna de cuidados basada en la camaradería. Se propone desnaturalizar la maternidad (ser madre sin parir, parir sin ser madre) y desestabilizar la familia tradicional, ampliando los marcos de crianza a través de comunidades reproductivas.
Varias impulsoras del manifiesto «No somos vasijas» también han criticado la Ley Trans, identificando en el alquiler de vientres un "borrado social, cultural y jurídico de las madres". María José Binetti, autora de "Extractivismo reproductivo en tiempos de ideología queer", sostiene que la teoría de la performatividad de Judith Butler es el soporte ideológico de la gestación por sustitución.
Analogías y diferencias con otras prácticas
Se establecen nexos con el debate sobre la prostitución. Andrea Dworkin empleó la expresión "burdeles reproductivos" en 1983. Gracia Trujillo fundamenta su discurso en la analogía con el trabajo sexual, argumentando que las gestantes ofrecen y venden su capacidad reproductiva. Considera que en ambos fenómenos cabe defender la autonomía corporal y reconocer el trabajo realizado.
Sin embargo, Layla Martínez destaca que la gestación, a diferencia de las relaciones sexuales, ocurre dentro del cuerpo de manera ininterrumpida, lo que plantea la cuestión de si se adquiere el derecho a utilizar y controlar un cuerpo. Tere opina que lo problemático es la mercantilización de la reproducción por el capitalismo biotecnológico, comparándola con el comercio de órganos y cuestionando la prohibición de vender un riñón y no un embrión.
Iturrioz, por su parte, señala una diferencia fundamental: en la gestación subrogada, el sujeto protagonista es el bebé, no la mujer gestante, y lo que está en juego es la continuidad de la especie. Tere Maldonado discrepa, argumentando que la persona con útero está expropiada en el sistema capitalista, ya sea en la prostitución, la familia nuclear o la gestación subrogada.
Iturrioz considera que la gestación subrogada, en su versión tecnificada y globalizada, es un negocio estratégico y nuclear del capitalismo, donde la ciencia, con su relevancia política, crea y legitima realidades. La estrategia para legitimar estas prácticas ha sido revestirlas de avances científico-tecnológicos, lo que lleva a la conclusión de que el sistema capitalista no puede producir la vida de forma "fordista".
Derechos sexuales y reproductivos vs. mercantilización
El argumento principal de quienes abogan por legalizar la gestación subrogada en España es que se enmarca en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Yarnelis M. Malfrán defiende el potencial emancipador de la autonomía reproductiva. La consigna "Mi cuerpo es mío" se utiliza para reivindicar la libertad frente a injerencias eclesiásticas y estatales.
Tere coincide en que no se pueden negar en un tema los principios discursivos defendidos en otro, y aunque crítica el papel de la prostitución y la gestación subrogada en el capitalismo patriarcal, discrepa con arremeter contra las estrategias de supervivencia de las mujeres. Cuestiona por qué se puede vender servicios sexuales pero no alquilar un vientre.
Se matiza que muchas gestantes a las que recurren familias españolas viven en países con legislación que garantiza el consentimiento informado, como no tener necesidades económicas graves y haber gestado previamente. Existe una asimetría entre gestantes y padres de intención: las primeras firman contratos para cubrir necesidades, las segundas para materializar deseos.
Los sectores que reclaman la legalización también relacionan esta reivindicación con el derecho al aborto, empleando la consigna "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Lola Robles subraya una diferencia clave: en el aborto, la mujer decide sobre su propio cuerpo, mientras que en la gestación subrogada el embrión no es suyo, sino propiedad jurídica de otra persona.
El "altruismo" como estrategia de legitimación
Una estrategia para legitimar la gestación subrogada es el argumento del altruismo, sugiriendo que la motivación principal de las gestantes no es económica, sino emocional, ética o espiritual. En muchos países, el pago a las gestantes se presenta como una "compensación" por el tiempo y las molestias, lo que convierte el altruismo en un eufemismo que abarata el proceso y precariza a las mujeres.
Según el manifiesto «No somos vasijas», el recurrente argumento del altruismo y la generosidad de las mujeres gestantes refuerza la definición patriarcal de las mujeres como "seres para otros". Sara Lafuente Funes ve en el altruismo una forma de disciplina de género.
Iturrioz y Maldonado coinciden en criticar el marco del altruismo. Se cuestiona el problema con el dinero y la eficacia de esta estrategia para normalizar la práctica al limitar la mercantilización. La antropóloga Ariadna Ayala expuso que, incluso en modalidades comerciales como en California, se impone la retórica del altruismo, aunque las gestantes reivindican también beneficios emocionales y sociales.

Testimonios y experiencias
La perspectiva de una gestante subrogada
Rachel William, una gestante subrogada estadounidense, comparte su experiencia. A pesar de haber dado a luz a su propia hija, describe una diferencia fundamental en la sensación y el amor hacia los bebés de subrogación. Si bien se preocupa por su salud, sabe que no son suyos y se enfoca en la satisfacción de ver a los padres conocer a sus hijos.
Rachel desmiente la idea de explotación, afirmando que su bienestar siempre fue prioritario. Pasó pruebas financieras, psicológicas y un estudio del hogar para asegurar que no actuaba por necesidad económica, y tuvo su propio seguro médico. Considera que el proceso no es "comprar un bebé", sino asegurar que la gestante tenga todo cubierto para un embarazo sano, destacando el amor y la gratitud en ambas partes.
Jon Swarthout, padre de las mellizas Violet y Ginger gestadas por Rachel, apoya la subrogación como una forma de dar el regalo de la vida a quienes lo desean, contrastando con niños nacidos accidentalmente o de personas que no los quieren. Destaca que la subrogación filtra a quienes realmente desean ser padres.
Rachel ha llevado a cabo tres embarazos subrogados. Inicialmente, solo planeaba hacerlo una vez, pero se conmovió por la historia de una mujer que había pasado por mucho dolor y pérdidas intentando ser madre. Aceptó llevar su embarazo, lo que resultó muy especial. El tercer embarazo fue para una pareja en Francia, contactada por una agencia, ya que en su área era más difícil encontrar gestantes dispuestas a llevar embarazos para familias "no tradicionales".
El caso de Violet y Ginger
Violet, una de las hijas de Jon, percibe a Rachel no como una figura maternal, sino como una amiga cercana de la familia. Le informaron sobre su nacimiento a una edad temprana y nunca sintió negatividad al respecto, aceptándolo como parte de su origen. La idea de ser un "bebé de probeta" le resulta "increíble".
Rachel, Jon y las mellizas participaron en el II Congreso Internacional de Gestación Subrogada en Madrid, un evento organizado para "derribar prejuicios" y "abrir un debate urgente" de cara a su legalización. En España, la práctica está prohibida, y el gobierno tiende a dificultar la inscripción de bebés nacidos por gestación subrogada en el extranjero. Grupos feministas organizaron protestas durante el congreso, argumentando que "las mujeres no se usan" y que los vientres de alquiler explotan, cosifican y mercantilizan a mujeres y bebés.
Rachel responde a las críticas del feminismo español negando la explotación y enfatizando la prioridad de su bienestar y la cobertura de sus necesidades. Jon apoya la subrogación como un medio para formar una familia, destacando que se filtran quienes realmente desean ser padres.

La perspectiva legal y política en España
La polémica sobre la gestación subrogada se reavivó en España tras el caso de Ana Obregón, quien tuvo una hija por esta vía, ilegal en el país. El caso generó controversia no solo por la práctica en sí, sino por el uso del esperma de su hijo fallecido y el óvulo de la gestante, y por la inscripción de la niña en el registro.
La ministra de Justicia, Pilar Llop, se ha mostrado totalmente en contra de la gestación subrogada, argumentando que atenta contra los derechos fundamentales de la mujer gestante y del menor, tratándolos como objetos. El Tribunal Supremo se ha pronunciado en contra en numerosas ocasiones, y la ONU la considera "venta de niños".
Llop considera que "no se puede comerciar con los cuerpos de las personas, las personas no somos un producto más de consumo y menos los niños y las niñas". Sin embargo, justifica que si la gestación subrogada se ha realizado en un país donde es legal, se debe dar una solución en España, siempre mirando por el "interés superior del menor", permitiendo su inscripción si ha sido legalizada en el país de origen.
El neonatólogo Nils Bergman señala que la separación del recién nacido de su madre es lo peor que le puede pasar, lo que lleva a cuestionar los efectos de la gestación subrogada tanto a corto como a largo plazo.
Novela "El cuerpo es quien recuerda" y sus personajes
La escritora Paula Puebla aborda las consecuencias de la gestación subrogada en su novela "El cuerpo es quien recuerda", a través de tres voces: Rita (hija), Victoria (madre compradora) y Nadiya (madre gestante).
Rita: la búsqueda de la identidad
Rita está obsesionada con encontrar a su madre y entender su vida, lo cual se considera un derecho humano fundamental. La falta de conocimiento sobre su origen le genera un "agujero" que le impide ser una persona completa. La identidad de una persona no debería depender de la buena voluntad de un sistema.
Victoria: la complejidad de la elección
Victoria, en la novela, tiene una existencia infeliz y compleja. En la década de los 90 en Argentina, eligió un estilo de vida de consumo y frivolidad, trabajando como supermodelo desde la pubertad. La decisión de alquilar un vientre se debe, por un lado, a evitar la metamorfosis física del embarazo y poder seguir trabajando. Por otro lado, es su marido quien insiste en tener un hijo. Accede, quizás para satisfacerlo o para reconfigurar su imagen pública.
Nadiya: la fuerza política de la gestante
Nadiya es la única de las tres mujeres de la novela que tiene un proyecto vital. A pesar de una vida difícil, no se conforma ni se acomoda en el lugar de la víctima, sino que pretende transformar la realidad. Se conecta con el deseo de recuperar a quienes considera sus hijos, organizándose con otras gestantes como compañeras de lucha.
Nadiya es descrita como un "animal político" que busca poner fin a las "abyeciones del mercado", el maltrato, la deshumanización y la violencia sistémica del capitalismo.

Reflexiones sobre el cuerpo, el mercado y la ciencia
La novela aborda la sabiduría sensorial y sensitiva del cuerpo, y cómo este registra el vínculo inexorable entre gestantes y gestados, algo que el mercado intenta eliminar. Se critica la narrativa lineal de la víctima y se busca evitar la autocomiseración, abordando las voces de las tres mujeres involucradas.
La investigación para la novela reveló la falta de documentación y testimonios de mujeres gestantes, lo que sugiere un clima de misterio y opacidad, y plantea interrogantes sobre los poderes que operan para silenciar esta "fuerza de trabajo".
Se señala la urgencia de un debate sobre la gestación subrogada en Argentina, donde la apropiación de consignas como "mi cuerpo, mi decisión" por parte de las derechas y la ausencia de una lectura de clase impiden abordar la complejidad del tema. Existe miedo en los feminismos a caer en el juicio, lo que amordaza el debate.
Preocupa la lista de condiciones que favorece al mercado y la posibilidad de que la situación socioeconómica argentina impulse legislaciones beneficiosas para las clínicas en detrimento de las mujeres empobrecidas. Se critica el "ilusionismo" de mostrar que, con una transferencia bancaria, una pareja tiene un bebé feliz, y se enfatiza la necesidad de narrar lo que se mantiene opaco y poner la lupa sobre la letra pequeña.
Se reflexiona sobre la posibilidad de elegir sexo, color de ojos e inteligencia de donantes, y se vislumbra la proliferación de la etnogénesis (vientres artificiales), lo que lleva a plantear escenarios de "bebés de diseño" y nuevas formas de discriminación.
¿En qué consiste una subrogación gestacional y qué implica este proceso?
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