El Simbolismo de la Luna, la Serpiente y la Fecundidad según Mircea Eliade

Mircea Eliade (1907-1986) fue un novelista, historiador de las religiones y de los símbolos, cuya obra se cuenta entre las más sugerentes para quienes se interesan por las misteriosas formas de lo sagrado en distintas culturas. A través de sus estudios, Eliade exploró la profunda interconexión de símbolos en las experiencias religiosas humanas, revelando un mundo que se manifiesta como una totalidad. Entre sus muchas investigaciones, el simbolismo de la luna y sus manifestaciones en diversas culturas, especialmente a través de la figura de la serpiente, ocupa un lugar central debido a su relación intrínseca con la fecundidad, la regeneración y los ancestros.

El Simbolismo Lunar en el Reino Animal

Ciertos animales se convierten en símbolos o “presencias” de la luna porque su forma o su modo de ser evocan el destino del astro. Así, el caracol, que aparece y desaparece en su concha; el oso que se hace invisible en lo más fuerte del invierno y reaparece en la primavera; la rana porque se hincha, se hunde y reaparece en la superficie del agua; o el perro porque se le ve en la luna o porque es el antepasado mítico de la tribu, son ejemplos de estas correspondencias simbólicas.

Sin embargo, la serpiente destaca por su particular vínculo con la luna. Sus características como el aparecer y desaparecer, la cantidad de anillos que evocan los días de la luna, su papel como “esposo de todas las mujeres” o su capacidad de cambiar de piel -es decir, regenerarse periódicamente y ser “inmortal”- la convierten en un potente símbolo lunar.

La Serpiente como Epifanía de la Luna

Polivalencia y Poderes de la Serpiente

El simbolismo de la serpiente es de una polivalencia turbadora, pero todos sus referentes convergen hacia una misma idea central: es inmortal y se regenera. Por lo tanto, es una “fuerza” de la luna y, como tal, distribuye la fecundidad, la ciencia, la profecía e incluso la inmortalidad. Inmutables mitos evocan el funesto episodio en que la serpiente robó la inmortalidad concedida al hombre por la divinidad. La serpiente es considerada como la que hace venir a los niños, y desde la época del budismo en la India, fueron miradas como las distribuidoras de la fertilidad universal, las aguas y los tesoros.

Representación de la serpiente como símbolo de inmortalidad y regeneración

Lazos con las Mujeres y la Fecundidad

En primer lugar, los lazos de la serpiente con las mujeres y la fecundidad son innegables: la luna es fuente de toda fertilidad y gobierna al mismo tiempo el ciclo menstrual. Personificada, se convierte en “el amo de las mujeres”. Muchos pueblos creían -y algunos incluso siguen creyendo en nuestros días- que la luna, bajo la apariencia de un hombre o bajo la forma de una serpiente, se une con las mujeres. Por eso, entre los esquimales, las muchachas no miran a la luna, por temor de quedar encinta.

La serpiente, puesto que es una epifanía de la luna, cumple la misma función. Entre los Abruzzos se sigue contando que la serpiente se acopla con todas las mujeres. Los griegos y los romanos compartían la misma creencia, como se observa en relatos como el de Olimpia, madre de Alejandro Magno, que jugaba con las serpientes, o la leyenda del famoso Aratus de Sicyon, quien era hijo de Escolapio porque, según Pausanias, su madre lo había concebido con una serpiente. Suetonio y Dion Casio cuentan que la madre de Augusto concibió por el abrazo de una serpiente en el templo de Apolo, y una leyenda análoga circulaba sobre Escipión el Viejo.

En Alemania, Francia, Portugal y otros sitios, las mujeres temen que una serpiente entre en su boca durante su sueño y las deje encinta, sobre todo en la época de la regla. En la India, las mujeres que desean un niño adoran a una cobra, y se cree en todo Oriente que las mujeres tienen su primer contacto sexual con una serpiente durante la pubertad o el periodo menstrual. La tribu india de los Komati, en la provincia de Mysore, conjura la fecundidad de las mujeres por medio de serpientes de piedra. Eliano nos asegura que, según la creencia de los hebreos, las serpientes se acoplaban con muchachas; y volvemos a encontrar esta creencia en Japón.

Una tradición persa menciona que, después de que la primera mujer fue seducida por la serpiente, tuvo inmediatamente su regla. Se dice en los medios rabínicos que la menstruación se debe a las relaciones de Eva con la serpiente en el paraíso. Incluso en Abisinia se cree que una muchacha antes de su boda corre peligro de ser raptada por las serpientes.

Ilustración de

La Serpiente como Fuente de Magia y Sabiduría

La serpiente tiene significaciones múltiples, y entre las más importantes conviene considerar su “regeneración”. La serpiente es un animal que se “transforma”. Por ser lunar, es decir “eterna” y vivir bajo tierra, encarnando, entre muchos otros, a los espíritus de los muertos, la serpiente conoce todos los secretos, es fuente de la sabiduría y entrevé el futuro. Para los chinos, la serpiente está en el origen de todo poder mágico, mientras que los términos hebreos y árabes que designan a la magia se derivan de los que designan a las serpientes.

Se conocen divinidades mediterráneas representadas con una serpiente en la mano, como Artemisa, Hécate, Perséfone, o con una cabellera formada de serpientes, como la Gorgona y las Erinias. Según ciertas supersticiones de la Europa central, si se entierran los cabellos arrancados a una mujer que se encuentra bajo la influencia de la luna -es decir, en la época de su regla-, éstos se transforman en serpientes. Una leyenda bretona asegura que la cabellera de las hechiceras se transforma en serpiente, indicando que una mujer cualquiera no tiene ese poder, sino solo la que está bajo la influencia de la luna y participa también en la magia de la “transformación”. Que la hechicera sea a menudo una investidura lunar, directa o transmitida por intermedio de las serpientes, lo confirman un gran número de documentos etnográficos.

La Red Cósmica de Símbolos y su Polisimbolismo

La intuición de la luna, en cuanto norma los ritmos y es fuente de energía de vida y de regeneración, ha tejido una verdadera red entre todos los planos cósmicos, creando simetría, analogías y participaciones entre fenómenos de una infinita variedad. Lo que sobresale con bastante claridad de este polisimbolismo de la serpiente en su destino lunar, son sus poderes de fecundidad, de regeneración y de inmortalidad por metamorfosis.

Mircea Eliade enfatiza que en realidad, todos los valores coexisten en un símbolo, aunque en apariencia algunos de ellos sean los únicos que funcionan. El estudio metódico de un conjunto religioso cualquiera, descompuesto en sus elementos morfológicos, corre el riesgo de pulverizarlo. Por ejemplo, el simbolismo erótico de la serpiente ha “tejido” numerosas equivalencias y correspondencias que relegan a la sombra, por lo menos en ciertos casos, sus valencias lunares.

Asistimos a una serie de intersecciones y de correspondencias que se responden unas a otras, refiriéndose a veces al “centro” del que derivan todas, pero articulándose en otros casos en sistemas adyacentes. Así pues, del conjunto luna-lluvia-fertilidad-mujer-serpiente-muerte-regeneración periódica, nos encontramos a veces únicamente con conjuntos parciales como serpientes-mujer-fecundidad, o serpiente-lluvia-fecundidad, o también mujer-serpiente-magia, etcétera. Toda una mitología se crea alrededor de estos “centros” secundarios, relegando en la sombra, para quien no está prevenido, al conjunto original que se encuentra, sin embargo, implicado hasta en el fragmento más minúsculo.

Pintura de

La Conexión Serpiente-Agua/Lluvia

Una de las ramificaciones más significativas de este simbolismo es el binomio serpiente-agua o lluvia. Mircea Eliade afirma que las serpientes y las nubes son íntimas compañeras simbólicas en mitos de los pueblos más variados. En una leyenda zapoteca, por ejemplo, las serpientes tejen un corral en el que se encuentra el héroe mientras lleva a cabo el reto de montar un toro bravo, y se conectan con la geometría de las estrellas. En otra leyenda, una serpiente voladora, también en los cielos y esta vez bajo la luna, atrapa a una mujer.

Leyendas y mitos innumerables nos presentan serpientes o dragones que controlan las nubes, que habitan estanques y alimentan de agua al mundo. El lazo entre las serpientes y los manantiales o los cursos de agua se ha conservado incluso en las creencias populares europeas. En la iconografía de las culturas amerindias, el binomio serpiente-agua es extremadamente frecuente; por ejemplo, el emblema de Tláloc, el dios mexicano de la lluvia, está constituido por el enrollamiento de dos serpientes, como se constata en el Códice Borgia, donde una serpiente herida por una flecha indica la caída de la lluvia. El Códice Dresde representa el agua en vaso “ofideoforme”. Que este simbolismo encuentra su justificación en el hecho de que la luna es la distribuidora de las lluvias, es algo ya probado por las investigaciones de Hentze.

Algunas veces, incluso, el conjunto luna-serpiente-lluvia se ha conservado hasta en el ritual: en India, por ejemplo, el rito anual de la veneración de la serpiente, Sarpabali, tal como está expuesto en los Grihyasútras, dura cuatro meses; comienza durante la luna llena Sharávana, primer mes de la estación de las lluvias, y termina durante la luna llena Márgacirsha, el primer mes de invierno. En el Sarpabali coexisten así los tres elementos del conjunto original. De hecho, nos encontramos en presencia de una triple repetición, de una “concentración” de la luna, pues las aguas, así como las serpientes, no sólo participan de los ritmos lunares, sino que son además consustanciales con la luna.

Óleo sobre tela

La Serpiente, la Tierra y los Antepasados

El mismo símbolo central de fecundidad y de regeneración, sometidas a la luna y atribuidas por el astro mismo o por formas consustanciales -magna mater, terra mater-, explica la presencia de la serpiente en la iconografía o los ritos de las grandes diosas de la fertilidad universal. En cuanto atributo de la gran diosa, la serpiente conserva su carácter de regeneración cíclica unido al carácter telúrico. La luna es identificada con la tierra, considerada como la matriz de todas las formas vivas; de hecho, ciertas razas creen incluso que la luna y la tierra están constituidas de la misma sustancia.

Las grandes diosas participan tanto del carácter sagrado de la luna como del carácter sagrado del sol. Y por el hecho de que esas diosas son al mismo tiempo divinidades funerarias -los muertos se van bajo tierra o a la luna a fin de regenerarse y reaparecer bajo una forma nueva-, la serpiente se convierte en el animal funerario por excelencia, que encarna a las almas de los muertos, a los antepasados.

Obra de

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