La organización del sistema educativo ha experimentado numerosas transformaciones a lo largo del tiempo, generando periodos de transición y adaptación tanto para alumnos como para docentes. En un contexto histórico, se recuerda una etapa de coexistencia entre la Educación Primaria y la Educación General Básica (EGB), esta última destinada a desaparecer paulatinamente.
Evolución de las etapas educativas y la EGB
La EGB, que constaba de 8 cursos divididos en dos etapas (primera de primero a quinto, y segunda de sexto a octavo), fue un sistema educativo que se aprobaba por cursos. Antes de la denominación actual de Educación Primaria y Educación Secundaria, se conocían como Primera Enseñanza y Segunda Enseñanza. La Primera Enseñanza se estructuraba en seis niveles, agrupados en tres ciclos (inicial, medio y superior) de dos niveles cada uno. La Educación Primaria, por su parte, también se organizaba en tres ciclos, pero denominados Primer Ciclo, Segundo Ciclo y Tercer Ciclo.
Este sistema de transición generó complejidad, como se evidencia en la experiencia de docentes que debían impartir clases a alumnos de distintas etapas y niveles simultáneamente. Por ejemplo, hubo docentes que tuvieron que enseñar a tres cursos de Educación Infantil (3, 4 y 5 años), los seis niveles de Educación Primaria, Primero de ESO y 8º de EGB, cada uno con sistemas de evaluación y puntuación distintos. Esta diversidad de enfoques educativos pudo generar confusión en los padres y tutores.
Un aspecto particular de la EGB era la aprobación por cursos, en contraste con la aprobación por ciclos en Primaria. Esta diferencia, aunque parezca un tecnicismo, implicaba distintas formas de evaluar el progreso académico. A lo largo del curso, se realizaban evaluaciones continuas, trimestrales y finales. Sin embargo, las únicas calificaciones que se reflejaban oficialmente eran las de finales de ciclo, es decir, las de 2º, 4º y 6º.
El sistema de ciclos presentaba tanto ventajas como inconvenientes. Uno de los principales inconvenientes, según la experiencia de algunos docentes, era la posibilidad de crear grupos mixtos, considerados una "aberración" y una fuente de injusticia tanto para alumnos como para maestros. Esto ocurría, por ejemplo, cuando en un centro escolar existían 35 alumnos de cuarto y 30 de tercero. Dada la ratio de 25 alumnos por clase, se formaba un grupo con los 25 "mejores" de cuarto, otro con los 25 "peores" de tercero, y un tercer grupo mixto con alumnos de ambos cursos. La gestión de estos grupos mixtos exigía una gran "desdoblamiento" por parte del docente, adaptando la enseñanza a los diferentes niveles de aprendizaje en un mismo aula.

La enseñanza bilingüe y la adaptación curricular
En cuanto a la enseñanza de idiomas, se observan variaciones según la región y la época. En Canarias, por ejemplo, se impartían 2 horas semanales de Inglés en Educación Infantil, 3 horas semanales en toda la Primaria, y a partir de 5º, también Francés. En otros contextos, como en Cataluña durante la época de la EGB, las clases se impartían en castellano con una hora semanal de catalán como asignatura. Actualmente, la tendencia parece ser a la inversa, con una mayor presencia del catalán en el currículo.
La adaptación curricular también se manifiesta en la introducción de asignaturas en inglés. Un ejemplo actual es que un alumno de primero de primaria curse Ciencias Naturales en inglés ("Science") y Ciencias Sociales, donde se abordan conceptos como la rotación y traslación de la Tierra.
Propuesta de división de libros de texto por trimestres
Con el objetivo de reducir el peso de las mochilas escolares, el conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, ha mostrado su apoyo a la división de los libros de texto por trimestres. Esta iniciativa busca alcanzar un acuerdo con la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (Anele) para implementar esta medida, similar a la adoptada en otras comunidades autónomas.
Según Font de Mora, muchas editoriales ya están trabajando en esta línea. La Generalitat pretende ofrecer soluciones al problema de la sobrecarga de peso en los alumnos de determinados cursos. Se argumenta que esta división no supondría un incremento en el precio de los libros y, además, beneficiaría pedagógicamente la impartición de las materias al fraccionar visualmente el contenido.
La idea es que cada trimestre los alumnos solo carguen con el material correspondiente a ese periodo, lo cual se considera positivo para la salud de los escolares. Se destaca que esta iniciativa descargaría a los niños sin suponer una carga adicional para las familias, ya que el precio de los libros no variaría.

La administración autonómica ha realizado estudios antropométricos en centros educativos de la Comunitat Valenciana, los cuales recomiendan que la carga que portan los escolares no supere el 10% de su peso corporal, independientemente del modelo de mochila utilizado. Estos estudios también subrayan la importancia de utilizar mochilas adecuadas, realizar ejercicio con asiduidad, mantener hábitos posturales correctos y asegurar que el mobiliario escolar cumpla las normas de higiene postural.
El sobrepeso en las mochilas escolares es considerado un claro factor de riesgo para la salud de la espalda, según estudios sobre lesiones de espalda, como los de la Fundación Kovacs. Ante esta situación, asociaciones de padres, respaldadas por recomendaciones médicas, se han dirigido a las administraciones educativas y a los editores de libros de texto para buscar una solución.
Como resultado, se espera que el próximo curso miles de alumnos vean disminuir el peso de sus mochilas, ya que sus libros se dividirán en fascículos trimestrales. Esta medida, que cuenta con financiación de la Conselleria de Educación, destinará 45,1 millones de euros para la adquisición de libros de texto para los alumnos valencianos.
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