Infección Urinaria en el Embarazo: Causas, Síntomas y Soluciones

Sentir dolor pélvico durante el embarazo puede generar preocupación en cualquier mujer. Si bien en muchas ocasiones se trata de una molestia común sin mayor trascendencia, en otras puede ser un síntoma que requiera atención médica. Es fundamental consultar con el ginecólogo ante cualquier duda o molestia persistente.

El dolor pélvico en el embarazo se localiza en la zona de la pelvis, la ingle o la parte baja de la espalda. Generalmente, este tipo de dolor se debe a la acción de dos hormonas clave: la relaxina y la progesterona. Estas hormonas relajan los ligamentos de la pelvis, permitiendo que el útero se expanda para dar espacio al desarrollo y crecimiento del bebé.

Si bien el dolor pélvico es una dolencia común durante la gestación, es importante estar atentas, ya que en ocasiones puede ser un indicio de alguna complicación. Un dolor pélvico o abdominal intenso durante las primeras semanas de embarazo, por ejemplo, podría ser un signo de embarazo ectópico o extrauterino.

Otra causa frecuente de dolor pélvico durante el embarazo es la infección urinaria (IU). Esta es la infección más común en mujeres gestantes, afectando entre un 4% y un 10% de ellas. Otras anomalías que pueden manifestarse con dolor pélvico incluyen los miomas uterinos (también conocidos como fibromas o fiboides).

La ciática es otro tipo de dolor que puede aparecer durante el embarazo, caracterizado por un dolor en la parte baja de la espalda que a menudo se presenta en el segundo trimestre y persiste hasta el tercero.

En centros especializados, como Clínica Pedrosa, se ofrece valoración para aliviar el dolor pélvico en el embarazo, pudiendo recomendarse tratamientos como fisioterapia, fajas de sujeción o cinturones de soporte. No obstante, ante la presencia de dolor pélvico, siempre se aconseja acudir al médico para descartar otras posibles anomalías o complicaciones.

La Infección Urinaria en el Embarazo: Una Preocupación Frecuente

La infección urinaria (IU) es una condición particularmente común durante el embarazo, presentándose en un porcentaje significativo de gestaciones. Su mayor incidencia se atribuye a la estasis urinaria, un fenómeno que ocurre por la dilatación de los uréteres mediada por hormonas y la hipoperistalsis (disminución del movimiento intestinal), además de la presión que ejerce el útero en expansión sobre los uréteres.

La bacteriuria asintomática, que es la presencia de bacterias en la orina sin síntomas, puede evolucionar a cistitis (infección de la vejiga) o pielonefritis (infección del riñón). Sin embargo, una infección urinaria sintomática no siempre es precedida por bacteriuria asintomática.

La pielonefritis, en particular, puede progresar rápidamente a una infección sistémica durante el embarazo, con riesgos de desarrollar sepsis, coagulación intravascular diseminada y síndrome de dificultad respiratoria aguda. Tanto la bacteriuria asintomática como la infección urinaria y la pielonefritis incrementan el riesgo de parto pretérmino y bajo peso al nacer.

Gráfico que muestra el aumento del riesgo de parto pretérmino y bajo peso al nacer asociado a infecciones urinarias durante el embarazo.

Síntomas y Signos de Infección Urinaria en el Embarazo

Los síntomas de la cistitis son similares tanto en embarazadas como en no embarazadas e incluyen:

  • Polaquiuria: Aumento de la frecuencia urinaria.
  • Tenesmo vesical: Sensación de necesidad urgente de orinar, incluso con la vejiga vacía.
  • Disuria: Dolor o ardor al orinar.
  • Nocturia: Necesidad de orinar frecuentemente durante la noche.

Es importante notar que algunos de estos síntomas pueden presentarse durante el embarazo de forma natural, sin que haya una infección urinaria. Por ello, es crucial realizar pruebas de diagnóstico antes de iniciar cualquier tratamiento.

La pielonefritis aguda es más común en el segundo o tercer trimestre del embarazo. Sus síntomas suelen ser una combinación de los síntomas de cistitis con manifestaciones de las vías urinarias superiores o sistémicas, tales como:

  • Escalofríos
  • Fiebre
  • Dolor en el flanco (zona lateral de la espalda)
  • Dolor abdominal cólico
  • Náuseas y vómitos

En pacientes embarazadas, el índice de sospecha de pielonefritis debe ser alto, y se debe realizar un análisis de orina incluso si no todos los signos y síntomas característicos están presentes. Durante la exploración clínica, la sensibilidad a la percusión en el ángulo costovertebral suele ser indicativa de infección en el lado afectado.

Ilustración anatómica que señala la zona del ángulo costovertebral para la exploración clínica de la pielonefritis.

Diagnóstico de la Infección Urinaria en el Embarazo

El diagnóstico de la infección urinaria en el embarazo se basa en:

  • Prueba de tira reactiva en orina
  • Análisis de orina y urocultivo

Como parte de la atención prenatal de rutina, se recomienda que todas las embarazadas se sometan a pruebas de detección de bacteriuria asintomática en una consulta prenatal temprana. Estas pruebas deben realizarse mediante un urocultivo.

El diagnóstico de una infección urinaria sintomática sigue el mismo protocolo que en pacientes no embarazadas. Generalmente, se inicia con una prueba de orina con tira reactiva, y posteriormente se envía un análisis de orina y un cultivo al laboratorio para confirmación.

Tratamiento de la Infección Urinaria en el Embarazo

El tratamiento de la infección urinaria durante el embarazo es similar al de mujeres no embarazadas, con la salvedad de evitar medicamentos que puedan ser perjudiciales para el feto, como las fluoroquinolonas.

La selección del antibiótico se basa en los resultados del urocultivo, la susceptibilidad local y los patrones de resistencia bacteriana. Cualquier paciente embarazada con un urocultivo positivo, incluso en casos de bacteriuria asintomática, debe ser tratada con antibióticos de manera similar a una infección urinaria aguda, debido al riesgo de progresión a pielonefritis.

La bacteriuria asintomática o la cistitis aguda se tratan con antibióticos por vía oral. En pacientes sintomáticas, si la prueba de tira reactiva es positiva, se debe iniciar un tratamiento empírico de inmediato, que luego se ajustará según los resultados del urocultivo.

Las opciones habituales para el tratamiento empírico incluyen la cefalexina. La nitrofurantoína o la trimetoprima/sulfametoxazol pueden ser utilizadas durante el primer trimestre si no hay alternativas apropiadas. La duración del tratamiento con estos agentes suele ser de 5 a 7 días. La fosfomicina en una sola dosis solo se considera si el cultivo muestra sensibilidad, ya que la resistencia es frecuente.

Es importante tener en cuenta ciertas contraindicaciones y precauciones:

  • La nitrofurantoína está contraindicada en embarazadas a término, durante el trabajo de parto y el parto, o cuando el inicio del parto es inminente, debido al riesgo de anemia hemolítica en el recién nacido.
  • Las mujeres embarazadas con deficiencia de G6PD (glucosa-6-fosfato deshidrogenasa) no deben tomar nitrofurantoína.
  • La incidencia de ictericia neonatal aumenta si las embarazadas toman nitrofurantoína en los últimos 30 días de gestación.
  • La trimetoprima/sulfametoxazol (TMP/SMX) puede causar malformaciones congénitas (como defectos del tubo neural) y encefalopatía hiperbilirrubinémica (kernícterus) en el recién nacido. El suplemento de ácido fólico puede reducir el riesgo de algunas malformaciones.

Tras completar el tratamiento, algunos médicos recomiendan realizar un cultivo para evaluar la erradicación de la infección. En pacientes asintomáticas que han tenido un solo episodio de cistitis o bacteriuria asintomática, no es necesario repetir el cribado.

Tratamiento de la Pielonefritis en el Embarazo

Debido al riesgo de infección grave, las pacientes embarazadas con pielonefritis son hospitalizadas y tratadas inicialmente con antibióticos intravenosos. Las opciones comunes incluyen:

  • Ampicilina y gentamicina
  • Ceftriaxona
  • Cefepima
  • Aztreonam (para pacientes con alergia a los beta-lactámicos)

Tras la mejoría clínica, los pacientes pueden ser dados de alta y continuar el tratamiento con antibióticos por vía oral durante 14 días.

Terapia Supresora y Profilaxis

Las mujeres que han padecido pielonefritis o han tenido más de una infección urinaria pueden requerir terapia supresora. Esta suele administrarse diariamente durante el resto del embarazo y hasta 4 a 6 semanas después del parto, utilizando cefalexina (250-500 mg) o nitrofurantoína (100 mg).

Después del tratamiento de la pielonefritis, se debe realizar un cultivo de orina mensualmente para monitorizar la evolución.

Las pacientes con cualquier recuento de colonias de estreptococos del grupo B en un urocultivo en cualquier momento del embarazo (lo que sugiere una colonización vaginal-rectal significativa) deben recibir profilaxis antibiótica en el momento del parto para prevenir la transmisión al recién nacido.

INFECCION URINARIA EN EL EMBARAZO, POR GINECOLOGA DIANA ALVAREZ

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