Muchos padres saben que el chupete, esa pequeña pieza que a menudo ayuda a calmar el llanto o a conciliar el sueño, puede convertirse en un compañero inseparable. Si bien es una herramienta de consuelo y alivio durante el primer año de vida del bebé, llega un momento en que su retirada es necesaria. Sin embargo, el proceso no es tan fácil como parece, y una vez que el chupete se ha quitado, surge la gran pregunta: ¿qué hacer si el niño lo pide de nuevo?
Beneficios y riesgos del chupete: ¿Por qué y cuándo retirarlo?
El chupete tiene grandes beneficios, especialmente en la primera etapa del desarrollo del bebé. Además de ayudar al bebé a que se relaje y duerma, parece que aminora el riesgo de muerte súbita del lactante debido a la succión continua durante la noche. También puede reducir el estrés durante procedimientos dolorosos.

Cuándo introducir el chupete
Se recomienda esperar unas 2-4 semanas tras nacer, cuando el bebé tome bien la leche materna y la lactancia esté bien establecida. La Asociación Española de Pediatría aconseja evitar el chupete durante los primeros días de vida. Si bien la mayoría de los bebés no tienen problemas para cambiar la forma natural del pezón artificial, existen pruebas contradictorias sobre si el uso temprano del chupete puede causar desórdenes de alimentación. Se aconseja posponer la introducción del chupete hasta que el método y patrón de alimentación del bebé estén bien establecidos. En el caso de bebés que se chupan el dedo gordo de la mano, es mejor cambiar este hábito por el chupete, que será más fácil de quitar.
Riesgos del uso prolongado
A pesar de sus beneficios iniciales, el uso del chupete no puede prolongarse para siempre. La Academia Americana de Pediatría y la Academia Americana de Médicos de Familia recomiendan destetar a los niños del chupete a los 18 meses para prevenir la otitis media. En niños mayores, el chupete puede deformar el paladar y la mordida, lo que puede estorbar en el lenguaje (hay sonidos como la “s” que serán difíciles de decir). Las investigaciones demuestran que los niños que usan chupete a partir de los 3 años tienen más probabilidades de desarrollar mordida abierta anterior y mordida cruzada posterior. Estos problemas pueden tratarse con ortodoncia interceptiva.
Momento ideal para la retirada
Lo ideal es que el chupete se quite sobre el año de vida, siempre antes de los 2 años. Cuanto antes se lo quitemos, más fácil será para el niño. La Dra. Elizabeth R. Smith, pediatra de University of Utah Health, comenta: "El desarrollo del habla es muy importante a partir del primer año. Suelo animar a los padres a que pasen a usar el chupete solo para dormir, de modo que cuando el niño esté despierto, el chupete no le impida emitir sonidos del habla". Además, lo mejor es evitar su uso continuo y que lo use solo para dormir y calmarse. Sin embargo, hay que valorar cada caso concreto (inmadurez, problemas de comportamiento…).
El desafío de la retirada: Experiencias y dificultades
Quitar el chupete toma tiempo y paciencia. A casi todos los padres les pilla por sorpresa la noticia de que es momento de retirarlo, ya que parece que el niño es aún muy pequeño. La experiencia de muchas familias, como la que compartimos, demuestra que es un proceso lleno de retos.
En un caso particular, la decisión de retirar el chupete antes de los dos años, recomendada por una psicóloga y un dentista, llevó a una estrategia de mentalización: frases como “los niños de dos años ya no llevan chupete” o “ya eres mayor, ya no necesitas el chupete”. La fecha elegida para el adiós definitivo fue la noche de Reyes.
La víspera, los padres intentaron que el niño, Unax, dejara el chupete en una caja para los Reyes Magos a cambio de regalos, específicamente la casa de Mickey Mouse. Sin embargo, la operación de dejarlo y volver a cogerlo se repitió infinitas veces. Finalmente, el chupete fue retirado mientras dormía, y una carta de los Reyes Magos explicaba el intercambio.

Las primeras noches sin chupete
La primera noche sin chupete fue extremadamente difícil. El niño, a pesar de estar agotado, se despertó queriendo jugar con sus regalos y, tras ver una película hasta tarde, tuvo la mayor rabieta de su vida, reclamando el "tete" con ansiedad. La segunda noche no quiso dormir la siesta y se durmió tras un largo cuento. La tercera noche, se incorporó un dou dou de Mickey Mouse como sustituto de seguridad.
Las consecuencias a corto plazo incluyeron:
- Menor número de siestas.
- Mayor irascibilidad.
- Dificultad para conciliar el sueño por la noche y más despertares, pidiendo a menudo “tetita”.
- Más rabietas, ya que el chupete ya no servía como método de calma rápido.
El uso prolongado del chupete para calmar las rabietas resalta una de las mayores dificultades al retirarlo, ya que el niño pierde una herramienta de autorregulación. Como el padre comenta: "Creo que lo malo de quitar el chupete con dos años es que ya es demasiado mayor y lo pasa verdaderamente mal y lo bueno es que le puedes hacer partícipe en el proceso, hablar con él sobre cómo se siente y ayudarle a solucionarlo."
Aun después de un tiempo, el impacto puede persistir. El niño del ejemplo todavía cogía un paño, se lo ponía como capa y decía: “Soy un Rey Mago. Traigo regalos. El tete, no”, reflejando una pequeña "traumatización" y la necesidad de procesar lo ocurrido.
Cómo DEJAR el CHUPETE // El CUENTO del HADA de los CHUPETES
La pregunta crucial: ¿Debo devolver el chupete una vez retirado?
Ante la dificultad y el sufrimiento del niño, es natural que los padres se pregunten si deberían ceder y devolver el chupete. Sin embargo, la recomendación principal es no volver atrás una vez tomada la decisión. Las experiencias demuestran que:
- Pérdida de credibilidad: Si se cede, se pierde toda la credibilidad ante el niño, y la segunda vez que se intente retirar el chupete, el proceso será mucho más complicado. El niño aprende que, con suficiente insistencia, puede revertir la decisión.
- Confusión para el niño: Volver a darle el chupete después de haberlo quitado confunde al niño y retrasa el proceso de adaptación a nuevas formas de consuelo.
Una vez que se quita, no debe haber ningún chupete en la casa para evitar tentaciones. La clave es mantener la decisión con cariño y empatía, pero con firmeza.
Estrategias para no ceder y mantener la decisión
Cuando el niño pide el chupete después de haberlo dejado, es crucial mantener la calma y aplicar estrategias consistentes. La Academia Americana de Odontopediatría recomienda encontrar un dentista para su hijo a los 12 meses de edad, ya que pueden ofrecer orientación específica. Aquí te ofrecemos algunas recomendaciones:
Preparación y mentalización del niño
- Hablar con el niño: Explícale que ya es mayor y que los niños mayores no usan chupete. Involúcralo en el proceso.
- Visualizar el proceso: Crea un calendario bonito y señala una fecha clave para la despedida. Puedes organizar una "fiesta del chupete" donde reciba una sorpresa a cambio.
Ofrecer un sustituto de seguridad
El chupete cumple una función de consuelo. Es una buena oportunidad para transferir esa emoción a otro objeto:
- Objeto de apego: Introduce un nuevo objeto como un dou dou, un peluche o una manta. Deja que lo tenga cerca a la hora de dormir o cuando necesite calmarse.
- Rituales nocturnos: Sustituye el chupete por un cuento inventado por mamá, una canción (con baile si hace falta) o masajes suaves.

Distracción y elogios
- Mantener ocupado: Distrae al niño con juegos o actividades para que no piense en el chupete.
- Reforzar positivamente: Elogia cada pequeño progreso y los momentos en que no utiliza el chupete, por ejemplo con recompensas diarias o tablas de estrellas. Usa frases que destaquen lo bien que lo está haciendo, como “Ya estás creciendo mucho” o “Estoy orgulloso de ti”.
Gestión de las rabietas y despertares
Es normal que el niño pida el chupete de nuevo, sobre todo si está cansado o atraviesa una etapa de cambio. La primera noche sin él puede costar un poco. Si se despierta o lo pide:
- Quédate a su lado: Háblale con suavidad y dale seguridad. Ofrécele consuelo de otra forma: un abrazo, un cuento o una frase cariñosa.
- Evita regañar: No hace falta ofrecerle otra cosa ni volver atrás. Recuérdale lo bien que lo hizo cuando lo dejó.
- Mantén la calma: Si tiene una rabieta, respira profundo y no claudiques. No le grites, no te enfades. Ponte en su lugar y mantén la calma.
Errores comunes a evitar
Aunque cada niño tiene su propio ritmo, hay algunos errores comunes que pueden hacer que el proceso de retirada y el manejo posterior sean más largos o complicados:
- Ceder ante los lloros o las rabietas: Volver a darle el chupete después de haberlo quitado confunde al niño y retrasa el proceso. Una vez tomada la decisión, no volver atrás.
- Usar castigos o burlas: Reírse de su dificultad o compararlo con otros niños solo aumenta la frustración y afecta su autoestima.
- No reforzar los avances: A veces los padres se centran solo en cuándo lo deja por completo, olvidando celebrar los pequeños logros.
¿Y si el niño no está listo o el proceso se alarga?
A veces, por más que intentes todos los trucos, tu hijo no está listo para soltar el chupete, o el proceso de adaptación se alarga más de lo esperado. Y no pasa nada. Lo primero es observar. Si el chupete sigue siendo su forma principal de calmarse, quizá aún necesita un poco más de tiempo o apoyo emocional. Cada niño tiene su propio ritmo, y lo que a uno le cuesta tres noches, a otro puede llevarle un mes. También influye cómo vivas tú el cambio. Si transmites calma y confianza, él sentirá lo mismo.
Cuando el chupete desaparece, el niño necesita encontrar nuevas formas de calmarse y sentirse seguro.
Cuándo buscar orientación profesional
Aunque dejar el chupete suele ser un proceso natural, a veces es buena idea pedir orientación profesional. Si tu bebé tiene dificultad para dejar el chupete o notas que puede estar afectando su desarrollo (por ejemplo, en el habla o la dentición), o si el proceso se vuelve insostenible para la familia, consultar a un pediatra o un dentista infantil puede ofrecerte una guía personalizada.