La placenta es un órgano fascinante y fundamental que se forma en el vientre o útero durante el embarazo, cumpliendo una función vital para el desarrollo del feto. Es un órgano temporal materno-fetal efímero, el único del cuerpo humano con “fecha de caducidad”, y sin ella, el embarazo no es viable. Una vez que el bebé ha nacido, la placenta permanece en el cuerpo de la madre tan solo unos minutos más, marcando el inicio de la tercera etapa del parto, conocida como alumbramiento.

¿Qué es la Placenta y Cuál es su Estructura?
La placenta es un órgano que se forma en el interior del útero y está unida a su pared, casi siempre en la parte superior, lateral, delantera o trasera. En casos poco frecuentes, podría adherirse a la zona inferior, lo que puede causar una afección conocida como placenta previa. Surge a partir de las mismas células que dieron origen al embrión y está compuesta por dos componentes principales:
- La parte fetal, conocida como corion frondoso, que está formada por una multitud de vellosidades coriales. Esta es la responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna. La cara fetal de la placenta, o placa coriónica, está cubierta por el amnios, o membrana amniótica, lo que le confiere una apariencia brillante. Debajo del amnios se encuentra el corion, una membrana gruesa que contiene los vasos coriónicos, continuos con los del cordón umbilical.
- La parte materna, denominada decidua basal, que procede de la transformación de la mucosa uterina. Esta porción es responsable de proporcionar un sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo de la placenta. La cara materna de la placenta, o placa basal, es una cara artificial que surge de la separación de la placenta de la pared uterina durante el parto, presentando un aspecto rojo oscuro similar a la sangre. En ella, son visibles pequeñas regiones elevadas llamadas lóbulos o cotiledones placentarios (aproximadamente de 10 a 40), separados por surcos.
La superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales es considerable, lo que favorece el intercambio eficiente de sustancias entre madre y feto.
Formación de la Placenta
La placenta comienza a formarse aproximadamente a partir del quinto o sexto día después de la fecundación, desde el momento en que el trofoblasto contacta con el endometrio. Durante este proceso, el trofoblasto se diferencia en dos tipos celulares: el citotrofoblasto, que se forma internamente, y el sincitiotrofoblasto, que se forma externamente. El sincitiotrofoblasto es una estructura multinucleada que invade y prolifera en el endometrio, formando lagunas trofoblásticas, esenciales para la formación de la placenta. Estas lagunas constituyen una red compleja de vasos sanguíneos a través de los cuales el feto recibirá nutrientes y oxígeno de la madre y eliminará productos de desecho.
El Cordón Umbilical
La placenta está conectada al bebé en desarrollo por el cordón umbilical, una estructura similar a un conducto. A través de este, la placenta le proporciona oxígeno y nutrientes al bebé y elimina los desechos de su sangre. El cordón umbilical se inserta en una posición ligeramente excéntrica en la placa coriónica de la placenta. Su tamaño puede variar entre 33 y 100 centímetros, siendo 55 cm la medida considerada normal, aunque puede presentarse desde 0,5 cm hasta 198 cm. Un cordón muy corto puede hacer que el abdomen del feto esté en contacto con la placenta.
Funciones Vitales de la Placenta
La placenta tiene múltiples funciones vitales que son esenciales para el correcto desarrollo del embrión y feto:
- Nutrición y Oxigenación: Brinda oxígeno y nutrientes al feto en crecimiento, siendo el puente a través del cual el feto mantiene la conexión con la madre para recibir todo lo necesario.
- Eliminación de Desechos: Se encarga de eliminar los catabolitos procedentes del feto, como dióxido de carbono, urea y bilirrubina, los cuales son transferidos a la sangre materna. El intercambio de sustancias se realiza mediante las vellosidades coriales.
- Producción Hormonal: Es una glándula endocrina que elabora hormonas polipeptídicas y esteroideas.
- Las hormonas polipeptídicas incluyen la gonadotropina coriónica humana (detectada en pruebas de embarazo) y el lactógeno placentario humano (que causa cambios somáticos como el aumento de tamaño de las mamas).
- Las hormonas esteroideas, como la progesterona y los estrógenos, son cruciales para el mantenimiento del embarazo y la preparación del cuerpo materno para el parto.
- Barrera Protectora: Actúa como una barrera, creando una separación entre las circulaciones materna y fetal (barrera placentaria) que permite el intercambio de sustancias por difusión simple y facilitada, pero impide el paso de moléculas de gran tamaño como algunas proteínas, virus y bacterias, contribuyendo a mantener un ambiente intrauterino libre de infecciones. Además, colabora en el desarrollo del sistema inmune fetal.

¿Cuánto Pesa la Placenta Después del Parto?
La pregunta sobre el peso de la placenta después del parto es común y relevante. La placenta alcanza su máximo desarrollo como un disco con un diámetro aproximado de 15 a 22 cm y un espesor central de 2.5 cm. Al final de la gestación, una vez expulsada, su peso es de alrededor de 470 a 500 gramos. La espesura placentaria suele ser proporcional a la edad gestacional. Dentro de la placenta, se calcula que contiene unos 150 ml de sangre.
Expulsión de la Placenta: La Tercera Etapa del Parto
Una vez que el bebé ha nacido, comienza el alumbramiento, la tercera etapa del trabajo de parto, donde el útero continúa contrayéndose para que la placenta se desprenda de la pared uterina y sea expulsada junto con las membranas amnióticas. Este proceso ocurre generalmente entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más.
Manejo de la Expulsión
Para facilitar la expulsión y disminuir el sangrado, se realiza un alumbramiento dirigido:
- Se puede administrar una inyección de oxitocina (Pitocin), un medicamento que ayuda a mantener las contracciones uterinas.
- El profesional de atención médica puede masajear la parte baja del abdomen para estimular el útero.
- Es posible que la persona deba pujar para ayudar a la expulsión.
- Si se realizó una cesárea, el profesional de atención médica extraerá la placenta del útero durante el procedimiento.
Una vez que la placenta es expulsada, se revisa para asegurar que esté intacta. Cualquier parte que haya quedado dentro del útero debe ser extraída para prevenir sangrado e infecciones. En algunas culturas, las familias optan por ver la placenta o enterrarla en un lugar especial.
Las 3 etapas del trabajo de parto
Factores que Afectan la Salud de la Placenta
Diversos factores pueden influir en la salud de la placenta y aumentar el riesgo de complicaciones:
- Edad de la persona embarazada: Algunas afecciones son más comunes en personas mayores, especialmente después de los 40 años.
- Ruptura prematura de membranas: Si el saco amniótico tiene fugas o se rompe antes del inicio del trabajo de parto, aumenta el riesgo de problemas placentarios.
- Presión arterial alta: Puede reducir el flujo sanguíneo hacia la placenta.
- Embarazo múltiple: Cursar un embarazo de más de un bebé puede incrementar el riesgo de ciertas afecciones placentarias.
- Afecciones de coagulación: Problemas que causan coagulación excesiva o insuficiente de la sangre.
- Cirugías uterinas previas: Una cesárea, extirpación de fibromas u otras cirugías uterinas aumentan el riesgo de daño placentario.
- Antecedentes de problemas placentarios: Si hubo problemas en un embarazo anterior, el riesgo puede ser mayor.
- Consumo de sustancias adictivas: Fumar o consumir cocaína está asociado con una mayor incidencia de afecciones placentarias.
- Lesiones abdominales: Un golpe fuerte en el abdomen, como en un accidente de auto o una caída grave, aumenta la probabilidad de desprendimiento prematuro de la placenta.
Afecciones Comunes de la Placenta
Las principales afecciones que pueden afectar la placenta incluyen:
- Desprendimiento de la placenta: Ocurre cuando la placenta se separa parcial o totalmente de la pared interna del útero antes del parto. Esto puede privar al bebé de oxígeno y nutrientes y causar sangrado intenso en la persona embarazada, pudiendo requerir un parto prematuro.
- Placenta previa: Se presenta cuando la placenta cubre el cuello del útero de forma parcial o total, ubicándose en la parte inferior del útero. Es más común al principio del embarazo y puede mejorar sola. Sin embargo, puede causar sangrado vaginal intenso y, en etapas tardías, a menudo requiere una cesárea.
- Placenta adherida (Acreta, Increta, Percreta): En esta afección, parte de la placenta o la totalidad de esta permanece unida al útero con firmeza debido al crecimiento de vasos sanguíneos y otras partes de la placenta en la pared uterina. Esto puede causar una pérdida de sangre grave durante el parto. En casos donde invade profundamente los músculos o crece a través de la pared uterina (increta o percreta), puede ser necesaria una cesárea seguida de una histerectomía (extirpación del útero).
- Placenta retenida: Si la placenta no se expulsa en un plazo de 30 minutos después del parto vaginal, se considera retenida. Puede deberse a que queda atrapada detrás de un cuello uterino parcialmente cerrado o a que sigue unida a la pared uterina. Sin tratamiento, puede llevar a infecciones graves o hemorragias que ponen en riesgo la vida.
- Corioamnionitis: Es la inflamación aguda por infección de las membranas placentarias (amnios y corion) y el líquido amniótico, causada por el ascenso de bacterias desde el tracto urinario, a menudo asociada con ruptura prematura de membranas o trabajo de parto prolongado. Los síntomas pueden incluir fiebre materna y anomalías en el ritmo cardíaco fetal.
- Placenta bilobulada: Una morfología variada donde el órgano está separado en dos lóbulos de tamaño similar. Es una condición de baja incidencia, no superando el 4% de los embarazos.

Síntomas de Problemas Placentarios y Medidas Preventivas
Es crucial contactar a un profesional de atención médica si se presentan los siguientes síntomas durante el embarazo, ya que podrían indicar problemas con la placenta:
- Sangrado por la vagina, especialmente si es abundante.
- Dolor en la zona del estómago o abdomen.
- Dolor de espalda.
- Contracciones uterinas (contracción y relajamiento de los músculos del útero).
Aunque la mayoría de los problemas placentarios no pueden prevenirse directamente, se pueden tomar medidas para aumentar las probabilidades de un embarazo sano:
- Asistir a todos los controles de rutina del embarazo.
- Trabajar con el profesional de atención médica para controlar afecciones como la presión arterial alta.
- Evitar fumar y el consumo de drogas.
- Discutir con el médico los riesgos de una cesárea si se está considerando.
- Si hubo problemas placentarios en un embarazo previo, consultar con el profesional de atención médica sobre formas de disminuir el riesgo en futuros embarazos y de informar sobre cualquier cirugía uterina previa.