Cómo apoyar a tu hija inmadura

La madurez en los niños es un proceso que varía en cada individuo y depende de múltiples factores, como la educación, el entorno y la personalidad. Es importante comprender que madurar no implica que un niño deba comportarse como un adulto antes de tiempo, ya que cada uno tiene su propio ritmo de maduración. Por ello, es crucial evitar comparaciones con otros niños.

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Entendiendo la inmadurez en niños y adolescentes

El Síndrome de Peter Pan y la inmadurez emocional

Dentro de la inmadurez emocional que a menudo se observa en personas, existe un déficit en la autorregulación de las emociones, lo que se manifiesta en las dificultades para interiorizar y controlar la intensidad de sus propias emociones. A esta marcada inmadurez emocional, que se presenta tanto en adultos que continúan comportándose como niños o adolescentes, como en niños que actúan como si tuvieran menor edad, se le ha denominado el Síndrome de Peter Pan.

  • Suelen tener una gran dependencia afectiva y emocional de sus parientes cercanos y figuras de referencia, debido a una fuerte necesidad de cuidados y sobreprotección.
  • Su inseguridad les impide decidir por ellos mismos, por lo que suelen delegar en otros la toma de decisiones.

Causas de la inmadurez emocional

Las posibles causas de la inmadurez emocional incluyen, en primer lugar, el perfil psicológico propio de cada persona, ya que existen individuos con mayor tendencia a la inmadurez, la dependencia de los demás o la evitación de problemas y responsabilidades.

Además, se ha demostrado que el estilo educativo de los padres o tutores también influye. Se ha observado que un estilo educativo más hostil y autoritario, asociado con algunas carencias afectivas y emocionales, propicia estos comportamientos más inmaduros. Por esta demostrada asociación entre el estilo parental y el comportamiento de los niños, es necesario que los padres actúen basándose en normas y límites bien fundamentados para prevenir la aparición de estas características de conducta.

Padres conversando con su hija adolescente en un ambiente de apoyo

Impacto de la edad cronológica y mental

Una dificultad en el desarrollo de las funciones ejecutivas o en otras áreas, como en los lóbulos temporales, puede llevar a tener problemas a nivel escolar, en la atención, en los aprendizajes o en el lenguaje, haciendo que el niño no consiga alcanzar a sus compañeros de clase. La inmadurez no puede ser eterna; esperar a que el niño madure es perder un tiempo valioso y empeorar las cosas en el futuro.

Esta afirmación subraya por qué cada vez más adolescentes y jóvenes adultos adoptan actitudes inmaduras: la edad cronológica y la mental no concuerdan. Un hijo inmaduro no es consciente de sí mismo, no se conoce y, por tanto, actúa de una forma que no concuerda con su edad cronológica, viviendo en una realidad errónea. Un adolescente inmaduro busca realizar actividades que considera divertidas a toda costa y cuantas veces se pueda, sin importar las responsabilidades que tenga, tratando de obtener placer y satisfacción en todo lo que hace.

Esquema de las diferentes etapas del desarrollo infantil y adolescente

Identificando el comportamiento inmaduro

Señales de inmadurez en niños

Cuando un niño actúa con frecuencia de manera inmadura en comparación con otros niños de la misma edad, es posible que los padres se pregunten qué está sucediendo. Los niños desarrollan habilidades a ritmos diferentes, y algunos necesitan más tiempo. Sin embargo, a veces la conducta inmadura es señal de que los niños tienen dificultades y necesitan más apoyo. Algunas señales que pueden indicar que un hijo es inmaduro son:

  • Es impulsivo.
  • Sigue teniendo problemas para controlar sus esfínteres pasados los 6 años.
  • Tiene problemas de conducta y le cuesta obedecer.
  • No presta atención y pierde objetos con facilidad.
  • Le cuesta socializar o jugar con otros niños, o no tiene los mismos intereses que sus compañeros.
  • Tiene problemas con la motricidad fina.
  • Muestra bajo rendimiento escolar, sobre todo en matemáticas.
  • Es muy dependiente de uno o dos amigos.
  • Tiene problemas de lenguaje.
  • Se despierta a menudo por las noches.
  • Es bastante torpe.
  • Se molesta o se agobia fácilmente, o tiene problemas para calmarse cuando las cosas no salen como quiere.
  • Tiene dificultad para adaptarse a los nuevos conceptos en la escuela.
  • Tiene una estatura más baja o parece estar menos desarrollado que otros niños de su edad.
  • Tiene intereses inapropiados para la edad, por ejemplo, un preadolescente que sigue viendo "Paw Patrol".
  • Presenta dificultad social o siente incomodidad con las relaciones sociales nuevas, como citas o reuniones grupales sin supervisión.
  • Muestra rigidez o falta de voluntad para probar cosas nuevas.
  • Siente "asco" por conversaciones sobre sexo y sexualidad.
  • Está menos desarrollado físicamente que sus compañeros.

También es importante tener en cuenta que los niños pueden ser menos maduros en un área y avanzados en otra. Por ejemplo, un niño puede ser de los mejores en su grupo de lectura, pero sentirse perdido cuando se trata de la complejidad social de la escuela intermedia.

Manifestaciones del comportamiento inmaduro en diversas edades

El comportamiento inmaduro puede lucir diferente dependiendo del niño. Estos son algunos ejemplos comunes:

  • Molesta a otros niños porque habla demasiado o "irrumpe" en sus juegos.
  • Reacciona de manera exagerada a cosas que parecen insignificantes y tarda mucho en calmarse.
  • Se aferra a los padres y no quiere separarse.
  • Hay que repetirle la misma regla una y otra vez, como: "No está permitido subirse a este mueble".
  • Presenta problemas relacionados con ir al baño, como orinarse en la cama o tener miedo de evacuar.
  • Es demasiado sensible a cosas como ruidos fuertes o a la sensación de la ropa en la piel.
  • Utiliza un "lenguaje de bebé" o habla de maneras que son difíciles de entender.
  • Tiene dificultad con cosas como ponerse un abrigo o agarrar un lápiz.

Algunos niños parecen comportarse como "niños más pequeños" todo el tiempo, mientras que otros pueden actuar de forma inmadura en ciertos lugares o en ciertos momentos. Cada niño es diferente.

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Factores que influyen en la inmadurez

El papel de las funciones ejecutivas y el TDAH

En el fondo, la madurez no tiene que ver con los juguetes que les gustan a los niños, o con el hecho de que todavía se asusten con las películas de terror cuando sus amigos no. La tarea clave de crecer consiste en adquirir un conjunto de habilidades invisibles llamadas autorregulación: la habilidad de entender y manejar las emociones e impulsos cuando se presentan.

Aquellos niños a quienes les cuesta autorregularse tienen más dificultades para lidiar incluso con los más mínimos contratiempos, y les cuesta calmarse o controlar los comportamientos impulsivos. Una niña que se aleja enfurecida si sus amigas no juegan el juego que ella quiere, que se pone a llorar si no obtiene el pedazo de pastel con el decorado principal, o que hace un berrinche cuando le piden que limpie su habitación o ponga la mesa, son ejemplos de esto.

En algunos casos, lo que parece inmadurez puede tener una causa diferente. Las primeras señales del Trastorno por Déficit de Atención (TDAH), algunas discapacidades del aprendizaje, ansiedad y autismo pueden confundirse con una inmadurez común y corriente. El TDAH se caracteriza principalmente por la hiperactividad, la impulsividad y la inatención. Sin embargo, además de estos síntomas nucleares, hay ciertas características que comúnmente van asociadas al trastorno, como la inmadurez emocional.

Los comportamientos que parecen extremos, o que no desaparecen a medida que los niños crecen, justifican una visita al pediatra o al médico de tu hijo. Las primeras señales pueden ser:

  • Retrasos en el habla.
  • Falta significativa de coordinación que no es apropiada para la edad. Por ejemplo, una niña que tiene dificultades para usar un tenedor o problemas para escribir de forma legible hasta la escuela primaria.
  • Falta total de interés en las actividades sociales.
  • Ansiedad grave en situaciones sociales como las fiestas de pijamas u otro tipo de fiestas, o problemas para hacer o mantener amistades.
  • Problemas significativos de sueño que no son apropiados para la edad, por ejemplo, un niño de 9 años que le cuesta dormir toda la noche sin la intervención de sus padres.
  • Dificultades académicas que tienen un impacto significativo en las calificaciones.
  • Problemas con el control de los impulsos o la concentración.

Otros factores contribuyentes a la inmadurez

Además de la edad cronológica, existen otros motivos por los cuales los niños pueden parecer más inmaduros que otros niños de su edad:

  • Hiperactividad: ¿Parece como si el niño estuviera siendo “impulsado por un motor”?
  • Dificultad para enfocarse: ¿Parece como si el niño estuviera en otro mundo? ¿Hay que repetirle a menudo hasta las tareas más simples?
  • Diferencias de aprendizaje: ¿El niño está teniendo dificultad con la lectura, la escritura o las matemáticas? A veces los niños actúan de manera inmadura porque tienen dificultades académicas.
  • Problemas sensoriales: Algunos niños reaccionan con mucha intensidad a la información que reciben a través de sus sentidos y pueden sentirse abrumados por cosas como luces brillantes. Lo que puede parecer un berrinche podría ser en realidad una sobrecarga sensorial.
  • Ansiedad o timidez: ¿Se tarda mucho en entrar en confianza con otros niños? La ansiedad y la timidez son muy comunes en los niños.
  • Lenguaje: ¿Tiene dificultad para pronunciar palabras o expresar ideas? Esto puede ser frustrante y causar que los niños se porten mal. Podría ser que se burlen de ellos o que los excluyan debido a sus problemas con el habla o el lenguaje.
  • Sueño: Muchos niños duermen regularmente menos de seis horas cada noche. Esto puede causar que estén malhumorados durante el día.

El contexto socioeconómico y laboral de los jóvenes actuales difiere mucho del de décadas atrás: la incorporación al mercado laboral se ha retrasado, así como la edad de emancipación. Son habituales los casos de jóvenes cercanos a la treintena que aún no han volado del nido familiar y, frecuentemente, permanecen en él con las mismas dinámicas y responsabilidades que cuando eran adolescentes.

Infografía sobre los factores psicológicos y ambientales que afectan la madurez

Estrategias para fomentar la madurez en tu hija

Fomentar la autonomía y la responsabilidad

Para que un niño madure, es fundamental que aprenda a hacer cosas por sí mismo. Es importante que los niños comprendan que sus acciones tienen consecuencias. Los padres pueden ayudar a los niños a desarrollar la madurez al enseñarles a defenderse y establecer sus límites. La principal característica que diferencia la adolescencia de la juventud o adultez es el grado de responsabilidad existente, por lo que es recomendable potenciar la adquisición de nuevos compromisos.

Si el médico confirma que no hay ningún problema de desarrollo, se pueden seguir estos consejos:

  1. Otórgale responsabilidad y tareas en casa para ayudarle a madurar y aprender a hacer las cosas por sí mismo. Estas tareas deben estar adaptadas a su edad y madurez, pero deben ir dificultándose a medida que crezca y avance.
  2. No hagas todo por ella. Si eres su agenda, te ocupas de los deberes, de ordenar su cuarto y de resolver sus problemas, es absolutamente imposible que madure. Vigila tu estilo de educación para valorar si eres un padre o madre muy sobreprotector, ya que ahí podría radicar el problema de madurez de tu hija. Debes darle autonomía y dejar que haga las cosas por sí misma.
  3. Déjale tomar sus propias decisiones. Es probable que se equivoque, sobre todo al llegar la adolescencia, pero la única forma de que aprenda de sus errores y sepa cómo solucionarlos es dejándole que elija, se equivoque, lo solucione y aprenda para la próxima.
  4. Aunque tarde, no le metas prisa ni hagas las cosas por ella, así no dejarás que aprenda. Tampoco debes decirle frases como “tú no sabes hacerlo, mamá lo hará por ti”. Si le dices frases así, se lo creerá y pensará que no es capaz de hacer nada nuevo.
  5. Fomenta su confianza y su seguridad en sí misma. Tener confianza en uno mismo es fundamental para madurar y atreverse a hacer nuevas cosas y tener nuevas responsabilidades. Fomentar la autonomía, la responsabilidad, la tolerancia a la frustración y la empatía son aspectos esenciales en este proceso.
  6. Cuando tome decisiones inmaduras y no asuma sus responsabilidades, debes hacerle ver el error de sus actos y las consecuencias que tiene ese tipo de comportamiento a la larga.

El autor de “Padre Rico, Padre Pobre”, Robert T. Kiyosaki, dice que: "Los ganadores no temen perder. Los perdedores, sí. Tropezar es parte del proceso para alcanzar el éxito." Se da por hecho que debes reconocer sus éxitos, es más, es algo natural; pero también lo debería ser reconocer los fracasos. Prepárala para el crecimiento en su vida académica, para su futuro profesional y personal. Estas dos prácticas fomentarán una autoestima sana.

Desarrollar la autorregulación emocional

Los padres pueden ayudar al animar a su hijo a practicar habilidades y comportamientos que refuerzan y enseñan habilidades de autorregulación:

  1. Habla sobre cómo defenderse en situaciones difíciles. Por ejemplo, si una niña se siente incómoda con una actividad que están haciendo sus amigas, podrías ayudarla a preparar una respuesta que pueda usar para suavizar la situación: “Sabes, eso no es lo mío, pero diviértanse, las alcanzaré después”.
  2. Trabaja en la negociación y en ser paciente. Por ejemplo, si un niño se molesta cuando sus amigos no quieren jugar su juego favorito, tú podrías decir: “Sé que es molesto cuando Juan y tú quieren hacer cosas diferentes. La próxima vez, tal vez podrías acordar que primero jugarás un juego que él elija, y luego jugarán uno que tú elijas”.
  3. Practica la atención plena con tu hijo y modela cómo es una buena autorregulación. Por ejemplo: “Yo también me enojo a veces y me cuesta calmarme”. En la medida en que los niños aprendan mejores habilidades de autorregulación, sentirán más confianza al afrontar retos nuevos o difíciles, y podrán tomar decisiones más inteligentes (y más maduras) por su cuenta.

Manejo de la presión social y el apoyo parental

Queremos que nuestros hijos crezcan a su propio ritmo y se sientan a gusto, felices y con ganas de hacer las cosas que aman. Pero la presión para ajustarse a lo que hacen las demás personas puede ser intensa. La parte más peligrosa de la inmadurez es la posibilidad de que los niños se avergüencen, o que se conviertan en blanco de burlas o acoso.

¿Cómo pueden los padres caminar por la delgada línea entre dar apoyo a un niño en el punto en el que se encuentra y asegurarse de que no esté en riesgo?

  1. Hazle saber a tu hija que el hecho de que le gusten o haga cosas diferentes que sus compañeros no es algo de lo que avergonzarse, pero que tal vez tenga que prepararse para la posibilidad de que otros niños no quieran jugar. Por ejemplo, si a una niña le gusta jugar con muñecas pero sus amigas prefieren Roblox, la podrías ayudar a hacer un plan para que hable sobre esto con sus amigas. Por ejemplo, ella podría decir: “Voy a jugar a las muñecas ahora, pero ¿podemos jugar más tarde juntas?”.
  2. Si un niño todavía se chupa el dedo o lleva un peluche a la escuela a una edad en la que eso ya no es realmente apropiado, no es el fin del mundo. No queremos avergonzar a los niños o aislarlos al decirles: “No te comportes como bebé. Saca el pulgar de tu boca”. Aun así, es útil advertir a tu hija que su actividad favorita puede que no sea aceptada por sus amistades. “Es una oportunidad para ayudar a los niños a comprender que algunas actividades solo son aceptables en ciertos lugares”, explica la Dra. Busman. “Podrías decir: `Sé que chuparse el dedo es muy relajante, pero no he visto a ningún otro niño hacerlo en la escuela. Me pregunto si eso significa que es algo que es mejor hacer en casa. ¿Qué piensas?´”.
  3. Sé un buen ejemplo. Si tú o tu pareja sois inmaduros u os comportáis a veces como niños (y no hablamos de jugar, sino respecto a las actividades importantes del día a día), es normal que el niño también lo sea.
  4. No te burles de ella ni de su forma de comportarse; eso solo minará vuestra relación y hará que pierda la confianza en ti. Al contrario, alábala y elogia sus esfuerzos por madurar y las buenas decisiones que tome, cuando las tome.

Comunicación y búsqueda de apoyo

Desafortunadamente, ninguna cantidad de planificación o práctica puede evitar el potencial de acoso, así que los padres deben mantener sus antenas en alto. La mejor manera de saber con qué está lidiando tu hija es mantener una línea de comunicación abierta. Eso puede requerir constancia.

  1. Haz preguntas abiertas y dale a tu hija tantas oportunidades como puedas para que te diga lo que está pasando en su vida. Por ejemplo, si tu hija te cuenta que una niña que solía ser su amiga ya no quiere jugar con ella, tómalo como una oportunidad para hacer un poco de trabajo de detective. En lugar de decir, “oh, lo siento”, lo cual cierra la conversación, intenta decir: “Eso suena desconcertante. ¿Ha pasado o cambiado algo entre ustedes últimamente?”. Si no quiere responder, o simplemente dice “no lo sé”, dale un poco de espacio, pero asegúrate de volver a sacar el tema más tarde.
  2. Si te preocupa que la inmadurez de tu hija pueda estar ocasionándole problemas, empieza por investigar un poco cómo es el mundo en el que se mueve. ¿Qué están escuchando, leyendo, vistiendo, viendo, etc., otros niños de su edad? ¿Cómo se comparan estos intereses con los de tu hija? Si encuentras algo que creas que le podría interesar y que al parecer no conoce, como una banda musical o un programa de televisión, intenta hacer un plan para descubrirlo juntos.
  3. Si tu hija tiene un interés que sus amistades creen que es una tontería, busca un lugar (un club o un grupo o una clase) donde tu hija pueda realizarlo en un ambiente de aceptación y libre de juicios.
  4. Por último, si te preocupa que tu hija sienta incomodidad o que sea blanco de bullying en la escuela, pídele a sus maestros o al consejero escolar que se conviertan en sus aliados. “Si crees que tu hija podría beneficiarse de un poco de apoyo adicional en la escuela, podrías pedirles que presten atención a los bullies, y que la ayuden con la parte social hasta que tu hija se sienta más cómoda”. Incluso si no sospechas que tu hija está experimentando bullying, podría ser una buena idea programar una cita con el maestro de tu hija. Te podría dar una mejor idea de las presiones sociales y académicas a las que se enfrenta tu hija en la escuela.
  5. Fomenta la comunicación con ella para que tenga la confianza de contarte sus problemas y así puedas estar al tanto de si su comportamiento inmaduro le puede traer problemas en clase o con los amigos. Anticípate a las “desgracias”.

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Consideraciones finales

En la mayoría de los casos, mostrar cierta inmadurez es sólo una parte del crecimiento, como tener rodillas frágiles o utilizar aparatos ortopédicos. Darle a tu hija la ayuda y el apoyo que necesita para atravesar esta etapa de una manera segura y menos estresante la ayudará a pisar firme cuando se ponga al día y le dará herramientas poderosas para cuidarse tanto ahora como cuando “madure”.

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