Chupetes para mellizos: una batalla diaria

La somnolencia se define como la sensación de pesadez y torpeza de los sentidos motivada por la falta de sueño. La excesiva somnolencia diurna se manifiesta como la incapacidad de permanecer despierto durante el día, alternándose la vigilia con episodios de sueño o adormecimiento. Es importante destacar que alrededor del 75% de los adolescentes reconocen que necesitan dormir más todos los días.

En la infancia, la somnolencia puede tener diversas causas, clasificadas en dos grupos principales. El primer grupo, el más frecuente, se refiere a un sueño insuficiente en cantidad: el niño duerme pocas horas porque se acuesta tarde o se despierta demasiado temprano. Esta situación suele mejorar cuando se instaura una adecuada “higiene del sueño”.

El segundo grupo de causas, menos común, lo constituye el sueño fragmentado o de escasa calidad. Esto puede deberse a la existencia de parasomnias, a trastornos respiratorios del sueño como el ronquido o el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (SAHS), o a otras enfermedades. Las parasomnias son trastornos puntuales que ocurren durante el sueño, perturbándolo, e incluyen pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo. Si se presentan con frecuencia, pueden conducir a un sueño insuficiente y, por ende, a somnolencia diurna.

El tratamiento de la somnolencia en niños depende de la causa que la provoque, aunque en la mayoría de los casos será imprescindible instaurar o retomar una adecuada higiene del sueño.

Ilustración de un niño durmiendo plácidamente

La odisea de los chupetes en mellizos

La experiencia de una madre con mellizos revela las complejidades y frustraciones que pueden surgir con el uso del chupete, especialmente cuando se convierte en una herramienta indispensable para la alimentación y la calma de los pequeños.

La autora relata un episodio de desesperación durante el desayuno, donde la negativa de su hija a comer sin el chupete la llevó a un punto de quiebre. Esta situación se agrava al tener que lidiar con rabietas gemelares y huelgas de hambre a dúo, ya que el hermano imita a su hermana en todo.

Inicialmente, la madre se mostró reacia a usar el chupete, considerándolo innecesario y un riesgo para la lactancia. Sin embargo, la llegada de dos recién nacidos y la consecuente dificultad para atenderlos simultáneamente la llevaron a ceder ante la tentación en un momento de debilidad, especialmente durante una noche de llantos y cólicos.

La introducción del chupete, que inicialmente parecía una solución para calmar a los bebés, pronto se convirtió en un problema. La autora confiesa tener solo el 50% de la culpa, ya que uno de sus hijos ya venía "adicto al chupete" desde el hospital. La dependencia se hizo evidente cuando la caída del chupete durante los paseos provocaba despertares alterados y, consecuentemente, despertaba al hermano.

Imagen de dos bebés mellizos jugando con chupetes

Los chupetes: una conspiración diabólica

La situación con los chupetes se describe como una batalla diaria, donde parecen tener vida propia o ser parte de una conspiración familiar. Los chupetes caen al suelo constantemente, llevando a la renuncia de la esterilización y a una limpieza más superficial.

A la hora de salir de casa, el problema se agrava. La provisión de chupetes de reserva no evita que todos terminen en el suelo, especialmente desde que los niños incorporaron el lanzamiento del chupete a su repertorio de juegos.

Más desconcertante es la misteriosa desaparición de los chupetes. A pesar de comprar varios, todos terminan perdiéndose, incluso ante los ojos de la madre. Conforme los niños ganan movilidad, el problema se intensifica, llevando a la autora a pensar en explicaciones parapsicológicas.

Otro desafío surge de la selectividad de los mellizos. No les vale cualquier modelo de chupete; deben ser siempre el mismo, y a menudo no se encuentran en las farmacias locales, obligando a comprarlos por internet. Aunque con el tiempo se ha logrado que usen el mismo modelo con tetina para mayores, prefieren sus antiguos chupetes descoloridos y destrozados.

Los chupetes se han convertido en una fuente constante de peleas entre los mellizos, quienes los consideran su posesión más preciada y están dispuestos a todo por protegerlos. Incluso con veinte chupetes en la habitación, ambos quieren usar el mismo.

Primer plano de dos chupetes idénticos

La adicción al chupete: ¿remedio o enfermedad?

La autora considera que el chupete ha pasado de ser una afición inocente a una adicción terrorífica. Intenta deshabituar a sus hijos poco a poco, pero solo logra hacer desaparecer los chupetes cuando no están atentos, y ellos siempre encuentran alguno perdido, lo que aumenta su frustración.

Citando al pediatra Carlos González en su libro "Entre tu pediatra y tú", se expone la idea de que los chupetes y pañales no son necesidades naturales, sino que los niños se acostumbran a ellos por comodidad de los adultos. González argumenta que los niños eventualmente dejan de usarlos por sí solos y que intentar quitárselos puede avivar el deseo de hacerlo. Recomienda esperar con calma, ya que es imposible que un niño de diez años siga usando chupete.

La afirmación de que todos los niños dejan el chupete antes de llegar a la universidad ofrece un consuelo relativo a la autora, quien espera que sus hijos no sean la excepción. Le preocupa no solo su salud mental, bucal y social, sino también el coste económico de los dentistas en el futuro.

Uso del chupete y biberón

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