Los neonatos prematuros, definidos como aquellos bebés que nacen antes de la semana 37 de embarazo, tres semanas antes de la fecha prevista, requieren un cuidado especial hasta que sus órganos se desarrollen lo suficiente. Actualmente, estos recién nacidos representan el 10% de los nacimientos en España y justifican un 50% de la discapacidad infantil, lo que indica un presunto riesgo aumentado de alteraciones en comparación con los nacidos a término. La creciente población de niños prematuros en las unidades neonatales ha evidenciado nuevos problemas sanitarios, entre los que se destacan los posibles retrasos en el desarrollo. Diversos estudios han demostrado que, a menor edad gestacional, mayor es la morbilidad. Se ha postulado que muchos niños prematuros, especialmente aquellos nacidos entre las 34 y 37 semanas de edad gestacional (conocidos como prematuros tardíos), pueden presentar alteraciones del desarrollo identificables desde la Atención Primaria.

La Edad Corregida: Clave en la Evaluación del Prematuro
Para valorar el desarrollo de los bebés prematuros, es fundamental ajustar las tablas de crecimiento habituales mediante el uso de la edad corregida. Esta edad representa la que el bebé tendría si hubiera nacido en la fecha prevista, es decir, a las 40 semanas de gestación. Por ejemplo, si un bebé nace a las 28 semanas y tiene 4 meses de edad cronológica, su edad corregida sería de solo un mes de desarrollo. Esto significa que no se le debe comparar con otros bebés de 4 meses de edad cronológica, sino con aquellos de un mes de edad corregida, lo que permite una evaluación más precisa de su crecimiento y desarrollo.

Manifestaciones Específicas del Desarrollo en Prematuros
Durante el primer año de vida, es normal observar etapas de crecimiento seguidas de periodos en los que este se detiene aparentemente. Aunque el crecimiento de los prematuros pueda ser más lento, una proporción significativa, como el 50% de los bebés que nacen con menos de 1.500 gramos, logra mantenerse sentados a los 7 meses de edad corregida, y casi todos (el 90%) lo consiguen hacia los 9 meses de edad corregida. Sin embargo, algunos prematuros presentan una curva de crecimiento lenta y pueden desarrollar un retraso motor simple o una hipertonía transitoria, lo que subraya la importancia del seguimiento médico durante los primeros dos años de vida.
Retraso Motor Simple
El retraso motor simple es una condición en la que el niño adquiere habilidades motoras más tarde en comparación con otros niños, aunque eventualmente las logra. Este retraso suele manifestarse en los dos primeros años de edad corregida, especialmente en niños con múltiples patologías de base de cierta gravedad o con una curva de crecimiento más lenta. La mejora de la patología subyacente puede favorecer la resolución del retraso motor, y estos niños pueden beneficiarse de programas de estimulación precoz, con una evolución generalmente favorable.
Hipertonía Transitoria
La maduración muscular se ve afectada por el nacimiento prematuro. Los músculos están diseñados para madurar en un medio líquido hasta la semana 40 de embarazo. Cuando un niño nace prematuro, sus músculos deben soportar la acción de la gravedad sin estar completamente preparados. Además, la gestación interrumpida impide la adquisición de la máxima posición de flexión fetal. Al nacer, el prematuro suele ser colocado extendido en la incubadora, lo que interrumpe bruscamente la posición de flexión natural. Estos factores contribuyen a un incremento transitorio del tono muscular, conocido como hipertonía transitoria, que afecta a casi el 50% de los niños prematuros. Suele aparecer a los 3 meses de edad corregida, progresando de cabeza a pies, manifestándose primero como retracción escapular (juntar los omóplatos) y descendiendo luego a los miembros inferiores. Aunque no se sabe con certeza si provoca retrasos en la sedestación (sentarse de forma autónoma), el gateo o el inicio de la marcha, desaparece antes de los 18 meses de edad corregida sin dejar secuelas.
Desarrollo y aprendizaje motor en la infancia
Parálisis Cerebral
La parálisis cerebral también se manifiesta con un aumento del tono muscular (hipertonía), pero a diferencia de la hipertonía transitoria, se acompaña de asimetrías, retracción muscular y un retraso significativo en la adquisición de las habilidades motoras. Los niños diagnosticados con parálisis cerebral deben recibir atención temprana y someterse a estimulación precoz. En cuanto a la sedestación sin apoyo, la mayoría de los niños que la alcanzan antes de los dos años de edad corregida suelen caminar solos antes de los ocho años, aunque esto varía según el tipo específico de parálisis.
Estudios y Metodologías de Evaluación del Desarrollo Neuromotor
Estudio en un Centro de Salud Madrileño
Un estudio realizado en un centro de salud madrileño incluyó 58 niños menores de seis años. Estos niños nacieron entre las 34 y menos de 37 semanas de edad gestacional (prematuros tardíos) y fueron atendidos en la consulta de Pediatría. Se seleccionaron controles pareados nacidos a término (37 semanas o más de gestación), del mismo sexo y con una fecha de nacimiento lo más próxima posible. Para calcular el tamaño de la muestra, se utilizó la fórmula para diferencias de medias con un test bilateral, un nivel de confianza del 95% y un poder estadístico del 80%. Se definió una diferencia clínicamente importante del desarrollo como una desviación de 3,5 meses en la consecución de los hitos. Se empleó el Inventario de Desarrollo de Battelle, específicamente su prueba de cribado, que presenta una alta correlación con la batería completa (0,96, excepto para el área cognitiva que es de 0,92). La prueba se aplicó a cada niño, independientemente de la edad, para permitir una comparación homogénea. Los datos de los prematuros se analizaron según sus edades cronológica y corregida hasta los dos años. El estudio contó con la aprobación del Comité Ético de Investigación Clínica del Hospital Universitario de Getafe y la Comisión Local de Apoyo a la Investigación Sur de Madrid. De un total de 129 prematuros tardíos identificados, se tomaron 58 aleatoriamente.
Otros Estudios y Metodologías
Otro estudio de tipo exploratorio, observacional prospectivo y de cohortes, tuvo como objetivo detectar indicadores de riesgo o retraso neuromotor y cognitivo ligados a posibles lesiones del sistema nervioso central (SNC) en bebés nacidos con alto o mediano riesgo perinatal. Se evaluaron un total de 18 hijos de madres seropositivas para el VIH, 2 bebés pretérmino con LUES congénita, 15 bebés pretérmino, 2 bebés con diagnóstico de Chagas congénito, 2 bebés con toxoplasmosis y 1 bebé con Chagas congénito más SIDA. También se incluyó un grupo control de 28 bebés sanos nacidos a término. Las escalas de evaluación utilizadas en este estudio fueron la Valoración Neurológica de Amiel Tison y la Clinical Adaptative Test/Clinical Linguistic Auditory Milestone Scale (CAT-CLAMS), aplicándose al menos trimestralmente desde el mes 1 hasta el mes 12 de vida.

Resultados y Hallazgos de la Investigación
En el estudio madrileño, no se encontraron diferencias significativas en las medias de la puntuación total del desarrollo entre la población de prematuros tardíos y la de nacidos a término, ni por áreas de desarrollo específicas (personal y social, adaptativa, motora, de comunicación y cognitiva), ni con respecto a las desviaciones típicas (-1,0, -1,5 y -2) frente a la no desviación. Esta similitud se mantuvo en diferentes edades por debajo de los seis años, considerando tanto la edad cronológica como la corregida. Sin embargo, veinticuatro de los niños (20,69%) mostraron algún grado de desviación respecto a un desarrollo normal, y de estos, 14 (58,3%) no habían sido previamente sospechosos de retraso, lo que sugiere un infradiagnóstico.
La prevalencia de retrasos del desarrollo obtenida tras la evaluación fue muy similar para ambas poblaciones: 0,224 para nacidos a término y 0,207 para prematuros. Estas cifras son ligeramente superiores a las encontradas en Navarra (0,112), donde el estudio se centró en patologías reales del desarrollo y no incluyó simples retrasos en la adquisición de hitos. En contraste, en Argentina se observó una prevalencia mucho más alta (0,57), posiblemente debido al uso de una batería de pruebas más exhaustiva. Las prevalencias tampoco coinciden con las de un estudio catalán (0,17 en prematuros tardíos y 0,05 en nacidos a término), cuyas discrepancias podrían explicarse por diferencias en la población estudiada (excluyendo a niños con ingreso neonatal en el grupo a término), la edad de aplicación del test o el tipo de evaluación (cuestionarios rellenados por padres frente a administración directa).
Un hallazgo relevante del estudio madrileño fue que factores como el nivel socioeconómico, la raza negra, los hábitos tóxicos o las infecciones no se asociaron a un mayor riesgo de retraso psicomotor, a diferencia de lo que se ha reportado en otros estudios. Además, aunque la importancia de la estacionalidad en la presentación de algunas enfermedades está demostrada (como las infecciones respiratorias en invierno o picos de incidencia en verano para otras afecciones), los estudios que relacionan prematuridad y estacionalidad presentan resultados contradictorios y no han encontrado una relación directa con el retraso del desarrollo.
En el estudio de bebés con alto riesgo perinatal (VIH, LUES, Chagas, Toxoplasmosis), los resultados preliminares no mostraron diferencias estadísticamente significativas en el desarrollo neuromotor y cognitivo al comparar la cohorte de bebés sanos con la de bebés expuestos al VIH.
Limitaciones de los Estudios
A pesar de la minuciosa elaboración de los estudios, existen ciertas limitaciones. La arbitrariedad de asumir una diferencia clínicamente significativa de ±3,5 meses para el cálculo del tamaño muestral no tiene el mismo peso en todas las edades; un retraso de 3,5 meses a los tres meses de edad no es comparable a uno a los cinco años. Además, siendo un estudio descriptivo, no se pretende extrapolar sus datos a la población general, por lo que la muestra pareada podría no ser representativa de la población general, si bien los estrechos intervalos de confianza del 95% pueden validar los resultados entre poblaciones de características similares. Otra limitación es que el estudio no diferenció entre prematuros con patología perinatal que favorezca retrasos en el desarrollo (como hipoxia perinatal o hemorragia periventricular) y aquellos sin estas complicaciones, ni consideró otros factores que podrían causar retrasos independientemente de la edad gestacional. En última instancia, en el estudio madrileño, no se encontraron diferencias significativas en la prevalencia de retrasos entre los nacidos a término (0,224) y los prematuros tardíos (0,207).
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