De entre todas las formas tradicionales de agricultura que han pervivido con el tiempo, hay una que llama especialmente la atención por su trascendencia actual y por lo original de su propuesta: las chinampas. En esencia, este sistema corresponde a una expansión agrícola y territorial que busca ocupar la superficie de terrenos lacustres o pantanosos. Estos agrosistemas han sido de los más estudiados en el Nuevo Mundo, y sus descripciones populares son muy conocidas, aunque la mayoría de estas se basan en relatos etnohistóricos o etnográficos debido a la falta de suficientes datos arqueológicos.
Con origen en la época de los toltecas, las chinampas son un tipo de sistema agrícola tradicional mexicano que se remonta a tiempos prehispánicos. Constituyen uno de los sistemas más sustentables y productivos del mundo. Actualmente, los últimos relictos de estas se encuentran en Xochimilco y Tláhuac, que corresponden también con los resquicios del antiguo sistema de lagos que cubría buena parte de la Ciudad de México.

Origen e Historia de las Chinampas
Se considera que este sistema agrícola surgió como respuesta a la necesidad de intensificar la producción de alimentos, relacionada con el crecimiento demográfico. El origen de las chinampas no es del todo claro, pero sí se tiene claro que son obra de la cultura tolteca. El nacimiento de este método de plantación en balsas vino seguramente determinado por la necesidad de desarrollar nuevas técnicas de producción de alimentos, hecho que derivó en que comenzaran a barajarse los márgenes de lagos y pantanos como terrenos cultivables; es probable que de aquí a conquistar la superficie del agua no hubiese mucho recorrido.
En estos tiempos, los mexicas comenzaron a construir superficies de cultivo artificiales sobre lagos, donde plantaban flores, hortalizas y frutas para su subsistencia. Por las riberas del inmenso lago de Texcoco y más tarde alrededor del islote de la fundación mítica de Tenochtitlan, era práctica habitual la construcción de tierra sobre el agua para ampliar la aldea y hacer la ciudad. Se considera que fue durante el siglo XVI cuando este sistema alcanzó su periodo de máximo apogeo. La chinampa ha permanecido en el Valle de México por más de 2000 años, transmitiendo de generación en generación los conocimientos de este sistema de cultivo.
Los historiadores describen un paisaje parecido al paraíso, con lagos rodeados de altas montañas, colonizados por el fulgor del verde, manantiales, aire puro y abundante biodiversidad; en él no faltaban los recursos a raudales para cazar y pescar. Este sería el entorno que se encontraron los integrantes del pueblo mexica al llegar a las orillas de la Cuenca de México. Desde este lugar, determinaron que la civilización mesoamericana más poderosa de todas se establecería en sus orillas. Fue entonces cuando los aztecas fundaron una tradición de más de 1.500 años que persiste en la actualidad.
No obstante, de acuerdo con cronistas como Alvarado Tezozómoc y Durán, las comunidades chinamperas de Xochimilco contribuían con pocos productos agrícolas como tributo regular. La Matrícula de Tributos sugiere que los productos manufacturados, como la tela y la ropa militar, eran los artículos de tributo más importantes.
¿Qué son las Chinampas? Etimología y Construcción
La palabra chinampa proviene del náhuatl chinampan, que significa “en la cerca de cañas”. Otra etimología sugiere que chinamitl significa “seto vivo de cañas” o “terreno cercado de varas entretejidas”, y pan “encima de todo”. Es un terreno construido sobre el agua, una especie de jardines flotantes.
Este sistema se consigue mediante la construcción de enormes balsas de tierra que flotan en el agua de lagos y pantanos y que son empleadas para el cultivo de flores, frutas y verduras. La base de estas balsas es un entramado de grandes troncos y varas. Sobre estos se coloca una gran cantidad de tierra y una abundante porción de material biodegradable, que contribuye a la riqueza del terreno mediante su descomposición.
Para garantizar la estabilidad de las chinampas, se plantaban árboles como sauces en ellas, siendo el ahuejote (Salix bonplandiana) un árbol endémico que ayuda a retener el suelo y marcar el territorio. Las chinampas modernas generalmente consisten en parcelas rectangulares construidas a partir de capas de vegetación acuática, como tules (Schoenoplectus sp.), juncos (Typha sp.), pastos, limo dragado del lecho del lago y sedimentos terrestres de la orilla, frecuentemente ancladas a troncos de ahuejotes para mantener la integridad de las estructuras. Las parcelas están separadas por canales relativamente estrechos.
El paisaje de las chinampas era un paréntesis de tierra y agua que se situaba en los confines del mundo de la aldea y el mundo silvestre de la laguna. Aquí hubo un compromiso, un diálogo entre el agua y la tierra, porque los canales amaestraron el agua aprovechándola como medio de comunicación. El resultado fue un espacio anfibio y ambiguo por naturaleza, como el ajolote que puebla sus aguas, su animal emblemático.

Beneficios Ecosistémicos y Agrícolas
Además de la productividad que las caracteriza, las chinampas brindan una variedad muy alta de verduras y hortalizas, proporcionando una dieta variada y equilibrada a nivel nutricional. Al mantener una humedad constante en el ambiente, la producción de estos cultivos resulta muy fructífera.
Como explica un experto, a la vez que las chinampas son proveedoras de alimento, “brindan múltiples servicios ecosistémicos, como capturar una cantidad industrial de carbono”. Las turberas, cuencas lacustres donde se deposita la materia orgánica, mejoran la calidad del aire en la capital de México. Estos sistemas de cultivo captan el dióxido de carbono para la producción agrícola; el carbono del aire se traduce en verdura.
Los humedales de Xochimilco son un espacio muy importante dentro de la megalópolis, captando hasta el 70% del agua que se utiliza para diversas actividades en la cuenca, amortiguando las altas temperaturas y ayudando a rebajar el efecto de las olas de calor en la parte sur de la ciudad. Además, “promueven la supervivencia de los agentes de polinización”.
Las chinampas se presentan como un modelo de agricultura sustentable, en el sentido que aprovecha los recursos del ecosistema lacustre sobre el que se sostiene. Es un concepto de explotación que respeta la flora y fauna que hace su nicho de este entorno natural. Este sistema no solo ha demostrado ser sostenible y eficiente, sino que ha exhibido sus propiedades de resistencia y resiliencia ante condiciones adversas, pudiendo hacer frente a situaciones de sequía extrema, ya que los terrenos de las chinampas están siempre húmedos, o a plagas, dado que cuentan con diferentes depredadores que forman parte de la abundancia de especies en este entorno natural.
Las chinampas brindan servicios naturales tanto a la población humana de la zona como a las poblaciones endémicas que conforman la biodiversidad del lugar, integrada por 212 especies de aves, 23 especies de mamíferos, 10 especies de reptiles, 21 especies de peces y 146 especies vegetales.

Xochimilco: Cuna de las Chinampas y Refugio del Ajolote
El sistema lacustre de Xochimilco, nombrado área natural protegida, patrimonio de la UNESCO y sitio Ramsar, es el lugar donde estos pequeños plantíos flotantes solo existen en el sur de la capital mexicana. Y, por supuesto, son el refugio del ajolote, la especie Ambystoma mexicanum, endémica del lugar y al borde de la extinción. El ajolote es su animal emblemático.
A pesar de los grandes esfuerzos de preservación realizados por los biólogos, la población de ajolotes de Xochimilco se mantiene en la cuerda floja. “Mientras que en el primer censo realizado en 1998 se contabilizaron 6000 por kilómetro cuadrado, en 2002 se habían reducido a 1000. Una década más tarde eran menos de 40”, explica un ecólogo, quien ha puesto en marcha un programa nuevo para proteger su hábitat y el ecosistema lacustre que los rodea a través de las chinampas. Esta iniciativa persigue fomentar la interacción simbiótica entre ajolotes y chinampas, indispensables para la diversidad acuática en los humedales.
Para establecer el refugio de estos anfibios tan singulares resulta indispensable promover la producción y convencer a los pequeños productores de que recuperen sus campos de cultivo, retomando la labor que hicieron los mexicas miles de años atrás. Hasta los años cuarenta, gran parte de las casas de Xochimilco se construían sobre chinampas. Sin embargo, las chinampas encontraron su máxima expresión en su modalidad rural.
Documental Ajolotes & Xochimilco México / Documental Ajolote
Amenazas y Desafíos Actuales
Esta zona lacustre en la que los mexicas se asentaron en el siglo XV se encuentra en la actualidad muy urbanizada. El turismo voraz constituye la principal actividad económica de sus habitantes, lo que genera mucha basura que acaba en los canales, donde también se descargan los residuos domésticos, contribuyendo a un agua con una alta concentración de contaminantes y de muy mala calidad.
“La presión urbana debida a los asentamientos tanto regulares como irregulares, a la construcción de canchas de fútbol y tantas obras, es cada vez mayor”. La infraestructura construida en el último siglo y la mala urbanización han deteriorado por completo la dinámica hidrológica de la cuenca. El desecamiento de los manantiales y la sobreexplotación del acuífero han provocado un descenso en el nivel de las aguas del lago y, en consecuencia, el hundimiento gradual del suelo.
“Por la velocidad con la que se han dado todos estos problemas, es posible que Xochimilco termine por urbanizarse antes de 2050. Lo que sería una catástrofe”, advierte el biólogo. Sin el amortiguamiento de temperatura que hace el humedal, no solo cambiaría de forma drástica el clima local, sino que habría más lugares de inundación. Y se eliminaría uno de los grandes sumideros de carbono de la ciudad, así como la biodiversidad que habita en este lugar.
Poco a poco, con el torbellino de la modernidad, decreció el ritmo de la circulación acuática, los canales fueron rellenados y todo se volvió tierra firme. Las chinampas urbanas han desaparecido del Valle de México y con ellas toda una concepción de la ciudad -la ciudad lacustre contra la ciudad terrestre española. La sustitución de los sistemas tradicionales por la industria moderna y el desarrollo urbanístico de la región, que además va de la mano con la contaminación de las aguas que sustentan los cultivos de chinampas, amenazan con hacer desaparecer esta tradición milenaria.

Esfuerzos de Conservación y el Futuro Chinampero
Actualmente hay 20.000 chinampas, que cubren una superficie total de 30.348 hectáreas. Las actividades más importantes llevadas a cabo sobre esta superficie incluyen turismo, ganado estabulado, cultivos de traspatio, floricultura de invernaderos y horticultura de chinampas. Como es de esperar, se cultiva una gran diversidad de productos agrícolas.
Tenemos que contar con los trabajos de recuperación que las comunidades locales realizan para evitar que las chinampas pasen al olvido. El tercer paso de una iniciativa de conservación se ha centrado en la creación de la “Etiqueta Chinampera”, una idea para distinguir aquellos productos fruto de promover las unidades chinampa-refugio. Esta denominación “persigue diferenciar los alimentos derivados de una agricultura que fomenta la conservación de la chinampera tradicional, fomenta la economía del precio justo y ayuda a la protección del ajolote en su hábitat”, un ecosistema único en la Ciudad de México y tan amenazado.
Si la “Etiqueta Chinampera” funciona, se podrá tapizar con este tipo de cultivos toda la zona, logrando su restauración completa. “Se necesitan muchas otras acciones para frenar el complejo impacto ambiental que sufre este territorio, pero la recuperación de las chinampas es la mejor alternativa para el desarrollo de una agricultura sustentable, mantener limpios los canales y conservar el hábitat del ajolote”. Para los expertos, no proteger el ecosistema de Xochimilco y su singular forma de producción de alimentos sería, además, “perder una cultura de más de mil quinientos años. La producción chinampera está ligada a la historia de los mexicanos”.
Ante los problemas que enfrentan los sistemas agrícolas modernos, una visión retrospectiva hacia la agricultura ancestral como la de las chinampas puede ayudar a diseñar modelos eficientes, sostenibles y respetuosos con su entorno.
