El proceso de expulsión de aquello que nuestro organismo desecha es un acto natural que, sin embargo, ha sido profundamente transformado por la cultura. Hasta el punto que se considera el aprendizaje del control de estos procesos como una fase crucial del desarrollo psicosexual, conocida en la teoría freudiana como la fase anal o fase sádica.
Este aprendizaje social conlleva dos descubrimientos fundamentales para el niño. El primero es el contacto con el control del propio cuerpo y, en segundo lugar, entra en juego una forma de reconocimiento y anticipación del placer. El displacer de la obligación de retener va seguido de la gratificación del placer de expulsar. Cuando no hay control, no hay posibilidad de hacer esa asociación. Por lo tanto, el control de esfínteres también nos enseña que existe una estrecha relación entre dolor y placer, y que el displacer puede generar una tensión que se convierte en excitación ante la seguridad de un posterior momento placentero.

Este proceso es también la primera toma de contacto seria con las costumbres sociales y, por lo tanto, con la represión. El sapiens tiene una extraña relación de amor-odio con las secreciones y olores corporales. El atrofiamiento del sentido olfativo, probablemente ha hecho que conservemos una especial sensibilidad a modo de protección, sobre aquellos olores que nos pueden indicar peligro, como por ejemplo infecciones o alimentos en mal estado. Sin embargo, en los humanos, ha dado pie a algo exclusivo: el asco.
Los Diques de la Represión: Asco, Pudor y Vergüenza
El asco, junto al pudor y la vergüenza, son los diques de la represión. El asco se enfoca en la cosa, el objeto que es repudiado. En el caso del pudor, la cuestión tiene que ver con la mirada del otro y los límites entre uno y otro, imponiéndose una operación de velamiento. Finalmente, la vergüenza instala un dique donde lo que se reprime es algo de índole moral, que distingue a unos de otros y supone la represión del incesto, adscribiendo al sujeto a la cultura y a la palabra.
Estos diques se instalan cronológicamente: el asco tiene su origen en la etapa oral, el pudor en la anal, y la vergüenza es herencia de Edipo. En los procesos de eliminación fisiológica de los residuos corporales, operan conjuntamente los tres diques de la represión. Quienes hemos sido padres, sabemos que una de las pistas del cambio de fase oral a anal en un niño es cuando este, aun sin controlar del todo los esfínteres, busca esconderse para evacuar. Es el primer indicio del surgimiento del pudor, pero a la vez también supone el ingreso a la etapa perversa polimorfa.

Esta etapa, unida a la innata curiosidad infantil y experimentación con el propio cuerpo, lleva a situaciones que son inmediatamente reprimidas por los adultos. Esta represión manda un mensaje claro: "no eres el dueño de tu propio cuerpo, debes aprender a adaptar tus necesidades corporales a los convencionalismos sociales". El resultado es que estos diques de represión, junto a la represión externa, nos hacen irremediablemente retentivos. La obsesión humana por la pulcritud choca con el goce arcaico de ensuciarse; un niño disfruta ensuciándose. En el momento en que aparece lo simbólico, ese placer ha sido reprimido, encontrando a veces una vía de escape en el sexo, que tiene mucho de ese goce de ensuciarlo todo.
La Relación del Niño con las Heces: Curiosidad y Exploración
¿Por qué a los niños les encanta hablar de cacas, pedos, culos, etc.? Según los psicólogos, esta es una etapa normal en el desarrollo del niño. Los niños actúan de esta manera por dos razones principales: aquello que les parece prohibido les causa mucha gracia, y supone un mundo desconocido y apasionante que está por descubrir. Además, romper las normas y sacar a relucir algo tan íntimo como las cacas o los pedos, les resulta lo más divertido que puede pasar. Al fin y al cabo, es algo pasajero y nunca lo podrán disfrutar tan a fondo como en este momento.
Para los niños, conceptos como "sucio" pueden ser confusos. Es importante reservar el término "caca" para la defecación del bebé, lo que nos ayudará a que conozca qué es, de dónde sale y adónde va, dando una definición única a esa sensación que conoce desde el nacimiento.
Algunos niños, alrededor de los 2 y hasta los 3 años, juegan con sus heces. Se quitan el pañal para explorar lo que hay dentro, o hacen lo mismo cuando están aprendiendo a usar el orinal. Son comportamientos exploratorios, que, a pesar del asombro que causan en los padres, son normales en esta edad. No juegan con sus cacas para rabiar a los padres, sino por su afán de conocer y explorar el mundo. Cuanto más exagerada sea la reacción de los adultos, más probable es que repitan la conducta para comprobar el efecto. Por lo tanto, se recomienda calma, paciencia y actuar con rapidez para limpiar el pañal o el orinal antes de que tengan tiempo de investigar.
Las 5 etapas del desarrollo psicosexual de Freud
El Control de Esfínteres: Un Hito del Desarrollo
El aprendizaje del control de esfínteres (defecación y micción) requiere que el niño o la niña haya alcanzado un grado de madurez suficiente y que lo eduquemos en este hábito de limpieza. El proceso es similar a aprender a andar o hablar: la maduración biológica es el factor determinante. No es posible enseñar a un niño a controlar los esfínteres antes de que esté preparado; es una habilidad que se adquiere cuando el niño es lo suficientemente maduro. Es un proceso que todos los niños sanos acaban adquiriendo.
Factores que influyen en el proceso:
- Factores emocionales: Es importante que sus necesidades afectivas estén cubiertas.
- Factores fisiológicos: Poseer destrezas motrices que le permitan agacharse, girar, subir, bajar, saltar, así como ser capaz de contraer los esfínteres y luego relajar.
- Factores nutricionales: La hidratación suficiente es clave para la regularidad.
- Factores conductuales: El exceso de castigos, las referencias negativas y la presión externa pueden convertir el ir al baño en un reto cargado de expectativas, incertidumbre y tensión.
El control de esfínteres está determinado por el sistema nervioso central. El desarrollo se produce de forma cefalocaudal. El esfínter externo se encuentra bajo control voluntario y, en general, se mantiene contraído hasta que la persona decide ir al baño. A lo largo de todas estas fases, la información viaja de la médula a la corteza pasando por el sistema límbico, el cual se encarga del procesamiento emocional.
En situaciones como "permanece seco, pero no quiere quitar el pañal" o "permanece seco todo el día, pero al sentarse en el váter no hace pis/caca", se aconseja: no insistir, sino sugerir; darle intimidad. En caso de estreñimiento, es crucial manejarlo para que no genere aversión al acto.

Perspectivas Psicoanalíticas sobre la Defecación Infantil
Desde los orígenes del psicoanálisis con niños, el abordaje de la defecación ha sido fundamental. El caso de "Juanito" (1909), presentado por Freud, mostró cómo el despliegue de un síntoma fóbico en un niño de cinco años con gran curiosidad infantil evidenciaba la importancia de la conflictiva edípica y los desarrollos teóricos sobre la sexualidad infantil.
Melanie Klein, al iniciar la exploración directa de la clínica infantil, partió de la idea de un yo incipiente capaz de producir fantasías inconscientes como correlato psíquico de los "instintos". Para ella, el juego era el lenguaje arcaico del niño, similar a los sueños, que permitía al analista interpretar las fantasías inconscientes. Concluyó que, si hay culpa en el niño, entonces hay superyó y un Complejo de Edipo temprano.
Anna Freud, por su parte, señalaba que el niño carecía de conciencia de enfermedad y "voluntad" de curación, por lo que era necesario generar estos aspectos para que pudiera ser tratado. Basó su trabajo en la observación de niños latentes y en una fase introductoria para establecer una transferencia positiva, proponiendo una teoría del desarrollo libidinal y yoico donde el niño tiene un potencial innato hacia la "normalidad".
Los desarrollos de Donald Winnicott, proveniente de la formación pediátrica, comenzaron a instaurar la función del ambiente como decisiva para el desarrollo emocional primitivo del niño. La función del "holding materno" era esencial para un despliegue emocional satisfactorio ligado al concepto de verdadero self. Winnicott implementó técnicas creativas como el juego del garabato y adaptó el encuadre analítico a las necesidades de cada caso.
En Francia, corrientes influenciadas por Lacan (M. Mannoni, Francoise Dolto o P. Aulagnier) traían una concepción que pensaba el malestar del niño atravesado por la fantasmática parental. Señalaban que el niño, mediante sus síntomas, encarna y hace presentes las consecuencias de un conflicto familiar o conyugal camuflado y aceptado por los padres, haciendo imprescindible tener en cuenta el discurso de los padres en la problemática del niño.
Manifestaciones Clínicas: El Caso de la Encopresis
Una manifestación somática del sufrimiento psíquico infantil puede ser la encopresis. Un caso clínico ilustrativo es el de Juan, un niño de seis años con una encopresis secundaria de resistente remisión. El problema de Juan con la retención de las heces comenzó a los 5 años, poco después de que su madre, Patricia, sufriera un grave accidente.
Durante el proceso analítico, se pudo pesquisar cómo este episodio había tenido una cualidad traumática para la madre, generando angustias de muerte y un sentimiento de inermidad. Este evento también impactó en Juan, articulando la dinámica familiar en la que la madre, inconscientemente, buscaba protección y compañía regresiva en sus hijos. En momentos agudos, el síntoma de Juan se situaba como "el peligro" de la familia, haciendo eco del episodio traumático no elaborado.
Las 5 etapas del desarrollo psicosexual de Freud
La encopresis se define como la excreción repetida de heces en lugares inapropiados, no atribuible a efectos fisiológicos o médicos. Este caso evidenció cómo el síntoma del niño, la retención de heces, podía ser una manifestación de problemáticas "intra" e "inter-subjetivas" no resueltas, representando una "constipación mental" que pedía ayuda para ser liberada. La correlación entre impureza y cuerpo, donde el cuerpo genera desechos biológicos y simbólicos (como los pecados en algunas tradiciones), subraya la profundidad de estas asociaciones.
Estrategias para Padres: Acompañando el Proceso
Para acompañar a los niños en el control de esfínteres y en su curiosidad por las funciones corporales, se recomienda:
- Comprensión y empatía: Evitar insistir excesivamente, regañar o comparar al niño.
- Estimulación: Hablarle del tema, ilusionándolo con hacerse mayor y fijar una fecha para empezar el uso del orinal o váter.
- Rutina e intimidad: Proponerle sentarse en el orinal unos minutos cada cierto tiempo y celebrar sus logros, ayudándole a tirar las deposiciones.
- No reprender el juego con deposiciones: Si juega con sus cacas (comportamiento exploratorio normal), mantener la calma y actuar con rapidez para limpiar, sin manifestar asco o represión exagerada.
- Uso de cuentos: Utilizar libros divertidos que normalicen el acto de defecar (ej. "Todo lo que sé de la caca", "¿Quién ha hecho caca") y aborden los miedos.
- Juegos: El juego de las estrellas (refuerzo positivo), jugar con agua (estimula ganas de hacer pis) o con plastilina (entrenamiento para relacionarse con excrementos) son herramientas útiles.
- Ropa interior divertida: Esta idea es simple pero efectiva, ya que asocia sensaciones positivas al uso de la ropa interior "de mayor".
La paciencia y el apoyo incondicional son clave, reconociendo que el control de esfínteres es un proceso de maduración que cada niño alcanza a su propio ritmo.