Historia de la Casa Cuna de Ayamonte

Origen y fundación del Hospital de Niños Expósitos

Desde su fundación por la familia Galdames, en Ayamonte existía un orfanato conocido popularmente como la Casa Cuna. Tras la muerte de su sobrino sin descendencia, Benito de Galdames dejó en su testamento una dotación para fundar una «Casa Hospital de niños expósitos» en su ciudad natal. Sus albaceas, el propio Benito y su esposa, Elena Rodríguez de Corterreal, llevaron a efecto esta última voluntad.

Conociendo la necesidad de un hospital para niños huérfanos en la localidad, se enviaron 7.500 pesos al cura de la iglesia mayor, el licenciado Lorenzo López Riquelme, para iniciar las obras. En 1668, el Marqués de Astorga, señor territorial de Ayamonte, concedió el permiso para levantar el establecimiento. El centro, puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, quedó gobernado por un patronato y se instituyeron tres capellanías para su administración y culto.

Plano histórico o representación gráfica del antiguo Ayamonte del siglo XVII.

La realidad del abandono infantil en la Edad Moderna

Etimológicamente, el término expósito proviene del latín ex-positum, que significa «puesto afuera». Históricamente, este concepto reflejaba una realidad dramática recogida por los diccionarios de la época, como el Tesoro de la lengua castellana de Sebastián de Covarrubias (1611). El abandono de infantes solía justificarse por la preservación de la honra familiar o por la extrema pobreza de los progenitores, siendo calificados a menudo como «hijos de la vergüenza» o «hijos de la pobreza».

El fenómeno alcanzó cifras alarmantes en Andalucía durante los siglos XVII y XVIII. En el caso de la Casa Cuna de Ayamonte, los registros históricos indican una tasa de mortalidad del 88,35% a finales del siglo XVII, una situación que, lejos de ser excepcional, reflejaba la precariedad general de los establecimientos píos del país. A pesar de estas cifras, las casas-cuna fueron instituciones cruciales, ya que representaron la única red de apoyo para mujeres en situaciones de desesperación y vulnerabilidad.

Lugar Periodo Tasa de mortalidad
Ayamonte Finales s. XVII 88,35%
Lucena 1780-1790 83%
Granada 1786-1790 80,4%

Evolución histórica y protección institucional

A lo largo de los siglos, la institución enfrentó crisis y periodos de abandono. En 1835, el Gobernador Civil, José Huet, tras una visita a la fundación, reportó el estado ruinoso del edificio y la desatención de sus fines originales, señalando que gran parte del patrimonio había desaparecido. No obstante, la institución logró sobrevivir y, a finales de la década de los 60, pasó a denominarse Hogar Infantil Provincial José Antonio, manteniendo su labor de acogida para huérfanos y niños en situaciones difíciles.

La importancia del centro para la comunidad de Ayamonte siempre fue notable, siendo un espacio que contó con el afecto de los ciudadanos a pesar de los vaivenes políticos y administrativos que, en ocasiones, amenazaron con trasladar sus funciones a otras ciudades como Huelva. Con el tiempo, las instalaciones se transformaron, adaptándose a las necesidades sociales de cada época, hasta convertirse en el modelo de viviendas familiares que conocemos hoy.

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Patrimonio artístico y devocional

La Casa Cuna de Ayamonte albergó una notable colección de arte, vinculada principalmente a una temática religiosa centrada en personajes infantiles. Entre sus piezas, destacan:

  • Cuadros de las hermanas Urbana y Juana Garfias, que reflejan la piedad particular de los hogares de la época.
  • Iconografía de la Virgen Niña y el Niño Jesús, con representaciones como el Niño Jesús de la Espina.
  • Obras dedicadas a las santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla, muy veneradas en el entorno hospitalario.

El hallazgo artístico más significativo ocurrió de la mano de Pedro de Madrazo, quien identificó una obra de Esteban Murillo que se encontraba en un estado de abandono tal que apenas se discernía su contenido. Este lienzo, que representa a las santas Justa y Rufina en adoración ante el Crucificado, constituye una joya del patrimonio artístico provincial que sobrevivió, en gran parte, gracias a su resguardo dentro de la institución.

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