El mundo del arte contemporáneo se caracteriza por su constante evolución y la diversificación de sus actores. Más allá de los artistas, un papel fundamental en la configuración de exposiciones y la difusión del arte es el del comisario. A lo largo de este análisis, exploraremos las diferentes facetas de esta figura, desde el comisario-artista hasta el comisario-diletante, y reflexionaremos sobre la naturaleza de su labor y su impacto en el panorama artístico.
El Comisario-Artista: Una Fusión de Roles
La figura del comisario-artista, aunque pueda parecer una contradicción, tiene profundas raíces históricas. Se remonta al siglo XIX, tras el Salon des Refusés, cuando artistas en París comenzaron a organizar sus propias exposiciones con un enfoque personal y colaborativo, distanciándose de las normas académicas. Estos espacios autogestionados son precursores de los actuales, donde los propios artistas a menudo ejercen de comisarios.
David Balzer señala que la proliferación de comisarios en la actualidad es una consecuencia de la proliferación de artistas y exposiciones, especialmente notoria en las décadas de los sesenta y setenta en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la tipología del comisario-artista es anterior, originándose en Europa un siglo antes.
Cuando un artista asume el rol de comisario, surge la pregunta de si realmente está ejerciendo de comisario o si, en cambio, está creando una nueva obra de arte. Quienes cuestionan o aplauden su labor comisarial suelen ser aquellos interesados en su producción artística. Las instituciones que invitan a un artista a comisariar una exposición lo hacen valorando su obra o credibilidad como artista, más que sus habilidades curatoriales específicas.
La labor de comisario, aunque ocasional para un artista, no define su profesión principal. Ser comisario de forma puntual no equivale a ser un comisario de exposiciones. El comisario-artista, al ser contratado por el valor de su obra, puede permitirse abordar la faceta más creativa y excitante del comisariado, liberándose de la gestión de proyectos y las tareas más arduas.
Un artista que comisaría una exposición dentro de una institución goza de una libertad considerable. La institución, al valorar la coherencia y seriedad del artista, tiende a aceptar sus ideas sin cortapisas. Además de comisariar exposiciones colectivas, a menudo con colaboraciones de amigos artistas, un comisario-artista puede encargarse de exposiciones individuales. En estos casos, es común que sea el propio artista quien proponga al comisario, basándose en la afinidad, la comprensión mutua y la cercanía como creadores.
La motivación de una institución al encargar a un artista la labor de comisario puede ser variada: aportar una perspectiva fresca, cuestionar la labor del artista, explorar nuevas perspectivas o simplemente demostrar versatilidad. No obstante, es innegable que un artista comisario no es juzgado de la misma manera que un comisario "a secas". La condición de artista le otorga una especie de "bula" que lo exime de las críticas más severas y le permite explorar propuestas que a otros curadores difícilmente se les perdonarían.
La intensidad de estas dinámicas se ve influenciada por la institución, el espacio expositivo y el nivel de reconocimiento del artista en el ámbito artístico.

El Comisario-Diletante: Una Mirada desde Fuera
Cuando el comisario de una exposición es un escritor, un físico, un músico, un bailarín o cualquier otro profesional ajeno al mundo del arte, se le puede considerar un comisario-diletante. Estas figuras se toman un respiro de su profesión principal para ejercer la labor de comisario, a menudo centrándose en los aspectos más estimulantes y creativos.
El comisario-diletante parte de una idea, a veces una ocurrencia, y busca obras que se adecúen a su visión. El resultado es un proyecto con una forma contemporánea y atractiva. Las tareas más ingratas del comisariado suelen recaer en la figura coordinadora asignada por la institución, generalmente una mujer.
A diferencia del comisario-artista, que se enfoca en cuestiones relacionadas con el "arte" con cierto respeto, el comisario-diletante tiende a conectar cosas, entendiendo el comisariado como una actividad creativa. Su discurso suele ser personal y su capacidad de sorprender puede ser notable. En un contexto artístico a menudo marcado por el orden y el dogmatismo, la frescura y la originalidad de un comisario-diletante son bienvenidas.
La Evolución Histórica del Comisario
La palabra "curador" proviene del latín "cura" (cuidado) y "curatore" (custodio), implicando tanto cuidado como vigilancia. Históricamente, el valor de los primeros curadores de museo se centraba en los objetos que "cuidaban". Sin embargo, a partir de la década de los sesenta, el valor se desplazó hacia el curador y su discurso.
Una figura clave en la institucionalización del comisariado fue Alfred H. Barr, primer director del MOMA. No obstante, fue Harald Szeemann (1933-2005) quien revolucionó el rol. Autodenominándose "Ausstellungsmacher" (hacedor de exposición), Szeemann unió artistas de diversas procedencias bajo la premisa del proceso artístico como espectáculo. En la década de los sesenta, instauró el rol de una figura capaz de dar sentido a las ideas del arte conceptual y de actuar como mediador en un campo artístico cada vez más saturado.
Szeemann introdujo un enfoque de multitasking que requería dedicación a tiempo completo. Se le describe como un "curador que no sólo se ocupa de la tierra -es decir, del arte- sino que también la cuida, organiza y transforma en paisaje". Fue un personaje hecho a sí mismo, cuya figura como curador independiente era inimaginable hasta entonces.
La primera generación de curadores, incluyendo a Harald Szeemann, Walter Hopps, Lucy Lippard y Seth Siegelaub, abrió el camino a la figura del comisario tal como la conocemos hoy: una entidad propia, asalariada, defensora de la multidisciplinariedad y comprometida con la práctica del conocimiento.
Libros recomendados: ojo con el arte. (1073) Harald Szeemann conversando con Hans Ulrich Obrist.
El Comisariado en la Actualidad: Profesionalización y Expansión
La década de los noventa marcó el fin de la era del comisario amateur-emprendedor-excéntrico y el inicio de su profesionalización. Surgieron cursos y programas curatoriales que reflejaban la expansión del campo y la creación de un mercado laboral. Sin embargo, este mercado se muestra incapaz de absorber la creciente cantidad de comisarios que surgen anualmente.
A escala internacional, la cartografía comisarial dibuja un panorama de una circunstancia en desarrollo. Sin embargo, al analizar la situación a nivel local, en un país como España, la figura del comisario a menudo se encuentra sometida a circunstancias particulares. La posibilidad de ejercer como comisario suele depender de invitaciones específicas, a menudo inesperadas y por razones poco convencionales.
Lo ideal sería que la realización de proyectos curatoriales surgiera de un proceso dialogado, donde se presentaran esbozos expositivos a las autoridades competentes. En la práctica, sin embargo, en muchos países, solo se puede comisariar una exposición cuando la autoridad competente contacta a un curador para proponerle, de forma casi imperativa, que realice "algo".
Marta Fàbregas: Fotografía, Feminismo y Comisariado
En el ámbito de la fotografía, destaca la figura de Marta Fàbregas, artista formada en el IEFC (Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña). Cofundadora de La Fotográfica, codirectora del festival LUMíNIC y docente, Fàbregas ha expuesto individualmente en diversos espacios y ha desarrollado intervenciones murales en festivales de arte.
La creación forma parte intrínseca de su personalidad y orígenes familiares. Su padre, economista de profesión, tenía una gran pasión por la fotografía y el cine, llegando a trabajar como fotógrafo y director de cine. Marta ha alternado su faceta artística con el retrato y la fotografía de producto, pero siempre ha mantenido un fuerte vínculo con la expresión artística individual.
Fàbregas se define como fotógrafa, artista, feminista y activista. Su obra busca generar reflexiones ligadas al feminismo, la equiparación de derechos y el universo femenino. La inspiración para sus imágenes proviene de las mujeres, su mundo y la reivindicación de la igualdad a través de la belleza y el arte.
Sus referencias creativas se nutren de su entorno y vivencias, aunque también cita a fotógrafos como Lee Friedlander, Avedon, Lartigue, Koudelka y Català-Roca, así como a artistas como Arp y Schwitters por su uso del collage, técnica que ella misma ha cultivado.
La obra de Fàbregas se caracteriza por la investigación y la suma de elementos. En su vertiente artística, trabaja principalmente con imágenes antiguas, que colecciona y transforma. Sus obras deben cumplir tres requisitos básicos: un mensaje potente y con sentido, una técnica depurada y belleza estética.

Proyectos como "Colonized" recuperan fotografías de mujeres de mediados del siglo XIX, intervenidas digitalmente, añadiendo tejidos y sedas para visibilizarlas en la actualidad y proyectarlas hacia el futuro. La serie "Rebels" homenajea el afán de las mujeres por contradecir su destino, mientras que en "Origins" se explora el saber y el legado de los antepasados. "Kairos" reflexiona sobre instantes cruciales que cambian el curso de nuestras vidas.
Además de su trabajo en estudio, Fàbregas realiza acciones en la calle con instalaciones efímeras a gran escala y collages in situ en fachadas y paredes. Dirige el proyecto "Traspassant l’Objectiu", donde enseña fotografía de retrato a mujeres en prisión, buscando empoderarlas y ayudarles a recuperar la confianza en sí mismas. Estos proyectos le brindan satisfacción y dan sentido a su labor como artista.
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