El blastoma pleuropulmonar (BPP), también conocido como blastoma pulmonar o neumoblastoma, es un tipo de cáncer infantil extremadamente raro y agresivo. Se origina en los tejidos del pulmón o en la pleura, la capa delgada de tejido que recubre los pulmones y la pared interna de la cavidad torácica. Aunque es el tumor maligno primario más común en niños, su presentación es poco frecuente y suele afectar a menores de 6 años.

Clasificación de los tipos de BPP
El BPP se clasifica en cuatro categorías principales, que representan el grado de evolución y complejidad del tumor:
- Tipo I (Quístico): Compuesto principalmente por quistes. Es más común en menores de 3 años. Presenta un pronóstico favorable, aunque puede recidivar como tipo II o III.
- Tipo Ir (En regresión): Tumores que disminuyen su tamaño de forma espontánea o permanecen estables.
- Tipo II (Mixto): Presenta estructuras quísticas con áreas sólidas. Es más frecuente en niños mayores de 2 años y tiene mayor riesgo de diseminación.
- Tipo III (Sólido): Masa totalmente sólida. Es la forma más agresiva y frecuente en niños mayores de 2 años.
Factores de riesgo y genética
Se ha establecido una relación significativa entre el BPP y el síndrome DICER1, un trastorno genético raro causado por mutaciones en el gen DICER1. Este gen regula la proliferación celular. El asesoramiento genético es fundamental para evaluar el riesgo hereditario, determinar la necesidad de pruebas genéticas y analizar el riesgo para otros miembros de la familia.

Síntomas clínicos
Debido a que sus síntomas se asemejan a infecciones respiratorias comunes, el diagnóstico suele retrasarse. Es necesario consultar al médico ante signos como:
- Tos persistente que no desaparece.
- Respiración rápida (taquipnea) o dificultad para respirar (disnea).
- Fiebre recurrente e infecciones pulmonares frecuentes (neumonía).
- Dolor torácico o abdominal.
- Fatiga, pérdida de apetito y pérdida de peso sin causa aparente.
- Neumotórax espontáneo (colapso pulmonar súbito).
Diagnóstico: Procedimientos y técnicas
El diagnóstico requiere una evaluación completa por parte de un oncólogo pediatra. Las pruebas principales incluyen:
- Estudios por imagen: Tomografía computarizada (TC), resonancia magnética (IRM) y tomografía por emisión de positrones (TEP) para visualizar la extensión de la masa.
- Procedimientos invasivos: Broncoscopia para examinar vías aéreas y toracoscopia o toracotomía para obtener muestras de tejido (biopsia).
- Análisis anatomopatológico: La inmunohistoquímica permite identificar marcadores específicos en el tejido para confirmar el diagnóstico.

Estrategias de tratamiento
El tratamiento debe ser supervisado por un equipo multidisciplinario. Los pilares fundamentales son:
- Cirugía: Es la primera línea de defensa. El objetivo es la lobectomía (extirpación del lóbulo pulmonar afectado) o la resección completa del tumor.
- Quimioterapia: Se utiliza para reducir el tamaño del tumor antes de la cirugía o para eliminar células malignas remanentes en los tipos II y III.
- Radioterapia: Se considera en casos específicos donde existe enfermedad residual que no responde a otros tratamientos, siempre bajo un control estricto para proteger tejidos sanos.
En situaciones donde los tratamientos estándar no son suficientes, se puede evaluar la participación en ensayos clínicos para probar terapias innovadoras.
Seguimiento y pronóstico
El pronóstico depende de factores como el tipo de blastoma, la extensión de la enfermedad al momento del diagnóstico y el éxito de la resección quirúrgica. Debido a la posibilidad de efectos tardíos (físicos, cognitivos o segundas neoplasias), es indispensable realizar exámenes periódicos durante meses o años después de finalizado el tratamiento.
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