La alimentación es uno de los aspectos más reveladores para entender la evolución de las sociedades humanas, así como sus periodos de crecimiento y declive. Recientes investigaciones han permitido descubrir cómo eran los primeros biberones prehistóricos, proporcionando una ventana única hacia las prácticas de cuidado materno y la nutrición en la antigüedad.

El hallazgo arqueológico en el Neolítico
Los posibles recipientes de alimentación infantil, hechos de arcilla, aparecen por primera vez en Europa en el Neolítico (alrededor del 5000 a. C.), convirtiéndose en un objeto más común a lo largo de las Edades del Bronce y del Hierro. Estos vasos suelen ser lo suficientemente pequeños como para caber dentro de las manos de un bebé y poseen un pitorro a través del cual se puede succionar el líquido. A menudo, presentan diseños creativos, como formas de animales imaginarios, a veces con patas o cabezas.
En la región de Baviera (Alemania), se descubrieron varios de estos recipientes de arcilla en tumbas infantiles. Un grupo de investigadores liderados por la Universidad de Bristol se propuso estudiar tres ejemplos encontrados en estos yacimientos para confirmar si se trataba efectivamente de utensilios de alimentación. Para ello, utilizaron un enfoque químico e isotópico combinado con el fin de identificar y cuantificar los residuos conservados en su interior.
Análisis de residuos: evidencia de leche animal
El estudio, publicado en la revista Nature, confirmó que los residuos hallados en el interior de los vasos eran ácidos grasos procedentes de productos animales, incluyendo leche fresca. Concretamente, se detectó leche de rumiantes domesticados, como vacas, ovejas o cabras.
- Evidencia directa: Es la primera y única prueba que demuestra que los bebés prehistóricos consumían leche procedente de animales.
- Contexto funerario: Al encontrarse en tumbas de niños, los científicos concluyen que estos recipientes se utilizaban para alimentarlos, ya sea como sustituto de la leche humana o como complemento durante el destete.
- Versatilidad: Aunque su tamaño era pequeño, adecuado para las manos de un bebé, anteriormente se especulaba que también pudieron servir para personas enfermas o con movilidad reducida.

El contexto social: el "baby boom" del Neolítico
Este descubrimiento se enmarca en un punto de inflexión en la prehistoria conocido como la transición demográfica neolítica. Con el desarrollo de la agricultura y la domesticación de animales (vacas, ovejas, cabras y cerdos), las poblaciones humanas experimentaron un aumento sustancial en la fertilidad y en el crecimiento demográfico. La fabricación de estos contenedores para alimentar a los niños respalda la idea de un aumento masivo de la población y una nueva estructura en la economía familiar.
Los investigadores sugieren que el uso de estos biberones permitía que otros miembros de la comunidad participaran en la alimentación, aliviando la presión sobre las madres. Además, la Dra. Julie Dunne destaca el valor emocional de estos objetos: "Cuando ves cuán conmovedores y divertidos son, te das cuenta de que los padres prehistóricos prodigaban amor y atención a sus hijos".
Riesgos para la salud en la prehistoria
A pesar de su utilidad como fuente de nutrientes, la introducción de leche animal no pasteurizada acarreaba riesgos significativos. La dificultad para limpiar estos recipientes de barro, con sus estrechos pitorros, facilitaba la exposición a infecciones potencialmente mortales, como la gastroenteritis. Los expertos señalan que, aunque la leche animal era una ayuda ante la baja producción de leche materna o la necesidad de destete temprano, también pudo comprometer la salud de los infantes.
El análisis de patologías en restos esqueléticos y dentales, mediante nuevos métodos isotópicos, sigue siendo una línea de trabajo abierta para comprender mejor las historias individuales de destete y las causas de mortalidad infantil en estas sociedades antiguas.