Bebés escapando de la cuna: Causas, riesgos y soluciones

La cuna es uno de los elementos principales para el cuidado del bebé, la cama que usará durante meses hasta que pase a su primera cama infantil. Sin embargo, puede llegar un momento en que el pequeño se resista a dormir en ella o, sencillamente, no se sienta a gusto, dando lugar a lo que muchos padres denominan el “síndrome de la cuna con pinchos” o, más drásticamente, a los intentos de fuga.

Bebé intentando trepar por los barrotes de una cuna

El "síndrome de la cuna con pinchos"

¿Qué es y por qué ocurre?

Muchas mamás y papás cuentan que su hijo se despierta llorando cada vez que intentan dejarlo en la cuna, como si esta "quemara" o "tuviera pinchos". Este fenómeno es habitual en algunos bebés que a la hora de dormir solo quieren hacerlo en los brazos de su mamá o en el pecho.

Los bebés recién nacidos, tras pasar nueve meses en un ambiente uterino donde estuvieron envueltos, contenidos, sintiendo el latido del corazón y el constante balanceo, se acostumbran a estar en contacto todo el tiempo con su madre. Esta es su experiencia de máxima seguridad.

El bebé humano tiene grabado a fuego que solo está a salvo con sus cuidadores. Al nacer, todo cambia, y aunque durante el día tenga todos los brazos que quiera, por la noche los padres esperan que se conforme en su cuna silenciosa y quieta. Pero no todos los niños aceptan esto.

A pesar de estar dormidos, los bebés tienen una fase de sueño profundo (REM) corta y, en cambio, pasan casi todas sus horas dormidos en fases superficiales (No-REM). Esta fase poco profunda tiene una función de supervivencia, ya que le permite al bebé reaccionar ante cualquier cambio desagradable o potencialmente peligroso. Que sus padres los separen de su cuerpo les hace saltar como si tuvieran un resorte.

No lo hacen para fastidiarnos, ni para chantajearnos. Gritan porque tienen miedo, no quieren que nos alejemos; estar separados supone que sus mecanismos de supervivencia entren en alerta y nos avisen de que los estamos dejando "olvidados". Ellos no saben que en casa están seguros; todavía son seres emocionales e instintivos y viven como vivían los humanos desde hace millones de años. Si los bebés humanos, desde que existe el ser humano, no hubiesen reclamado ir pegados a sus madres y dormir a su lado, habrían terminado comidos por algún depredador. Nos habríamos extinguido como especie.

Estrategias para mejorar la situación

  • Empatizar y no desesperarse: Si sostenemos, contenemos y mantenemos la calma, eso es lo que transmitiremos al bebé. Si nos ponemos furiosos, desesperados y enfadados, poca seguridad le estaremos dando a nuestro hijo, empeorando la situación presente y la de los siguientes días.
  • Seguir al niño: Darle lo que necesita y el tiempo y su maduración harán el resto. De nada sirve dejar llorar a un bebé desesperado en una cuna para dormir, ya que ni duerme, sufre y tampoco deja descansar a los adultos.
  • Fomentar buenos hábitos de sueño: Asegurarse de tener una rutina constante a la hora de acostar al bebé (baño relajante, cena, cuento, etc.) y que este se pueda dormir por sí solo, sin necesidad de ser cargado o amamantado.
  • Hacer de la cuna un lugar divertido: Durante el día, coloca algunos de sus juguetes favoritos en la cuna. Juega un juego para alcanzarlos y eliminarlos. Luego, paso a paso, déjalo en la cuna para obtener el juguete. Con el tiempo, tu bebé pensará en la cuna como un lugar divertido para quedarse.

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Bebés escapando de la cuna: Un instinto de desarrollo

Señales y factores que influyen

La cuna puede ser un universo muy pequeño para los bebés que ya son capaces de andar. La mayor parte de los bebés que escapan de sus cunas solo emplean una capacidad: su agilidad. Trepan por los barrotes y cuando consiguen poner un pie sobre la barra de la cuna, ya lo tienen conseguido. Han ideado un plan propio de 'Misión Imposible'.

La señal más fiable de que la escalada es inminente tiene menos que ver con la edad y más con la altura. Cuando la barandilla de la cuna está a menos de tres cuartas partes de la altura del pecho de su hijo, es peligroso. La decisión de un niño de salir suele ser una combinación de cuatro factores:

  1. Crecimiento físico y altura: Son más altos y su fuerza muscular les permite levantarse fácilmente.
  2. Una búsqueda de independencia: Los niños pequeños están aprendiendo a controlar su mundo. Salir de él es una expresión instintiva de su necesidad de "hacerlo todo por sí mismos".
  3. Factores emocionales o regresión del sueño: Cuando un niño pasa por una regresión del sueño o ansiedad por separación, podría intentar escapar para estar cerca de sus padres y sentirse reconfortado.
  4. Capacidad de aprendizaje: La capacidad de aprendizaje de los niños es asombrosa. Algunos bebés incluso retiran el colchón de la cuna, sacan los pies por el hueco, empujan la cuna hasta la cama de sus padres y entonces saltan.

Medidas de seguridad ante las fugas

Cuando notes que tu hijo intenta trepar, debes actuar de inmediato. Tu principal responsabilidad es eliminar los riesgos de seguridad de la habitación. Este es el primer y más crítico paso físico que puedes dar:

  • Ajustar la altura del colchón: Si tu colchón no está en la posición más baja, le estás dando a tu hijo un apoyo adicional. Revísalo y ajústalo de inmediato.
  • Vaciar la cuna: Los niños son inteligentes y usarán cualquier cosa en la cuna para trepar (peluches, chichoneras, almohadas). Necesitas convertir la cuna en un espacio vacío para dormir.
  • Usar un saco de dormir: Un saco de dormir es una ayuda para dormir con certificación de seguridad que limita la capacidad de tu hijo para levantar las piernas lo suficiente como para cruzar la barandilla. Se recomienda ponerlo "hacia atrás" con la cremallera hacia atrás para evitar que se lo quiten y limitar su movimiento.
  • Reacción tranquila y neutral: Si tu hijo sale, debes mantener un tono tranquilo y neutral. Devuélvelo a la cuna inmediatamente y en silencio, repitiendo una frase simple y neutra como: "Es hora de dormir". Si reaccionas exageradamente, ya sea enojándote, riéndote o prestando demasiada atención, estás accidentalmente reforzando el comportamiento.
  • Asegurar la habitación: Si tu hijo logra escapar de la cuna, debes asegurarte de que su habitación sea totalmente segura. Es imprescindible mantener la barrera para escaleras si hay escaleras en casa y vallar la piscina si se tiene.

Transición a la cama de mayores

Cuando el bebé está empezando a saltar de la cuna es normal que los padres se preocupen más. Después de haber superado el primer año de edad, el pequeño ya es demasiado grande para la cuna, donde ya casi no cabe y de la cual intenta huir. Si la altura de la barandilla de la cuna supera la línea roja (menos de tres cuartas partes de la altura del pecho del niño), el riesgo de caída es demasiado alto.

La transición a una cama para niños pequeños requiere evaluar la preparación conductual del niño en tres dimensiones: física, emocional y cognitiva. Si la puntuación total de tu hijo en esta evaluación supera los 10 puntos, es momento de concentrarse en hacer la habitación totalmente a prueba de niños para un nuevo entorno de sueño.

Al cambiar al bebé a la cama de mayores, detectarás si su especialidad no son las fugas, sino un “sueño agitado”, por lo que habrá que incorporar barreras de cama que se adapten a sus necesidades: barandillas para cama nido, barreras de cama de madera, barrera cama infantil extra alta, barandilla para cama universal y para los más movidos el pack de barreras de cama para cubrir el lateral y el piecero o cabecero de la cama.

La cama para niños pequeños trae libertad, y muchos niños no están preparados para ella. Esto puede agravar los problemas de sueño, como deambular y rutinas confusas. Es importante mantener todas las rutinas que se usaban con la cuna, incluyendo la hora del cuento, las canciones y el horario. Para prevenir caídas, se pueden usar barandillas extraíbles o colocar un lado de la cama contra la pared. También es útil dejar que el niño ayude a elegir la ropa de cama nueva.

Cama infantil con barreras de seguridad

Recomendaciones para un sueño seguro en lactantes

Según las últimas recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, respaldadas por un informe de la prestigiosa revista científica Pediatrics de 2016, existen 19 pautas para garantizar un sueño seguro en los lactantes durante sus primeros 12 meses de vida:

  1. Dormir boca arriba: Ni de lado, ni boca abajo. La anatomía de sus vías respiratorias y su reflejo nauseoso evitan que se asfixien o atraganten.
  2. Dormir en la habitación de los padres: Obligatoriamente hasta los 6 meses de vida y aconsejado hasta los 12 meses, en su cuna, moisés o cama que cumpla con los requisitos de seguridad.
  3. Superficie firme: Huyendo de colchones blandos, sofás, sillones o sillas. Quedarse dormido con el bebé en brazos en un sofá aumenta mucho el riesgo de muerte súbita del lactante.
  4. No colechar los primeros meses: Especialmente si hay otros niños en la cama, si alguno de los padres tiene obesidad mórbida o consume sedantes o drogas.
  5. Retirar objetos blandos de la cama: Peluches, chichoneras y almohadas.
  6. Evitar el exceso de abrigo: Evitar gorros en la cabeza. Con que lleven una capa más que nosotros, es suficiente.
  7. Evitar dispositivos: Tales como cuñas, posicionadores, cojines antivuelco, etc. No existe ninguna forma o producto que pueda prevenir el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL).
  8. Lactancia materna: Reduce en un 50% la muerte súbita del lactante.
  9. Uso de chupete: A la siesta y al dormir por la noche, una vez la lactancia esté establecida.
  10. Evitar exposición al humo del tabaco: Durante el embarazo y tras el nacimiento.
  11. Evitar alcohol y drogas: Durante el embarazo y tras el nacimiento.
  12. Atención prenatal: Durante el embarazo.
  13. Seguir calendario de vacunaciones: Parece haberse encontrado un efecto protector en los niños correctamente vacunados.
  14. No confiar en monitores de corazón o respiración: Para reducir el riesgo del SMSL.

Es importante recordar que la incidencia de la muerte súbita del lactante ha disminuido más de un 50% en todos los países desde el comienzo de las campañas preventivas que animan a los padres a poner a dormir a sus hijos boca arriba.

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