En este artículo, se propone un ritual de reparación por los niños no nacidos, ya sea de manera provocada o espontánea. Esta iniciativa surge de una profunda reflexión sobre las consecuencias, a menudo silenciadas y subestimadas, de los abortos.
Introducción al Ritual de Reparación
La experiencia clínica de tres décadas ha revelado las serias consecuencias, a veces dramáticas, de los abortos. Sus incidencias físicas, psíquicas y espirituales son a menudo silenciadas o en gran medida subestimadas por la sociedad y, en ocasiones, por la propia comunidad médica. El síndrome post-aborto es, en general, encubierto o minorado, lo que impide un abordaje adecuado de esta problemática.
La base de este ritual se enmarca dentro de un enfoque cristiano, desde cuya espiritualidad se han elaborado las oraciones que lo acompañan. Sin embargo, es importante destacar que estos aportes pueden ser modificados, corregidos y enriquecidos, y que esta fórmula no es exclusiva de los cristianos. Su uso no implica que las personas que recurren a este tipo de reparación compartan esa fe o se adhieran a ella, sino que buscan una vía para la sanación de heridas profundas.

El Caso de Françoise: Un Viaje de Sanación con Ayahuasca
Contacto Inicial y Situación Clínica
En el año 2000, Françoise, una señora francesa de unos sesenta años, contactó al autor por correo, solicitando venir al Perú, al Centro Takiwasi. Su objetivo era seguir un proceso terapéutico que asocia psicoterapia occidental y el uso de plantas medicinales amazónicas, entre ellas la Ayahuasca, una mezcla psicoactiva ancestral que juega un rol esencial en las iniciaciones indígenas y es integrada como un instrumento de exploración de la psiquis profunda.
Françoise describió su situación clínica: un cáncer terminal de ovarios con derrames de ascitis. Inicialmente, se le señaló la imposibilidad de recibirla debido a los riesgos implicados, ya que el viaje era difícil y el Centro Takiwasi no es una clínica equipada con servicios médicos suficientes para este tipo de casos. A pesar de su insistencia, la negativa se mantuvo.
Tiempo después, al encontrarse en Francia, el autor observó una mujer en muy mala condición física, pero con un fuerte deseo de no morir sin saber “de qué se estaba muriendo”. Su vientre abultado, debido al derrame abdominal de ascitis que requería punciones regulares, parecía el de una mujer embarazada. El pedido de Françoise, conmovió profundamente, pues no buscaba la cura física, casi imposible en esa etapa, sino la comprensión de su vida y las razones que la llevaban a la muerte. Ella estaba dispuesta a asumir los riesgos de un largo viaje, y su familia aceptó su voluntad, incluso si fallecía durante el traslado.
Tras tomar las precauciones necesarias para una posible repatriación, obtener las garantías familiares y el compromiso de seguir las instrucciones al pie de la letra, incluyendo un retorno precipitado si fuera necesario, se aceptó ayudarla a obtener una respuesta a esa pregunta existencial y vital para ella, recibiéndola en Perú por un mes. Françoise se hizo extraer varios litros de ascitis justo antes de subir al avión.
Las Sesiones de Ayahuasca y Revelaciones
Primera Sesión
En la primera sesión de Ayahuasca, Françoise vio un terremoto, simbólicamente un sismo interior que se preparaba para ella. Luego, tuvo una visión terrible: se vio vestida como oficial de la SS alemana. Esta visión fue muy desagradable y sin sentido para ella. Los símbolos nazis aparecen con frecuencia en las sesiones de Ayahuasca y suelen señalar la existencia de un culto a la muerte. La esvástica, rueda de la vida en el hinduismo, aparecía invertida, indicando así la "rueda de la muerte". Esto señalaba no solo una forma de indiferencia hacia la vida, sino una actitud activa y voluntaria de celebrar las fuerzas de Thanatos.

Segunda Sesión: La Voz de la Sabiduría
En la segunda sesión de Ayahuasca, este punto se aclaró y jugó un papel central en el proceso. Françoise oyó una voz que identificó como la de la Sabiduría, la cual le preguntó si realmente quería saber de qué iba a morir. Ella respondió "sí".
Fue entonces cuando Françoise comprendió. Alrededor de los 20 años, había tenido una relación sexual de una sola noche con un hombre "de paso", tras lo cual se descubrió embarazada. Su padre la instó a abortar al hijo no deseado y sin padre, y bajo presión, ella finalmente aceptó el aborto. A continuación, explicó cómo se desarrolló a partir de ese momento un odio a los hombres, cristalizado en el hombre que la abandonó y en su propio padre que le ordenó "matar a su hijo". Decidió despedir a los hombres de su vida y solo mantuvo relaciones homosexuales, sin tener otro hijo. Como enfermera de profesión, decidió entonces "ayudar" a otras mujeres en situación similar, ya que la ley francesa aún no permitía el aborto.
La voz de la Sabiduría, como su maestra, le dijo: "Los niños no nacidos no están muertos, ya que se tiene que nacer para poder morir. El nacimiento es la llegada a la luz del día y se acompaña del reconocimiento de la singularidad del niño por sus padres y de la humanidad, simbolizado a través la otorgación de un nombre propio. El alma de estos niños está bloqueada en su proceso de evolución, a la espera de lo que les ha faltado: un cuerpo que llega a la luz del día, el reconocimiento como un ser humano único y la vuelta a la tierra en el momento de la muerte. ¿Quieres arreglar tus errores?". Ella asintió con la cabeza.
El Ritual de Reparación
Después de esta sesión abrumadora, Françoise pidió al autor realizar este ritual con ella, no solo para guiarla, sino también para representar la figura masculina positiva que había faltado en su vida. Se aceptó, señalándole que, siendo cristiano y católico, lo único que podía ofrecer eran oraciones incluidas en su vida espiritual y que tuvieran sentido para él.
El ritual se llevó a cabo conforme con su visión y acompañado por las oraciones y la bendición del cuerpo simbolizado del niño y la de Françoise, quien representaba al mismo tiempo a la madre de todos esos niños abortados. Françoise estuvo muy emocionada durante la realización del ritual y lloró abundantemente.

Tercera Sesión y Confirmación de la Curación
En la tercera y última sesión de Ayahuasca que siguió al ritual, Françoise vio una serie de pequeños corazones rojos elevarse de la tierra al cielo. Estas eran las almas liberadas de los niños. Luego, le apareció una gran boca que le dijo: "Yo soy la boca que pronuncia la Verdad. Me puedes hacer una sola pregunta". Ella preguntó: "¿Estoy curada?".
En la víspera de su regreso a Francia, Françoise tuvo un sueño significativo que puso punto final a su proceso de curación espiritual.

Profundizando en la Interpretación Espiritual del Aborto
La Ayahuasca como Herramienta de Comprensión
Los efectos de las sesiones de Ayahuasca están condicionados por diversos factores (lugar del ritual, calidad de la bebida, dosis, preparación de la persona, pericia de los maestros curanderos, etc.), pero lo esencial reside en la intención de la persona. Esto es lo que guiará el proceso y le dará sentido, siendo la sinceridad de quien toma Ayahuasca fundamental. La motivación y la intención claras de Françoise fueron decisivas para que se asumiera el riesgo de su viaje al Perú, a pesar del entorno adverso. Ante la proximidad de la muerte, Françoise fue muy activa en la realidad, lejos de la actitud de una simple curiosa o "turista neo-chamánica", su pregunta era vital para ella.
La Ayahuasca permite un proceso gradual de comprensión e integración del simbolismo que surge en las sesiones terapéuticas. En el caso de Françoise, se observan claramente las etapas de sus tres sesiones:
- El anuncio de un desorden (o una conversión) y la toma de conciencia de su culpa.
- La enseñanza sobre esta culpa y las maneras de repararla.
- El ritual de reparación, la liberación y la respuesta a su expectativa de curación.
- La confirmación de la curación-conversión.
La Ayahuasca se expresa en la psiquis del sujeto de una manera simbólica, como en un sueño final que hace eco de la primera visión (la relación con el nazismo). Este simbolismo incluye todas las dimensiones del ser: lo físico (sensación de un terremoto), lo emocional o psico-afectivo (ansiedad, miedos...) y lo espiritual (el nazismo, la Voz de la Sabiduría y la Verdad).

El proceso de Françoise tuvo dos dimensiones rituales: una realizada con las plantas y otra que enmarcó la reparación que le fue indicada. Ambas estuvieron marcadas por una interpretación estricta que permitió su operatividad. El ritual de la Ayahuasca en Takiwasi se ha desarrollado de acuerdo con las enseñanzas de los antiguos maestros curanderos de la Amazonía, quienes transmitieron su conocimiento, y por las indicaciones surgidas en el proceso personal, a través de sueños y visiones.
El Aborto como Culto a la Muerte
El ritual de reparación de abortos se estructuró a partir de la información proporcionada por la visión de Françoise, como una enseñanza y una exigencia del mundo espiritual. No se trató de una elaboración sentimental o estética, sino de poner en acción procesos eficaces y precisos que encuentran su justificación en el sentido que portan y su coherencia profunda con las leyes espirituales que Françoise ignoraba totalmente a nivel consciente.
Basado en la experiencia de Françoise, el aborto provocado se corresponde exactamente con un asesinato que siembra la muerte no solo de estos niños, sino también en el corazón de las personas que lo deciden o lo practican. Françoise, al sembrar la muerte, se convirtió en su primera víctima, transformándose a la vez en víctima y verdugo de otros y de sí misma. Se hallaba "embarazada" de ascitis, un "agua de la muerte".
Las circunstancias atenuantes que rodearon su acto inicial (abandono del padre del niño y de su propio padre, su juventud, su ignorancia, su consternación ante esta situación inesperada) no suprimen la falla que requiere reparación. De igual modo, la "buena voluntad" para "ayudar" a otras mujeres no la eximía de responsabilidad; al contrario, su elección deliberada de seguir en este camino confirmaba que su propio aborto consistía ya en sembrar la muerte, como luego lo haría "en los vientres de las mujeres". Su gesto "altruista" hacia otras mujeres que sufrían estaba habitado por una dimensión de odio reaccionario a su sufrimiento, un odio hacia su padre y, en general, a todos los hombres. Por ello, decidió no tener una relación afectiva y sexual con hombres y se declaró lesbiana. También existía un odio hacia sí misma, por no haber sido capaz de decir "no" a las órdenes letales de su padre.
Su sufrimiento no llegó a ser transformado en amor, en compasión, para evitar que otras mujeres abortaran, resistiendo las presiones negativas del entorno humano y social y encontrando el apoyo necesario que les faltaba. En lugar de ello, optó por proyectar su odio hacia los hombres que embarazaban a otras mujeres de manera irresponsable, sin atribuir, al parecer, la corresponsabilidad de estas mujeres, y de alguna manera ajustando cuentas con su dolorosa historia a través de otras víctimas. En primer lugar, era su sufrimiento el que quería tratar, olvidando a su hijo abortado y a los que ayudaría a eliminar. La complicidad de la muerte tuvo prioridad sobre la complicidad de la vida. Se puede suponer también que el peso de la culpa por sus acciones se reducía a esta justificación "altruista" hacia sus semejantes, ya que la culpa compartida y "estandarizada" se vuelve menos pesada.
Françoise no encontró el camino del perdón; debía pedir perdón a sí misma, a su hijo, y tenía que ofrecer el perdón a su padre y al hombre que la abandonó. Cualesquiera que fueran las circunstancias que rodearon a este hombre anónimo, fue ella quien aceptó el acto sexual, que no le fue impuesto.
La referencia a los nazis se sitúa claramente en el orden de genocidio, de crímenes contra la humanidad. Podríamos pensar que este concepto de genocidio se aplica a Françoise por el número de abortos que asistió, pero no corresponde solo a un aborto. Otra experiencia contradice esta interpretación: un hombre de unos cuarenta años, que también siguió un proceso con Ayahuasca, se vio gravemente afectado durante una sesión con imágenes terribles del genocidio en Ruanda. Después de haber aceptado por compasión compartir el sufrimiento de la población de Ruanda, más adelante en su sesión intentó en vano eliminar estas imágenes y esta sensación de angustia. No teniendo nada que ver con este trágico suceso político y frente a un sufrimiento intenso, comenzó a reclamar interiormente diciendo: "Yo no he hecho algo como esto, ¡yo no he matado a nadie para merecer vivir!". La sabia voz que se manifiesta a través de la Ayahuasca replicó: "¿Cómo estás tan seguro?". Y luego, recordó el aborto de su propio hijo que cometió hace muchos años. Este único aborto se le presentó en el mismo orden de genocidio colectivo en el que había colaborado. Más allá de la imagen del genocidio, el aborto equivale a una elección fundamental que es el culto a la Muerte.
El Bloqueo Espiritual de las Almas No Nacidas
El aborto se presenta a Françoise como una interrupción no solo del proceso vital en el sentido fisiológico del término (lo cual ella, por supuesto, sabía), sino como el obstáculo a la plena realización del futuro espiritual de cada niño. Esto se debe a que estos niños no tienen un cuerpo físico que llegue a la luz, pero sí un alma que sobrevive a la muerte física. La liberación plena del alma implica la muerte después de haber nacido a la luz del día. Es imperativo y necesario que estos niños nazcan para morir, es decir, para pasar a la etapa de su transformación espiritual. Al no cumplirse esta ley espiritual, el alma sobrevive, pero es incapaz de completar todo el proceso que le permita seguir su camino espiritual.
Por ello, será necesario que el ritual incluya la presencia material de un cuerpo físico nacido de la tierra y que aparezca a la luz del día después de la gestación (modelado). La reparación se completará con el regreso a la tierra de este cuerpo nacido de la tierra. El niño por nacer, aunque posea cuerpo y alma, es "incompleto" en el plano espiritual, ya que no tiene acceso al corazón y alma en este mundo. Sería una especie de aborto del cuerpo y el alma, inseparables, por lo que el niño, cuerpo y alma, quedan "en espera". Este niño se describe, de acuerdo con lo que Françoise ha oído, como en un lugar de "tránsito", a la espera, sin poder avanzar en su realización.

La otra condición que aparece como fundamental es el reconocimiento de la singularidad de este ser por la comunidad, empezando, por supuesto, por sus propios padres. Esta singularidad de cada ser humano está representada por la adjudicación de un nombre. Esta es una señal de acogida, la bienvenida, la aceptación de lo que la vida le ofrece. Su nombre se pronuncia en voz alta como un signo de su humanidad reconocida. Como se ha dicho, la aparición del niño en el mundo no es solo física, sino que incluye todos los aspectos de su naturaleza humana, incluyendo la social o fraternal (psico-afectiva) y la dimensión espiritual, el aspecto de la alianza.
El Ritual como Interfaz con lo Invisible
El ritual asume una función de interfaz entre el mundo de las realidades sensibles y aquellas de las realidades invisibles. Se crea un campo delimitado en el tiempo y el espacio que permite la combinación o la coincidencia de espacios-tiempos. Esta "condensación" del ritual puede ser eficaz más allá de los límites ordinarios de espacio-tiempo, facilitando la sanación y liberación de las almas en tránsito y de las personas afectadas por el aborto.