El manejo efectivo del dolor postoperatorio en pacientes pediátricos es un pilar fundamental de la atención médica, no solo por razones humanitarias sino por sus profundas implicaciones fisiopatológicas. Tradicionalmente, los opioides han sido la base de la analgesia intraoperatoria debido a su potente efecto. Sin embargo, su uso se asocia con efectos indeseables conocidos como náuseas, vómitos, sedación, íleo, depresión respiratoria, hiperalgesia, tolerancia y, en casos extremos, adicción y dolor crónico postoperatorio. Ante este panorama, la anestesia libre de opioides (ALO) ha surgido como una estrategia alternativa prometedora, especialmente relevante en la población infantil donde las particularidades fisiológicas amplifican los riesgos de los opioides.
Desafíos en el Manejo del Dolor Pediátrico
Subestimación y Limitaciones Farmacológicas
El dolor postoperatorio en la población pediátrica ha sido, históricamente, un tema insuficientemente tratado. Existe una marcada subestimación del dolor en niños, un problema que se agudiza por la inexactitud de la comunicación verbal en los primeros años de vida. Los niños pequeños no pueden expresar lo que sienten o solicitar analgésicos, mientras que los escolares y adolescentes pueden temer las inyecciones. Factores culturales, como la creencia de que el dolor "fragua el carácter", también han contribuido a esta infravaloración.
Por otro lado, la gama de alternativas terapéuticas no opiáceas en niños es restringida. Solo un 20% del total de fármacos disponibles en el mercado para el dolor postoperatorio ha demostrado formalmente su eficacia y seguridad en esta población. Drogas de uso común como fentanilo, bupivacaína, morfina, atracurio y propofol fueron introducidas en el mercado farmacológico sin completar las fases de investigación necesarias en niños. Esta omisión, a menudo por razones económicas, ha llevado a la prescripción de fármacos en niños basándose en su eficacia y seguridad demostradas en adultos, lo que ha tenido consecuencias nefastas en algunos casos.
Bases Neurofisiológicas del Dolor en Niños
A pesar de la creencia pasada sobre una menor necesidad de tratar el dolor en neonatos y lactantes debido a su inmadurez neuronal, estudios han demostrado que el feto, a partir de las 28 semanas de gestación, posee los componentes anatómicos, fisiológicos y hormonales necesarios para percibir y responder al dolor. La vía inhibitoria descendente nociceptiva no alcanza su madurez hasta semanas o meses después del nacimiento, y los niños tienen una alta proporción de sustancia P, lo que resulta en una respuesta al dolor similar o incluso superior a la de los adultos.
El adecuado tratamiento del dolor en niños no solo reduce las complicaciones postoperatorias y la morbimortalidad anestésico-quirúrgica, sino que previene la aparición futura de respuestas dolorosas desproporcionadas ante estímulos mínimos. Los neonatos y prematuros son particularmente vulnerables; su sistema nervioso inmaduro y un bloqueo fisiológico incompetente del estímulo doloroso los hacen más sensibles. Presentan un alto número de receptores para sustancia P y un menor número de receptores centrales para opioides, con un predominio de receptores Mu2 que justifica su especial sensibilidad a la depresión respiratoria. Además, su barrera hematoencefálica está menos desarrollada, facilitando la penetración de opioides y aumentando el riesgo de depresión respiratoria o convulsiones.
Las estructuras básicas del dolor (transducción, transmisión, modulación y percepción) son similares en lactantes y adultos, pero la inmadurez neurofisiológica y cognitiva en niños introduce diferencias importantes:
- Transducción: El estímulo nociceptivo se transforma en señal eléctrica. Las fibras A-delta (mielinizadas, rápidas, dolor punzante) y C (no mielinizadas, lentas, dolor sordo) son sensibilizadas por mediadores inflamatorios como bradiquininas, prostaglandinas y citoquinas, disminuyendo el umbral del dolor y provocando hiperalgesia.
- Transmisión: El impulso doloroso viaja desde la médula espinal al cerebro a través de tractos espinotalámicos, espinorreticulares y espinomesencefálicos.
- Modulación: En el asta posterior de la médula, la señal se amplifica o atenúa. Neurotransmisores excitadores (sustancia P, glutamato) incrementan el dolor, mientras que sustancias inhibitorias (opioides endógenos, norepinefrina, serotonina) lo reducen.
- Percepción: Es la consecuencia psicológica del dolor, una experiencia única para cada paciente. En niños, la percepción del dolor modifica la respuesta a futuras experiencias dolorosas, incrementando la ansiedad.
Un fenómeno crucial es la sensibilización central, o hiperexcitabilidad a nivel central, que disminuye el umbral del dolor y causa hiperalgesia futura. La transmisión del impulso doloroso libera sustancia P y glutamato, activando receptores AMPA y NMDA (N-metil-D-aspartato), un proceso conocido como "wind-up" que puede ser inhibido por opioides, alfa2-agonistas y NMDA-antagonistas.

Consecuencias del Dolor No Tratado en Niños
El dolor persistente, sumado al trauma quirúrgico, desencadena una respuesta endocrina al estrés, aumentando la secreción de cortisol, catecolaminas y otras hormonas. Esto conlleva efectos deletéreos multisistémicos: taquicardia, hipertensión, aumento del gasto cardíaco, disminución del flujo sanguíneo regional, alteraciones inmunes, hiperglucemia, lipólisis y un incremento del consumo de oxígeno. A nivel respiratorio, se observa disminución del volumen corriente, de la tos, alteraciones en la relación ventilación/perfusión e inmovilidad diafragmática. Otras consecuencias graves incluyen hipercoagulabilidad, fibrinólisis, secreción inadecuada de hormona antidiurética, aumento de la secreción ácida gástrica y pérdida de la autorregulación cerebral. Estas repercusiones son aún más críticas en niños debido a su alta tasa metabólica y bajas reservas, contribuyendo significativamente a la morbimortalidad postoperatoria.
Además, el dolor no tratado puede causar alteraciones en el comportamiento de los recién nacidos y aumentar la vulnerabilidad de los prematuros a lesiones neurológicas graves, como citotoxicidad mediada por receptores NMDA que provoca muerte neuronal en el cerebro inmaduro o alteración en el desarrollo de las sinapsis neuronales. Se sugiere que el dolor experimentado tempranamente en la vida puede alterar la respuesta afectiva y el comportamiento ante procesos dolorosos posteriores.
Anestesia Libre de Opioides (ALO): Una Estrategia Multimodal
La ALO se define como la eliminación completa de la administración de opioides durante la cirugía, independientemente de la vía, hasta que el paciente recobre la consciencia. Esta estrategia se alinea con los principios ERAS (mejora de la recuperación tras la cirugía) y busca mitigar los efectos adversos de los opioides. Los protocolos de ALO generalmente implican técnicas multimodales que combinan agentes no opioides, como agonistas alfa2-adrenérgicos (p.ej., dexmedetomidina), antagonistas de N-metil-D-aspartato (NMDA) como la ketamina, lidocaína sistémica y bloqueos regionales de los nervios. Estas estrategias han demostrado beneficios en la mejora de la calidad de la recuperación, minimizando los requisitos de opioides, aliviando el dolor y reduciendo la incidencia de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO).
Evidencia General de la Anestesia Libre de Opioides
Aunque la efectividad de la ALO en cirugía ortopédica fue inicialmente incierta, un metaanálisis reciente que incluyó siete ensayos controlados aleatorizados con 408 pacientes adultos en cirugía ortopédica, comparó la ALO con la anestesia basada en opioides (ABO). Los resultados indicaron que la ALO proporcionó un control del dolor postoperatorio comparable a la ABO en la unidad de cuidados postanestésicos (UCPA), a las 24 y 48 horas.
Además, la ALO:
- Redujo significativamente el riesgo de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) (RR: 0,37; p=0,00001).
- Prolongó el tiempo hasta la primera solicitud de analgesia (DM: 25,60 minutos; p=0,00001).
- Redujo la incidencia de hipotensión intraoperatoria (RR: 0,56; p=0,02).
- Sin embargo, incrementó el riesgo de bradicardia intraoperatoria (RR: 1,86; p=0,04), un factor a considerar al usar analgésicos basados en dexmedetomidina.
El consumo de morfina en 24 horas fue comparable entre los grupos, lo que sugiere que la ALO puede lograr una analgesia efectiva sin la necesidad de opioides intraoperatorios, aunque no necesariamente reduce el consumo total de opioides de rescate postoperatorios en todos los casos.
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Estrategias Analgésicas No Opioides en Pediatría
El abordaje del dolor agudo postoperatorio en niños debe ser múltiple, basándose en conceptos neurofisiológicos para reducir los factores que intervienen en el mecanismo del dolor. Esto incluye la inhibición de la respuesta inflamatoria tisular periférica, el bloqueo de la transmisión de impulsos dolorosos mediante anestesia regional, la prevención de la sensibilización central y el alivio de los impulsos inhibitorios descendentes.
Paracetamol (Acetaminofeno)
Introducido en 1893, el paracetamol es el segundo analgésico de mayor venta mundial y está ampliamente disponible para niños. Su asociación con daño hepático agudo se relaciona principalmente con casos de intoxicación aguda más que con el uso terapéutico prolongado en dosis adecuadas. El paracetamol administrado en dosis analgésicas no tiene acción inhibitoria sobre la ciclooxigenasa a nivel periférico, evitando los efectos no deseados típicos de los AINE sobre la mucosa gástrica y la agregación plaquetaria.
Día a día se acumula más evidencia sobre el mecanismo de acción central del paracetamol. Estudios en ratas han correlacionado una mayor concentración de paracetamol en el líquido cefalorraquídeo (LCR) con menores niveles de prostaglandinas E2 (PGE2) tras un estímulo doloroso.
Existen dos presentaciones endovenosas: el proparacetamol (una prodroga con 50% de biodisponibilidad y latencia de 60-90 minutos) y el paracetamol inyectable (la droga activa, que alcanza la Cmax plasmática en 30 minutos y tiene un inicio de acción analgésica en 7-15 minutos). Respecto a la administración rectal, las dosis varían según la edad. Las guías posológicas actuales recomiendan una dosis inicial de 40 mg/kg rectal inmediatamente después de la inducción anestésica y dosis de mantenimiento postoperatorias de 20 mg/kg, buscando concentraciones máximas al finalizar la cirugía.
Metamizol (Dipirona)
El metamizol es una pirazolona clasificada como AINE, una prodroga hidrolizada a metabolitos activos como la 4-metilaminoantipirina (4-MAA). Aunque la agranulocitosis es su efecto adverso más peligroso y ha llevado a su retiro del mercado en varios países, revisiones recientes sugieren que es rara en el milenio actual. Otros efectos incluyen mareo, cefalea, hipotensión y diaforesis, especialmente por vía intravenosa. La dosis de 20 mg/kg es efectiva para la fiebre en niños, aunque se ha demostrado mayor potencia antipirética con jarabe a 7 mg/kg cada 6 horas. Su principal recomendación es para el tratamiento del dolor visceral.
Ketoprofeno
Este AINE, introducido en 1973, pertenece al grupo fenilpropiónico. Su uso no está recomendado en niños menores de 12 años. Los efectos adversos gastrointestinales son menos frecuentes que con la aspirina. Se asocia con alteración de la función plaquetaria, por lo que se recomienda su uso al final de la cirugía. Las dosis analgésicas recomendadas son de 0,5 a 3 mg/kg cada 8 horas en niños. Estudios comparativos con paracetamol en cirugía pediátrica común han mostrado mejores resultados con ketoprofeno, aunque esta diferencia podría explicarse por dosis subterapéuticas de paracetamol en dichos estudios. La combinación de paracetamol más un AINE como el ketoprofeno logra disminuir los requerimientos de opioides de rescate.
Ketorolaco
El ketorolaco es el único AINE disponible para uso endovenoso en algunos países y ha demostrado ser efectivo en niños para un amplio espectro de cirugías. Las dosis recomendadas son de 0,5 a 1 mg/kg por vía endovenosa con un máximo de 15 mg, administrado cada 6 horas. El inicio de su acción analgésica es alrededor de los 30 minutos, alcanzando su efecto máximo entre la primera y segunda hora. Un metaanálisis ha concluido que el uso de AINE convencionales como ketorolaco, ibuprofeno o ketoprofeno incrementa el riesgo de reoperación por sangrado después de la amigdalectomía, por lo que se aconseja no utilizarlos tras esta cirugía.
Evaluación del Dolor en Pacientes Pediátricos
La medición de la intensidad del dolor en niños es compleja. Los padres, quienes a menudo informan el dolor de sus hijos, pueden tener juicios disímiles sobre cuándo tratarlo. Charles Darwin, en 1872, describió el dolor en un niño, sentando las bases de las escalas actuales. La incapacidad de comunicación verbal en menores de tres años, el miedo al tratamiento que pueda causar más dolor, o la dificultad para interpretar escalas visuales analógicas, complican la evaluación.
Existen diversas escalas de valoración del dolor adaptadas a la edad pediátrica, que utilizan indicadores conductuales y fisiológicos:
| Escala de Valoración del Dolor | Indicadores |
|---|---|
| NIPS (Neonatal Infant Pain Scale) | Llanto, Expresión facial, Patrón respiratorio, Brazos, Piernas, Estado de alerta |
| FLACC (Face, Legs, Activity, Cry, Consolability) | Expresión facial, Posición de las piernas, Actividad, Llanto, Consolidación |
| CRIES (Crying, Requires O2, Increased Vital Signs, Expression, Sleepless) | Llanto, Necesidad de oxígeno, Aumento de signos vitales, Expresión facial, Sueño |
| PIPP (Premature Infant Pain Profile) | Frecuencia cardíaca, Saturación de oxígeno, Ceño fruncido, Ojos apretados, Pliegue nasolabial |
| COMFORT Behaviour Scale | Estado de alerta, Tranquilidad, Respiración, Movimientos, Tensión facial, Tensión muscular |
En el neonato a término, el dolor se expresa específicamente por cambios en el color de la piel, alteraciones en la saturación de oxígeno y el llanto. El monitoreo de estos indicadores es crucial para un manejo adecuado.

Anestesia Pediátrica Libre de Opioides: Un Caso de Estudio y Protocolos
En la búsqueda de alternativas a los opioides en pediatría, se han desarrollado protocolos que utilizan una mezcla de fármacos para lograr analgesia multimodal. Un enfoque común para prevenir la sensibilización al dolor del Sistema Nervioso Central (SNC) incluye el uso de AINES, Dexametasona y sulfato magnésico como analgesia preemptiva antes de la incisión quirúrgica. Este tipo de protocolo se ha aplicado exitosamente, por ejemplo, con la administración intraoperatoria de Levobupivacaína 0,25% en bolos mediante catéter epidural lumbar, complementado con la mezcla de fármacos ya mencionada. Estos resultados demuestran que la ALO es una alternativa muy adecuada para el manejo anestésico, logrando excelentes resultados, incluso en contextos de alta complejidad.
Las dosis de anestésicos locales para bloqueo regional en pediatría varían. Algunos autores recomiendan dosis de 0,6-1,0 mg/Kg, mientras que otros sugieren dosis menores de 0,3-0,6 mg/Kg, dependiendo de si el bloqueo es solo sensitivo o también motor. Para niños de 5 Kg, se puede considerar 0,5 mg/Kg; para 5-15 Kg, 0,4 mg/Kg; y para mayores de 15 Kg, 0,3 mg/Kg. En la práctica, una dosis promedio de 0,5 mg/Kg es frecuentemente adoptada.
La anestesia espinal, una forma de bloqueo regional, ha sido utilizada en niños, con un peso promedio de 17,48 Kg en cohortes estudiadas, cubriendo un rango de edad de 3 meses a 14 años. La monitorización de estos pacientes incluye el control del bloqueo motor mediante la escala de Bromage y el seguimiento hemodinámico, como la tensión arterial media (TAM) y la frecuencia cardíaca (FC). La FC basal promedio observada en algunos estudios fue de 102.3 latidos por minuto. Se observa una disminución de la TAM en la mayoría de los casos y un descenso significativo de la frecuencia cardíaca, especialmente con bloqueos altos (T4 o superior), los cuales son más comunes en menores de 5 años y en particular en menores de un año. Por ejemplo, en algunos protocolos, se ha administrado midazolam a dosis de 0,05 mg/Kg, con dosis de rescate similares, para el manejo de la agitación posquirúrgica.
La prevención de apneas en niños prematuros tras la anestesia general es crítica, y los opioides pueden exacerbar la depresión respiratoria. Por ello, el tratamiento del dolor en estos pacientes requiere medidas extremas y un manejo analgésico que minimice el uso de opioides, fortaleciendo la justificación de la ALO en esta población vulnerable.
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