Preparación segura del biberón para el bebé

La alimentación del bebé es una de las cuestiones que más pueden preocupar a los padres, especialmente si son primerizos. La preparación del biberón, su esterilización, cómo calentarlo y la forma correcta de ofrecerlo son aspectos básicos a tener en cuenta, sobre todo en los primeros meses de vida del bebé.

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Higiene y precauciones previas

La seguridad en la preparación del biberón comienza antes de calentar el agua. Es fundamental lavarse bien las manos con agua y jabón antes de manipular los alimentos del pequeño. Asimismo, es crucial asegurarse de que la superficie sobre la que se prepara el biberón y todos los utensilios estén limpios o esterilizados. Las manos son el vehículo de transmisión de la mayoría de las enfermedades contagiosas, por lo que una buena higiene es indispensable.

Lo más aconsejable es preparar cada biberón justo antes del momento de la toma. En caso de no ser posible, se podría guardar el biberón preparado en la nevera a menos de 5 ºC. Sin embargo, no se debe guardar la leche sobrante de una toma, ya que aumenta la probabilidad de contaminación. Es esencial desechar cualquier resto que no se tome en un máximo de dos horas.

Utensilios de bebé limpios y esterilizados

Selección del agua

Durante los primeros meses de vida del bebé, se recomienda utilizar agua embotellada de mineralización débil, ya que algunas aguas del grifo pueden tener concentraciones elevadas de minerales. No obstante, si el agua potable del grifo es blanda y de buena calidad, también se podría utilizar para preparar el biberón. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recomiendan llevar el agua a ebullición durante un minuto y dejar reposar de 5 a no más de 30 minutos (para que la temperatura del agua no descienda a menos de 70 ºC) antes de añadir los polvos, especialmente para lactantes menores de dos meses, prematuros o inmunodeprimidos.

Preparación de la leche de fórmula

Una vez que todos los elementos están listos y limpios, el siguiente paso es la preparación del biberón. Es importante diferenciar si se va a utilizar leche de fórmula líquida o en polvo.

Leche de fórmula líquida

En el caso de la presentación líquida de la leche, únicamente será necesario echar la cantidad adecuada en el biberón y proceder a su calentamiento.

Leche de fórmula en polvo

Si se opta por la leche en polvo, la preparación del biberón requiere más pasos. Tras añadir la cantidad necesaria de agua (ya sea hervida y enfriada, embotellada o del grifo apta para consumo), se debe incorporar la cantidad exacta de polvo siguiendo las instrucciones de la etiqueta. Lo normal es añadir un cacito raso de leche en polvo por cada 30 ml de agua, sin apretar ni prensar el polvo. Después de llenar el cacito, se retira el polvo sobrante con un cuchillo para asegurar la medida precisa.

La cantidad de leche que debe tomar el bebé es variable. Cada niño es diferente y dará pistas sobre sus necesidades. Si el bebé gana peso adecuadamente, es una señal de que come lo suficiente. Si las tomas son más cortas o, por el contrario, el bebé parece quedarse con hambre succionando del biberón vacío, se puede aumentar la toma en 30 ml de agua y un cacito de polvo más. Durante la primera semana de vida, un bebé puede tomar hasta 90 ml por toma. El pediatra informará en el momento del alta sobre el tipo y la cantidad de leche adecuada para el niño.

Tabla de dilución de leche de fórmula

Temperatura del biberón

La temperatura del biberón es un aspecto crucial. Si está demasiado frío, el bebé puede rechazarlo; si está demasiado caliente, puede causarle quemaduras. Lo recomendable es que la temperatura del biberón no supere nunca los 32-36 ºC. En ocasiones, se aconseja incluso que la leche esté templada más que caliente.

La forma más fiable de comprobar la temperatura es la tradicional: verter unas gotas en la parte interna de la muñeca. Si apenas se nota, está lista. Si se nota caliente, es necesario esperar a que se enfríe. No debe estar caliente, solo tibia.

Métodos de calentamiento

Existen diversas formas de calentar el biberón, pero no todas son igual de seguras o eficientes.

Al baño maría

Este método consiste en colocar el biberón en un recipiente con agua y ponerlo al fuego. Antes de que el agua hierva, se retira el biberón y se espera a que su contenido alcance la temperatura idónea. Es un método que ofrece un calentamiento uniforme y no altera el material del biberón, pero no es rápido.

Calienta biberones

Actualmente, el mercado ofrece una variedad de dispositivos calienta biberones que permiten alcanzar la temperatura adecuada de forma automática. Es fundamental respetar las instrucciones de uso de cada modelo. Estos aparatos suelen apagarse una vez que se alcanza la temperatura deseada.

Para garantizar que la leche alcanza la temperatura adecuada sin perder sus propiedades, se recomiendan los calienta biberones que ofrecen diversas funcionalidades, como calentamiento rápido, calentamiento constante, calentamiento a temperatura deseada y esterilización.

Calienta biberones eléctrico en funcionamiento

Microondas: un método desaconsejado

El uso del microondas para calentar la leche del bebé está desaconsejado y no es una opción segura. Calienta la leche de manera desigual, creando puntos calientes que pueden quemar la boca del bebé, incluso si la temperatura exterior del biberón parece adecuada. Además, se podrían desprender microplásticos del biberón, contaminando la leche. En el caso de leche extraída o leche materna, la recomendación también es evitar el microondas.

Si el biberón se ha preparado con antelación y se ha conservado correctamente en la nevera (a menos de 5 ºC), se puede calentar antes de la toma. Si el preparado contiene probióticos o se está fuera de casa y no es posible usar agua caliente, se puede utilizar agua a 20 ºC o menos, mezclar, agitar y dar la toma inmediatamente.

A veces no es necesario calentar el biberón; muchos bebés aceptan la leche a temperatura ambiente sin problema. En esos casos, puede prepararse el biberón con agua fría y ofrecerlo directamente.

Termómetro digital para biberones

Cómo ofrecer el biberón al bebé

Es esencial que el cuidador esté cómodo, con la espalda bien apoyada. Se debe coger la cabecita del bebé con una mano o apoyada sobre la parte interna del brazo, de modo que quede por encima del estómago y el bebé esté erguido. Con la otra mano, se ofrece el biberón, que debe estar en horizontal y con la tetina siempre llena para evitar la entrada de aire. Acariciando su mejilla con la tetina, el bebé abrirá la boca buscándola, activando y estimulando su reflejo de búsqueda.

Es recomendable hacer pausas cada aproximadamente 20 succiones para observar si el bebé está saciado y adecuar las tomas a sus necesidades fisiológicas. La alimentación, ya sea artificial o materna, siempre debe ser a demanda: los pequeños piden cuando tienen hambre y dejan de comer cuando están saciados.

Alimentar al bebé es un momento íntimo, y lo ideal es que sean los padres quienes se encarguen de ello al menos los primeros meses. Sin embargo, esto no significa que nadie más pueda dar el biberón, buscando un equilibrio entre la exclusividad y la flexibilidad.

Limpieza y esterilización del biberón

Los biberones y tetinas deben limpiarse con agua y jabón. Para secarlos, basta con ponerlos sobre un papel de cocina absorbente.

En un entorno con buenas medidas de higiene, la esterilización de biberones, tetinas y chupetes no es estrictamente necesaria. No obstante, si los padres desean hacerlo para mayor tranquilidad, una vez al día o cada 2-3 días es suficiente. El sistema inmunitario del lactante está todavía en desarrollo y es más susceptible a las infecciones, por lo que una buena higiene durante la preparación es fundamental.

Tetinas y su elección

Las tetinas, por su parte, suelen estar fabricadas con silicona de grado alimentario y, a menudo, incorporan una válvula anticólicos para evitar la ingesta de burbujas de aire. Se recomienda comenzar con tetinas de recién nacido. A medida que el bebé gane peso, los padres notarán que hace más esfuerzo para succionar o que las tomas se alargan; ese es el momento de cambiar de tetina para que la leche fluya con mayor facilidad.

En relación a la tetina, hay diferentes modelos, aunque se recomienda usar tetinas de silicona debido a su duración y resistencia. Si el bebé está en periodo de dentición, es posible que tomar el biberón irrite sus encías.

Biberones Farline: características

Los biberones Farline son aptos para leche materna, leche de fórmula y para la introducción progresiva de líquidos en cada etapa del crecimiento. Incorporan tapa antiderrame de silicona y tapa protectora para la tetina, lo que facilita su transporte y uso fuera de casa. Están fabricados sin BPA, ftalatos ni látex, cumpliendo la norma EN 14350, y están disponibles en dos tamaños. Las tetinas Farline, fabricadas con silicona de grado alimentario, cuentan con válvula anticólicos.

Consideraciones sobre la leche en polvo y microorganismos

Aunque el proceso de fabricación de las fórmulas infantiles en polvo (PPL) aplica un tratamiento térmico, no se pueden considerar estériles y ocasionalmente pueden contener microorganismos en pequeñas cantidades. Además, pueden contaminarse con una preparación incorrecta. Las PPL han sido asociadas a casos de enfermedad grave y muerte debido a la infección por Enterobacter sakazakii (también conocida como Cronobacter sakazakii) o Salmonella enterica. Esta bacteria puede sobrevivir en ambientes poco húmedos, como los alimentos deshidratados. La población de mayor riesgo son los bebés recién nacidos (<28 días), particularmente los prematuros, con bajo peso al nacer o inmunodeprimidos.

Las fórmulas líquidas, al ser preparados listos para consumir que han sido esterilizados comercialmente, pueden ser tomadas por cualquier recién nacido, y están especialmente indicadas para recién nacidos prematuros o con graves problemas de salud.

Cuando no es posible disponer de agua caliente o no conviene reconstituir la PPL con agua caliente (por ejemplo, si contiene probióticos), se puede preparar con agua fría (20 °C o menos), añadiendo la leche en polvo indicada por el pediatra, agitando para deshacer grumos y dando inmediatamente al recién nacido. Este método previene la proliferación de microorganismos, aunque no asegura la eliminación total del riesgo de enfermedad si la leche contiene un nivel de microorganismos suficiente.

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