Sylvia Plath y la Experiencia del Aborto

La figura de Sylvia Plath, una de las poetas más influyentes del siglo XX, resuena profundamente en la literatura universal por la intensidad de sus sentimientos y la cruda honestidad con la que abordó temas como la muerte, la violencia, la feminidad y sus propias obsesiones. Su obra es un testimonio poético de su tormento interior, donde la muerte a menudo se presentaba como un alivio psíquico. En el vasto universo de su escritura, la experiencia del aborto, tanto espontáneo como provocado por circunstancias traumáticas, emerge como un hilo conductor que ilumina aspectos poco explorados de la maternidad y el sufrimiento femenino.

La Vida de Sylvia Plath: Un Contexto de Dolor y Creación

Infancia y Primeras Experiencias Traumáticas

Sylvia Plath nació el 27 de octubre de 1932 en Jamaica Plain, Massachusetts. Desde pequeña, mostró una inteligencia excepcional y un talento precoz para la escritura, publicando su primer poema a los ocho años. Sin embargo, su infancia estuvo marcada por un evento traumático: la muerte de su padre, Otto Emil Plath, a causa de una diabetes no tratada, cuando ella tenía solo ocho años. Este suceso la sumió en su primera depresión, generando un complejo duelo por la "traición" de su padre y una relación tensa con su madre por la aparente falta de luto público.

Durante su adolescencia, Sylvia comenzó un diario personal que mantendría toda su vida, donde cuestionaba su rol como mujer en una sociedad que esperaba de ella una maternidad sumisa, contrastando con su deseo de ser una feminista radical. «Mi gran tragedia es haber nacido mujer», escribió en su diario.

Formación Académica y Primeros Problemas de Salud Mental

Plath estudió en el prestigioso Smith College, donde, durante su primer año, intentó suicidarse por primera vez, siendo ingresada en el Hospital McLean y tratada con electrochoques. A pesar de este difícil episodio, se graduó summa cum laude en 1955 y obtuvo una beca Fulbright para estudiar en Cambridge, Inglaterra. Fue diagnosticada con depresión clínica, una patología que la acompañaría a lo largo de su vida.

Matrimonio con Ted Hughes y la Maternidad

En febrero de 1956, conoció al poeta Ted Hughes. Admirándose mutuamente, se casaron el 16 de junio del mismo año en Londres. En 1960, publicó su primer libro de poesía, The Colossus and Other Poems, y dio a luz a su primera hija, Frieda. Un año después, en 1961, el matrimonio se trasladó a Devon, pero poco después del nacimiento de su segundo hijo, Nicholas (nacido en 1962), la relación se deterioró tras descubrir Sylvia la infidelidad de Ted con Assia Gutman (Wevill), lo que llevó a su separación en octubre de 1962.

Este período de su vida, especialmente el invierno de 1962 a 1963, fue uno de los más duros: sola, con dos hijos pequeños, alejada de su ciudad natal, enferma y con problemas económicos, Sylvia volvió a caer en la oscuridad mental.

El Aborto en la Obra de Sylvia Plath

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"Tres Mujeres": Voces de la Maternidad y el Aborto

En 1961, Sylvia Plath recitó en la BBC su famoso poema radiofónico «Tres mujeres», escrito para ser interpretado en la radio y leído por primera vez en 1962. Este largo poema, con claras muestras del tormento interior que vivía la autora, explora las alegrías y los dolores del parto, pero también las miserias del aborto desde una perspectiva feminista y antibelicista. Cada voz representa una forma de vivir la maternidad: la primera es la de una madre que se siente realizada; la segunda recrea la presencia de la muerte, el aborto, el sentimiento de culpa, el fracaso y la sensación de pérdida; la tercera se identifica con la personalidad neurótica de la época de estudiante de Sylvia Plath.

La "Segunda Voz" es particularmente conmovedora, identificándose como moribunda, muerta y la muerte misma, habiendo perdido una «dimensión». Expresa la cruda realidad: «Es habitual, dicen ellas, que algo así suceda. Es habitual en mi vida, y en la vida de otras. Soy una entre cinco, algo así. No estoy sin esperanza. Soy hermosa como una estadística». Esta frase, aparentemente banal y concisa, subraya la frecuencia de los abortos espontáneos, despojando al hecho de toda poesía para decirlo a las claras.

Reflexiones en "Parliament Hill Fields" y "Nacidos muertos"

Se sabe que Sylvia Plath, que escribió sobre el aborto natural en poemas como «Parliament Hill Fields» o «Nacidos muertos», sufrió al menos un aborto. En «Nacidos muertos» escribió: «Estos poemas no viven: triste diagnóstico. / Los dedos de manos y pies crecieron bastante, / sus pequeñas frentes se abombaron por la concentración. / Si no llegaron a caminar por ahí como personas / no fue por falta de amor materno. // ¡No puedo entender qué les ocurrió! (…)». Este poema expresa la incomprensión y el dolor ante la pérdida de un embarazo.

En «Parliament Hill Fields», el verso «Supongo que no tiene sentido pensar en ti en absoluto» revela un aspecto del duelo y su razón de ser, sugiriendo la dificultad de procesar una pérdida sin un objeto tangible de luto.

El Aborto y la Violencia de Ted Hughes

En 2017, se reveló en una colección de cartas inéditas que Plath escribió a su terapeuta, la psicóloga Ruth Beuscher, que Ted Hughes la había golpeado brutalmente dos días antes de sufrir el aborto de lo que iba a ser su segundo hijo en febrero de 1961. Estas cartas, escritas entre el 18 de febrero de 1960 y el 4 de febrero de 1963 (una semana antes de su muerte), cubren el período más volátil de su matrimonio y vida.

Según la biógrafa Heather Clark, un día de febrero de 1961, Plath, embarazada de cuatro meses, sospechó de una infidelidad de Hughes y, en un ataque de ira, comenzó a destruir sus escritos y un mueble familiar. Al encontrarla en este estado, Hughes la golpeó repetidamente, lo que provocó la muerte del feto en los días siguientes. Los herederos de Ted Hughes han apelado a la confidencialidad de la correspondencia psiquiátrica para evitar la publicación completa de estas cartas, desacreditando a Plath aludiendo a su supuesta inestabilidad emocional. Sin embargo, los diarios de Plath ya hacían referencia al carácter violento y las infidelidades de su marido, algo que algunos críticos interpretaron como paranoia de la poeta.

Un borrador de Plath de la reacción de Hughes ante la pérdida del embarazo, que dice «Podría causarle un enfado matutino», retrata a Ted como emocionalmente superficial, donde la pérdida apenas se registra. Esta revelación biográfica, junto con los borradores y entradas de su diario, muestra cómo Plath canalizó esta dolorosa experiencia en su poesía.

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"Thalidomide" y "The Rabbit Catcher": Metáforas de la Pérdida

Dos poemas, «Thalidomide» y «The Rabbit Catcher», publicados póstumamente en la colección Ariel (2004), también abordan el tema de la pérdida y el aborto. «Thalidomide» comienza con la imagen de una «O media luna», que en los borradores originales era el título del poema y se considera un presagio de aborto espontáneo, animado por un poema de Ruth Fainlight sobre el mismo tema. El poema evoca gráficamente el linchamiento y conecta la experiencia de Plath con los temores de una mujer embarazada que toma talidomida, aunque no hay evidencia de que Plath la hubiera consumido. La imagen final, «El cristal se resquebraja, / La imagen / Huye y aborta como mercurio caído», evoca una bombilla que se rompe, liberando gases de mercurio.

En «The Rabbit Catcher», entre «dolores de parto», un «vacío» y una «vacante», se incluyen objetos que se asemejan a cordones umbilicales: «trampas», «Ceros, que se cierran sobre nada», y «cables». La línea «Sentí una quieta actividad de intención», que antes se leía como ansiedad por los avances sexuales de Ted hacia otras mujeres, ahora se interpreta como la revivencia del proceso de dar a luz a un niño perdido demasiado pronto. La última línea, «La constricción también me mata», apunta al sentimiento de Plath de que ella también está muriendo.

El Tabú del Aborto y la Culpa Social

En la cultura occidental, a diferencia de tradiciones como la japonesa con las estatuas Jizo para los "niños del agua", no existe un ritual de despedida para los abortos espontáneos. Es más, en países como Estados Unidos, es común que se prescriba medicación, especialmente opioides, a mujeres que han sufrido un aborto espontáneo, para que «vayan a casa y duerman», sin dar tiempo a elaborar el duelo. Esta prisa y la baja tolerancia al sufrimiento impiden que el cuerpo y la mente asimilen las pérdidas, a pesar de que «borrar la tragedia sería borrar un pedazo de nosotros mismos», como señala William Kotzwinkle en El nadador en el mar secreto.

Apenas se habla del aborto, un tabú que contribuye a que las mujeres piensen que hay algo anormal en su cuerpo, que no son aptas para ser madres. Sin embargo, nada hay de anormal en un aborto. Las estadísticas son claras: se estima que entre el 10 y el 20 % de los embarazos terminarán en un aborto espontáneo, y el riesgo aumenta a partir de los treinta y cinco años. En muchas ocasiones, no es posible encontrar una causa. A pesar de esto, es muy habitual que después de un aborto espontáneo la mujer se sienta culpable. Esta culpa a menudo proviene de la sociedad, que, explícita o implícitamente, cuestiona a la mujer. Las preguntas que la escritora Oriana Fallaci planteaba hace más de cuarenta años en Carta a un niño que nunca nació siguen vigentes, especialmente la presión social sobre la maternidad y el trabajo femenino.

La maternidad no es un deber, sino un derecho. El que se ejerza o no es decisión de cada mujer. Sylvia Plath, a pesar de ser madre de dos hijos, se puso en la piel de la mujer que no tiene hijos en poemas como «Mujer estéril», donde se siente observada y juzgada, resonando «vacía» como un «museo sin estatuas».

El Lenguaje de la Pérdida y el Silencio

La falta de un lenguaje preciso para el duelo por el aborto espontáneo es un problema recurrente. Si bien existen poemas y colecciones sobre la maternidad, pocos abordan directamente el aborto. Poetas como Dorothea Lasky, Fiona Benson, Sharon Olds y Lucille Clifton han desafiado este silencio, describiendo valientemente la experiencia visceral de la pérdida.

El poema El Aborto (The Miscarriage) de Dorothea Lasky es crudo y perfecto, reflejando las agotadoras demandas de la sociedad capitalista occidental sobre la vida y los cuerpos de las mujeres, enfocadas en la constante (re)producción. Sharon Olds, en A nuestro perdido, que ahora tendría treinta años, y Lucille Clifton, en El poema del bebé perdido, recuperan al hijo perdido e imaginan su lugar dentro de una historia personal y social.

Adrienne Rich señala en Cartographies of Silence que «El lenguaje no puede hacerlo todo». El "grito de una voz ilegítima" que ha dejado de escucharse a sí misma, se pregunta cómo existe. Los médicos mantienen un lenguaje frío sobre el aborto, que las mujeres deben olvidar o tratar de olvidar. Reivindicar este lenguaje, mantenerlo en uso común, es fundamental. Sin embargo, para este hecho, un mundo en silencio, no hay lenguaje preciso. El monitor se apaga y se conduce a la mujer «a través de una sucesión de madres a una habitación marcada como ‘vacía’».

La obra de Sylvia Plath, a pesar de su trágico final y la manipulación de su legado por parte de Ted Hughes, sigue siendo un faro para entender la complejidad del sufrimiento femenino, la maternidad, la pérdida y la búsqueda de una voz propia en un mundo que a menudo silencia el dolor de las mujeres.

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