La crisis ocasionada por la COVID-19 ha amenazado los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y la primera infancia. En tiempos de pandemia, tanto las mujeres gestantes y puérperas como sus criaturas han sido víctimas de las consecuencias de un paradigma ginecobstétrico que no siempre prioriza sus necesidades. En este artículo, analizamos las consecuencias negativas que ha tenido la gestión del coronavirus en los procesos de parto y aborto, así como la información relevante para las mujeres embarazadas.
El Contexto de la Pandemia y los Derechos Reproductivos
La Amenaza a los Derechos Sexuales y Reproductivos durante la COVID-19
La gestión del coronavirus ha puesto en crisis los sistemas de salud, y esta situación no debería pesar más sobre las mujeres y las niñas, especialmente para aquellas con menos recursos y capacidad de respuesta. Permanecer en casa, para muchas mujeres, no ha significado estar más seguras, ya que aumenta el riesgo de agresión sexual. Antes de la epidemia, América Latina ya era una de las zonas del mundo con mayores índices de violencia sexual y la única región en la que aumentaron los partos en las niñas, factores que están estrechamente relacionados.
También en Europa, aunque una mayoría de países, incluida España, tienen leyes garantistas sobre el aborto, los gobiernos deben considerar a las mujeres al abordar la emergencia sanitaria. Los servicios para la interrupción voluntaria del embarazo y la asistencia pre y postnatal deben ser considerados como esenciales durante los periodos de confinamiento.

Desafíos al Acceso al Aborto en Tiempos de Crisis
La pandemia ha exacerbado las vulnerabilidades existentes. Por ejemplo, el pasado 14 de abril, en pleno confinamiento mundial, el Parlamento de Polonia pretendió aprobar dos proyectos de ley: uno prohibía la educación sexual en las escuelas y el otro hacía prácticamente inaccesible el derecho al aborto. Desde 2016, grupos antiabortistas han intentado esto con diversas iniciativas legislativas, hasta ahora frenadas por las masivas manifestaciones conocidas como Lunes Negros. Aunque esta vez la protesta no pudo llenar las calles, fue creativa, con mujeres polacas manifestándose con mascarillas, guantes y respetando la distancia de seguridad ante la urgente necesidad de defender sus derechos, bajo el lema: “Hay que combatir el virus y no la educación sexual y el derecho de las mujeres a elegir”.
En otros contextos, como en Argentina, poco antes de que la pandemia se desatara, su Parlamento había previsto aprobar -después de siete intentos fallidos- la ley que permite el acceso a un aborto legal y seguro. Aunque los pañuelos verdes se guardaron de momento, la reivindicación sigue viva.
Información y Acceso a Servicios Esenciales
Durante la pandemia, la información sobre los derechos sexuales y reproductivos no puede quedar confinada. Es fundamental habilitar consultas de telesalud y eliminar trámites administrativos previos al aborto, donde la autorización médica debería ser suficiente. Asimismo, se debe garantizar el acceso en esas consultas a la anticoncepción de emergencia y al asesoramiento ante la decisión de abortar, así como eliminar la exigencia de receta médica para obtener métodos anticonceptivos y de emergencia en las farmacias, y ofrecer apoyo psicosocial cuando se necesite.
Políticas públicas en salud sexual y reproductiva con perspectiva de género
Compromisos Internacionales y Enfoque de Género
La igualdad para las mujeres es el centro de una agenda mundial crucial que se aplica en todo momento, no solo en los buenos. La Agenda de Desarrollo Sostenible, en su Objetivo 5, implica a los gobiernos para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas. La Unión Europea ha aprobado una Estrategia de Igualdad de Género hasta 2025, y ONU Mujeres recomienda en su informe "Atender las necesidades y el liderazgo de las mujeres fortalecerá la efectividad de la respuesta frente al Covid-19". Estos compromisos obligan a los Estados a aplicar un enfoque de género en todas las políticas para asegurar que las mujeres no se queden atrás, incluso en crisis económicas, climáticas, migratorias o sanitarias, aunque desafortunadamente la experiencia indica que en todas ellas las mujeres suelen ser las más afectadas.
COVID-19 y el Riesgo de Aborto Espontáneo
Información General sobre la COVID-19 en la Gestación
El coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) es el agente etiológico de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). La información específica sobre la COVID-19 durante la gestación sigue siendo escasa, y la mayor parte de los datos se derivan de ensayos a pequeña escala. Sin embargo, una revisión sistemática de estudios con coronavirus (COVID-19, SARS y MERS) refirió índices aumentados de parto pretérmino, preeclampsia, cesárea y mortalidad perinatal.
Hallazgos sobre el Riesgo de Aborto Espontáneo
En cuanto al riesgo de aborto espontáneo, un estudio reciente tuvo como objetivo determinar las consecuencias de la infección por SARS-CoV-2 sobre este riesgo durante el primer trimestre de la gestación. Las pacientes fueron reclutadas durante las primeras 13 semanas de gestación, y se comparó la incidencia acumulada de COVID-19 en pacientes que presentaron aborto espontáneo (n: 100) y mujeres sin aborto espontáneo (n: 125).
Los resultados no registraron diferencias significativas en la incidencia acumulada de COVID-19 entre los casos (11 de 100; 11%) y los controles (12 de 125; 9.6%; p = 0.73). Tras ajustar por edad y otros factores, se confirmó que la COVID-19 no sería un factor independiente de riesgo de aborto (OR: 1.282; IC 95%: 0.53 a 3.08). No se observaron diferencias importantes entre los grupos en las características demográficas o los factores de riesgo de aborto espontáneo, salvo el índice de masa corporal (p = 0.03). Tampoco se refirieron diferencias importantes en los síntomas relacionados con COVID-19 (fiebre, anosmia, ageusia, tos, artralgias o diarrea) entre los grupos.
Estos hallazgos son particularmente útiles para el asesoramiento de mujeres que residen en zonas epidémicas de COVID-19 y que planifican quedar embarazadas. La Dra. Isabel Castaño, ginecóloga, también indica que, por el momento, no se ha evidenciado que la infección por el virus durante los meses de gestación pueda provocar un alto riesgo de aborto espontáneo o parto prematuro espontáneo. Con respecto al aborto, si bien se ha visto un aumento relativo de algunos casos, esto no se puede extrapolar a la población general de momento.

Otros Riesgos Relacionados con la COVID-19 Grave en Embarazadas
A pesar de que las personas embarazadas parecen contraer el virus aproximadamente al mismo ritmo que las no embarazadas y suelen mejorar sin necesidad de atención hospitalaria, el embarazo es un factor que aumenta el riesgo de desarrollar una COVID-19 grave. Este riesgo permanece alto durante, al menos, un mes después del parto y se incrementa si la persona embarazada tiene otros problemas de salud como obesidad, diabetes, presión arterial alta o enfermedad pulmonar.
Un cuadro grave de COVID-19 implica un funcionamiento pulmonar deficiente y puede requerir tratamiento hospitalario con oxígeno y otras ayudas médicas, pudiendo llevar a complicaciones como daño cardíaco, coágulos de sangre y daño renal. Los síntomas moderados a graves de COVID-19 también se han vinculado con tasas más altas de parto prematuro, presión arterial alta o preeclampsia. Es importante destacar que estos riesgos se reducen significativamente cuando una persona embarazada recibe la vacuna contra la COVID-19.
Manejo de la COVID-19 durante el Embarazo y la Lactancia
Recomendaciones de Vacunación y Medidas Preventivas
Para prevenir la COVID-19 durante el embarazo y la lactancia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan la vacuna contra la COVID-19 si se planea un embarazo, se está intentando concebir, se tiene un embarazo o se amamanta. Mantenerse al día con la vacuna ayuda a prevenir las formas graves de la enfermedad y puede contribuir a evitar que el recién nacido contraiga COVID-19 si se recibe durante el embarazo.
Además de la vacunación, es crucial que las personas embarazadas y quienes viven con ellas tomen las siguientes precauciones:
- Realizar pruebas de detección: Si hay síntomas o exposición al virus (cinco días después del contacto).
- Mantener distancia: Evitar el contacto estrecho con personas enfermas o con síntomas.
- Lavarse las manos: Con frecuencia, con agua y jabón durante al menos 20 segundos, o usar desinfectante con al menos un 60% de alcohol.
- Cubrirse al toser y estornudar: Usar un pañuelo desechable o el pliegue del codo, y luego lavarse las manos.
- Limpiar y desinfectar superficies: Regularmente las superficies de contacto frecuente.
- Distanciarse en lugares concurridos: Especialmente en zonas con poca circulación de aire, y usar mascarilla en espacios públicos cerrados si hay alta incidencia de casos hospitalizados.
Atención Prenatal con Diagnóstico Positivo de COVID-19
Actualmente, las visitas prenatales en persona generalmente no se ven interrumpidas por la COVID-19. Si una prueba de COVID-19 arroja un resultado positivo, el profesional de atención médica analizará las opciones disponibles, que pueden incluir citas virtuales o presenciales para un seguimiento adecuado. Es reconfortante saber que, en la mayoría de los casos, la infección por el virus de la COVID-19 no se transmite al feto.
Si la prueba es positiva y se tienen síntomas, el equipo de atención médica realizará un control cercano, preguntando sobre los síntomas, revisando otras enfermedades y determinando el riesgo de gravedad. Podrían ofrecerse medicamentos para evitar que la infección empeore, que pueden administrarse oralmente o por vía intravenosa. También se puede pedir el uso de un oxímetro de pulso para controlar el nivel de oxígeno. Después de la infección, el profesional de atención médica puede planificar estudios adicionales por imágenes para asegurar el crecimiento fetal adecuado.
COVID-19 durante el Parto y Postparto
Si el resultado de la prueba de COVID-19 es positivo cerca del momento del parto, es posible que el plan de parto no tenga que cambiar, aunque el profesional de atención médica podría sugerir ajustes en el horario o las opciones de administración por seguridad. Las personas con presión arterial alta relacionada con el embarazo o preeclampsia tienen más probabilidades de ser controladas en el hospital si tienen COVID-19.
Después del nacimiento, las investigaciones sugieren que es seguro que el bebé permanezca con la madre, incluso si esta tiene COVID-19. Si la madre está demasiado enferma para cuidar a su bebé, el profesional puede sugerirle que se quede en otra zona del hospital. Para limitar la exposición del bebé al virus, la madre debe usar una mascarilla bien ajustada y tener las manos limpias al ocuparse del recién nacido, y mantenerse a una distancia razonable del bebé cuando no le esté alimentando, si es posible.
Lactancia Materna y COVID-19
Si una madre tiene COVID-19 pero se siente lo suficientemente bien, no es necesario que deje de amamantar ni que se mantenga separada de su bebé. Para evitar el contagio, debe lavarse las manos antes de amamantar y usar una mascarilla que le quede bien ajustada siempre que esté en contacto cercano con su bebé. Si se extrae leche, debe lavarse las manos antes de tocar cualquier parte del dispositivo de extracción o del biberón, y seguir las recomendaciones para su limpieza correcta. Incluso si necesita atención médica en el hospital, es posible que pueda seguir extrayéndose leche.
Consideraciones y Apoyo Psicosocial
Mantenerse saludable puede ser una gran preocupación para los nuevos padres. La preocupación por la infección por COVID-19, tanto en la madre como en el recién nacido, puede ser una carga adicional. Sin embargo, es normal que los recién nacidos padezcan su primera enfermedad durante el primer año de vida, y es posible que tengan enfermedades leves con regularidad a medida que entran en contacto con el mundo. Si la preocupación por la COVID-19 u otra enfermedad está afectando la salud de la madre o del bebé, es importante hablar con un profesional de atención médica.