La Tasa de Fecundidad Necesaria para el Reemplazo Poblacional

En la actualidad, la única región del mundo en la que se espera un descenso global de la población a corto plazo (entre 2022 y 2050) es Europa, donde se vaticina un crecimiento del -7%. Desde la década de 1970, muchas partes del mundo han registrado tasas de fecundidad negativas sin que haya implicado una reducción de la población total. El motivo general es que muchos de esos países experimentan una inmigración neta.

A escala internacional, la fecundidad se ha reducido de un promedio de 5 nacimientos por mujer en 1950 a 2,3 en 2021, lo que indica que la población, y en especial las mujeres, ejerce cada vez más control sobre su vida reproductiva. La tasa de fertilidad total (Total Fertility Rate, TFR) es el número estimado de niños/as que la mujer media tendrá durante toda su vida, basada en las tendencias actuales. Técnicamente, se denomina tasa global de fecundidad y se define como “Total de nacimientos, de madre de un determinado ámbito ocurridos en un año concreto, por cada 1.000 mujeres en edad fértil (de 15 a 49 años de edad) de dicho ámbito.”

El nivel de reemplazo es la tasa de fecundidad total necesaria para mantener una población en un tamaño constante. A nivel mundial, se estima que es de unos 2,1 nacimientos por mujer, aunque esta cifra varía según las tasas de mortalidad. Los países con un índice de mortalidad más alto también necesitan un índice de fertilidad más alto. Por ello, en los países en vías de desarrollo, la marca se eleva a 2,3, para compensar la mayor mortalidad infantil.

Tendencias Globales de Fecundidad

Una proyección demográfica publicada en The Lancet, la revista científica más prestigiosa de Europa y una de las más importantes del mundo, predice una caída mundial de la tasa de fecundidad sin precedente, lo que tendrá repercusiones socioeconómicas inéditas quizá ya a partir de 2030. Este estudio estima un descenso mundial de la fecundidad sin precedentes desde que se realizan métricas, sobre todo en el África subsahariana, donde caerá más rápido que en todos los países de Naciones Unidas.

El trabajo, realizado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), estima que en 2050 más de tres cuartas partes de los países del mundo (155 de 204) no tendrán tasas de fecundidad lo suficientemente altas como para seguir manteniendo el tamaño de su población. El porcentaje subirá al 97% en 2100.

Los autores del estudio, financiado en su totalidad por la Fundación Bill & Melinda Gates, señalan: "La fertilidad está disminuyendo a nivel mundial por debajo del nivel de reemplazo en más de la mitad de todos los países y territorios en 2021". Desde el año 2000, las tendencias muestran que solo un pequeño número de países tuvieron un ligero repunte de la fertilidad después de mínimos históricos, sin que ninguno pudiera alcanzar el nivel de reemplazo.

Además, la distribución de los niños que nacen en todo el mundo está cambiando, concentrándose en las zonas del mundo con mayor inestabilidad geopolítica. Las tasas de fertilidad futuras seguirán disminuyendo en todo el mundo y se mantendrán bajas aunque se incentiven las políticas de apoyo a la natalidad, apuntan, por lo que "estos cambios tendrán consecuencias económicas y sociales de gran alcance debido al envejecimiento de la población y la disminución de la fuerza laboral en los países de ingresos más altos, combinados con una proporción cada vez mayor de nacidos vivos entre las regiones ya más pobres del mundo".

Gráfico comparativo de tasas de fecundidad por región y año.

Descenso de la Fecundidad por Regiones

El hecho es que la tasa de fertilidad ha disminuido en todas las regiones del mundo. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, el promedio de nacimientos por mujer cayó de 5,8 en 1950 a un estimado de 1,8 en 2025. En África -la región con la tasa de fertilidad histórica y actual más alta- la tasa de natalidad ha disminuido de 6,5 a 4,0 entre 1950 y 2025. Actualmente, Europa y América del Norte (sin incluir a México, según la ONU) tienen las tasas de fecundidad más bajas del mundo, con 1,4 y 1,6 nacimientos por mujer, respectivamente.

Para el año 2100, la ONU proyecta que las tasas de fecundidad disminuirán de 4,0 a 2,0 en África; de 2,1 a 1,7 en Oceanía; de 1,9 a 1,7 en Asia; y de 1,8 a 1,6 en América Latina y el Caribe. África es la única región del mundo donde la tasa de fecundidad es actualmente superior al nivel de reemplazo mundial.

En Oceanía, la tasa de fecundidad actual es de 2,1, aproximadamente el nivel de reemplazo. Las tasas de fecundidad actuales están por debajo del umbral de reemplazo en Asia, América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa. Esto significa que se espera que las futuras generaciones en estas regiones sean menos numerosas que las actuales. Por el contrario, en 1950 todas las regiones estaban por encima del nivel de reemplazo.

América del Norte fue la primera región en caer por debajo de dicho nivel, en 1972. Europa le siguió tres años después. La región de América Latina y el Caribe bajó del nivel de reemplazo en 2014, y Asia lo hizo en 2019. Se proyecta que Oceanía caiga por debajo del nivel de reemplazo en 2028.

En 2020, el mismo equipo de investigación del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) publicó en The Lancet unas proyecciones globales de población a las que se les dio mucha publicidad. Las proyecciones de población más utilizadas globalmente siguen siendo las que produce bianualmente la División de Población de Naciones Unidas (las últimas: World Population Prospects 2022) y el Wittgenstein Centre for Demography and Global Human Capital (Austria). De todas formas, el estudio ilustra bien las tendencias esperables en un futuro próximo (2050) y otro más lejano (2100): una reducción sostenida de la tasa de fecundidad a nivel global y en casi todos los países.

Este estudio estima un descenso de la fecundidad a nivel mundial, y sobre todo en el África subsahariana, más rápido que Naciones Unidas. Una aportación importante del estudio es resaltar el contraste demográfico entre los países más ricos (con una fecundidad muy baja) y los países más pobres (con una fecundidad todavía elevada).

Mapa del mundo mostrando las tasas de fecundidad proyectadas para 2100.

Consecuencias de la Caída de la Fecundidad

La caída de las tasas de fecundidad puede estimular el crecimiento económico, propiciando un aumento de la participación en la fuerza laboral, un mayor ahorro y más acumulación de capital físico y humano. Por otra parte, si el número de niños y la población en general se reducen, disminuirá también la necesidad de gastar en vivienda y cuidado de los niños, lo que liberará recursos para otros fines, como la investigación y el desarrollo y la adopción de tecnologías avanzadas.

Sin embargo, la disminución de la fuerza laboral en los países de ingresos más altos, combinada con una proporción cada vez mayor de nacidos vivos entre las regiones ya más pobres del mundo, tendrá consecuencias económicas y sociales de gran alcance. Esta tendencia de los indicadores demográficos cada vez más generalizada implicará desde ahora mismo y a lo largo de todo el siglo cambios en los sistemas sociales, económicos y geopolíticos a los que habrá que hacer frente.

Los autores advierten de que ante este escenario, los gobiernos nacionales deben planificar ya la respuesta a las amenazas que estos cambios supondrán para la economía, la seguridad alimentaria, la salud, el medio ambiente y la seguridad geopolítica.

La población también envejecerá de forma dramática. Entre 2025 y 2050, la proporción de la población mayor de 65 años de los países que pierden población casi se duplicará, al pasar del 17,3% al 30,9%. En los países cuya población no se reduce, este grupo de edad crecerá del 3,2% al 5,5% de la población total.

El Caso de España

En España, la fecundidad cayó por debajo de la tasa de reemplazo (2,1 hijos por mujer) en 1980 y desde entonces no se ha recuperado. Hoy está en 1,1 hijos por mujer. Con esas cifras, si no hubieran llegado inmigrantes en los últimos 40 años, hoy vivirían en España menos personas que los 35,5 millones que había cuando murió Franco. El país se prepara para ver nacer este año al español 50 millones, que tiene un 25% de posibilidades de ser hijo de madre inmigrante, ya que uno de cada cuatro alumbramientos que se producen en nuestro país lleva sangre extranjera.

El problema no es tanto la falta de trabajadores como la baja productividad del sistema económico español. España tiene un mercado laboral que está muy sesgado hacia sectores de baja productividad y poco valor añadido, como el caso de la construcción, y hay muy poca inversión en I+D. Actualmente, las generaciones jóvenes más formadas de la historia han sufrido varias crisis económicas, tienen un mercado laboral muy temporal y salarios muy bajos, con lo que sus contribuciones son muy bajas también.

Una de cada cuatro parejas españolas declara en las encuestas que no tiene intención de traer al mundo descendencia. El mayor reto demográfico que tiene España por delante es resolver esta paradoja: "¿Cómo es posible que una sociedad que pone a la familia por encima de todo, independientemente de la región donde se viva o del partido al que se vote, tiene luego tan poco aprecio por la crianza?".

India, los desafíos del descenso de la natalidad en la nación más poblada del mundo • FRANCE 24

Factores que Influyen en la Fecundidad

No tiene nada que ver con el conteo de esperma o las cosas típicas en las que uno puede pensar cuando discute sobre fertilidad. En cambio, este fenómeno está impulsado por el hecho de que más mujeres están accediendo a la educación, al trabajo, así como por el mayor acceso a métodos anticonceptivos, que hace que las mujeres puedan elegir tener menos niños. De alguna manera, la caída en la tasa de fecundidad es una historia de éxito.

Una reciente investigación elaborada por el prestigioso centro de estudios National Bureau of Economic Research sobre la caída de la fecundidad en Latinoamérica revelaba que la renuncia a tener hijos -o al menos a criar proles tan extensas como las que tuvieron sus padres- la manifiestan, sobre todo, mujeres jóvenes con pocos recursos económicos y limitado acceso a la educación. Hasta ahora, la bajada de la natalidad se asociaba a la incorporación de la mujer al mundo laboral y a su empoderamiento económico, pero ese patrón ha cambiado.

En Europa, hoy tienen más hijos las mujeres con alto poder adquisitivo, que pueden permitirse contar con ayuda, que las pobres, que van más limitadas. Tener hijos es una decisión vinculada a la gestión de las expectativas: cuando estas decaen, la natalidad baja. Es lógico que en un momento incierto como el que vivimos, muchas mujeres estén renunciando a criar.

El sociólogo Luis Ayuso apunta a otro factor de carácter cultural para explicar esta renuncia casi unánime a tener hijos que recorre el mundo: la digitalización. La irrupción de lo digital está cambiando nuestra forma de vivir y relacionarnos, y esto tiene consecuencias demográficas. La caída de las tasas de fecundidad se ha acelerado, precisamente, a partir de mediados de la década de 2010, coincidiendo con la eclosión de las redes sociales.

Un mundo con pocos niños y muchas personas longevas, que es hacia donde vamos, nos abocará a una plaga de soledad, que va a ser el cáncer del siglo XXI. Muchos acabarán manteniendo con un robot o un ente digital la relación que sus abuelos mantenían con el hijo, el nieto o el sobrino que venía a visitarles, y que algunos hoy ya tienen con la mascota.

Políticas y Respuestas

En la década de 1950, la tasa de fecundidad mundial era de 5 hijos por mujer. Ese promedio se situaba muy por encima del umbral de 2,1 hijos que garantiza la estabilidad de la población mundial a largo plazo. Junto con una tasa de mortalidad baja y en descenso, esa tasa de fecundidad favoreció el crecimiento de la población mundial hasta duplicarse con creces en el plazo de medio siglo.

En la última década, en Corea, Hungría, Suecia, China, Francia y Japón se han ensayado diversas políticas de promoción de la natalidad -la mayoría dirigidas a facilitar la conciliación familiar y apoyar con dinero público la crianza-, pero ninguno ha conseguido aumentar sus índices de nacimientos de manera reseñable. Suiza logró incrementar su tasa de fertilidad de 1,7 a 1,9, pero otros países que han invertido un esfuerzo significativo para aumentarla no lo han logrado.

Las medidas tienen impacto, como demostró el cheque bebé de Zapatero en España, que hizo subir la natalidad unas décimas. Pero esas políticas deben mantenerse en el tiempo; si son puntuales, su efecto es escaso. Los tratamientos de preservación de la fertilidad permiten que las mujeres mantengan su tasa de fertilidad en el momento en que hicieron esa preservación, aunque quizá no sea la mejor medida para mejorar la fertilidad y a lo mejor estamos medicalizando un problema que es más social y económico que realmente médico.

Hasta ahora, la emigración ha sido el remedio más socorrido por los países desarrollados para paliar la merma de población nativa que padecen. Pero ese recurso peligra si se consolida la caída de la natalidad en los países en vías de desarrollo, de donde provienen la mayoría de esos migrantes.

Para ser exitosos, necesitamos repensar fundamentalmente las políticas globales. La distribución de la población en edad de trabajar será crucial para que la humanidad prospere o se marchite.

Infografía sobre las políticas de fomento de la natalidad implementadas en diferentes países.

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