Historia de los biberones: Evolución de la alimentación artificial infantil

Existen múltiples maneras de conocer la historia de una profesión, su evolución y los instrumentos que han sido utilizados para satisfacer las necesidades vitales. En esta ocasión, se ha optado por reunir una serie de piezas representativas que ilustran el cambio de las costumbres en cuanto al utensilio empleado para la alimentación artificial de los niños en nuestra cultura, abarcando un período desde la Edad Media hasta nuestros días. La historia de la alimentación artificial se narra a través de los biberones que la hicieron posible. El biberón, aunque pueda parecer un simple objeto del ajuar doméstico, actúa como el hilo conductor que une su pasado con los actuales cuidados profesionales de enfermería.

Ilustración de diferentes tipos de biberones a lo largo de la historia.

Los orígenes prehistóricos del biberón

Los primeros vestigios de recipientes para la alimentación infantil se remontan a la prehistoria. En la región de Baviera, Alemania, se descubrieron en tumbas infantiles, datadas alrededor del 5.000 a.C., varios recipientes de arcilla de unos 5 a 10 cm de ancho. Estos vasos presentaban una boquilla estrecha por la cual se podía succionar líquido. Si bien estos pequeños vasos podrían haber servido para alimentar a adultos y ancianos enfermos, su tamaño era lo suficientemente reducido como para caber en las manos de un bebé.

Un grupo de investigadores, liderados por la Universidad de Bristol (Reino Unido), se propuso estudiar estos recipientes para determinar si se trataba de la primera evidencia de biberones prehistóricos del Neolítico. El estudio confirmó que contenían leche de rumiantes de ganado domesticado, como ovejas o cabras. Este hecho, combinado con la presencia de los recipientes junto a restos infantiles, constata que se usaron para alimentar a los bebés, ya sea como sustituto de la leche humana o como alimento suplementario durante el destete.

“Sabemos que los vasos de arcilla utilizados para alimentar o destetar a los niños aparecen por primera vez en el período Neolítico en Alemania hace unos 7.000 años y luego se vuelven más comunes en la Edad de Bronce y Hierro en Europa”, explica Julie Dunne, autora principal del estudio publicado en la revista Nature e investigadora de la Universidad de Bristol. Hasta ese momento, los alimentos para reemplazar la leche materna en las dietas de los bebés en tiempos prehistóricos no se conocían completamente.

Recreación de un recipiente de arcilla prehistórico utilizado como biberón.

Formas y hallazgos arqueológicos

Las tumbas donde se encontraron estos vasos forman parte de un gran complejo de cementerios de la Edad del Hierro en el valle inferior de Altmühl en Baviera. El primer complejo abarca 99 entierros en 72 tumbas, y el último 126 entierros.

“La tumba infantil número 80 en Dietfurt-Tennisplatz contenía una inhumación orientada de este a oeste de un niño pequeño (de cero a seis años), del cual solo se conservaron partes del cráneo y huesos largos. El primer recipiente de alimentación se colocó a los pies del niño, con un pequeño brazalete de bronce que se hallaba donde habría estado su brazo izquierdo”, apunta Dunne.

La tumba 65 en Dietfurt-Tankstelle comprendió la inhumación de un niño de un año de edad, colocado extendido sobre su espalda, con la cabeza orientada hacia el sur y los brazos doblados sobre la parte superior del cuerpo. La segunda vasija analizada, con forma de tubo pequeño, se encontró dentro de un recipiente depositado en la cadera derecha.

“Ambos vasos eran de tamaño similar, unos 50 mm de diámetro, aunque el recipiente I tiene una boquilla mucho más corta”, añade la investigadora. Estos vasos presentan diversas formas, algunos tienen pies o cabeza y formas de animales imaginarios. Vasos similares han aparecido en otras culturas prehistóricas de Roma y la antigua Grecia, así como en diversos lugares del mundo.

Riesgos sanitarios y la leche animal

La introducción de la leche animal en la dieta de un bebé probablemente tuvo efectos negativos en su salud y pudo haberles causado enfermedades. “Los vasos en sí mismos probablemente eran difíciles de limpiar y presentan riesgos de exposición a infecciones potencialmente mortales para bebés, como la gastroenteritis”, dice Halcrow.

Un trabajo adicional que analice la patología de los restos esqueléticos de los bebés puede proporcionar pistas sobre los efectos que este tipo de alimentación con leche animal tuvo en su salud, según los científicos. “Claramente, los bebés que fueron enterrados con los vasos murieron jóvenes, por lo que probablemente no estaban bien. Podemos buscar evidencia en los huesos y dientes en busca de infecciones o insuficiencias nutricionales”.

Siân Halcrow realiza un análisis sobre cómo durante años, muchos arqueólogos ignoraron a los niños y niñas al estudiar las poblaciones antiguas. El período neolítico en Europa comenzó aproximadamente en el 7000 a.C. La transición a la agricultura parece haber conducido a un "baby boom".

Animación: historia de la alimentación humana

La evolución del biberón a través de los siglos

Durante siglos, la única forma de alimentar a un bebé cuando su madre no podía darle el pecho fue mediante leche de vaca, muy difícil de digerir por los lactantes, o bien recurriendo a una nodriza. Uno de los empresarios que revolucionó el mercado fue Henri Nestlé, un farmacéutico alemán afincado en Suiza. Creó la "Farine Lactée Henri Nestlé", utilizando harina de trigo, leche y azúcar. A diferencia de la mayoría de las leches de fórmula de la época, Nestlé logró eliminar el almidón y el ácido de la harina, haciéndola más digerible para los estómagos de los bebés.

La Edad Media y los primeros biberones

El primer biberón aparece en la Edad Media bajo la forma de un cuerno de vaca perforado y recubierto de ubre de vaca o de un trozo de tela enrollado. En el Imperio Romano ya existían pequeñas vasijas diseñadas para almacenar la leche necesaria para alimentar al bebé durante el día. Más adelante, en la Edad Media, se incorporó un cordel a modo de colgante para atar al cuello de los lactantes, quienes se alimentaban de leche mezclada con licor de azúcar.

El impulso del siglo XVI y las obras de arte

No fue hasta el siglo XVI cuando Enrique II de Francia dio un importante impulso al biberón creando la fábrica de Saint Porchaire, donde se producían biberones que alcanzaron la consideración de auténticas obras de arte. Eran objetos de porcelana o cerámica decorados con filigranas, de los que se conserva algún ejemplar en el Museo del Louvre de París. Al margen de estas piezas artísticas, los biberones más utilizados eran los elaborados con esponja o de cuero, aunque el más popular era el de ubre de vaca.

La Revolución Industrial y los biberones "asesinos"

Con la Revolución Industrial, el biberón dejó de ser un objeto artesanal para convertirse en un producto fabricado en serie. Los biberones de cerámica, vidrio o plata estaban fabricados en una sola pieza y resultaban muy difíciles de limpiar. Con este fin, Édouard Robert diseñó un biberón que consistía en un tubo largo provisto de un frasco en su interior y un tapón perforado por el que pasaba un conducto externo de caucho conectado a una tetina. Sin embargo, este conducto de caucho era casi imposible de limpiar y terminaba acumulando bacterias, lo que le valió el apodo de “biberón asesino”.

Ilustración de un biberón del siglo XIX con un conducto de caucho.

Innovaciones en el siglo XIX y XX

Preocupados por la alta mortalidad infantil, algunos médicos comenzaron a diseñar modelos nuevos y más higiénicos. El primer biberón de cristal en los EE.UU. fue patentado por Charles Windship en 1841, con un diseño similar a una botella en forma de lágrima con un tubo de vidrio. Posteriormente aparecieron las botellas de doble punta, como el Allenbury, que mejoraron el flujo de alimentos de forma segura mediante el uso de una válvula de goma.

A principios de los años 50, el modelo "Bib49" introdujo el innovador sistema del aro enroscado. El frasco, de cristal y forma cilíndrica, tenía un cuello enroscado al que se fijaba un aro que sostenía la tetina. Inicialmente fabricado en baquelita, el aro pasó rápidamente a ser de plástico. Marcas como Mont Blanc y Remond fueron las primeras en utilizar este sistema.

España se incorporó más tarde a la fabricación de biberones, adoptando materiales y modelos europeos. Varias empresas alimenticias coordinaron su estrategia fabricando biberones y desarrollando nuevos productos lácteos.

La voz "biberón" y su origen

La voz francesa “biberón”, que cruzó los Pirineos y se ganó una tilde, está presente en la lengua gala desde principios del siglo XIV, derivada del latín “bibere” (beber). En sus orígenes, el término se utilizaba para denominar a los borrachos. Desde principios del siglo XIX, se identifica con su significado actual, que varía según la latitud geográfica: mamadera en Argentina, mamila en México, pepe en Honduras, pacha en Nicaragua y El Salvador, o tetero en Venezuela y Colombia.

La lactancia materna y sus alternativas

La lactancia materna ha sido, desde siempre, el modo habitual de alimentar a los bebés. Sin embargo, las nodrizas y los biberones también han sido usados desde el comienzo de los tiempos. El uso del biberón, hasta que no se mejoraron sustancialmente los sucedáneos de la leche materna y se adoptaron medidas de higiene, tenía desastrosas consecuencias. A pesar de ello, existen datos que constatan su uso desde tiempos muy antiguos.

Afortunadamente, aunque la lactancia materna es la mejor opción posible y cada vez hay más recursos que ayudan a las madres que desean amamantar, es un gran avance que los niños que, por el motivo que sea, no pueden ser alimentados con leche materna o de nodriza, puedan hoy recibir una nutrición segura.

La decisión de cómo alimentar a un bebé tiene una larga historia. Siempre ha habido madres que amamantan a sus hijos, aportándoles nutrientes básicos y esenciales, y también bebés que han sido alimentados por biberones cuando sus madres no han podido darles el pecho. “Se habla de una era de oro en la que todo el mundo daba el pecho, y esa época nunca existió”, afirma Suzanne Barston, autora de "Biberones: Cómo la forma en que alimentamos a los bebés ha terminado definiendo la maternidad y por qué no debería ser así".

Durante siglos, cuando una madre moría en el parto o no podía amamantar, la lactancia quedaba a cargo de una nodriza, aunque otras optaban por darle mamadera. “Hay evidencia arqueológica que llega hasta la antigüedad de la existencia de distintas clases de biberones y otros métodos de alimentación alternativos”, señala Ellie Lee, directora del Centro de Estudios Culturales sobre el Rol de los Padres de la Universidad de Kent, en Reino Unido.

En ese entonces, como ahora, la lactancia no era siempre una opción. “Si una mujer tuvo un parto difícil, si se enfermó luego, si no tiene leche o si tiene un absceso... son muchas las razones de salud que pueden hacer que una madre no esté en capacidad de amamantar”, explica Nora Doyle, profesora invitada de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos. Además, “siempre ha habido madres que trabajan”, lo que incluía a las nodrizas que dejaban a sus propios hijos para alimentar a los bebés de otras mujeres.

Fotografía antigua de una enfermera con botellas de leche de fórmula.

Alternativas a la leche materna a lo largo de la historia

En la antigüedad, se alimentaba a los bebés con jarras de cerámica con una boca larga, objetos que a menudo se enterraban junto al bebé en su tumba. En el Renacimiento, los europeos usaban cuernos de vaca a los que añadían pezones de cuero, mientras que en los siglos XVIII y XIX se utilizaban pequeñas vasijas decoradas con complicados patrones en peltre o plata.

“No hay duda de que la leche materna no era el único alimento que se les daba a los niños”, señala Wickes en su publicación, que compila las evidencias más tempranas de formas alternativas a la lactancia materna. Lo que ingerían dependía de la época y la cultura.

Los bebés de la Grecia antigua eran alimentados con vino y miel, mientras que a los niños indios de seis meses en el siglo II d.C. se les daban "vino diluido, sopa y huevos". En EE.UU., la leche de burra era a menudo una alternativa adecuada a la leche materna. La práctica de mamar de un animal, como los mellizos Rómulo y Remo de la mitología romana, también era una alternativa, pero se abandonó por ser difícil de limpiar. El sustituto más común a la leche materna era la panada, una mezcla acuosa de dudoso valor nutritivo.

“Para ser honestos, alimentaban a sus niños con cosas muy raras”, explica Doyle. “Leche, harina, mantequilla derretida o una sopa de carne. Era una mezcla peculiar de cosas líquidas a las que a veces le añadían un poco de pan”. Esto tenía un precio: “Muchos niños alimentados así solían morir”.

Como resultado, surgió la fórmula. “Solía ocurrir que si una mujer no podía amamantar, su niño no tenía grandes perspectivas. La fórmula fue un regalo del cielo”, explica Barston.

La era de la fórmula y la esterilización

En la primera mitad del siglo XX, la leche condensada era la opción preferida de las mujeres occidentales que no daban pecho. La aparición de los biberones esterilizados en los años 50, sumado a la preferencia cultural por lo nuevo y científico, provocó un incremento en el uso de leche de fórmula. Esto, a su vez, acarreó un cambio profundo en la salud de los bebés que no eran amamantados.

“Ahora no hay problemas -en el sentido de la seguridad- asociados a la alimentación por biberón”, explica Lee. “Lo que se les daba a los bebés los enfermaba. Ahora, ninguno se enferma (por eso)”. Este es un cambio que hubiese alegrado mucho a las mujeres de los siglos XVIII y XIX.

Las mujeres de hoy son muy prácticas. Desean amamantar, pero también son claras cuando es doloroso, cuando no funciona y cuando necesitan abandonar esta práctica. “Puede que no estén contentas con eso, pero si tienes un bebé, lo que quieres es mantenerlo con vida”. Y esto significa alimentarlo de la forma que sea posible.

El debate sobre la leche de fórmula todavía sigue candente. Pero es claro que, aunque no es lo mejor para los bebés ni tan nutritiva como la leche materna, sí es, por sobre todas las cosas, una manera segura de alimentar a los bebés.

Fotografía de un cuerno de vaca con un pezón de cuero que servía de mamadera.

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