Trayectoria Profesional y Reconocimientos
Elena Medel Navarro (Córdoba, 29 de abril de 1985) es una poeta, novelista, crítica literaria y editora española. Es reconocida como una de las voces jóvenes más destacadas de la poesía española.
Obra Poética
Su carrera literaria incluye diversos poemarios que han cosechado importantes galardones:
- Mi primer bikini (DVD, 2002), con el que obtuvo el Premio Andalucía Joven 2001. Esta obra ha sido traducida al inglés y al sueco.
- El cuaderno Vacaciones (El Gaviero Ediciones, 2004).
- Tara (DVD, 2006).
- El cuaderno Un soplo en el corazón (Ediciones del 4 de agosto, 2007), un volumen de 24 páginas con viñetas de Odón Serón.
- Chatterton (Visor, 2014), que ganó el XXVI Premio Loewe a la Creación Joven en 2013.
- Sus poemarios de 1998 a 2014 fueron reunidos en la antología Un día negro en una casa de mentira (Visor, 2015).
Ensayo y Novela
En el ámbito del ensayo, Elena Medel ha publicado:
- El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado (Ariel, 2015).
- Todo lo que hay que saber sobre poesía (Ariel, 2018).
- Recientemente, ha presentado su ensayo Erudición sobre hormigas y rositas, publicado por Editorial CSIC.
Su incursión en la narrativa se concretó con la novela Las maravillas (Anagrama, 2020), una obra que ha sido traducida a quince idiomas. Esta novela fue galardonada con el Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2020 y fue incluida en la longlist del Dublin Literary Award 2023.
Premios y Becas
A lo largo de su trayectoria, Elena Medel ha recibido diversas distinciones y reconocimientos, que incluyen:
- El XXVI Premio Loewe a la Creación Joven.
- El Premio Fundación Princesa de Girona 2016 en la categoría de Artes y Letras.
- La beca Leonardo para Investigadores y Creadores Culturales 2021 de la Fundación BBVA.
Además, ha ejercido como escritora residente del Alan Cheuse International Writers Center de la Universidad George Mason (Virginia).
Presencia en Antologías y Colaboraciones Editoriales
La obra de Elena Medel aparece en numerosos recuentos de la poesía reciente, consolidando su relevancia en el panorama literario contemporáneo. Entre las antologías en las que ha sido incluida se encuentran:
- Inéditos: once poetas (ed. Ignacio Elguero; Huerga y Fierro, 2002).
- Veinticinco poetas españoles jóvenes (ed. Ariadna G. García, Guillermo López Gallego y Álvaro Tato; Hiperión, 2003).
- La lógica de Orfeo (ed. Luis Antonio de Villena; Visor, 2003).
- Edad presente: poesía cordobesa para el siglo XXI (ed. Javier Lostalé; Fundación José Manuel Lara, 2003).
- Poetisas españolas (ed. Luzmaría Jiménez Faro; Torremozas, 2003).
- Ilimitada voz: antología de poetas 1940-2002 (ed. José María Balcells; Universidad de Cádiz, 2003).
- Andalucía poesía joven (ed. Guillermo Ruiz Villagordo; Plurabelle, 2004).
- Radio Varsovia. Muestra de poesía joven cordobesa (La Bella Varsovia, 2004).
- Que la fuerza te acompañe (El Gaviero, 2005).
- Tres tiempos, seis voces (Torremozas, 2006).
- Hilanderas (Amargord, 2006).
- Aquí y ahora (ed. Lara Moreno, Igriega Movimiento Cultural, 2008).
- Antología del beso, poesía última española, de Julio César Jiménez (Mitad doble ediciones, 2009).
- y para qué + POETAS. Herederos y precursores. Poesía andaluza≤ n. 1970, de Raúl Díaz Rosales y Julio César Jiménez (Eppur ediciones, Málaga 2010).
- El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985), de Remedios Sánchez García y Anthony L. Geits (Visor, 2015).
Otras Colaboraciones
También ha participado en colecciones de relatos y obras críticas, enriqueciendo su perfil literario:
- Bleak House Inn. Diez huéspedes en casa de Dickens. Cuentos de Pilar Adón, Elia Barceló, Oscar Esquivias, Marc Gual, César Mallorquí, Ismael Martínez Biurrun, Elena Medel, Francesc Miralles, Daniel Sánchez Pardos y Marian Womack. Edición y epílogo de Care Santos.
- Todo un placer: antología de relatos eróticos femeninos (Berenice, 2005).
- Ha escrito el epílogo de Blues Castellano, de Antonio Gamoneda (Bartleby, 2007).
- Su obra ha sido incluida en el cuaderno Por dónde camina la poesía española de la Revista Letra internacional 98, en su número de Primavera de 2008.
- Es autora del artículo «Sueños, fantasía, memoria» sobre la película My dad is 100 Years Old de Guy Maddin en Elegías íntimas. Instantáneas de cineastas, editado por Hilario J. Rodríguez.
Reflexiones sobre el Tiempo, la Juventud y la Percepción
La Experiencia de la Verbena y el Fin de la Juventud
Elena Medel, a través de sus escritos, comparte profundas reflexiones sobre el paso del tiempo y el significado de la juventud. Un ejemplo vívido es su relato sobre una noche en una verbena, que sirve como metáfora de un momento de transición personal:
Después de cenar fuimos a la verbena. Me hizo gracia cuando J. lo propuso: imaginé una reunión pequeña para la gente del barrio, alguna orquesta de fondo. Sin embargo, conforme nos acercábamos al parque se intensificaban el ruido de la música y el olor a vómito, se acumulaban las botellas vacías en el recodo de un portal. En el acceso, un control: mientras los adolescentes se agolpaban para que comprobasen sus mochilas, nosotros no tuvimos que esperar. «De usted me fío», anunció el policía, y J. avanzó. «De usted también», mirándome, y le seguí.
Una feria en miniatura: en el tramo inicial los puestos para comer y beber -partidos políticos, asociaciones-, después las cabinas para conseguir peluches de tamaños imposibles, en el centro algunas atracciones infantiles cubiertas por lonas y al fondo muchas para adultos. Alguien fotografía la cara de velocidad de quienes ama. Dejamos atrás la noria vacía, los dados locos, el canguro. Regresábamos cuando a J. le llamó la atención el espectáculo del tirachinas. El mecanismo zarandeaba la cápsula a la altura máxima: J. y yo mirábamos a ras de albero, yo cerraba con fuerza mi mano en torno a su brazo, a él le decía «ay», «ay por dios», «pero dios mío», y él preguntaba «pero cómo van a salir», «pero esa gente cómo va a salir». Y esa gente salió con parsimonia, una muchacha tambaleante pero digna, la otra algo mareada: la cápsula disponía de dos plazas, que ocuparon de inmediato otros dos chicos. Tras una espera tensa, el mecanismo disparó la cápsula hacia el cielo, y retomó la escena que ya conocíamos: arriba y abajo, abajo y arriba, sobre sí misma, sobre sí misma otra vez.

¿Aguantamos media hora? ¿Ni siquiera? El reguetón nos obligaba a gritar para comunicarnos, y el espacio en torno a las atracciones y frente a las casetas lo ocupaba el botellón. Si queríamos sentarnos, no podíamos; si queríamos pasear, tampoco. Deshicimos el camino: el tirachinas, el canguro y los dados locos y la noria, el plástico sobre el trenecito, bocatas de tortilla y lomo y pimientos, el policía que confió en que no guardásemos un arma en mi bolso. Al regresar a casa abrí un refresco y me hundí en el sofá. Frente al tirachinas, en las fiestas de san Miguel, despedí mi juventud.
Lectura, Envejecimiento y la Percepción del Progreso
Las reflexiones de Medel se extienden a la experiencia de la lectura y el impacto del envejecimiento. Menciona su encuentro con La futura antigüedad de Jennifer Michael Hecht, un libro que la invita a meditar sobre la civilización y el progreso:
Había empezado a leer La futura antigüedad, de Jennifer Michael Hecht (traducción de Andrés Catalán; Cielo eléctrico, 2021). Marqué los siguientes versos en el poema que titula “Prólogo”: «Mi último proyecto consiste en esbozar varias descripciones detalladas en beneficio / de la futura antigüedad: una suerte de libro de consejos, de modo que puedan / entender que la civilización tiene fases, incluso fases en la creencia / de las fases, e ideas sobre los dioses y la antropomorfización de los animales, / y cómo la idea de progreso / interfiere en ciertas cosas al mismo tiempo que posibilita otras, / y cómo la idea de la caída en desgracia también permite / cierto número de transacciones pero impide otras».
La autora describe los cambios físicos y mentales asociados al paso del tiempo, así como la introspección que estos provocan:
Tengo arrugas en torno a los ojos y en la frente, y una mancha en el pómulo causada por el sol. Al analizar una radiografía, el médico me explicó que el desgaste de mi columna vertebral solía encontrarlo en pacientes que me doblaban la edad. Viajo con un pastillero atiborrado -suena el móvil para no olvidar las tomas- y los informes que justifican el consumo. Me niego a teñirme las canas, porque me las gané. Pienso a menudo en la enfermedad: qué me ocurriría si se complicase alguno de mis diagnósticos, o si añadiera alguno a los que ya padezco. Pienso en la muerte; no en la propia -si he heredado las caderas anchas de una abuela y el pelo finísimo de la otra, ¿por qué no su esperanza de larga vida?-, sino en la ajena, en el miedo a perder a un ser querido. Releo algunas notas para poemas, y en todas me pregunto por lo mismo.
También mi forma de leer se ha arrugado y se ha manchado, y se gasta como los discos entre las vértebras. Antes -antes: más joven- restaba sueño al sueño para terminar un libro, por trabajo o por gusto; ahora necesito siete u ocho horas a partir de medianoche si pretendo funcionar al día siguiente. Empiezo a leer un poema, y al acabarlo vuelvo otra vez no porque me entusiasme, sino porque creo que me he perdido. La duda conlleva la certeza. Me cuesta concentrarme y me cuesta entender. La niebla se me mete en los ojos. Leo a ratos sueltos: en casa me permito la voz alta, como cuando niña, para que las palabras tomen cuerpo; así se fijan, las veo mejor. En público me da vergüenza, claro, y me encallo durante minutos en la misma página.

Hace semanas que brego con La futura antigüedad. Al principio lo trasladaba en el bolso, de casa a donde fuera, de donde fuera a casa; si me sentaba en el metro o en el autobús lo retomaba, pero me expulsaban la densidad de pensamiento y de lenguaje. Me agobiaba perderme, que se me escapara algo. Lo descarté como lectura de espera y lo coloqué en la mesita de noche, junto a la botella de agua y el Voltadol Forte Gel.
En la primera estrofa de “Cambio de veinte”, otro poema de Jennifer Michael Hecht, se lee: «¿Para qué sirven los años? Nadie / lo sabe. Bolsillos en los que acaban / las cosas que perdemos».
Al regresar de las fiestas de san Miguel abrí un refresco, me hundí en el sofá. El contrapunto ideal me describiría borrando el tirachinas de la memoria, recitando en voz alta: «Sin embargo no debemos / demonizar el tiempo. ¿Verdad? / No debemos maldecir el paso del tiempo». Disculpe, metafísica: lo cierto es que encendí el televisor.
Diálogo Intergeneracional y la Comprensión del Presente
Medel también reflexiona sobre las dinámicas entre generaciones y la evolución de los códigos sociales, estableciendo paralelismos entre su propia experiencia y la de los más jóvenes:
Durante el fin de semana limpié la casa, puse lavadoras y cultivé el intelecto. Me llamaron la atención varios artículos sobre los peligros de la vida contemporánea: el progreso nos ha revelado tal, pero nos ha arrebatado cual. El tirachinas, la cápsula arriba y abajo, abajo y arriba, sobre sí misma, sobre sí misma otra vez, igual el movimiento de una idea que me acompaña: no entiendo algunos códigos que observo en personas más jóvenes, pero asumo que se trata de la misma sensación que vivirían, al observarme a mí a su edad, quienes me llevaban quince o veinte años. Existe al menos una generación posterior -¿dos, ya?- con la que me relaciono, con la que coincido en espacios de trabajo y de ocio, con la que comparto en muchos casos opiniones y experiencias, pero con la que siento que hablo una lengua hermana: palabras y estructuras comunes, una misma raíz -un mismo instante-, y pese a todo otro idioma, el policía que confiaba en mí y no en la chica que me precedía en la fila, el grupo de chavales que celebraba una canción que me espantó. Mi vocación: evitar el meme del anciano gritando a la nube. Comprender que hoy casi todo se percibe de otra forma, y está bien, ha sucedido siempre y aquí nos mantenemos. De eso tratan la vida, el tiempo.
La autora concluye sus pensamientos sobre la obra de Hecht y la comprensión del presente como una futura antigüedad:
Jennifer Michael Hecht escogió La futura antigüedad como título del libro que aún no he terminado de leer. Interpreto: la futura antigüedad, el presente. Nuestra voluntad de generar memoria, y nuestra conciencia de pertenecer a un tiempo en desarrollo. Cada noche, antes de dormir, intento leer uno de sus poemas. Ayer tocaba “Una historia de tigres”. Subrayo, doblo la esquina de la página: «Y entonces un día me desperté en movimiento, sin / moverme, el mundo había vuelto, pero yo no estaba en él».
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Temas y Estilo Poético
La poesía de Elena Medel se caracteriza por su profunda introspección y un lenguaje a menudo crudo y directo, que explora temas recurrentes como la identidad, la memoria, el cuerpo y el paso del tiempo. Sus versos revelan una búsqueda constante de significado y una confrontación con la propia existencia.
Frases de su obra reflejan esta indagación personal y la ambigüedad del ser: «Quién soy, quién soy, ni siquiera sé quién soy. quién soy ahora, quién soy realmente ahora.». Se encuentran también evocaciones de la niñez y la intimidad, como «poco antes de calzar mi primer bikini», que resuena con el título de su primer poemario. Su estilo también se manifiesta en la intensidad emocional y la imaginería física, como en «Tus besos son la excusa del verano. estribillos de dos sílabas, las alturas. Me arranco la piel seca de los labios. suelo, virutas antipáticas y grises. con los labios heridos. enfrento su fuerza a mi silencio. se ha llenado de sangre.» Estos versos muestran una voz poética marcada por la honestidad y la fuerza expresiva.
