La placenta es un órgano temporal que se desarrolla en el útero durante el embarazo y desempeña un papel fundamental y fascinante en el desarrollo fetal. Permite la transferencia de nutrientes, anticuerpos y oxígeno al feto, a la vez que elimina los productos de desecho. Es un órgano materno-fetal efímero que se expulsa del cuerpo de la madre tan solo unos minutos después del nacimiento del bebé.

Formación y Estructura de la Placenta
La placenta comienza a formarse desde el momento en que el trofoblasto entra en contacto con el endometrio, aproximadamente entre el quinto y sexto día después de la fecundación. Durante este proceso, el trofoblasto se diferencia en dos tipos celulares: el citotrofoblasto, que se forma internamente, y el sincitiotrofoblasto, que se forma externamente. El citotrofoblasto es poliédrico y altamente mitótico, mientras que el sincitiotrofoblasto es una estructura multinucleada que invade y prolifera en el endometrio, formando lagunas trofoblásticas. Estas lagunas son esenciales, ya que constituyen una red compleja de vasos sanguíneos a través de los cuales el feto recibirá nutrientes y oxígeno de la madre y eliminará los productos de desecho.
La placenta está compuesta por dos componentes principales: la parte fetal, conocida como corion frondoso, y la parte materna, denominada decidua basal. La porción fetal está formada por una multitud de vellosidades coriales y es responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna. La porción materna procede de la transformación de la mucosa uterina y es responsable de proporcionar un sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo de la placenta.
En su máximo desarrollo, la placenta adquiere una forma de disco con aproximadamente 15 cm de diámetro y un peso de alrededor de 500 gramos. Está dividida en cotiledones por tabiques placentarios y contiene unos 150 ml de sangre. La considerable superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales favorece el intercambio de sustancias entre madre y feto.
Funciones Vitales de la Placenta
La placenta, junto con el cordón umbilical, establece el sistema de transporte que permite el intercambio de sustancias entre la madre y el feto. Cumple múltiples funciones esenciales para el correcto desarrollo del embrión y feto:
- Nutrición y Oxigenación: A través del cordón umbilical, el feto recibe de la madre todos los nutrientes, sangre y oxígeno necesarios para su crecimiento y desarrollo.
- Eliminación de Desechos: Se encarga de eliminar los catabolitos procedentes del feto, como dióxido de carbono, urea y bilirrubina. El intercambio ocurre mediante las vellosidades coriales en contacto con la sangre materna en los espacios intervellosos.
- Secreción Hormonal: Elabora dos tipos de hormonas cruciales:
- Hormonas polipeptídicas: Incluyen la gonadotropina coriónica humana (utilizada en pruebas de embarazo) y el lactógeno placentario humano (que afecta cambios somáticos como el aumento del tamaño de las mamas).
- Hormonas esteroideas: Destacan la progesterona y los estrógenos, cuya producción aumenta durante el embarazo, manteniendo la gestación y preparando el cuerpo materno para el parto.
- Barrera Protectora: Actúa como una barrera, impidiendo el paso de moléculas de gran tamaño como proteínas, así como la mayoría de virus y bacterias, contribuyendo a un ambiente intrauterino libre de infecciones. Sin embargo, en casos excepcionales, algunos patógenos pueden atravesarla.
Circulación Sanguínea Materna en el Útero y Desarrollo Placentario
Los cambios fisiológicos cardiovasculares en el embarazo a nivel sistémico y uterino son fundamentales para el incremento del flujo sanguíneo uterino, la microcirculación y la circulación en el espacio intervelloso. Una alteración en la circulación uterina y placentaria se relaciona con afecciones como la preeclampsia y la restricción del crecimiento intrauterino (RCIU).

El útero es irrigado por las dos arterias uterinas, que dan origen a las arterias arqueadas o arcuatas, las cuales penetran el miometrio y se dividen en ramas. De estas, surgen las arterias radiales que irrigan el miometrio y la parte basal del endometrio. La continuación de la arteria radial dentro del endometrio basal y funcional da origen a la arteria espiral, que tiene una forma ensortijada. Las paredes de las arterias radial y espiral son ricas en músculo liso e inervación autonómica, lo que les confiere importancia en estados de vasoconstricción.
Conforme avanza el desarrollo placentario, la remodelación vascular es un proceso clave. La dilatación de los vasos uterinos es generalizada, pero no uniforme, y se observa un aumento significativo en el diámetro de las arterias uterinas y arcuatas. Esta dilatación, no solo inducida por la invasión trofoblástica, es una respuesta al estímulo endocrino y a la dilatación mediada por óxido nítrico. El útero gestante a término puede recibir hasta el 12% del gasto cardiaco total, un incremento significativo desde el inicio de la gestación (aproximadamente 3,5%).
La remodelación vascular implica procesos celulares como la hipertrofia, hiperplasia, reacomodo de elementos existentes y cambios en la matriz extracelular, regulados por múltiples factores como fuerzas físicas, influencias endocrinas y factores locales. El incremento del flujo sanguíneo ejerce un efecto hemodinámico sobre los vasos, y la microcirculación se regula por la modificación de las resistencias vasculares en pequeñas arterias y arteriolas.
La dilatación del segmento distal de la arteria espiral en la interfase uteroplacentaria permite una disminución de la presión y velocidad del flujo sanguíneo, haciéndola comparable a la presión del espacio intervelloso. Esta relación directa entre el flujo, el radio y la presión del vaso, junto con la relación inversa con la viscosidad de la sangre, subraya la importancia de la hemodilución fisiológica del embarazo para favorecer el flujo. La placenta actúa como un gran shunt arteriovenoso, dispersando el flujo radialmente entre las vellosidades.
Sin embargo, la falta de conversión adecuada de las arterias espirales puede generar un flujo sanguíneo turbulento y lagos intraplacentarios con material trombótico. De las cientos de arteriolas espirales del útero, solo unas 200 se transforman en arterias uteroplacentarias de baja resistencia; las restantes mantienen una alta resistencia vascular, irrigando la decidua y el miometrio en un subsistema paralelo.
Patologías de la Circulación Uteroplacentaria
En el embarazo, se han descrito lesiones vasculares en los vasos espirales deciduales y las arterias espirales, como la aterosis aguda (necrosis fibrinoide, acumulación de macrófagos) y vellosidades terminales pequeñas o hipoplasia vellosa distal. Estos signos placentarios de hipoperfusión vascular materna se relacionan con preeclampsia, RCIU idiopática y displasia broncopulmonar. Una perfusión placentaria inadecuña en la gestación a término, cuando la extracción de oxígeno fetal es máxima, puede tener graves consecuencias.
Para un intercambio difusional efectivo, es esencial que la presión en el espacio intervelloso sea baja en relación con la presión capilar fetal, evitando así la compresión de este último. La dirección del flujo sanguíneo hacia la placenta (de central a periférica) influye en la tensión de oxígeno y la maduración de las vellosidades, siendo mayor en la región central.
El Sistema Circulatorio Fetal
La circulación fetal difiere significativamente de la postnatal porque el feto depende completamente de la madre para el intercambio gaseoso y nutricional. Durante la vida prenatal, los pulmones fetales no realizan intercambio gaseoso y sus vasos están contraídos, siendo la placenta la unidad de intercambio de gases.

Recorrido de la Sangre Fetal
- La sangre desoxigenada regresa de la circulación sistémica fetal hacia la placenta a través de dos arterias umbilicales, que emergen de las arterias ilíacas internas fetales.
- La sangre altamente oxigenada y rica en nutrientes circula desde la placenta hacia el feto por medio de la vena umbilical.
- Aproximadamente la mitad de la sangre de la vena umbilical pasa por el conducto venoso, un vaso fetal que conecta la vena umbilical directamente con la vena cava inferior, rodeando el hígado. La otra mitad fluye hacia los sinusoides del hígado. Un mecanismo de esfínter cerca de la vena umbilical regula este flujo.
- Después de un corto recorrido en la vena cava inferior, la sangre (ahora una mezcla de sangre oxigenada y poco oxigenada) entra en la aurícula derecha del corazón.
- En la aurícula derecha, la válvula de la vena cava inferior (válvula de Eustaquio) dirige la sangre altamente oxigenada desde el atrio derecho hacia el atrio izquierdo a través del foramen oval, una derivación clave.
- Desde la aurícula izquierda, la sangre pasa al ventrículo izquierdo y es eyectada a la aorta ascendente, asegurando la perfusión de órganos vitales como el miocardio y el cerebro.
- La sangre poco oxigenada en la aurícula derecha pasa al ventrículo derecho, pero debido a la alta resistencia vascular pulmonar, alrededor del 90% de este flujo es desviado hacia la aorta descendente por medio del conducto arterioso. Solo el 10% restante fluye hacia los pulmones para su desarrollo.
- La sangre que ha circulado por el cuerpo fetal regresa a las arterias umbilicales para ser transportada de vuelta a la placenta, donde se libera el dióxido de carbono y los productos de desecho en el sistema circulatorio materno, y se recoge oxígeno y nutrientes.
Circulación fetal y cambios al nacimiento
Cambios en la Circulación al Nacer
Al nacer, el cordón umbilical se corta, cesando el flujo de oxígeno y nutrientes de la madre. Los pulmones del bebé se expanden con las primeras respiraciones, y el fluido de los alvéolos desaparece. Esto provoca un aumento en la presión sanguínea del bebé y una reducción drástica en la presión pulmonar. Estos cambios minimizan la necesidad de las derivaciones fetales y permiten que se cierren:
- El conducto arterioso se cierra, dirigiendo toda la sangre del ventrículo derecho hacia los pulmones.
- El aumento de presión en la aurícula izquierda y la disminución en la aurícula derecha permite que el foramen oval se cierre.
El cierre de estas derivaciones completa la transición de la circulación fetal a la circulación del recién nacido.
Afecciones y Preocupaciones Placentarias Comunes
Existen diversas afecciones que pueden dañar la placenta y afectar la salud del embarazo:
Anomalías en la Formación o Inserción
- Placenta Bilobulada: Placenta con dos lóbulos conectados por una fina banda de tejido.
- Inserción Velamentosa de Cordón Umbilical: Fijación anormal del cordón umbilical a la placenta, donde los vasos sanguíneos se unen a las membranas que rodean al feto. Estos vasos expuestos pueden desgarrarse y sangrar.
- Vasa Previa: Los vasos sanguíneos fetales, desprotegidos por el cordón umbilical o la placenta, recorren las membranas amnióticas y cruzan el cuello uterino. Si las membranas se rompen (generalmente al inicio del parto), estos vasos pueden desgarrarse, causando un sangrado masivo en el feto y la madre. Se diagnostica por ecografía transvaginal y a menudo requiere una cesárea programada entre las semanas 34 y 37, con administración de corticosteroides para madurar los pulmones fetales.

Problemas de Ubicación o Desprendimiento
- Placenta Previa: La placenta se implanta demasiado baja en la pared del útero y cubre parcial o totalmente el cuello uterino. Esto puede causar sangrado vaginal intenso durante el embarazo o el parto. A menudo, se resuelve sola a medida que el útero crece, pero si persiste en etapas tardías, se recomienda una cesárea.
- Desprendimiento de la Placenta: Ocurre cuando la placenta se separa parcial o totalmente de la pared interna del útero antes del parto. Puede privar al bebé de oxígeno y nutrientes, y causar sangrado intenso y dolor abdominal/de espalda en la madre, requiriendo a menudo un parto prematuro de emergencia.
Problemas Post-Parto
- Placenta Adherida (Acreta/Increta/Percreta): La placenta permanece firmemente unida al útero después del parto porque sus vasos sanguíneos y tejidos crecen anormalmente en la pared uterina, pudiendo invadir los músculos del útero o incluso traspasar la pared uterina. Esto puede causar una pérdida de sangre grave. En casos severos, puede ser necesaria una cesárea seguida de una histerectomía.
- Placenta Retenida: Si la placenta no se expulsa en los 30 minutos posteriores al parto vaginal, se considera retenida. Puede deberse a que queda atrapada detrás de un cuello uterino parcialmente cerrado o sigue unida a la pared uterina. Si no se trata, puede causar infección grave o hemorragia que pone en riesgo la vida.
Factores de Riesgo y Síntomas de Problemas Placentarios
Factores que pueden afectar la salud de la placenta:
- Edad de la persona embarazada: Algunas afecciones son más comunes en personas mayores de 40 años.
- Ruptura de membranas (fuente) antes del trabajo de parto: Aumenta el riesgo de problemas placentarios.
- Presión arterial alta (hipertensión): Puede reducir el flujo sanguíneo a la placenta.
- Embarazos múltiples: Incrementa el riesgo de ciertas afecciones placentarias.
- Afecciones relacionadas con la coagulación sanguínea: Trastornos que afectan la coagulación pueden impactar la salud placentaria.
- Cirugías uterinas previas: Como cesáreas o miomectomías, aumentan el riesgo de placenta adherida.
- Antecedentes de problemas placentarios: Mayor riesgo de recurrencia en embarazos futuros.
- Consumo de sustancias adictivas: Fumar o consumir cocaína aumenta el riesgo de daño placentario.
- Lesiones abdominales: Golpes o traumatismos en el abdomen pueden causar desprendimiento de placenta.
Síntomas que requieren atención médica:
Es crucial contactar a un profesional de atención médica si se experimentan los siguientes síntomas durante el embarazo:
- Sangrado vaginal, especialmente si es abundante.
- Dolor en la zona del estómago o abdomen.
- Dolor de espalda.
- Contracciones uterinas (contracción y relajación de los músculos del útero).
Manejo y Prevención de las Afecciones Placentarias
Aunque muchos problemas placentarios no pueden prevenirse directamente, se pueden tomar medidas para promover un embarazo saludable y reducir riesgos:
- Asistir a todos los controles de rutina del embarazo.
- Trabajar con el profesional de atención médica para controlar cualquier afección preexistente, como la presión arterial alta.
- No fumar ni usar drogas; buscar ayuda si es necesario.
- Discutir con el médico los riesgos de una cesárea si se está considerando.
- Informar al profesional de atención médica sobre cirugías uterinas previas o problemas placentarios en embarazos anteriores para planificar estrategias de manejo.
La Expulsión de la Placenta (Alumbramiento)
La expulsión de la placenta es la tercera etapa del trabajo de parto y ocurre poco después del nacimiento del bebé. Este proceso, conocido como alumbramiento, implica el desprendimiento de la placenta de la pared uterina y su expulsión junto con las membranas amnióticas. Generalmente ocurre entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque puede extenderse hasta una hora o más.
Para facilitar la expulsión, a menudo se realiza un alumbramiento dirigido, que puede incluir la administración de oxitocina una vez desprendido el hombro anterior del feto, y un masaje suave en la parte baja del abdomen de la madre. El profesional de atención médica también puede realizar una suave tracción del cordón umbilical para ayudar a verificar el desprendimiento y la expulsión. Es fundamental asegurar que la placenta se expulse completamente para prevenir complicaciones como hemorragias o infecciones.
Si el parto es por cesárea, el profesional de atención médica extraerá la placenta del útero durante el procedimiento. En ambos casos, se revisa la placenta para asegurar que esté intacta y que no queden fragmentos dentro del útero, lo que podría causar sangrado o infección.
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