El posparto es una etapa de profunda transformación para la mujer, marcada por la recuperación física y la adaptación a la maternidad. Afortunadamente, existen soluciones eficaces que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida y permitir a las mujeres volver a sus actividades normales. El pesario es una de estas opciones, ofreciendo importantes ventajas y muy pocos riesgos, aunque también es importante conocer sus posibles inconvenientes y efectos secundarios.

¿Qué es un pesario y para qué sirve?
Un pesario es un dispositivo médico diseñado para sostener los órganos de la pelvis y el suelo pélvico. Puede ser especialmente útil para las mujeres que sufren prolapso uterino (histerocele), prolapso vesical (cistocele) o prolapso rectal (rectocele). Las mujeres que experimentan incontinencia urinaria, dolor pélvico o dificultad para mantener relaciones sexuales debido a problemas de prolapso pueden ver una mejora significativa de sus síntomas con el uso de un pesario.
Beneficios del uso del pesario
Numerosos estudios han demostrado desde hace tiempo la eficacia del pesario para corregir los diversos síntomas asociados al prolapso o a la incontinencia urinaria. Una gran ventaja del pesario es que actúa en cuanto se coloca, por lo que devuelve inmediatamente la comodidad a la vida cotidiana. El pesario también puede llevarse muy pronto en el periodo posparto, y será un aliado especialmente útil para las mujeres en periodo de lactancia.
El pesario ofrece a las mujeres una alternativa no quirúrgica. La Autoridad Nacional Francesa de la Salud considera que la cirugía sólo debe ofrecerse como opción de segunda línea, tras un ensayo con el pesario y la reeducación pélvico-perineal. El pesario es una herramienta inestimable para prepararse para la cirugía cuando ésta es necesaria y deseada por la paciente. Permite a la paciente esperar cómodamente, pero también “simular” la cirugía y comprobar que la operación corregirá satisfactoriamente los síntomas que le molestan.
Por último, a muchas mujeres sólo les molestan los síntomas pélvicos de forma ocasional, por ejemplo durante determinadas actividades físicas o deportivas, o en determinados momentos del ciclo menstrual. Como solución terapéutica no invasiva, el pesario ofrece a las mujeres una gran libertad.
Los Pesarios, diseñados para todo tipo de pacientes con prolapso
Posibles inconvenientes y efectos secundarios
Los riesgos asociados al uso de pesarios suelen ser mínimos y evitables con un tratamiento adecuado. Los riesgos asociados al uso de un pesario también se ven minimizados por su reversibilidad. Si una mujer experimenta problemas o preocupaciones con su pesario, éste puede retirarse (normalmente de forma independiente por la propia mujer) sin dejar secuelas permanentes.
Adaptación y elección del pesario
Un pesario es un cuerpo extraño que se introduce en la vagina. Evidentemente, representa un cambio, y a veces es necesario prever un periodo de adaptación. Algunas mujeres pueden experimentar molestias cuando empiezan a utilizar un pesario. Estos síntomas iniciales son normales y no deben preocuparte. Sin embargo, esto suele resolverse ajustando el tamaño o el tipo de pesario con la ayuda de su profesional sanitario. Por último, cabe señalar que aunque una gran mayoría de mujeres (90%) encuentra el pesario adecuado, hay casos en los que no se encuentra un pesario satisfactorio.
Para que sea eficaz y cómodo, el pesario debe elegirse cuidadosamente y adaptarse a cada mujer. Desgraciadamente, no se puede comprar un pesario de improviso: hay que consultar a un profesional sanitario y probar varios pesarios para encontrar el adecuado. A veces hay que probar varios y pasar por un largo proceso de ensayo y error antes de dar con el adecuado. El uso de un pesario requiere un seguimiento médico regular para asegurarse de que se ajusta bien, se coloca correctamente y está bien sujeto.
Mantenimiento y efectos en el entorno vaginal
No obstante, la presencia de un pesario en la vagina supone un cambio en el entorno vaginal. El mantenimiento del pesario suele ser sencillo y requiere poco esfuerzo. Siguiendo las instrucciones del profesional sanitario, las mujeres pueden minimizar riesgos potenciales como las infecciones.
Uno de los efectos secundarios más frecuentes es el aumento de la leucorrea (flujo vaginal). Es importante recordar que esto no es grave, que es normal y que no es un signo de infección: es un fenómeno completamente normal de lubricación de la mucosa vaginal al contacto con el pesario. Si este flujo te resulta molesto, prueba a quitarte el pesario todas las noches y a limpiarlo con más frecuencia o, si ya te lo quitas muy a menudo, espacia un poco las veces. Experimenta a ver qué te funciona. Si el flujo es de color o maloliente, puede tratarse de una infección y debes consultar a un médico para que te examine y te haga pruebas.
El pesario en el contexto del posparto y suelo pélvico
El suelo pélvico tiene 3 compartimentos: el superior, con la vejiga (cistocele y uretrocele); el central, con la vagina y el útero (prolapso uterino, prolapso de la cúpula vaginal, enterocele); y el inferior, con el recto (rectocele). El fallo del suelo pélvico es complejo, y el prolapso uterino afecta a un porcentaje significativo de mujeres, especialmente tras la menopausia y tras partos múltiples. La etiología incluye predisposición genética, partos (lesión del elevador del ano, lesión neurológica del nervio pudendo), edad, obesidad, aumento de presión abdominal crónica, menopausia y factores socioeconómicos.
El manejo del fallo del suelo pélvico incluye la observación, ejercicios del suelo pélvico (Kegel, conos metálicos), el uso de pesarios vaginales y la cirugía. La integridad del suelo pélvico es crucial para la función sexual, la imagen corporal y la calidad de vida.
Teniendo en cuenta las tasas de recurrencia quirúrgica, el tratamiento no quirúrgico y conservador con pesarios vaginales es una opción lógica. Los pesarios vaginales, descritos desde la antigüedad, pueden ser de soporte (como el de anillo, que permite el coito) o ocupantes de espacio. El tratamiento conservador es económico, de bajo riesgo y eficaz para el prolapso de los órganos pélvicos. Las contraindicaciones incluyen demencia, infección vaginal activa, erosión o ulceración vaginal persistente, y atrofia vaginal grave hasta que mejoren.
Indicaciones y tipos de pesarios
Las indicaciones del pesario incluyen el prolapso uterino (en mujeres con cirugía no deseada o no recomendada, en jóvenes que no han completado su familia, en espera de cirugía), la corrección de la incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE), complicaciones del embarazo (útero en retroversión forzada, incompetencia cervical, prolapso previo al embarazo), aire vaginal y disfunción de la evacuación intestinal.
Los pesarios son de silicona y su tamaño es subjetivo, generalmente más grande en mujeres jóvenes y más pequeño en mujeres mayores. No hay adaptación si la longitud vaginal es menor de 6 cm o si el introito es amplio. Debe utilizarse el más grande que pueda emplear cómodamente. Bien ajustado, no se percibe.
La satisfacción de uso es alta, especialmente con el uso de estrógenos locales. Se propone el autocuidado, que incluye la retirada y limpieza nocturna del pesario, o su uso continuado con revisiones periódicas. En ancianas, el control en consulta cada 3 meses es recomendable para el seguimiento a largo plazo. Lo ideal es retirarlo cada noche o cada semana, lavar y secar, y colocar por la mañana.
Complicaciones y consideraciones importantes
Las complicaciones del pesario pueden incluir aumento de la secreción vaginal (con riesgo relativo de infección por vaginosis bacteriana), erosión y úlceras vaginales con sangrado (el problema más frecuente), impactación en vagina, fístulas (vesicovaginal, rectovaginal), peritonitis, complicaciones intestinales, hidronefrosis, infección vaginal por Actinomyces, atipias citológicas inflamatorias graves, encarceración del pesario e incluso cáncer vaginal en el sitio del pesario debido a inflamación crónica e infección viral.
En un estudio de 9 casos, se observaron erosiones vaginales con sangrado en el 44.44% de los casos y infecciones vaginales con cultivo positivo en el 55.55%. Las lesiones se trataron con antiinfecciosos y, en algunos casos, se discontinuó temporalmente el uso del pesario. En mujeres mayores, el pesario se utiliza con contraindicación quirúrgica por afecciones médicas de riesgo, antes de la cirugía o cuando esta ha fracasado, con una media de uso de 3 años.
Las complicaciones mayores, como fístulas vesicovaginales o rectovaginales, pueden ocurrir si el pesario se olvida o impacta. La prevención se basa en la educación de la paciente en el autocuidado, el uso de estrógenos locales, un buen ajuste del pesario y el seguimiento regular para detectar erosiones o úlceras. El estado nutricional de la paciente también influye.
Se han descrito casos de encapsulamiento o enterramiento del pesario, expulsión parcial con impactación y migración a vejiga o recto, prolapso del colon sigmoide por defectos vaginales, y evisceración vaginal durante la inserción. El cáncer vaginal primitivo, aunque raro, se ha asociado al uso prolongado de pesarios. El uso del pesario puede disminuir el tamaño del hiato genital, lo que se considera beneficioso para los síntomas y la progresión del prolapso.
El uso del pesario podría revertir el prolapso al retirarlo en algunos casos. Es fundamental una correcta educación de la paciente, el ajuste adecuado del pesario y un seguimiento médico regular para minimizar los riesgos y maximizar los beneficios de este dispositivo.
Cuidados del suelo pélvico en el posparto
Cuidar el suelo pélvico en el posparto inmediato y tardío es fundamental para una recuperación completa. Se recomienda:
Posparto inmediato (primeras semanas):
- Cuidar la postura: Mantener una postura correcta al estar tumbada, levantarse, sentarse, estar de pie y dar de mamar. Evitar pasar mucho tiempo de pie o inmovilizada. Realizar paseos cortos y ejercicios circulatorios.
- Evitar esfuerzos: No cargar peso, evitar ejercicios abdominales tradicionales, esperar seis semanas para retomar las relaciones sexuales y evitar empujes al ir al baño. Mantener una alimentación rica en fibra y buena hidratación para prevenir el estreñimiento.
- Proteger el suelo pélvico: Ante esfuerzos inevitables como toser o estornudar, mantener una postura correcta y contraer los músculos perineales simultáneamente. Colocar las manos debajo del ombligo para servir de freno a la presión abdominal.
- Higiene genital: Prestar especial atención a la higiene para evitar infecciones y favorecer la cicatrización de episiotomías o desgarros. Mantener la zona de los puntos limpia y seca, sin exceder dos lavados diarios.
- Ejercitar el suelo pélvico: Realizar contracciones suaves y mantenidas, sin dolor, para favorecer la recuperación perineal, la cicatrización, la reabsorción del edema y la disminución del dolor.
- Usar un cinturón pélvico: Para estabilizar la pelvis y favorecer la vuelta a la normalidad de ligamentos y articulaciones, especialmente si hay molestias lumbopélvicas.
Posparto tardío (a partir de seis semanas):
- Acudir a fisioterapia: Un fisioterapeuta uroginecológico puede valorar el estado de la musculatura y la estabilidad pélvica, y diseñar un programa de recuperación a medida.
- Continuar con las recomendaciones: Seguir con la corrección postural, evitar el estreñimiento y proteger el suelo pélvico ante situaciones de hiperpresión.
- Reeducación posparto: Los programas de reeducación, que suelen durar unos 3 meses con sesiones semanales y ejercicios diarios en casa, abordan el abdomen y el suelo pélvico.
La fisioterapia puede ayudar a revertir disfunciones como la incontinencia urinaria, anal y de gases; la dispareunia (dolor en las relaciones sexuales); prolapsos; dolor lumbopélvico y alteraciones neurológicas. La mayoría de los problemas de suelo pélvico tienen solución, incluso si no hay síntomas, una valoración fisioterápica puede asegurar una recuperación adecuada y completa.
