La Leyenda de Rómulo y Remo: Orígenes de Roma y la Loba Capitolina

Unos pasos vacilantes, impulsados por la obediencia debida, se dirigen hacia las crecidas aguas del Tíber para confiar a una muerte casi segura a dos niños recién nacidos: Rómulo y Remo. Los pequeños eran el fruto de una deshonra: la violación de Rea Silvia, protectora del fuego sagrado de Vesta, por Marte, el dios de la guerra. Solo él había podido rebasar las barreras que Amulio, tío de la virgen vestal, había interpuesto entre el mundo y la hija de su hermano Numitor, a quien había despojado del trono de Alba Longa. Amulio temía que una nueva criatura de la sangre de su hermano le arrebatase el trono que él había usurpado. El poderoso Marte, hijo de Júpiter y dios de la guerra, tuvo dos hijos gemelos con la princesa Rea Silvia, hija de Numitor, rey de Alba Longa. Numitor fue destronado por su hermano Amulio, quien ordenó a Silvia hacerse “vestal” (sacerdotisa de Vesta). El impostor Amulio, enterado del nacimiento de los niños, ordenó a un siervo matar a los recién nacidos y así acabar con su estirpe.

Ilustración del nacimiento y abandono de Rómulo y Remo

El Abandono y el Milagroso Rescate

El lacayo se apiadó de los niños y los puso en una cesta que dejó en el río Tíber. La corriente los arrastró. Sin embargo, el destino tendría más fuerza que el ansia de poder de Amulio, vergüenza del pío linaje de Eneas: en la corriente resonaba el gemelo lamento de quienes tenían asignado un hado bien distinto al de perecer ahogados, ya que la cesta que llevaba a las dos criaturas se paró en un remanso del río, bajo la higuera Ruminal. Esta llegó a vararse en una orilla cercana a la colina palatina de la todavía no existente Roma. Los gemelos fueron encontrados por una loba (lupa), quien los amamantó, y fueron alimentados por un pájaro carpintero (picus).

Según la mitología, una loba encontró a dos gemelos, Rómulo y Remo, a orillas del río Tíber. La criatura, contrariamente a su instinto carnívoro, amamantó y crio a los dos niños que acabarían fundando la ciudad de Roma en la colina del Palatino. Lupam sitientem ex montibus, qui circa sunt, ad puerilem vagitum cursum flexisse; eam summissas infantibus adeo mitem praebuisse mammas. Esta es la maravillosa (pero increíble) descripción de Tito Livio (59 a.C. a 17 d. C.) en su Ab Urbe Condita (Historia de Roma desde su fundación, 1:4).

Rómulo y Remo habían superado la misma prueba que habían pasado ya otros reyes y semidioses. Habían sido abandonados en una cesta, como los treinta hijos de la reina Kanesh, fundadores de Zalpuwa en el mito hitita; la corriente los había arrastrado, tal como el Éufrates había llevado a Sargón, futuro rey de Babilonia, hasta Aqqi; una fiera los había amamantado, como Spako ("perro" en persa) había salvado a Ciro después de que fuera arrojado al Tigris; y un pastor los había recogido, como Pólibo a Edipo, el hijo de Layo.

Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo

Adopción por Fáustulo y Acca Larentia

No muy lejos de aquel lugar, en una vivienda muy pobre, vivía un viejo pastor llamado Fáustulo con su esposa Aca Larentia. El pastor encontró a los dos bebés, los llevó a su casa y la familia los adoptó. Bajo el cuidado de Fáustulo y de su mujer Larencia, Rómulo y Remo se convirtieron en dos jóvenes corpulentos e intrépidos, unidos en cuerpo y alma. Inmersos en un mundo salvaje, amigos de vagabundos y bandidos, se mantuvieron fieles el uno al otro mientras la naturaleza dictaba la ley de su vida.

Venganza y la Fundación de Roma

Cuando se hicieron adultos los hermanos fueron informados de su historia y decidieron regresar a Alba Longa, lugar de sus orígenes. Un día Remo, en ausencia de Rómulo, se enfrentó con los pastores de Numitor, quienes lo hicieron prisionero y lo llevaron ante el rey, quien lo entregó a su vez a su hermano Amulio. Rómulo, mientras, volvió a casa, donde Fáustulo le desveló el secreto de su nacimiento. Entonces marchó a Alba Longa, dio muerte a Amulio y liberó a Remo, reponiendo en el trono a su abuelo Numitor.

Tras estos sucesos, los dos hermanos resolvieron fundar una ciudad. Decididos a que los dioses eligieran al fundador a través de los auspicios, delimitaron una zona del cielo con el bastón curvo que, desde entonces, llevarían como emblema los augures. El ritual etrusco, según el mito, continuaba con la excavación de un pozo (mundus) al que se arrojaban las primicias de la fundación y un puñado de tierra de la patria de la que procedían los primeros colonos.

Dese este lugar, Rómulo trazó el sulcus primigenius con un arado de madera de olmo, tilo y haya, al que iban uncidos una vaca blanca y un buey negro. Vestía el cinctus gabinus, una toga que cubría la cabeza y que constituía el hábito de los fundadores y de los sacerdotes del templo de Jano, cuyas puertas se abrían al declararse la guerra. Para la fundación de la nueva ciudad, los hermanos siguieron los ritos tradicionales de su época. Con la ayuda de una vaca y un toro blanco, Rómulo usó un arado para trazar la cerca de la ciudad.

Pintura de Rómulo trazando los límites de Roma

El Fratricidio

Pero la rivalidad fraternal surgiría (el destino así lo había dispuesto) y solo el fratricidio resolvería la ambigüedad del doble nacimiento. Rómulo quería llamarla Roma y edificarla en el Palatino, mientras que Remo deseaba llamarla Remora y fundarla sobre el Aventino. Remo, en un acto de soberbia, saltó los límites sacralizados de la ciudad y Rómulo le dio muerte mientras lo increpaba: "De ahora en adelante, así perecerá quien trate de sobrepasar mis murallas". Rey de lo salvaje, Remo murió antes de llegar a la edad adulta, incapaz de someterse a las leyes de lo civilizado, al otro lado de Roma, cuyas puertas están cerradas al furor guerrero y a la violencia. Nace así el primer periodo de la historia de Roma, es decir, la monarquía romana.

El Reinado de Rómulo y la Consolidación de Roma

Rómulo quedó solo en una Roma habitada únicamente por hombres. Formó un consejo de cien ancianos, el Senado, y seleccionó a los tres mil hombres más hábiles en el manejo de las armas y a los trescientos jinetes más expertos; nacía así la primera legión. Resuelto a remediar la falta de mujeres, Rómulo convocó unos juegos en el Circo Máximo, a los que invitó a los pueblos vecinos. En medio de la competición, se alzó y abrió su capa teñida de púrpura, la señal convenida con sus hombres para el rapto de las sabinas.

El rapto de las sabinas, cuadro de Jacques-Louis David

Al núcleo mítico de la saga de Rómulo pertenece también la serie de guerras y alianzas con las que el primer agro de Roma se amplió considerablemente. A las conquistas de Antemnae y Caenina siguieron las de Crustumerium y Fidenas. Además, se enfrentó con el sabino Tito Tacio, enfrentamiento que acabó ante los lamentos y las súplicas de las propias sabinas en el campo de batalla. La última guerra en la que intervino Rómulo fue contra Veyes.

La Divinización de Rómulo

Cuentan que un día, de repente, el rey de Roma desapareció. Según algunos, la noche se lo tragó en las afueras de la ciudad. Nadie volvió a verlo. Julio Próculo refirió al pueblo que se lo había encontrado al regresar de Alba y que él le había dicho: "Los dioses han dispuesto que, por haber fundado una ciudad de gran poder y gloria regrese como habitante del cielo. Yo, bajo el nombre de Quirino, seré siempre vuestro genio tutelar".

Rómulo siendo conducido al Olimpo por Marte, pintura de Jean-Baptiste Nattier

La Loba Capitolina: Un Símbolo Eterno

La Loba Capitolina, Luperca, es una figura clave en la historia de Roma. Desde los inicios de Roma, la Loba Capitolina fue un poderoso símbolo de la ciudad. Puede que incluso antes de la propia Roma, pues se cree que esta simbología podría ser de origen etrusco.

¿Una Loba o una Mujer? La Teoría de la "Lupa"

Es imposible demostrar si este mito es real o no. Pero hay otras teorías diferentes que tachan a este mito como una creación de los propios romanos para dar al nacimiento de su ciudad una épica mayor. O sencillamente para borrar un origen, quizás no demasiado grandioso para una ciudad que gobernase el mundo. Este origen habría sido parecido, solamente que esa loba, la Loba Capitolina, se habría tratado de una mujer. Una ‘lupa’ que en latín significaba ‘prostituta’. Etimología que nos llega también de los ‘lupanares’, los prostíbulos romanos.

Una prostituta habría encontrado la cesta a orillas del Tíber y habría llevado a Rómulo y Remo consigo, adoptándolos como sus hijos y criándolos como tales junto a su esposo Faustulo, un pastor. El haber sido criados por una prostituta y ser considerados como sus hijos no era tan imponente como proclamar por el mundo que la ciudad tenía su origen en unos gemelos salvados por una loba.

La Escultura de la Loba Capitolina

Al pensar en la Loba Capitolina, a todos nos viene a la cabeza la mundialmente conocida escultura de los Museos Capitolinos. Una escultura de bronce de 75 centímetros de alto que representa a Luperca amamantando a los dos gemelos. Recientes estudios han demostrado que la estatua se fecha en los siglos XI o XII. Casi con total probabilidad, ésta sea una copia realizada de otra más antigua, de origen etrusco. Una curiosidad es que las dos pequeñas figuras, también de bronce, de Rómulo y Remo, fueron añadidas a finales del siglo XV. La escultura de Luperca es con toda seguridad uno de los mayores atractivos de los Musei Capitolini. Por todo lo que representa Luperca y también la escultura. Pues puede que la original etrusca hubiese tenido alguna función sagrada en la antigua Roma.

De la Loba Capitolina tenemos una pequeña réplica en la Plaza del Campidoglio, en la cima de Roma, vigilando lo que han sido capaces de crear sus cachorros. La pequeña réplica que está fuera de los museos, justo enfrente, atrae también una atención considerable. En la cima de una pequeña columna, parece vigilar Roma como su mejor guardiana. Como lo fue tantos años atrás con sus fundadores.

El Origen de La Loba Capitolina

Luperca en la Cultura Popular

La Loba Capitolina ha formado parte del folclore romano durante siglos y milenios. Una figura que está muy arraigada en la representación de Roma y que en la actualidad vemos a diario. No solo en Roma, sino también en cómo el resto del mundo ve a Roma. Lo vemos incluso en el fútbol en Roma. Donde la AS Roma lleva en su escudo a la Loba Capitolina y uno de sus célebres apodos es La Lupa (La Loba en italiano).

Es muy común encontrarnos con Luperca en Roma y no solo si vamos al Campidoglio. En el barrio de Garbatella podemos encontrarnos Street Art con versiones modernas de la loba. Otro barrio cercano, el de Testaccio, tiene un enorme mural de una loba encerrada llamado ‘Jumping Wolf’. Una loba que sigue por las calles de Roma, incluso llegando al Vaticano donde la vemos en una fachada de Via de la Conciliazione. Una Roma, una loba, que sigue recordando sus orígenes.

Reflexiones sobre el Mito

Esta historia legendaria, con lo que tiene tanto de histórico como de narración mítica, ha representado la imagen de Roma. Nombres y fechas que la hacen única y siguen dando renombre a la ciudad. Al encontrar los relatos literarios, desde los más antiguos hasta los más recientes; al estudiar los últimos descubrimientos arqueológicos, para todos nosotros sigue siendo una experiencia única poder revivir la época de Rómulo y Remo en el Palatino, el Foro o el Campidoglio.

El Palatino, que hace sombra al valle del Velabro y el Foro Boario, bajando hacia el Tíber, recibe el nombre de Germalus. La naturaleza se hace fabulosa: cuenta fábulas con su nombre propio. Los ‘hermanos - germanus’ que se salvan bajo su altura se recuerdan así en el eco de las rocas, en la perpetua sombra que, como en otros días sin tiempo, Marte derrama desde lo alto protegiendo sus cachorros. Un lugar de hechos fantásticos que entrelazan historias de incontenibles fuerzas divinas y compasivas miserias humanas en héroes como Hércules.

Hoy, como entonces, una loba y un ‘pico’ (pájaro carpintero) siguen siendo símbolos de la protección divina de los gemelos. Un nacimiento maravilloso, exuberante de vitalidad, que el padre Tíber desbordado no sumerge sino que acompaña. Una higuera cobija como fértil orilla el lugar en donde se amamantan los niños en una naturaleza que los ayuda y salva. Parece que Ops, mujer de Saturno, hace surgir del suelo leche y miel. El Ruminal, pecho abundante de la naturaleza nodriza, nos sigue recordando cómo los designios divinos son capaces de vencer incluso las maquinaciones de los reyes.

Estos niños nos indican que la historia puede tener tantos orígenes. Roma no surge con los ab-orígenes, antiguos pobladores de estos bosques, sino de los descendientes de Eneas, un extranjero que escapaba de la guerra en Troya. Con ellos inicia una nueva ciudad -urbe que llegará a ser un ‘orbe’- un mundo regido por leyes que, como las de la física, parecen ordenar las partes de un todo. Un organismo que, con ánima, se renovará en varias ocasiones, siempre a través de pruebas y sacrificios.

Las ubres del Ruminal se hallan en el Foro Romano y también el ombligo (umbelicus) que nutre este cuerpo desde las profundidades. En Roma nos asomamos incluso al umbral de la puerta hacia el ‘mundus’ inferior en el que reina Manía y sus ‘manes’. En la superficie, es Rea Silvia la protagonista de esta historia por contener en su seno la esperanza, incluso sin saberlo. Fue condenada por su tío Amulio a una virginidad necesaria. Sin embargo, su embarazo desvelará una amenaza a los proyectos del usurpador hasta llegar a un parto liberador. La supervivencia de ambos niños, cubiertos como pastores bajo pieles de oveja, con los cuidados de Fáustulo y Aca Larencia, frustrará definitivamente el reino de Amulio en ‘Alba Longa’.

Queremos olvidar la leche que sorbimos en las ubres de Dios. Dios nos amamantaba en figura de loba como a Rómulo y Remo, abandonados. Abandonados siempre. ¿De qué? ¿De quién? ¿De dónde? No importa. Nada más abandonados.

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