Triple Crimen de Burgos: Un Misterio sin Resolver

Hace unos días se han cumplido veinte años de un triple crimen: alguien, aún no se sabe con certeza quién, entró en el piso de la familia Barrio en Burgos y asesinó al padre, la madre y el pequeño Álvaro, un crío de tan solo doce años. La policía investigó a muchas personas y acusó formalmente a dos, pero nada ha servido, hasta el momento, para esclarecer el asesinato.

El Horrendo Descubrimiento

La Desaparición y Búsqueda

El 7 de junio de 2004, Domitila Barrio echó en falta a su sobrino Salvador, que tenía previsto presentarse en La Parte de Bureba. La mujer llamó al concesionario Arcasa Motor, donde Salvador tenía previsto recoger una cosechadora que acababa de comprar. Domitila llamó a varios hospitales y a otro sobrino médico para comprobar si habían tenido un accidente. El lunes por la tarde, Domitila y otros familiares fueron al domicilio de Salvador en la Parte de Bureba, pero allí no había ni rastro de ningún miembro de la familia.

El Hallazgo de los Cuerpos

A la 1.45h de la madrugada del 8 de junio, Domitila, su marido y su sobrino Ángel Carlos se dirigieron a la casa de la familia Barrio en Burgos. Llamaron a la puerta varias veces y al teléfono de Salvador, que oyeron sonar. José, el esposo de Domitila, fue quien accedió a la casa. A simple vista, en el hall de entrada y en la cocina, había manchas de sangre en el suelo y las paredes. Además, pudo vislumbrar el cadáver de Salvador en la cocina, debajo de una mesa. A la 1.55h, Ángel Carlos, sobrino de Domitila, llamó a la Policía: “en la calle Jesús María Ordoño, 14, 5ºA hay mucha sangre y no sabemos lo que ha pasado”.

Foto exterior del edificio en la calle Jesús María Ordoño, Burgos

A su llegada, la Policía encontró los cuerpos de Salvador Barrio, de cincuenta y tres años; su esposa, Julia Dos Santos, de cuarenta y siete; y Álvaro Barrio, que en dos semanas cumpliría doce años.

La Escena del Crimen y las Víctimas

Detalles de la Escena

En la cocina, vestido con pijama y descalzo, estaba Salvador. Al fondo del pasillo distribuidor de la vivienda, como si hubiese tratado de huir, estaba el cuerpo del pequeño Álvaro y en el interior del dormitorio del matrimonio, entre la cama y la pared, estaba el cadáver de Julia.

En la puerta de la habitación de Álvaro había una huella de sangre que correspondía a una patada. El asesino había tirado la puerta de una patada, probablemente porque el pequeño intentó esconderse allí. Los interruptores de la luz estaban limpios, por lo que el agresor se movió por el piso a oscuras o con ayuda de una linterna, y podía conocer el piso. Además de esa huella en la puerta, la Policía encontró por toda la casa huellas de pisadas de sangre con forma de espiga de unas zapatillas de unos veintiocho centímetros de largo. En la cocina había signos de lucha y el cuerpo de Salvador, con múltiples pisadas alrededor, de una zapatilla deportiva del número 44. Se observó un bolso tirado en el suelo y un pantalón con los bolsillos dados la vuelta, síntoma de que había sido registrado buscando algo.

Infografía: Recreación de la disposición de los cuerpos en la vivienda

Las Heridas y el Arma

Los forenses determinaron que todas las heridas fueron hechas con el mismo arma: un cuchillo de doble filo, con una anchura de hoja de unos dos centímetros y medio. La policía concluyó, por la disposición de los cuerpos y las proyecciones de sangre, que Salvador y Julia fueron sorprendidos en la cama, aunque él logró salir de la estancia y fue apuñalado en el pasillo, en el recibidor y en la cocina, donde cayó muerto. Su mujer murió antes, en la misma habitación. El pequeño Álvaro fue atacado en el pasillo, a donde salió seguramente alertado por los ruidos, intentó esconderse en su habitación y finalmente fue cosido a puñaladas en el pasillo. La secuencia de los hechos termina con el asesinato de Salvador, rematado en la cocina mientras intentaba coger un arma para defender a su familia.

Según los primeros informes forenses, Salvador tenía sesenta y nueve heridas; Julia, veintiuna, y el pequeño Álvaro, treinta y nueve, sumando un total de ciento veinticinco puñaladas, una "carnicería". Los tres cuerpos estaban degollados, con profundas heridas en el cuello. Posteriormente, un criminólogo de la Universidad Isabel I destacó que el primero en morir fue Salvador, que tenía 50 cuchilladas, después Julia, con 17 y un golpe en la cabeza, y por último, Álvaro, que sufrió 32 puñaladas, sumando un total de 99 puñaladas.

El Único Superviviente: Rodrigo Barrio

El único superviviente de la familia era el hijo mayor de Salvador y Julia, Rodrigo Barrio, que estaba interno en un colegio de Aranda de Duero. La mañana siguiente al descubrimiento de los cadáveres, dos policías se desplazaron allí para darle la noticia y el chico sufrió un ataque de ansiedad que le hizo acabar ingresado en la unidad de psiquiatría del hospital Divino Vallés de Burgos. Rodrigo, que en ese momento tenía 16 años, lo perdió todo lo que importa en la vida, y habría sido la cuarta víctima si no hubiera estado a 80 kilómetros en su internado.

Foto de un internado (genérico) para representar el lugar donde estaba Rodrigo

Las Primeras Pistas y el Perfil del Asesino

Huellas de Calzado: Una Pieza Clave

La policía concluyó que los crímenes habían sido obra de un solo autor y que este accedió a la vivienda con unas llaves, porque no había signos de que la cerradura fuese forzada. Además, las persianas estaban bajadas. Las pisadas que el asesino dejó por el suelo de la casa y en la puerta de la habitación del pequeño Álvaro fueron una pieza clave. Seis meses después del crimen, la Comisaría General de Policía Científica reconoció que era incapaz de determinar el modelo de zapatilla, así que pidieron ayuda a través de Interpol. La policía danesa fue la primera que señaló que se trataba de una zapatilla de la marca Dunlop y un experto alemán fue más preciso: se trataba de una zapatilla del número 43 de esa marca. Posteriormente, se afinó más: la pisada correspondía al modelo Dunlop Navi Flash, y la talla oscilaría entre un 42 y un 44. La policía buscó por toda la provincia de Burgos comercios que vendiesen esa zapatilla y todos los consultados dijeron que llevaban al menos seis años sin venderlas y que su única vía de distribución en los últimos tiempos habían sido los mercadillos.

El inspector de Policía Científica Máximo Carretero recordó que en el rellano del sexto piso, donde había una sala de máquinas, encontraron "una huella de las mismas características que la encontrada en la casa", muy cerca de una colilla. Esta huella en la sexta planta, sin marca, también fue recogida por su posible valor. El asesino no entró para robar, ya que se dejó las carteras y el efectivo que había en la casa. Sin embargo, sí desaparecieron las llaves del coche de Salvador.

Ilustración de una huella de zapatilla tipo Dunlop Navi Flash

El Perfil del Presunto Homicida

El análisis que la policía hizo de todo lo hallado en el escenario de los hechos dio un perfil bastante nítido del asesino: un hombre que conocía a la familia Barrio; que tenía llaves de su portal y su casa; con un estado físico superior a la media, que le permitió apuñalar en repetidas ocasiones y reducir a tres personas, una de ellas, Salvador, de noventa kilos; diestro en el manejo de armas blancas y probablemente habituado a sacrificar animales degollándolos; de estatura superior a 1,75 metros.

Los Sospechosos Iniciales

Motivos Barajados y Otras Investigaciones

El primer móvil que se barajó en la investigación fue el del robo: la mañana posterior al crimen Salvador tenía previsto ir a comprar una cosechadora que iba a pagar en metálico, un total de 138.000 euros que debía tener en casa esa noche, aunque nunca se pudo averiguar si fue así o no. Los agentes pensaron que el asesino podía creer que Salvador guardaba el dinero en su domicilio, porque era habitual que pagase en metálico. La policía investigó a diez personas que, por una u otra razón, tenían diferencias con el cabeza de familia, Salvador. Se puso bajo el radar a un ex legionario cuyos perros habían matado a unas gallinas de los Barrio, a un rival político, a un subinspector de Hacienda al que Salvador trabajaba las tierras, a un exnovio de su mujer. Pero ninguna de estas investigaciones llegó a buen puerto. Resultó sorprendente la cantidad de amenazas que la policía descubrió durante la investigación: averiguaron que Salvador había recibido llamadas amenazantes en su teléfono móvil, motivadas por la continua adquisición de tierras que Salvador conseguía mediante subastas.

Rodrigo Barrio, el Hijo Mayor, Bajo Sospecha

El primer candidato serio fue Rodrigo, el hijo mayor, de dieciséis años. Fue una acusación sostenida por unos cimientos bastante endebles: el hecho de ser heredero universal, que en su poder tuviese un colgante de su madre, la desaparición de las llaves de un coche. Se le detuvo y puso a disposición de la fiscalía de menores en junio de 2007, que lo dejó en libertad por falta de indicios cuatro días después. Según las investigaciones, Rodrigo habría cogido un coche del centro en el que permanecía interno, habría conducido durante un trayecto de unos 45 minutos hasta su casa de Burgos a pesar de ser menor, asesinado a su familia y vuelto al colegio. En marzo de 2010, el juzgado de menores de Burgos archivó definitivamente la causa contra él y dio un rapapolvo a la policía. Consideraba los indicios presentados como "simples conjeturas, hipótesis, elucubraciones o sospechas".

Remedios Dos Ramos, hermana de Julia, cuenta que tras el asesinato llevó a Rodrigo a su casa y que las numerosas llamadas que recibían del jefe de estudios del colegio le parecían extrañas. Benito Dos Ramos, hermano de Julia, relata cómo el jefe de estudios pidió hablar a solas con Rodrigo, quien no comentó nada de aquella charla. Remedios recuerda que su hermana le comentó que Rodrigo le había planteado marchar del internado un mes antes de los asesinatos, con un "miedo" no especificado. Sin embargo, Luis Muñoz, inspector de policía nacional, recordó un día clave en la investigación: el día que Rodrigo señaló a su mejor amigo como posible autor de los crímenes. Ese día, Rodrigo explicó a los agentes cómo se podía escapar del internado, acusando a su mejor amigo como autor del crimen. Declaró que "salir es muy fácil", "se puede salir por las habitaciones", "puedes salir desde el pasillo porque no hay apenas altura", "no hay vigilante", "no hay cámaras ni luces", "nos metemos a la cama a las once y nos levantamos a las ocho y media", numerando así la infinidad de posibilidades que tenían para escapar. Rodrigo dio la clave para salir del colegio, pero hasta Burgos, donde ocurrió el triple asesinato, había 80 km, por lo que hubieran necesitado un vehículo. Pedro Torres, abogado de la familia paterna de Rodrigo, considera que la investigación se dirigió contra el hijo de una forma errónea y le causó grandes problemas, considerando "demasiado forzada" la teoría de que "robó un coche en el colegio San Gabriel cuando no tenía ni carné de conducir, que vino e hizo el crimen y no se enteró nadie".

Sobreseimiento causa Rodrigo Barrio

Ángel Ruiz ("Angelillo"): El Otro Enfoque de la Investigación

Las Pintadas Ofensivas en el Panteón

Los investigadores volvieron a una pista que no estaba en la escena del crimen, sino en el panteón de Salvador Barrio en el cementerio de la Parte de Bureba. El 10 de junio de 2004, un día después del entierro de Salvador, aparecieron allí unas pintadas ofensivas hechas con ceras de color rojo en la puerta del nicho: "Hijo puta, cabrón, hijo puta, puta, cerdo". Tanto Rodrigo, como varios vecinos apuntaron a un individuo apodado Angelillo como el único tipo capaz de hacer algo así. Angelillo es Ángel Ruiz Pérez, la misma persona que durante el entierro de los Barrio pasaba dando acelerones con el tractor cerca del cortejo fúnebre. Un estudio grafológico demostró que su letra era la de las pintadas y en su domicilio la policía encontró dos páginas de El Norte de Castilla que recogían el triple crimen y ceras como las empleadas en las pintadas. Fue detenido en marzo de 2005, acusado de un delito contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos. Fue condenado por las pintadas en el cementerio, pero la titular del juzgado de Instrucción número 2 ordenó archivar la causa contra Ángel Ruiz por su presunta implicación en el crimen de la familia Barrio, señalando que no se habían descubierto indicios que apuntaran hacia él como el autor del triple asesinato.

Reapertura del Caso por Sucesos Ajenos al Crimen

La investigación estuvo encallada hasta 2014, cuando se impulsó gracias a dos acontecimientos ajenos al triple crimen, pero relacionados con uno de los sospechosos, Angelillo, el hombre de las pintadas.

El Atropello Mortal de Rosalía

El 28 de agosto de 2011, Rosalía, una mujer de ochenta y cuatro años, fue atropellada mortalmente en La Parte de Bureba por un conductor que se dio a la fuga. Catorce meses después, el 23 de octubre de 2012, la Guardia Civil detuvo a Angelillo como autor del atropello. Después fue juzgado y condenado a dieciocho años de cárcel. El motivo del crimen de la anciana fue saldar una vieja deuda: la mujer había denunciado a Angelillo por entrar en su casa y recriminarle que había hablado con su madre sobre una intrusión que hizo con su tractor en las tierras de Rosalía.

La Desaparición de Shibil Angelov

Otro extraño suceso puso a Angelillo en el punto de mira. En 2013, un juzgado de Briviesca abrió diligencias por la desaparición de Shibil Angelov, un ciudadano búlgaro. En septiembre u octubre de 2012, poco antes de que fuese detenido por el atropello, Angelillo ofreció a Shibil diez mil euros por matar a un familiar en Vizcaya. Shibil cobró la mitad de lo acordado, cinco mil euros, pensando que Ángel era un loco, y se compró en Bulgaria un BMW que luego trajo a España. El 17 de enero de 2013 es el último día en el que se tienen noticias de Shibil. En los dos días previos, Angelillo y él hablaron treinta y siete veces. Ese mismo día, Ángel apaga sus tres teléfonos móviles, que no vuelve a encender hasta cuatro días después. En febrero de 2013, la Guardia Civil detuvo a Ángel.

Nuevas Pruebas y Evidencias contra Ángel Ruiz

En los registros practicados en sus propiedades aparecieron varias cosas que multiplicaron las sospechas hacia él: una veintena de llaves de distintos domicilios, unas zapatillas Dunlop del número 43 y varias hojas de cuchillos, una de ellas compatible con las heridas que tenían los tres asesinados. La Policía Nacional no halló evidencias biológicas para apoyar su tesis -basada en 13 indicios- de que Ángel Ruiz es el presunto autor del triple crimen. Entre los indicios se destacan:

  • La talla de pie de este sospechoso coincide con la de la huella de la puerta del dormitorio del pequeño Álvaro, que el autor de los hechos tiró abajo de una patada. El investigado calza un 43 y ese vestigio se corresponde con un 43-45.
  • Existen coincidencias de marca (Dunlop) con las zapatillas intervenidas durante las pesquisas del caso de la desaparición de Shibil Angelov.
  • Esa misma patada, según el estudio del Laboratorio de Bioquímica de la Facultad de Actividad Física y del Deporte de la Universidad Complutense, fue propinada por una persona que mide entre 1,63 metros y 1,77. Ruiz está en esa horquilla, en 1,76 exactamente.
  • En uno de los inmuebles del investigado apareció un cuchillo de hoja bicortante que, según los forenses, explicaría la mayoría de las heridas que presentaban los cuerpos.
  • La Policía considera que Salvador Barrio solo tenía problemas con este sospechoso, según los testimonios de parientes del investigado y de otros vecinos de La Parte de Bureba.
  • Aunque no tenía carné de conducir, solía manejar habitualmente la Nissan Vanette de su padre.
  • El día de los hechos no disponía de coartada, ya que en su casa del pueblo no había nadie, pues su padre fue ingresado el día antes en el Hospital Universitario de Valladolid.

Las pruebas periciales sobre él «no revelan existencia de enfermedad psicótica» y señalan que «es capaz de comprender y diferenciar entre actos lícitos e ilícitos». En 2017, la policía registró más propiedades vinculadas a Angelillo en Briviesca y en La Parte de Bureba y encontraron una caja de zapatillas Dunlop de la talla 43. En 2021 se volvieron a registrar dos almacenes y un garaje de Angelillo, donde se encontraron más cuchillos. Milagros del Campo, docente de la Universidad Isabel I y encargada de realizar un informe pericial sobre Ángel Ruiz, explicó que lo que más llama la atención es su actitud defensiva, "una persona muy fría emocionalmente" que "piensa que los demás tienen intenciones de socavar sus intereses". La experta en psicología forense destacó que "hay un trastorno de personalidad de tipo paranoide".

Foto de unas zapatillas Dunlop Navi Flash (genéricas) y juego de llaves variadas

El Curso Actual de la Investigación y la Perspectiva Familiar

La Divisoria Familiar y las Acusaciones

Tras la muerte de sus padres y hermano, Rodrigo se trasladó a Galicia con varios de los hermanos de su madre y tutores legales desde ese 7 de junio de 2004. La acusación de Rodrigo como posible autor del triple crimen destapó las sospechas de sus tíos, que empezaron a pensar que su sobrino había sido el asesino. «La visión de los hechos la tengo muy formada», cuenta Benito Dos Ramos, hermano de Julia. Benito y sus hermanos cortaron la relación con Rodrigo hace años. «Debe cambiar de móvil cada poco tiempo», añade. Describe que, como tutores legales de Rodrigo, intentaron ayudarle de la mejor manera posible, pero percibió que "era una persona que no daba la cara, que se escondía, que se parapeta detrás y decía que se buscaran la vida para dar con los culpables". «Luego empiezas a ver detalles, mentiras y, además, te intentaba cambiar de rumbo cuando ibas en una línea concreta. Eran cosas fundamentales para la investigación y ponía esas trabas. Podría decir folios y folios de varias cosas. Rodrigo debería estar tirando del carro de esta situación», prosigue Benito.

Pedro Torres, abogado de la familia paterna de Rodrigo, argumenta que las familias se han dividido por razones económicas, y que la familia Barrio, en La Parte de Bureba, también está desanimada. «La familia está desanimada, entre ellos el hijo. Es el primer interesado en saber qué ha pasado. Están con muy pocas esperanzas de que haya luz en el asunto».

Estado Judicial del Caso y la Persistencia de la Esperanza

El caso volvió a reabrirse en 2014, y una vez más se centró en Angelillo, aunque la investigación sigue estando en secreto de sumario. Por el momento, solo una de las partes personadas, la acusación particular ejercida en nombre de Rodrigo Barrio, ha solicitado la incoación de juicio oral contra Ángel Ruiz. Hay que recordar que el joven Rodrigo, quien era menor en el momento del crimen, fue investigado, pero la Fiscalía y el juzgado de Menores rechazaron juzgarlo «porque toda la acusación estaba fundada en un cúmulo de conjeturas». El abogado del hermano de Salvador Barrio, Félix, va a esperar a la decisión de la titular del juzgado de Instrucción 2 para estudiar después si recurre la resolución en el supuesto de que archive el procedimiento. La defensa de Angelillo y la acusación de la familia gallega de Julia solicitan, como la Fiscalía, el archivo provisional.

Benito Dos Ramos no pierde la esperanza, aunque lamenta la poca ayuda y la paralización del caso. «He perdido muchísima salud y es una losa que llevamos encima. He estado desde el primer día y he visto gente que se ha implicado y otros que se han quedado detrás de la mesa, a la sombra».

Luis Muñoz, el inspector de Policía Nacional que llevó el caso, expresa su frustración: «Me da que los jueces están un poco desanimados para seguir esta investigación. No tiene un final lógico. El caso está vivo, pero medio paralizado».

Sobreseimiento causa Rodrigo Barrio

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