La adaptación a la secuencia de cambios que acontecen tras el nacimiento del recién nacido supone un reto para la medicina perinatal. Existen situaciones patológicas (madre, feto, placenta) que pueden alterar la secuencia de cambios y comprometer la adecuada transición fetoneonatal. El shock es un estado de hipoperfusión de los órganos que produce disfunción y daño celular. Si esta situación se prolonga, tiene como consecuencia disfunción y muerte celular. Los mecanismos pueden incluir una disminución del volumen circulante, disminución del gasto cardíaco y vasodilatación, a veces con derivación de la sangre que saltea los lechos de intercambio capilar.
Fisiopatología del Shock y la Hipoperfusión
El principal problema en el shock es la reducción de la perfusión de los tejidos vitales. Al disminuir la perfusión, el oxígeno transportado a las células es inadecuado para el metabolismo aerobio, y las células pasan a un metabolismo anaerobio con aumento de la producción de dióxido de carbono y de los niveles sanguíneos de ácido láctico. La función celular disminuye, y si el shock persiste, se produce daño celular irreversible y muerte celular.
Durante el shock pueden dispararse las cascadas de inflamación y coagulación en áreas de hipoperfusión. Las células del endotelio vascular hipóxicas activan a los leucocitos, que se unen al endotelio y liberan sustancias que producen daño directo (p. ej., especies reactivas del oxígeno, enzimas proteolíticas) y mediadores inflamatorios (p. ej., citocinas, leucotrienos, factor de necrosis tumoral [TNF]). La coagulación intravascular diseminada (CID) a veces puede ser el resultado de la activación de estas cascadas. La combinación de las lesiones directa y de reperfusión puede causar un síndrome de disfunción orgánica múltiple (SDOM), que es la disfunción progresiva de ≥ 2 órganos debido a una enfermedad o lesión con riesgo de vida.
Clasificación y Etiología del Shock en Pediatría
El shock en el paciente pediátrico puede presentarse bajo distintas formas, según el mecanismo fisiopatológico predominante que compromete la perfusión tisular. Una clasificación clara y actualizada permite orientar el diagnóstico precoz y aplicar un tratamiento dirigido. Actualmente se reconocen seis tipos principales de shock en pediatría:
- Shock hipovolémico: Se debe a una disminución crítica del volumen intravascular. Una causa frecuente es el sangrado (shock hemorrágico) o el aumento de las pérdidas de otros líquidos corporales distintos de la sangre (no hemorrágicos, como la deshidratación).
- Shock distributivo: Se produce por una inadecuación relativa del volumen intravascular debido a vasodilatación venosa o arterial. Dentro de este grupo se encuentra el shock séptico, que es el más frecuente en neonatos, y se caracteriza por una alteración grave de la perfusión tisular debido a una respuesta inflamatoria sistémica desregulada. Otros subtipos incluyen el shock anafiláctico y el shock neurogénico.
- Shock cardiogénico: Es una reducción relativa o absoluta del gasto cardíaco debido a una afección cardíaca primaria, como una miocarditis o arritmia.
- Shock obstructivo: Se debe a factores mecánicos que interfieren con el llenado o vaciado del corazón o los grandes vasos, tales como neumotórax a tensión o taponamiento cardíaco.
- Shock disociativo: Poco frecuente en recién nacidos.
- Shock combinado: Una combinación de los anteriores.

Signos Clínicos de Hipoperfusión en Lactantes
Ante una disminución de la perfusión tisular sostenida, el organismo activa mecanismos compensatorios con el objetivo de preservar el flujo sanguíneo hacia órganos vitales como el cerebro y el corazón. La presión arterial no siempre está disminuida en las primeras etapas de shock (aunque, si este no se revierte, se puede acabar produciendo hipotensión). De manera similar, no todos los pacientes con presión arterial “baja” tienen shock. La mayoría de los niños debutan con taquicardia sin hipotensión, debido a la eficacia de los mecanismos fisiológicos compensatorios. La hipotensión es más bien un signo tardío y de mal pronóstico.
Shock Compensado
Es la fase inicial y más fácilmente reversible. Los signos clínicos incluyen:
- Palidez: Piel pálida o grisácea.
- Piel fría y sudorosa: Manos y pies fríos, húmedos y a menudo cianóticos.
- Relleno capilar enlentecido: Mayor de 2 segundos. La evaluación del llenado capilar es de gran relevancia.
- Taquicardia: Aumento de la frecuencia cardíaca (> 100 latidos/minuto).
- Taquipnea: Frecuencia respiratoria elevada (> 22 respiraciones/min).
- Oliguria: Producción de orina < 0,5 mL/kg/hora.
- Estado mental alterado: Cierto grado de agitación, irritabilidad, letargo, confusión o somnolencia.
La presión arterial suele mantenerse dentro de rangos normales para la edad, lo cual puede hacer que el shock pase desapercibido si no se valora correctamente.
Shock Descompensado
Ocurre cuando los mecanismos de compensación son insuficientes y comienza el fallo hemodinámico. La hipoperfusión mantenida conduce a metabolismo anaeróbico, acidosis láctica e insuficiencia multiorgánica incipiente. Los signos incluyen:
- Hipotensión: Tensión arterial sistólica < 90 mmHg o una caída de 30 mmHg en la tensión arterial basal, o no puede medirse.
- Debilidad de pulsos periféricos: A menudo solo se palpan los pulsos femorales o carotídeos.
- Bradicardia: En etapas terminales.
- Alteración de reflejos.
En esta fase, la hipoperfusión tisular que condiciona un inadecuado o insuficiente transporte de oxígeno a los tejidos, si esta situación se prolonga, tiene como consecuencia disfunción y muerte celular.
Características Específicas del Shock Séptico en Pediatría
A diferencia del adulto, el compromiso cardiovascular puede manifestarse precozmente en niños, lo que se conoce como “shock frío”, caracterizado por:
- Extremidades frías.
- Alteración cualitativa de conciencia.
- Llene capilar enlentecido.
- Respuesta miocárdica disminuida.
- Alta resistencia vascular sistémica (RVS).
Este se presenta en alrededor del 60% de los casos pediátricos y difiere notablemente del “shock caliente”, con una prevalencia del 20%, más comúnmente observado en adultos, con una resistencia vascular sistémica baja y taquicardia. En el shock distributivo (incluyendo el séptico), la piel puede estar caliente y enrojecida, y el pulso puede ser saltón más que débil. En el shock séptico es típica la fiebre, posiblemente precedida de escalofríos.

Diagnóstico del Shock
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la evidencia de una perfusión tisular insuficiente (depresión de los niveles de consciencia, oliguria, cianosis periférica) y signos de mecanismos compensatorios (taquicardia, taquipnea, diaforesis). Los hallazgos de laboratorio que apoyan el diagnóstico incluyen:
- Lactato: > 3 mmol/L (27 mg/dL).
- Déficit de base: < -4 mEq/L.
- PaCO₂: < 32 mmHg (< 4,26 kPa).
- Hemoglobina/Hematocrito: Descienden en controles seriados en caso de shock hemorrágico.
Sin embargo, ninguno de estos datos es diagnóstico por sí solo, y debe evaluarse cada uno según su tendencia (es decir, mejora o empeora) y en el contexto clínico, incluyendo los signos físicos. La espectroscopia cercana al infrarrojo es una técnica no invasiva y rápida que puede medir el grado de shock.
LLENADO CAPILAR
Manejo Inicial y Monitorización de la Hipoperfusión
El manejo del shock en el paciente pediátrico debe iniciarse de forma inmediata siguiendo un enfoque sistemático basado en el protocolo ABCDE. La intervención precoz mejora significativamente el pronóstico y reduce la mortalidad.
Protocolo ABCDE
- A (Airway - Vía aérea): Establecer una vía aérea permeable y sin secreciones.
- B (Breathing - Respiración): Administración de oxígeno para mantener una saturación de oxígeno mayor del 95%. La frecuencia respiratoria (FR) puede ser elevada.
- C (Circulation - Circulación):
- Canalización de vía venosa (vena umbilical, radial o tibial posterior).
- Administración de líquidos: Bolos de 20 ml/kg a administrar en unos 10-20 minutos. Puede ser necesario hasta 100-200 ml/kg en la primera hora. Los cristaloides isotónicos (suero salino fisiológico o Ringer lactato) son la primera elección. En neonatos o pacientes con cardiopatía, los bolos deben ser más lentos y cuidadosos.
- Fármacos inotrópicos y vasoactivos: Iniciar fármacos vasoactivos si no hay respuesta tras dos bolos de líquidos. La elección depende del tipo de shock (dopamina, dobutamina, adrenalina o noradrenalina).
- Monitorización: Frecuencia cardíaca (FC), respiratoria, presión arterial (TA), saturación de oxígeno (SpO₂), temperatura y diuresis horaria.
- D (Disability - Disfunción neurológica): Evaluar el estado de conciencia (por ejemplo, con la escala AVPU: alerta, responde a voz, responde a dolor, inconsciente).
- E (Exposure - Exposición): Control de temperatura.
Monitorización Específica para la Hipoperfusión
La monitorización perioperatoria debe ser individualizada según la gravedad de la presentación clínica y la respuesta a la terapia. Se sugiere utilizar variables hemodinámicas avanzadas en pacientes que requieren soporte vasoactivo o presentan refractariedad a fluidos.
- Monitorización continua: Frecuencia cardíaca, respiratoria, presión arterial, saturación de oxígeno y temperatura.
- Perfusión cutánea: Valorar región esternal o frontal.
- Diuresis horaria: 1-3 ml/kg/hora es un indicador adecuado en neonatos.
- Lactato sérico seriado: Su depuración ("clearance") es un marcador importante.
- Saturación venosa central de oxígeno (SvO₂).
- Gradiente de CO₂ venoso central-arterial.
- Ecocardiograma funcional: Útil para evaluar la función miocárdica, respuesta a fluidos, y causas reversibles de shock.
- Flujo de la Vena Cava Superior (FVCS) y su variabilidad con el ciclo respiratorio: Indicadores de precarga.
- Tonometría gástrica.
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