Manejo de la Hemorragia Postparto Precoz: Un Protocolo Asistencial

Introducción a la Hemorragia Postparto

La hemorragia postparto (HPP) es una de las complicaciones obstétricas más temidas y representa una de las tres primeras causas de mortalidad materna a nivel mundial. Es crucial su manejo rápido y eficaz por parte de todos los especialistas dada su frecuencia y morbimortalidad.

Definición y Clasificación

Universalmente, la hemorragia postparto se define como la pérdida hemática superior a 500 ml tras un parto vaginal o a 1.000 ml tras una cesárea. Sin embargo, esta definición clásica puede presentar el inconveniente de la subjetividad del clínico, quien tiende a subestimar estas cifras. Por ello, se hace necesario y recomendable añadir que la hemorragia postparto es, además de un sangrado excesivo, aquella que repercute en la paciente y la hace presentar síntomas y/o signos evidentes de hipovolemia.

Es fundamental distinguir entre hemorragia postparto precoz y tardía:

  • La hemorragia postparto precoz (HPP) es aquella que ocurre durante las primeras 24 horas tras el parto y es generalmente la más grave.
  • La hemorragia postparto tardía es la que acontece después de 24 horas tras el parto hasta 6 semanas después del mismo.

Contexto y Guías Multidisciplinarias

Actualmente, la mejor atención obstétrica y la mayor disponibilidad y mejor uso de fármacos oxitócicos han contribuido a que su incidencia no supere el 5% en países desarrollados, con análisis estadísticos que incluso calculan cifras en torno al 1%. No obstante, su manejo sigue siendo un reto multidisciplinar, haciendo de gran importancia que cada unidad maternal cuente con un protocolo de actuación bien definido para su prevención, diagnóstico y tratamiento.

Guías multidisciplinarias, como la avalada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR) y Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), buscan mejorar el abordaje de la HPP con el objetivo de prevenir muertes maternas y reducir complicaciones evitables.

Causas y Factores de Riesgo de la Hemorragia Postparto Precoz (HPP)

Las causas de HPP se adaptan a la regla mnemotécnica de las "4 T", que de mayor a menor frecuencia son: Tono, Tejido, Trauma y Trombina. En la mayoría de los casos (hasta 2/3) la HPP es imprevisible, incluso en pacientes de bajo riesgo.

Diagrama de las 4 T de la hemorragia postparto

1. Tono (Atonía Uterina)

Es la causa más frecuente, siendo responsable del 80-90% de las HPP. Se basa en la premisa: «Un útero vacio y contraído no sangra». Los factores de riesgo incluyen:

  • Sobredistensión uterina: por gestación múltiple, hidramnios o feto macrosoma.
  • Agotamiento muscular: por parto excesivamente prolongado, rápido y/o gran multiparidad.
  • Corioamnionitis: fiebre, ruptura prolongada de membranas (RPM).

2. Tejido (Retención de Productos de la Concepción y/o Coágulos)

La salida de la placenta tiene lugar en los primeros 30 minutos tras el parto. Si no es así, podría tratarse de una placenta retenida o una placenta adherente por una implantación anormal de la misma, como las placentas ácreta, íncreta o pércreta. El acretismo placentario, aunque poco frecuente (1/2.500 partos), ha registrado una incidencia ascendente en los últimos años, con un riesgo que aumenta a medida que lo hace el número de cicatrices uterinas.

3. Trauma (Desgarros/Laceraciones, Rotura Uterina, Dehiscencia, Inversión)

Esta categoría supone la segunda causa más frecuente de HPP. Se puede manifestar de diferentes formas:

  • Desgarros/laceraciones: suelen manifestarse como un sangrado vaginal activo propio de partos instrumentados o con episiotomía. Pueden también presentarse como hematomas vulvares y vaginales.
  • Rotura uterina: definida como la pérdida de integridad de la pared del útero. El factor de riesgo más comúnmente implicado es la existencia de una cirugía uterina previa, siendo la cesárea con histerotomía transversa segmentaria baja la más frecuente. Otros factores incluyen partos traumáticos e hiperdinamia / hiperestimulación uterinas.
  • Dehiscencia uterina: se define como la separación de la capa miometrial que asienta sobre una cicatriz uterina previa, a diferencia de la rotura uterina propiamente dicha.
  • Inversión uterina: una complicación obstétrica muy poco frecuente atribuida a una excesiva tracción del cordón y presión sobre el fondo uterino (Maniobra de Credé). Los principales factores de riesgo son el acretismo placentario y el alumbramiento manual.

4. Trombina (Alteraciones de la Coagulación)

Estas alteraciones pueden ser previas o adquiridas durante el embarazo y afectan la capacidad de la sangre para coagularse adecuadamente.

Otros Factores de Riesgo

Además de las causas descritas, existen otros factores de riesgo como la edad materna avanzada y la miomatosis uterina. El hecho de haber sufrido una HPP en una gestación anterior también es un factor de riesgo importante.

Factores de Riesgo Específicos del Parto Precipitado

Un estudio observacional sobre partos vaginales con duración inferior a 180 minutos identificó los siguientes factores de riesgo asociados de manera independiente a mayores pérdidas sanguíneas en partos precipitados:

  • Nuliparidad.
  • Niveles de hemoglobina preparto elevados.
  • Mayor edad gestacional.
  • Realización de alumbramiento manual.
  • Empleo de episiotomía.

La realización de alumbramiento dirigido, por otro lado, se estableció como un factor protector frente a mayores pérdidas sanguíneas, situándose la pérdida de hemoglobina promedio en 1,0 g/dL.

Las conclusiones de este estudio sugieren que la restricción de la práctica de la episiotomía y el empleo del alumbramiento dirigido son medidas claves modificables para reducir las pérdidas sanguíneas en partos precipitados y mejorar el estado materno postparto.

Diagnóstico Clínico de la HPP

El diagnóstico de la HPP suele ser evidentemente clínico, apareciendo una pérdida hemática excesiva antes del alumbramiento de la placenta (hemorragia de la tercera fase) o después (HPP verdadera). Más allá de intentar cuantificar la hemorragia, es fundamental valorar la repercusión de la misma sobre el estado hemodinámico de la paciente.

Signos de Hipovolemia y Shock Hemorrágico

El sangrado debe ser constantemente evaluado, prestando atención a los signos de aparición y progresión del shock hemorrágico. La pérdida sanguínea se relacionará con la aparición de clínica como:

  • Taquicardia.
  • Taquipnea.
  • Disminución de la presión sanguínea (TA sistólica).
  • Alteraciones del relleno capilar.
  • Disminución de la diuresis.
  • Alteraciones del estado mental.
Tabla o diagrama de los grados de shock hemorrágico y sus síntomas

Manejo General y Resucitación

Ante una HPP, una actuación inmediata y secuencial es crucial. Se recomienda disponer de un plan de acción previamente establecido y que resulte familiar al personal de la maternidad. El obstetra debe ser capaz de identificar si una maniobra para la corrección de la hemorragia es exitosa o insuficiente, procurando que la demora en la aplicación de medidas sucesivas sea la mínima posible.

Medidas de Soporte Hemodinámico

La conducta inicial ha de centrarse en mantener y/o recuperar la estabilidad hemodinámica de la paciente. Para ello, se debe poner en marcha el procedimiento de resucitación habitual:

  • Mantener la vía aérea permeable y aportar oxígeno.
  • Fluidoterapia agresiva: Instaurar 2 vías de 16 G o superiores y aportar suero fisiológico (SF) o Ringer Lactato a razón 3:1 (300 cc de reposición por cada 100 ml perdidos).
  • Transfusión sanguínea: En general, debe considerarse cuando se han perdido entre 1 y 2 litros de sangre aproximadamente.
    • Si se administran 5 o más concentrados de hematíes, debe añadirse plasma fresco congelado para reducir el impacto de la coagulopatía dilucional.
    • Deben administrarse concentrados de plaquetas si el recuento desciende por debajo de 20.000 o si hay disfunción plaquetaria.
    • Considerar detener la transfusión una vez alcanzada una hemoglobina >8 gr/dl (hematocrito >21%), recuento plaquetario >50.000, o tiempos de coagulación (TP y TTPa) inferiores a 1,5 veces el valor control.

Monitorización y Control

Durante este tiempo, las constantes vitales (TA, pulso, saturación de O2) deben ser monitorizadas y obtenerse analíticas seriadas cada 30 minutos. Simultáneamente, ha de colocarse una sonda urinaria con la triple función de favorecer la contracción uterina (gracias al vaciado vesical), preparar a la paciente en caso de una intervención quirúrgica y controlar la diuresis.

Manejo Específico según la Etiología

Hemorragia Postparto de la Tercera Fase (Previas al Alumbramiento)

Las hemorragias postparto de la tercera fase (previas al alumbramiento de la placenta) son poco frecuentes. Si la placenta no emerge en los 30 minutos después del parto, debe sospecharse una placenta retenida o una inserción anormal de la misma.

Extracción Manual de la Placenta

En caso de placenta retenida, se procede a una exploración manual del útero. La extracción manual se efectúa introduciendo una mano enguantada en la cavidad uterina y controlando el fondo con la otra mano. Se sigue el cordón umbilical hasta su inserción y se identifica el borde inferior de la placenta para proceder a su separación mediante un movimiento de sierra. Una vez desprendida por completo, se tracciona de las membranas hacia el exterior mientras que con la mano situada sobre el fondo se realiza un masaje con un movimiento rotacional. Si esto no fuese suficiente y aún permaneciesen restos intracavitarios, debería realizarse un legrado.

Manejo del Acretismo Placentario

En casos de placentación anormal (acretismo placentario), puede resultar imposible extraer toda la placenta sin dañar el útero. En tales circunstancias, si el sangrado es controlable farmacológicamente, es preferible dejar parte de la placenta en la cavidad.

Reemplazamiento de la Inversión Uterina

Si ocurriese una inversión uterina, el primer paso sería detener la infusión de fármacos uterotónicos. Si el reemplazamiento manual es insatisfactorio, hay que recurrir a la administración de sustancias que relajen el útero y reintentarlo, siendo de elección la nitroglicerina (50-500 µg iv). Otras opciones son la terbutalina (0,25 mg iv) o el sulfato de magnesio (4-6 g a administrar en 15-20 minutos). Si estas medidas fracasan, el siguiente paso es la recolocación quirúrgica mediante laparotomía, siendo el procedimiento más empleado la técnica de Huntington. La colaboración con el anestesista es esencial para conseguir la total relajación del útero, siendo preferible la anestesia general con gases como halotano o enflurano, que son buenos útero-relajantes.

Hemorragia Postparto Precoz Verdadera (Después del Alumbramiento)

Se reconoce HPP verdadera cuando el alumbramiento de la placenta ya ha tenido lugar.

Manejo de la Atonía Uterina

En estas circunstancias, la causa más habitual es la atonía uterina. Para corregirla, el primer paso es realizar un masaje manual del útero con evacuación de los coágulos del segmento uterino inferior.

Tratamiento Farmacológico (Uterotónicos)

El manejo activo del alumbramiento, el masaje uterino y el uso de fármacos uterotónicos son fundamentales:

  • Oxitocina (Syntocinon): 10 U im o 10-40 U/l en dilución. Es la terapéutica de primera elección.
  • Metilergonovina (Methergin): 0,25 mg im o 0,125 mg iv cada 5 minutos (máx. 5 dosis). Contraindicado en hipertensión arterial (HTA) y, por tanto, en preeclampsia.
  • PG F2 alfa (Carboprost, Hemabate): 250 µg im cada 15 minutos (máx. 8 dosis).
  • PG E1 (Misoprostol, Cytotec): 400-600 µg vo o vía rectal (dosis habitual: 4 comprimidos de 200 µg vía rectal para mayor velocidad de absorción). Ventaja: puede administrarse en pacientes con asma o HTA. Pueden aparecer efectos secundarios dosis-dependientes como temblor y fiebre.
  • Carbetocina (Duratobal): 0,1 mg iv en bolo lento en dosis única. Análogo sintético de la oxitocina con vida media más larga, recientemente comercializado, lo que le confiere un rango de acción más prolongado (>1 hora). Se elimina vía hepática, por lo que está contraindicado en insuficiencia hepática, epilepsia, eclampsia/preeclampsia y trastornos cardiovasculares graves. Equivale a la administración de 50 UI de oxitocina con un perfil de seguridad similar, pero con la ventaja de un menor riesgo de pérdida hemática >200 ml y una menor necesidad de masaje uterino y administración extra posterior de oxitocina. No se recomienda su administración conjunta con prostaglandinas ni con oxitocina. En caso de sobredosis puede producir hipertonía y tetania (riesgo de rotura uterina y HPP) e hiponatremia (con somnolencia, cefalea, convulsiones y coma). El tratamiento consiste en administración de O2, regulación del balance hidroelectrolítico con inducción de diuresis y administración de anticonvulsivantes si precisa.

Manejo de Otras Causas (Útero Tónico)

Si el útero es tónico y la hemorragia continúa, se debe buscar la causa, ya sea por retención de restos ovulares/coágulos o laceraciones del canal blando del parto. Este procedimiento debe hacerse bajo anestesia general en quirófano. Se puede dejar taponamiento vaginal o uterino para evitar la formación de hematomas o mejorar la contractilidad.

Esquema de las diferentes causas de HPP con imágenes ilustrativas

Técnicas Adicionales y Quirúrgicas Avanzadas

Si el manejo inicial de la HPP resulta inefectivo y en ausencia de atonía uterina, esto puede indicar la rotura de un vaso o la necesidad de intervenciones más avanzadas.

Taponamiento Uterino

Existen balones específicamente diseñados para este propósito, como el balón de Bakri, aunque si no está disponible puede usarse una sonda-balón de Sengstaken-Blakemore. Ambos modelos actúan por compresión (se rellenan con aprox. 500 ml de suero salino) una vez introducidos correctamente a través del canal cervical, y disponen de orificios para el drenaje sanguíneo. Actualmente, es un procedimiento más utilizado como «puente» a la espera de una cirugía resolutiva que como método definitivo. No obstante, en ocasiones puede ser una medida eficaz por sí sola.

Embolización Arterial Selectiva por Radiología Intervencionista

Las técnicas endovasculares han sido desarrolladas como una alternativa menos invasiva a las intervenciones quirúrgicas, siempre que la paciente permanezca estable durante el procedimiento (que puede durar alrededor de una hora en manos expertas).

Descripción del Procedimiento y Materiales

La embolización arterial selectiva se realiza mediante cateterización por radiología intervencionista. El cateterismo se efectúa de forma retrógrada hasta llegar a la bifurcación aórtica. El objetivo es disminuir transitoriamente el flujo sanguíneo para que los mecanismos fisiológicos de coagulación actúen. El acceso percutáneo de la arteria femoral contralateral se suele realizar mediante la técnica de Seldinger, introduciendo un catéter radiopaco en la división anterior de la ilíaca interna. Se realiza una angiografía para comprobar la situación y existencia de sangrado (extravasación del contraste). Las arterias uterinas y vaginales suelen ser las más identificadas en el sangrado.

Los materiales de embolización incluyen microesferas (para vasos pequeños), almohadillas o espumas gelatinosas, espirales (coils) y pegamentos (para arterias de mayor tamaño o rotura de grandes vasos). Las espiras metálicas se usan en casos de daño arterial considerable, mientras que las espumas permiten reabsorción y restauración de la vascularización, minimizando el riesgo de complicaciones y preservando la fertilidad.

Ventajas y Preservación de la Fertilidad

Las técnicas de radiología intervencionista evitan riesgos derivados de la laparotomía y la pérdida de fertilidad que conlleva la histerectomía, lo cual es importante en pacientes jóvenes con deseo gestacional. La embolización de vasos pélvicos está relacionada con altas tasas de recuperación de menstruaciones regulares y embarazos (hasta el 100%).

Complicaciones

Las complicaciones importantes son escasas (3-6% de morbilidad, mucho menores que en las laparotomías), siendo las más comunes la fiebre postembolización, la isquemia en la zona de irrigación del vaso, la perforación vascular y la infección. También se han descrito problemas derivados de la oclusión de los vasos ováricos, especialmente en pacientes mayores de 45 años, lo que podría producir un fallo ovárico precoz.

Esquema de la embolización arterial en HPP

Ligadura Arterial

La ligadura arterial es una de las maniobras más utilizadas, ya que es fácil y rápida de realizar y accesible en cualquier centro. La ligadura uterina bilateral ha pasado a ser la técnica de primera elección, desplazando a un segundo plano la ligadura de las arterias ilíacas internas (arterias hipogástricas), debido a su mejor accesibilidad y a su localización menos próxima a uréteres o venas ilíacas, lo que confiere un mayor porcentaje de éxito al disminuir complicaciones iatrogénicas. Su eficacia es superior al 90%, aunque la principal causa de fracaso son las inserciones placentarias anómalas.

También se puede realizar una ligadura arterial progresiva, que consiste en desvascularizar los pedículos vasculares aferentes al útero de manera escalonada: si tras 10 minutos la hemorragia no se cohíbe, se pasa al siguiente pedículo.

Plicatura Uterina (Técnica de B-Lynch)

Antes de recurrir a la histerectomía, puede utilizarse la plicatura. Es una técnica basada en la compresión del útero mediante suturas transmurales. La más conocida y aplicada es la plicatura de B-Lynch, que consiste en una sutura continua que «abraza» el útero en su longitud. La indicación más frecuente para su realización es la atonía uterina postcesárea, con un resultado similar al que se obtendría con una compresión manual continuada del útero.

Diagrama de la sutura de B-Lynch

Histerectomía Obstétrica (Último Recurso)

La histerectomía es el último recurso ante una HPP. Gracias a las técnicas anteriormente descritas, actualmente no es tan frecuente tener que recurrir a ella, salvo fracaso de las medidas anteriores.

Caso Clínico Ilustrativo

Presentación del Caso

Se presenta el caso de una paciente de 35 años con antecedentes de apendicectomía y ooforectomía izquierda por endometriosis. Su actual gestación fue gemelar bicorial a término tras FIV, finalizando como parto vaginal con nacimiento de niño y niña.

Evolución y Manejo

Tras suturar la episiotomía, se observó sangrado abundante que no cedió con masaje uterino, 20 UI de oxitocina iv ni 600 μg de misoprostol rectal. Se comprobó que el útero estaba tónico, por lo que se decidió pasar a quirófano para revisión del canal del parto bajo anestesia. Se encontró un desgarro contralateral a la episiotomía que llegaba hasta el cérvix, disecando la fosa isquiorrectal izquierda, que fue suturado. Además, se ligó un vaso pulsátil en el labio posterior del cérvix. Una ecografía de control visualizó la cavidad vacía sin coágulos ni restos placentarios, y cese del sangrado vaginal a la exploración.

Durante la intervención, la paciente requirió 5 concentrados de hematíes, 2 unidades de plasma fresco congelado y 2 g de fibrinógeno. Pasó a reanimación con ventilación mecánica, aún inestable hemodinámicamente, precisando fármacos vasoactivos y politransfusión (14 concentrados de hematíes, 3 unidades de plasma fresco congelado y un pool de plaquetas). Ante la alta sospecha de sangrado interno, se contactó con radiología intervencionista.

Resolución mediante Radiología Intervencionista

Tras la estabilización, se realizó una arteriografía de ambas hipogástricas por abordaje femoral derecho y embolización de la rama medial de la arteria hipogástrica izquierda con espiras metálicas debido a un sangrado activo de su territorio. La paciente fue extubada a las 24 horas, estable, con controles gasométricos normales y diuresis mantenida.

Este caso clínico ilustra cómo, incluso tras un manejo inicial exhaustivo de las causas más comunes de HPP (atonía y trauma), pueden surgir complicaciones que requieran técnicas avanzadas. Los avances en las técnicas de radiología intervencionista brindan nuevas opciones terapéuticas de gran valor, especialmente cuando el daño arterial en el tracto genital produce un sangrado activo en un vaso de tamaño considerable. Estas técnicas están demostrando ser cada vez más eficaces y seguras, siendo mínimamente invasivas y ofreciendo una tasa de éxito del 87% al 100% en diferentes series de casos. Su inclusión en los protocolos de actuación es necesaria y se espera la realización de más estudios clínicos aleatorizados para consolidar su uso como una valiosa herramienta de segunda línea en el manejo del sangrado obstétrico-ginecológico.

Código rojo - Hemorragia Postparto | Dr. William Guerrero.

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