El Significado Profundo de "Sean Fecundos y Multiplíquense"

La expresión divina "sean fecundos y multiplíquense", pronunciada por Dios en los albores de la humanidad, encierra un propósito multifacético que va más allá de la mera reproducción. Este mandamiento fundamental, que resonó en momentos cruciales de la historia bíblica, define el destino de la humanidad y revela aspectos profundos del plan divino.

Origen y Mandato Divino

La Creación y el Propósito Inicial

Después de crear a los animales en el sexto día, Dios hizo al hombre a Su imagen del polvo de la tierra. Dios acababa de terminar toda Su creación, Sus obras maestras, el primer hombre y mujer, cuando Él les dijo: “sean fructíferos y multiplíquense” (Génesis 1:28). El mundo estaba ahora completamente creado con los días y las noches, las estaciones y los años, las plantas y los animales, y Adán y Eva; y Dios puso en marcha Su plan para que el mundo que creó fuera habitado con personas (Isaías 45:18).

A la primera pareja humana, Adán y Eva, Dios declaró: “¡Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra, y sojúzguenla; tengan dominio sobre los peces del mar, las aves del aire, los animales domésticos y todas las cosas vivientes que se arrastran sobre la tierra!” (Génesis 1:28). El mundo era la herencia que Adán y Eva tenían para llenar y, como se dijo en el principio de Génesis 1:28, era la bendición de Dios el que Adán y Eva tuvieran hijos y trabajaran la tierra. El comentarista Matthew Henry escribió que Dios bendijo a la primera pareja con "una numerosa familia duradera, para disfrutar de esta herencia". La orden de Dios a Adán y a Eva de “ser fecundos y multiplicarse” significaba que debían tener hijos y llenar la tierra; simplemente, Dios deseaba que Adán y Eva tuvieran muchos hijos y que sus hijos tuvieran más hijos.

Representación del jardín del Edén con Adán y Eva recibiendo la bendición de Dios

La Repetición a Noé

Esta orden, repetida después del diluvio a Noé y a su familia, refleja el designio de Dios de que la humanidad crezca y florezca. Dios les dio a Noé y a su familia la misma orden. Después que el arca había servido el propósito de Dios en guardar vivos a los justos y las aguas del diluvio habían bajado plenamente y la tierra estaba seca, Dios mandó a Noé que saliera del arca, junto con su familia y todos los animales (Génesis 6:18; 7:2-11; 8:14-16). Noé y su familia eran las únicas criaturas humanas vivas en ese tiempo y a todos ellos Dios los consideraba justos. A éstos volvió a mandar: “Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra” (Génesis 9:1).

Noé y su familia saliendo del arca tras el diluvio

Implicaciones del Mandato

Fecundidad Física y el Matrimonio

La bendición de Dios de ser fecundos y multiplicarse tiene varias implicaciones. En primer lugar, parte del propósito del matrimonio es tener hijos. La familia también proporciona la experiencia única de discipular a una persona desde su nacimiento. Dios te concedió el don de tener hijos porque sabía que serían una alegría y un legado. No obstante, si una pareja se casa, uno de sus mayores llamados y bendiciones es ser fecundos y multiplicarse. Dios diseñó el matrimonio como una imagen de Cristo y de la iglesia (Efesios 5:21-33).

Más Allá de la Procreación: Fecundidad Espiritual

Pero el ser fructífero también denota mucho más; Dios no quería que Adán y Eva tuvieran hijos solo por tener hijos. La fecundidad, sin embargo, no solo se refiere a la descendencia física, sino que también representa las bendiciones de una vida recta y el crecimiento espiritual, tanto en tu propia vida como en la vida de los demás a medida que haces discípulos. La voluntad de Dios para tu vida es dar buenos frutos en todos los ámbitos (Gálatas 5:22-23). Podemos tener vidas que agraden a Dios y le traigan gloria ya sea que tengamos hijos o no.

Representación de crecimiento espiritual o frutos del espíritu

Excepciones y Perspectivas Bíblicas

Aunque el mandamiento de Dios de ser fecundos y multiplicarse es un propósito clave del matrimonio, no implica que toda persona deba casarse o tener hijos. ¿La bendición que se les concedió a Adán y a Eva de fructificarse y multiplicarse, es también un mandato para nosotros hoy en día? Algunos toman este punto de vista y rechazan todas las formas de control de natalidad. Sin embargo, las Escrituras ofrecen una perspectiva más matizada.

El Ejemplo de Jesús

Quizás el argumento más claro de que la bendición y el mandato de Dios a Adán, a Eva, a Noé y a la familia de Noé no es un mandato general para que cada persona se case y tenga hijos es Jesús mismo. En primer lugar, Jesús caminó en la tierra durante 33 años y no tuvo esposa para poder tener hijos. Como judío, Jesús fue educado de acuerdo a las leyes y costumbres judías (Gálatas 4:4), y Él cumplió perfectamente la ley de Dios (Mateo 5:17). Sin embargo, Jesús físicamente no fue "fructífero", ni tampoco se "multiplicó", lo cual indica que Génesis 1:28 no es un mandato para ser obedecido por cada persona.

La Enseñanza del Apóstol Pablo

Segundo, el apóstol Pablo anima a los cristianos a permanecer solos y a no casarse (1 Corintios 7:38), de modo que las personas puedan poner todos sus esfuerzos en servir a Dios (versículos 32-35). El apóstol Pablo indicó que el matrimonio a veces es necesario para evitar pecar debido a la tentación sexual (1 Corintios 7:2), pero también indica que el matrimonio no es necesario para todos, y él mismo no estaba casado (1 Corintios 7:7). Pablo afirma que estar casado es algo bueno, pero insiste en que estar soltero es mejor en determinadas circunstancias. Su consejo general era: “Fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande.”

La Cuestión de la Infertilidad

Por último, si el ser fructíferos y multiplicarnos es un mandato expreso para que todas las parejas tuvieran hijos, nos encontramos con el problema de la infertilidad. Aunque este es uno de los muchos propósitos del matrimonio, las parejas que no tienen hijos no están viviendo en pecado. Las parejas que luchan con la infertilidad no están de ninguna manera quebrantando el mandamiento de Dios. Del mismo modo, el mandamiento de Dios de ser fecundos y multiplicarse no significa que sea la voluntad de Dios que todas las personas se casen.

El Cumplimiento del Mandato en el Propósito de Dios

Un Mandato en un Mundo Perfecto

Cuando Jehová Dios dio este mandato de ser ‘fecundos, multiplicarse y llenar la tierra’ a nuestros primeros padres, ellos eran perfectos y justos, porque toda la obra de Dios es perfecta (Deuteronomio 32:4).

La Rebelión y la Frustración Temporal

Para ayudarlos a continuar en el camino de la justicia y la obediencia y protegerlos del mal, Dios les suministró un ángel custodio (Ezequiel 28:13, 14). Sin embargo, este ángel custodio se llenó de orgullo y ambiciones egoístas. Para adelantar su proyecto ambicioso indujo a nuestros primeros padres a un curso de desobediencia que resultó en la muerte de ellos. Desde entonces ese querubín ha sido conocido por los nombres de Dragón, Serpiente, Diablo y Satanás (Apocalipsis 20:2). Aunque al tiempo de su rebelión Dios decretó su destrucción, se le ha permitido continuar su actividad nefaria hasta el tiempo presente como “el dios de este mundo” (Génesis 3:15; 2 Corintios 4:4, NC). Ya que el propósito de ese mandato era el que se diera a luz hijos en justicia y a la vida, resulta que bajo tales condiciones injustas y con Adán y Eva bajo la sentencia de muerte el mandato no podría efectuarse como originalmente se propuso Jehová Dios que lo fuera.

El Propósito de Dios y los Días de Noé como Clave Profética

Dado que ese es el propósito de Dios tocante a la tierra, se efectuará, porque él declara además: “Yo hablé, y lo haré venir: helo pensado, y también lo haré” (Isaías 46:11). Los eventos conducentes al diluvio del día de Noé y los que siguieron inmediatamente después sirven de clave para abrirnos estas verdades al entendimiento, representando con exactitud notable lo que ahora está sucediendo y seguirá en breve. Que el tiempo de Noé tuvo significado profético Cristo Jesús mismo lo aclaró, diciendo: “Mas como eran los días de Noé, así será la presencia del Hijo del hombre” (Mateo 24:37).

Tocante al día de Noé leemos: “Y vio Jehová que era mucha la maldad del hombre en la tierra, y que toda imaginación de los pensamientos de su corazón era solamente mala todos los días. Y dijo Jehová: Raeré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra; desde el hombre hasta la bestia, . . . Mas Noé halló gracia en ojos de Jehová.” ¿Por qué? Porque “Noé era varón justo” (Génesis 6:5-8). Jehová Dios por lo tanto mandó a Noé que construyera un arca o barco enorme en la que debía llevar a su familia y ciertos animales. Noé obedeció, con lo cual probó su fe por sus obras. Y además dio testimonio de esta fe predicando, advirtiendo a los inicuos del diluvio (Hebreos 11:7; 2 Pedro 2:5).

El arca sirvió como lugar de protección para Noé, su familia y los animales que en ella introdujo. ¿Qué prefiguró ella? La provisión de Dios para proteger a su pueblo en el tiempo presente de la catástrofe, la guerra del Armagedón (Apocalipsis 16:16). ¿Y cuál es esa provisión?

Como en los Días de Noé: La Señal del FIN de los Tiempos

La Gran Muchedumbre y el Nuevo Mundo

¿Quién cumplirá ese mandato de procreación? No los cristianos que esperan participar de la gloria celestial con Cristo Jesús, porque ese mandato ha de efectuarse sobre la tierra por criaturas humanas (Vea Juan 14:2, 3; 1 Juan 3:2; Apocalipsis 20:5, 6). Las gloriosas criaturas espirituales en el cielo no podrían efectuar dicho mandamiento (1 Corintios 15:50). Tampoco será la resurrección de los muertos el cumplimiento de ese mandato (Juan 5:28, 29). Cierto, contribuirá a llenar la tierra, empero eso se haría por el poder de Dios y no por criaturas en obediencia a su mandato. Tampoco tendrán las multitudes resucitadas el privilegio de cumplir dicho mandato, porque Jesús claramente expresó que las tales no se casarán ni serán dadas en matrimonio (Mateo 22:30).

¿Quiénes entonces cumplirán ese mandato divino? Los hechos manifiestan que hoy Dios ha otorgado su espíritu sobre muchos sin despertar en ellos la esperanza de gloria celestial. A éstos se describe como una “grande muchedumbre” que viene de todas las naciones, a la que se muestra como estando de pie ante el trono de Dios atribuyendo salvación a él y al Cordero (Apocalipsis 7:9-17). Buscando la justicia y la mansedumbre, tienen la promesa de ser escondidos en el día de la ira de Dios (Sofonías 2:3).

En contraste con los hijos de Noé, los de la grande muchedumbre que sobrevive al Armagedón podrán efectuar ese mandamiento en realidad porque ellos recibirán los beneficios del sacrificio de rescate de Cristo Jesús (Mateo 20:28; Romanos 5:18, 19). Habiendo sido considerados dignos de ser preservados a través de la destrucción de este inicuo sistema de cosas debido a su fe y obediencia, entonces al continuar en ese camino gradualmente serán levantados a la perfección y a la real y completa justicia (Isaías 26:9). Satanás y su horda demoníaca ya no ejercerán ninguna influencia maligna sobre la humanidad, sino que serán abismados por mil años (Apocalipsis 20:1-3). En su lugar Cristo Jesús y su novia derramarán con abundancia bendiciones sobre la humanidad obediente (Apocalipsis 21:2-4).

Visión de un paraíso terrenal con personas felices y animales

Matrimonio Hoy y su Continuidad

Entonces surge la pregunta: Puesto que los que compondrán la grande muchedumbre están siendo juntados ahora, ¿es el matrimonio de algunos de ellos y el dar a luz niños por parte de ellos ahora el comienzo del cumplimiento de ese mandato de procreación? El hecho de que a ninguno de los hijos de Noé le nacieron hijos antes o durante el diluvio indicaría que la respuesta a esa pregunta debe ser No. Solo ocho humanos entraron en el arca y solo ocho salieron (Génesis 7:13; 8:16; 1 Pedro 3:20). En armonía con el hecho de que ese mandato fue declarado de nuevo por primera vez después del diluvio, el primer niño que se menciona nació dos años después del diluvio (Génesis 10:1; 11:10).

Dado que la realización del mandamiento de “sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra” espera hasta después del Armagedón, ¿significa eso que los que ahora se casan y crían hijos violan las leyes de Dios? No, porque las Escrituras manifiestan que “honroso es en todos el matrimonio” (Hebreos 13:4). Luego se presenta esta pregunta: ¿Qué hay de los que ahora se casan o que estaban casados al tiempo que escucharon la llamada de amonestación para huir al arca antitípica asociándose con la organización de Dios? ¿Tendrán los mismos cónyuges después del Armagedón? Si ambos cónyuges son preservados a través de esa catástrofe continuarán como marido y mujer. El fin del viejo mundo no disolverá dichos vínculos matrimoniales. Las Escrituras demuestran que solo la muerte o la infidelidad de su cónyuge libra al esposo o esposa del pacto que se contrajo al tiempo del matrimonio.

La Vindicación de la Supremacía de Jehová

El cumplimiento del mandamiento “sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra” por la grande muchedumbre que sobrevive al Armagedón y el llenarse completamente la tierra por los millones de resucitados será en vindicación de la supremacía de Jehová. ¿Cómo? Porque este fue el propósito original de Jehová Dios como se anunció a la primera pareja humana en el jardín del Edén, y el querubín rebelde que se hizo Satanás el Diablo aventuró todo confiado en que podría frustrar ese propósito de Dios de llenar la tierra con personas temerosas de Dios y demostrar así que Dios no era supremo.

Habiendo desviado a Adán y Eva, se jactó de que podía hacer lo mismo con todos los de su prole (Job 1 y 2). Fue con el propósito de darle tiempo para probar esa jactancia que Dios le permitió permanecer (Éxodo 9:16). Para mantener su supremacía Jehová Dios tiene que ejercer su justicia y poder al destruir a los inicuos. ¿Podría hacerlo y todavía efectuar su propósito respecto a la tierra? Ese fue el punto en cuestión. Los hechos manifiestan que ha podido y puede hacerlo, porque, así como él tuvo hombres y mujeres fieles sobre la tierra antes del diluvio a quienes preservó durante esa catástrofe, así él tiene hombres y mujeres sobre la tierra ahora a quienes, debido a su fe y justicia, él está justificado en preservar a través de la expresión de su ira en contra de toda injusticia en el Armagedón.

Entonces, se cumplirá la promesa: “Construirán entonces casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán de su fruto. No se esforzarán en vano ni parirán hijos para terrible ruina; pues son simiente de benditos de Yahveh [Jehová], y sus vástagos con ellos. Lobo y cordero a una pastarán y el león comerá paja con la res vacuna” (Isaías 65:21-25).

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