Astarté: La Diosa de la Fecundidad y sus Palomas en la Antigüedad

En el panorama de las antiguas divinidades, pocas figuras son tan complejas y extendidas como Astarté. Esta enigmática figura, arraigada en la antigua Mesopotamia, trascendió culturas y fronteras, llegando a ser venerada en el Levante y, posteriormente, en el sur de la Península Ibérica. Conocida por su naturaleza dual como protectora de la fecundidad y la guerra, su iconografía a menudo incluye a la paloma como un símbolo distintivo.

Orígenes y Expansión de una Deidad Antigua

Raíces Mesopotámicas: Inanna e Ishtar

El nombre Astarté puede rastrearse hasta las diosas Inanna (en Sumeria, la antigua diosa del amor, la fertilidad y la procreación) e Ishtar (en Acadia y Babilonia). Estas divinidades estaban conectadas tanto con la sensualidad como con la guerra. Ishtar, que se desarrolló a partir de la diosa sumeria Inanna, aparece por escrito desde el cuarto milenio a.C. y su culto se entiende que es mucho más antiguo. Inanna ya era una diosa popular en Sumeria cuando Enheduanna (2285-2250 a.C.), suma sacerdotisa del templo de Ur e hija de Sargón de Acadia, la identificó con Ishtar. Sargón de Acadia (2334-2279 a.C.) reconocía la intervención de Ishtar en sus victorias militares, identificándola como una deidad bélica durante su reinado.

Inanna/Ishtar, la deidad más popular de la antigua Mesopotamia, representaba el poder de la atracción sexual y el placer carnal, concentrada en la gratificación inmediata de sus propias necesidades sensuales. No era la diosa del matrimonio ni del parto, y su apetito sexual era inagotable con relaciones cortas. A causa de su ferocidad y de su determinación extrema de conseguir lo que quería sin importar el costo para los demás, Inanna/Ishtar también era la diosa de la guerra y la patrona de las dinastías gobernantes. Su animal era el león y su símbolo la estrella, que representaba la estrella Venus de la mañana y del atardecer, con la que se la asociaba astrológicamente.

La Llegada de Astarté al Levante

Los cananeos adoptaron a Inanna/Ishtar como Astarté (semítico occidental), añadiendo a su iconografía la abeja, la paloma y la palmera. Sus características antes de llegar a Egipto han sido interpretadas por los estudiosos principalmente a partir de las estatuas y los relieves. Astarté es la forma griega del cananeo Athart y del fenicio Ashtart, ambos derivados del acadio Asdartu. Se menciona por primera vez en textos de la antigua ciudad de Ugarit (actual Ras Shamra, Siria) que datan de mediados de los siglos XIV o XIII a.C., específicamente en el ciclo de Baal y La fiesta de El. Se la asociaba normalmente con el dios de la tormenta, Baal, siendo mucho más popular que este en algunos contextos.

Cuando los fenicios expandieron exitosamente sus rutas comerciales por el Mediterráneo, llevaron consigo sus creencias y cultos. Fue así como Astarté llegó a enclaves como Gadir (Cádiz) o Malaka (Málaga) desde la zona de Líbano y Siria.

LA CIVILIZACIÓN FENICIA Qué DOMINÓ el MEDITERRÁNEO GRACIAS a sus RUTAS COMERCIALES

Atributos y Simbolismo de Astarté

Diosa de la Fertilidad, Guerra y los Astros

Una vez que esta deidad se adaptó en las nuevas regiones, también asumió su naturaleza dual de protectora de la fecundidad, así como sus aspectos guerreros y celestes. Aparte de ser una diosa dedicada a la vida en todas sus facetas, también lo era de la guerra, de ahí que en algunas estatuas aparezca con cuernos o casco y armas, y en otras desnuda sosteniendo atributos vinculados a la mujer y a la fecundidad. En el Levante, ya se la asociaba con la guerra antes de llegar a Egipto, pero sus historias normalmente enfatizan su destreza para la caza y algunos aspectos de su relación con Baal y el dios El.

La Paloma como Símbolo de Astarté

En muchas representaciones de Astarté, aparece sosteniendo armas o escoltada por leones, caballos y palomas. La paloma que agarra de las patas se asocia también al ámbito de la diosa, siendo un rasgo distintivo de su iconografía. Ya en los asentamientos fenicios y mesopotámicos en la comarca del Guadalquivir, se veneraba a una diosa de la fertilidad, Astarté, quien era representada por una paloma blanca.

Iconografía y Representaciones

Muchas de las representaciones ibéricas y fenicias de Astarté la muestran así. Una estatua de terracota de la diosa Astarté evidencia la importancia de su culto. En otras, aparece con cuernos o casco y armas, mientras que en otras está desnuda y sosteniendo atributos vinculados a la mujer y a la fecundidad. La imagen de la mujer desnuda en el mundo ibérico siempre requería una explicación especial, prolongándose en ofrendas o exvotos de santuarios, generalmente sobre soporte de bronce.

Representación de Astarté con símbolos de fertilidad y guerra

Astarté en la Península Ibérica: Influencia Fenicia y Tartésica

Integración del Culto

Si nos remontamos a la mitología asociada al sur de la Península, es probable que rememoremos Tarteso, la 'primera civilización de Occidente', o los primeros hitos de lo que sería la Bética romana. En épocas remotas, en las que florecieron las sociedades de la zona del Guadalquivir, una de las diosas más antiguas y veneradas fue Astarté. La temprana presencia fenicia en la zona de Huelva, Cádiz y Sevilla fue el escenario perfecto para que el culto se integrara con ritos locales.

Los rasgos arqueológicos que comparten Tartessos y la influencia fenicia sugieren una devoción y respeto hacia esta diosa en el sur de la Península Ibérica. Bajo este influjo, la sociedad local pudo haber recibido con agrado la idea de una diosa poderosa que velara por la reproducción de cultivos, animales y por la estabilidad política de los líderes.

Mapa de yacimientos arqueológicos fenicios y tartésicos en la Península Ibérica

Evidencia Arqueológica y Rituales

Se han encontrado en algunos yacimientos de corte tartésico e ibérico multitud de estatuillas y ornamentos que se cree estaban dedicados a la diosa Astarté. De hecho, hay evidencia de que en ciertos núcleos podía ser la diosa dinástica que velara por el monarca y su linaje. Aunque existen pocos registros escritos, las fuentes arqueológicas y las menciones posteriores exponen ceremonias y rituales donde se honraba su poder para la creación. Algunas alusiones sugieren ritos de purificación con agua y vino, e incluso podrían haber existido ciertas prácticas con matiz sexual, algo común en cultos a diosas relacionadas con la fertilidad. En la antigua Roma, por ejemplo, se celebraban las Lupercales, fiestas para estimular la fertilidad en las que se llevaban a cabo prácticas sexuales desenfrenadas.

Estatuilla de Astarté de Época Orientalizante

Entre las imágenes que aparecen en el ámbito indígena de época orientalizante (siglos VIII-VII a.C.) destacan las divinidades femeninas. La diosa desnuda, sentada en un trono hoy desaparecido, es Astarté, cuyo nombre se lee en la dedicación, en caracteres fenicios, sobre el pedestal cúbico junto a sus epítetos rituales. Se menciona también a los dedicantes, dos hermanos que agradecen que su plegaria haya sido escuchada. Cubre su cabeza una peluca, según la moda egipcia, que recuerda el rostro de la «Mujer en la ventana» (quizás Astarté) de los marfiles fenicios. Los brazos en movimiento rompen la simetría y el hieratismo, acentuando la vida de la estatuilla y su relación dinámica con el fiel, al que se muestra frontalmente en actitud atenta. En las manos, hoy desaparecidas, pudo sostener una flor, una pátera o un cetro. Se discute el epíteto de Astarté h.r, que unos interpretan como un apelativo de procedencia (la Astarté hurrita, de Siria); otros en relación con el término semítico que designa «cavidad», «agujero», «tumba», tal vez como la «Astarté de la gruta». La pieza pudo haber sido fabricada en Oriente, donde tal vez perteneció a un santuario fenicio de Astarté, como Sidón o Tiro, de donde pudo ser exportada a Occidente como presente de lujo.

Figurita Femenina con Paloma

Una figurita que data del último tercio del siglo VI a.C. pudo proceder de una habitación singular, probablemente sacra, en un pequeño poblado ibérico de la Meseta sur, en Albacete. Esta figurita formaba parte de un timiaterio o quemaperfumes, que mantuvo probablemente su uso ritual a lo largo de un siglo. Las plantas aromáticas se quemarían sobre la cazoleta que se abre sobre la flor de loto y que sostiene sobre su cabeza esta figurita desnuda de mujer. Sigue la vieja tradición del Mediterráneo oriental de la presentación frontal. Una incisión indica el sexo femenino y un cuidadoso punteado, el vello puberal. Es una adolescente que se inicia en el servicio de la diosa de la fecundidad, como la Astarté fenicia. La paloma que agarra de las patas se asocia también al ámbito de la diosa. Solo esta divinidad, protectora de la comunidad, puede justificar la presencia del desnudo femenino en un poblado. Es la única imagen que permaneció en el lugar tras su abandono definitivo a finales del siglo V a. C.

Figurita ibérica de adolescente con paloma, asociada a Astarté

Timiaterios con Cariátides

Un excepcional timiaterio orientalizante en bronce, con cronología de fines del siglo VIII al siglo VI a.C., se halló en Villagarcía de la Torre, cerca de unas lajas de piedra que podrían asociarse con un enterramiento de inhumación. Las tres pequeñas cariátides, exentas y planas en su parte posterior, deben vincularse a un ritual iniciático de la mujer en relación con el culto a la Astarté fenicia. Un peinado largo, en forma de peluca, enmarca sus rostros. La túnica, adornada con incisiones, les ciñe la cintura. Van descalzas. El peinado, rematado en rizos curvos, y las orejas de vaca, que se despliegan horizontalmente a ambos lados de los ojos, aluden al modelo de la divinidad egipcia Hathor. De sus cabezas brota un loto o lirio abriéndose. Se ha identificado en estas cariátides un posible soporte de timiaterio. Estas figuras nos introducen en el ambiente mítico de la diosa Astarté, cuyo entorno asume elementos iconográficos del mundo egipcio. Estas servidoras, de pie, asumen y reproducen los signos de su diosa, anunciando su fecundidad, como en la gran diosa alada que vemos sentada y desnuda y con grandes flores abiertas en sus manos en uno de los relieves de Pozo Moro (Albacete), que también encontramos en marfiles y bronces orientalizantes.

Timiaterio orientalizante con cariátides

La Diosa Astarté en Contextos Mitológicos y Religiosos

Astarté en el Ciclo de Baal

La hermana de Baal, Anat, está mucho más definida en la literatura religiosa cananea, mientras que Astarté parece haberlo estado en Egipto. En el ciclo de Baal, Astarté tiene un papel menor. Cuando Mot, el dios de la muerte, se rebela contra Baal y se lo traga (o cree hacerlo), la ausencia de Baal como dios de la fertilidad trae consigo sequía y hambruna. En este punto, parecería natural que su consorte, Astarté, tuviese un papel principal en su venganza, pero en vez de eso es su hermana Anat quien mata a Mot, lo descuartiza y lo arroja por toda la tierra. Los estudiosos Michael D. Cooga y Mark S. Smith explican este papel menor como una expresión de la sociedad patriarcal de Ugarit que dio forma a su teología. Es más probable que Anat sea un agente más activo, mientras que Astarté podría haberse considerado como un agente inspirador para que otros actúen por ella. Esto concuerda con sus orígenes como la Inanna/Ishtar mesopotámica, que manipula a los demás una y otra vez para que hagan lo que ella quiere, como en La Epopeya de Gilgamesh, donde pide al Toro del Cielo que castigue a Gilgamesh cuando este la rechaza.

Independientemente de cómo se la representara en los textos, los indicios arqueológicos demuestran su popularidad por todo el Levante. Se la adoraba en Baalbek, Biblos, Sidón y Tiro. En Baalbek, la ciudad principal del culto a Baal, Astarté tenía más templos y santuarios que él.

Astarté en el Panteón Egipcio

Astarté llegó a Egipto durante la XVIII Dinastía del Imperio Nuevo (c. 1550-1292 a.C.) y se la menciona en la Estela de la Esfinge levantada por Amenhotep II (1427-1401 a.C.), diciendo que está "muy satisfecha" con su manejo de los caballos. Se la entendía como hija del dios Ra (o quizá Ptah) y como consorte de Set junto con Anat. Su asociación con Set se explica en la popular historia de El Enfrentamiento de Horus y Set. Como premio de consolación por la pérdida del trono, Set recibió a Anat y Astarté como consortes. Astarté era adorada por todo Egipto, en templos formales dedicados a ella, en santuarios, emparejada con Anat, y como parte de tríadas en las que aparecía con Mut y Jonsu. Aparece como una diosa de la guerra en Egipto, y mientras que el aspecto sexual de Astarté no parece haber estado tan pronunciado en la religión egipcia como en su tierra natal cananea, probablemente no estaba totalmente ausente. Normalmente se la representaba como una mujer desnuda montada a caballo, blandiendo armas y tocada con la corona Atef o un tocado con cuernos de toro. Hay varias representaciones de una diosa sin identificar que lleva un casco con cuernos, como en los óstracon encontrados en la villa de los obreros de Deir el-Medina, que bien podrían representar a esta diosa.

Representación egipcia de Astarté montada a caballo

La Condena de Astarté en la Biblia

Astarté siguió siendo una deidad popular en el Levante y en otras zonas y, según la Biblia, fue un obstáculo importante para la aceptación del dios Yahveh en el reino de Israel. En las narraciones bíblicas se refieren a ella como Ashtoreth y es condenada como una diosa falsa por los profetas de Yahveh en Reyes I y II, Jeremías y en otros libros. En una confrontación con Jeremías, aquellos que la adoraban respondieron: "¡no escucharemos el mensaje que nos has contado en el nombre del Señor! Ciertamente haremos todo lo que dijimos que íbamos a hacer: Quemaremos incienso por la reina de los cielos y derramaremos ofrendas en su nombre tal y como nosotros y nuestros ancestros, nuestros reyes y oficiales, hicieron en las ciudades de Judea y en las calles de Jerusalén. En aquella época teníamos suficiente comida, estábamos bien y no sufríamos ningún daño. Pero desde que dejáramos de quemar incienso para la reina de los cielos y de derramar ofrendas en su nombre, no hemos tenido nada y hemos estado muriendo por la espada y la hambruna". Jeremías respondió diciendo que todos sus problemas estaban causados por adorar a falsos dioses como Astarté, y que si insistían, Yahveh los castigaría severamente. La guerra de Elías contra los dioses extranjeros forma la base de su lucha contra la reina fenicia Jezabel, que animaba a la adoración de Baal y Astarté en Israel. Aunque a menudo se suele confundir a Astarté con Asera en los comentarios bíblicos, estas eran dos diosas distintas.

Legado y Transformación

Para la Edad Media, Astarté, al igual que Baal, se había asociado con el demonio cristiano y se había transformado en las obras medievales sobre la demonología en el demonio masculino Astarot, parte de una trinidad malvada con Belcebú (derivado de Baal) y Lucifer. En algunas denominaciones cristianas actuales, Astarot se sigue entendiendo bajo el mismo papel, mientras que Astarté se desestima como una antigua diosa falsa cuyo clero fue vencido por el poder de Yahveh. Sin embargo, los seguidores modernos neopaganos y wiccanos van en contra de esta afirmación, ya que siguen venerando a la diosa tal y como se la honraba en el pasado, como una fuente de fuerza y empoderamiento personal.

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