Los plexos coroideos son estructuras fundamentales del cerebro fetal, ubicadas en los ventrículos cerebrales, incluyendo el IV ventrículo, el III ventrículo y los ventrículos laterales. Su función principal es la producción del líquido cefalorraquídeo, un elemento indispensable para la protección del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal).
Una situación relativamente frecuente en la revisión ecográfica del segundo trimestre, específicamente alrededor de la semana 20 de gestación, es la observación de quistes del plexo coroideo. En ocasiones, durante la ecografía, se puede observar uno o varios de estos quistes. Es un hallazgo frecuente en la ecografía del segundo trimestre que, normalmente, se presenta de forma aislada, sin ir asociado a ninguna otra alteración.

¿Qué es un Quiste del Plexo Coroideo?
Un quiste del plexo coroideo es una pequeña acumulación de líquido que se desarrolla en el plexo coroideo del cerebro del feto. Los plexos coroideos son dos estructuras simétricas, en forma de esponja, que se ubican dentro de cada hemisferio cerebral, una en el lado derecho y otra en el lado izquierdo. Son una red de células y vasos sanguíneos situadas dentro de los espacios llenos de líquido del cerebro, conocidos como ventrículos. El plexo coroideo es la parte del cerebro que produce el líquido cefalorraquídeo, el cual normalmente baña y protege la columna vertebral y el cerebro.
Un quiste del plexo coroideo puede desarrollarse si el líquido queda atrapado en las capas de células del plexo coroideo. La formación de un quiste del plexo coroideo es similar a la de una ampolla que se forma debajo de la piel. El quiste del plexo coroideo comienza a desarrollarse alrededor de las seis semanas de gestación. En aproximadamente el 1 o 2 por ciento de los bebés normales (1 de cada 50 a 100), se desprende una pequeña burbuja de líquido a medida que se forma el plexo coroideo. Este tipo de quiste se desarrolla en aproximadamente 1 a 2 semanas.
Detección y Significado del Hallazgo en la Ecografía de la Semana 20
Los plexos coroideos son visibles desde la ecografía de las 12 semanas, donde se asemejan a dos alas de mariposa. Sin embargo, el médico suele detectar un quiste del plexo coroideo en una ecografía durante el segundo trimestre del embarazo, siendo la ecografía morfológica de la semana 20 el momento más común. Aunque no siempre es fácil, los profesionales de la salud intentan tranquilizar a los futuros padres ante este hallazgo.
La importancia de visualizar e identificar quistes del plexo coroideo radica en su posible asociación con aneuploidías, especialmente la trisomía 18. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos, este hallazgo debe generar tranquilidad en los padres.
QUÉ SON LOS QUISTES DEL PLEXO COROIDEO?
Asociación con Aneuploidías: Trisomía 18
Los cromosomas son los responsables de guardar la mayoría de nuestra información genética. Usualmente, tenemos 23 pares de cromosomas (46 cromosomas en total): 23 provienen de uno de los padres y 23 del otro. Las aneuploidías son cromosomopatías que presentan alteraciones estructurales y de crecimiento fetal, fácilmente identificables por ecografía en la actualidad.
Por ejemplo, las personas con trisomía 18 (también conocida como síndrome de Edwards) tienen un cromosoma extra en el par 18. Existen reportes que asocian un quiste del plexo coroideo a la trisomía 18; un tercio de los fetos con trisomía 18 presentan un quiste del plexo coroideo, y en un 30 a un 50% de los fetos con esta trisomía pueden observarse quistes del plexo coroideo. El embrión puede heredar el cromosoma adicional de uno de sus padres, o el cromosoma adicional puede desarrollarse en el momento de la concepción. Esto provoca muchos problemas de salud, y varios fetos con trisomía 18 no sobreviven hasta el nacimiento debido a anomalías en los órganos.
En un pequeño porcentaje, los quistes pueden formarse en bebés con trisomía 18, lo que provoca diversos problemas neurológicos y de desarrollo. Cuando nos encontramos con quistes bilaterales (en los dos hemisferios) es especialmente importante revisar toda la morfología, ya que sabemos que en alrededor del 2% puede asociarse a la trisomía 18.

Manejo y Pronóstico
Si no se encuentran otras alteraciones estructurales o malformaciones al realizar la ecografía del segundo trimestre, es posible tranquilizarse y esperar al próximo control ecográfico para evaluación y control del quiste. Lo primero es hacer un estudio completo y exhaustivo del feto. Usualmente, se le realizará un examen ecográfico detallado de la anatomía fetal para revisar si existen otras anomalías. Si no existen otras anomalías, en la mayoría de los casos, no será necesario realizar otros estudios. El hallazgo de un quiste del plexo coroideo aislado no altera el manejo del embarazo.
Por lo general, un quiste del plexo coroideo no requiere tratamiento, ya que la mayoría de los quistes desaparecen por sí solos alrededor de la semana 28 de gestación. No suele causar ningún problema de salud y se resuelve por sí solo antes de que nazca el bebé. Los médicos consideran que los quistes del plexo coroideo forman parte de la variación humana normal.
Un bebé sano con un quiste del plexo coroideo aislado es probable que se desarrolle con normalidad. Los estudios que han evaluado la evolución de niños con un número de cromosomas normal y diagnóstico de quistes del plexo coroideo no han demostrado diferencias en la función cerebral o motora o en el comportamiento. El control posterior del embarazo y del parto es el habitual; no requiere hacer más controles ni pruebas invasivas (tipo amniocentesis o biopsia corial), resonancias, etc.

Pruebas Adicionales
Cuando las mujeres están preocupadas por la posibilidad de que su bebé por nacer sufra trisomía 18, pueden consultar al médico para que les realice una prueba conocida como amniocentesis. Es una prueba en la que los médicos extraen líquido amniótico del útero con una aguja.
Para descartar la posibilidad de que el bebé tenga trisomía 18, el médico también puede realizar una prueba de alfafetoproteína (AFP), que examina los niveles de proteína en la sangre de la mujer. Los médicos suelen realizar la prueba de AFP en cualquier momento entre la semana 15 y la 20 del embarazo. Por lo general, se tarda alrededor de una o dos semanas en obtener los resultados. A diferencia de la amniocentesis, una prueba de AFP no conlleva riesgos adicionales. Los médicos suelen sugerir la prueba de AFP si creen que existe un mayor riesgo de que el feto sufra un trastorno congénito.
Un resultado anormal en una prueba puede aumentar las preocupaciones de las mujeres embarazadas. Sin embargo, si los médicos descubren un quiste del plexo coroideo, especialmente en un feto que se desarrolla normalmente y sin otras anomalías, las mujeres no deben preocuparse. Si se encuentra otra anomalía asociada, se le ofrecerá estudiar los cromosomas del feto. Su médico o partera le ayudarán a decidir el curso de acción.
Es importante recordar que el tamaño del quiste del plexo coroideo, por lo general, no es un factor determinante en su pronóstico.