El chupete es un objeto que acompaña a muchos bebés durante sus primeros años de vida. Su función principal es ayudarles a calmarse, a conciliar el sueño y a satisfacer su reflejo natural de succión. Sin embargo, su uso debe ser gestionado con conocimiento, equilibrando sus beneficios potenciales con los posibles riesgos para el desarrollo del niño.

El uso del chupete según el tipo de lactancia
La introducción del chupete requiere precaución dependiendo de la alimentación del lactante. La Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan evitar el chupete en recién nacidos amamantados durante el primer mes. El objetivo es esperar a que la lactancia esté bien instaurada -habitualmente tras las primeras semanas- para evitar la confusión entre tetina y pezón y fortalecer el vínculo con la madre.
En el caso de bebés alimentados con lactancia artificial, el chupete puede introducirse desde los primeros días de vida, ya que no existe riesgo de interferencia con el pecho materno. En este contexto, el uso del pecho como «chupete» durante las primeras semanas es un comportamiento natural y normal, ya que el bebé busca consuelo, seguridad y refuerzo del vínculo afectivo.
Beneficios y precauciones
El uso del chupete, cuando se emplea con moderación y de forma correcta, puede ofrecer ventajas significativas:
- Prevención del SMSL: Diversos estudios sugieren que el uso del chupete durante el sueño está asociado con una reducción del riesgo de Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.
- Calma y relajación: Muchos bebés encuentran consuelo en la succión no nutritiva, facilitando el descanso.
A pesar de estos beneficios, los expertos advierten que el chupete no debe ser la única medida para dormir y que su uso prolongado o indiscriminado conlleva riesgos:
| Riesgo | Consecuencia potencial |
|---|---|
| Desarrollo bucodental | Mordida abierta o malformaciones del paladar y dientes desalineados. |
| Salud auditiva | Mayor riesgo de padecer infecciones del oído medio (otitis). |
| Desarrollo del habla | Posibles retrasos en la adquisición del lenguaje si se usa en etapas cruciales. |
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Estrategias para la retirada progresiva
No existe una edad exacta para quitar el chupete, ya que depende del apego de cada niño. Sin embargo, los pediatras sugieren que, a partir de los 12 meses, es ideal comenzar la retirada progresiva para evitar complicaciones, buscando que el bebé lo haya dejado por completo antes de los 2 años.
Consejos para un proceso exitoso:
- Reducción gradual: Limitar el uso al mínimo indispensable, evitando ofrecerlo constantemente para callar llantos o como distracción.
- Evitar la dependencia: No permitir que el bebé se encariñe con un modelo único ni que lo lleve colgado todo el día. Es recomendable rotar entre varios chupetes.
- Elegir el momento adecuado: Iniciar el proceso en un período tranquilo, sin cambios importantes ni situaciones estresantes en su vida.
- Participación activa: Explicar al niño con palabras sencillas por qué es beneficioso dejarlo. Se puede emplear una narrativa positiva, como contar que un personaje querido necesita los chupetes para una misión especial.
- Sustitución por objetos de apego: Ofrecer un muñeco, mantita o cojín para proporcionar la seguridad que el niño busca.
Es fundamental mantener la paciencia y la comprensión. Es normal que existan resistencias o retrocesos, pero nunca se deben utilizar castigos o humillaciones. Ante cualquier duda sobre el desarrollo de su hijo, lo ideal es consultar siempre con el pediatra para recibir una orientación personalizada.