La artrosis es un trastorno crónico y degenerativo que causa alteraciones en el cartílago y los tejidos circundantes, caracterizándose por dolor, rigidez y pérdida de la función articular. Aunque tradicionalmente se ha asociado con el envejecimiento, los especialistas observan cada vez más casos de artrosis prematura en personas menores de 40 años.

¿Qué es la artrosis y cómo afecta al cuerpo?
El cartílago es un tejido elástico que actúa como amortiguador, protegiendo los extremos de los huesos y facilitando el movimiento sin fricción. En la artrosis, este tejido pierde sus propiedades, se vuelve áspero y poroso, llegando a romperse. El organismo, en un intento fallido por reparar el daño, genera un crecimiento excesivo de hueso en los bordes de la articulación, formando osteofitos o excrecencias óseas que pueden palparse.
La enfermedad no afecta solo al cartílago, sino a todas las estructuras de la articulación: hueso subcondral, cápsula articular, membrana sinovial, tendones y ligamentos. Esto deriva en deformidades, debilidad muscular y una limitación funcional que afecta significativamente la calidad de vida.
Factores clave en la artrosis prematura
Cuando la artrosis aparece antes de los 40 años, se denomina "prematura". Su origen es multifactorial y depende de una combinación de elementos genéticos y ambientales:
- Genética: Estudios indican que la predisposición hereditaria es responsable del 35% al 65% de los casos, dependiendo de la articulación afectada (rodilla, cadera, manos o columna).
- Obesidad: El exceso de peso no solo ejerce una presión mecánica extra, sino que la inflamación metabólica asociada a la obesidad libera moléculas que aceleran el desgaste del cartílago.
- Actividad física de alto impacto: Aunque el ejercicio es saludable, las lesiones repetidas (meniscos, ligamentos) o el sobreentrenamiento sin periodos de recuperación pueden desestabilizar la articulación.
- Exigencias laborales: Profesiones que requieren movimientos repetitivos, posturas forzadas o el uso de maquinaria vibratoria (martillos neumáticos, herramientas de percusión) aumentan el riesgo de desgaste precoz.

Síntomas principales
Los síntomas suelen desarrollarse gradualmente y varían según la zona afectada (frecuentemente cervicales, lumbares, rodillas y caderas):
- Dolor articular: Intenso y profundo, que suele empeorar con el movimiento o la carga de peso.
- Rigidez: Especialmente tras periodos de inactividad o al despertar, desapareciendo generalmente tras 30 minutos de movimiento.
- Limitación de movilidad: Dificultad para estirar o doblar la articulación por completo.
- Crepitación: Chasquidos o ruidos al mover la articulación debido a la irregularidad del cartílago.
- Deformidades: Como los nódulos de Heberden (articulaciones distales de los dedos) o de Bouchard (articulaciones medias).
Diagnóstico y evaluación
El diagnóstico se basa fundamentalmente en los síntomas clínicos y los resultados de radiografías. Sin embargo, las radiografías no siempre muestran una correlación directa con el dolor del paciente. En casos específicos, se puede recurrir a:
- Resonancia Magnética (RMN): Revela cambios precoces en el cartílago, aunque rara vez es necesaria.
- Análisis de líquido sinovial: Se extrae mediante una punción para descartar otras patologías como gota o infecciones.
Ejercicio de Bajo Impacto para personas con ARTROSIS (Cardio para Adultos Mayores) | Mariana Quevedo
Enfoque terapéutico
El tratamiento busca aliviar el dolor, mantener la flexibilidad y optimizar la función articular. Un abordaje integral incluye:
Medidas físicas y estilo de vida
- Fisioterapia y ejercicio: Fortalecer la musculatura periarticular es vital para absorber las cargas. Se recomiendan ejercicios aeróbicos de bajo impacto (natación, bicicleta estática, elíptica).
- Reeducación biomecánica: Entrenamiento propioceptivo para mejorar la postura y la sincronización del movimiento.
- Control de peso: Fundamental para reducir la presión sobre articulaciones de carga.
- Higiene postural: Ajustes en el entorno cotidiano (sillas de respaldo recto, colchones firmes, uso de calzado ortopédico).
Tratamiento farmacológico y quirúrgico
Los medicamentos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o el paracetamol, se utilizan para controlar los síntomas, no para curar la enfermedad. En etapas avanzadas o casos graves, se contempla la sustitución articular u otras intervenciones quirúrgicas. Actualmente, se investigan terapias con factores de crecimiento y células madre como una vía prometedora para la reparación tisular.