La placenta es un órgano que se crea única y exclusivamente para la gestación, fundamental para el desarrollo del feto y la protección del embarazo. No existe antes de que la mujer se quede embarazada, ni sobrevive al parto, siendo el único órgano del cuerpo humano con "fecha de caducidad". Sus principales misiones son alimentar al feto, actuar como su pulmón -aportando nutrientes y oxígeno a través del cordón umbilical- y ejercer una función defensiva, impidiendo que productos tóxicos y algunos gérmenes lleguen al feto.
Sin embargo, a pesar de su crucial papel protector, la placenta no es una barrera impermeable. Muchos contaminantes presentes en la sangre materna pueden atravesarla y llegar al bebé a través del cordón umbilical. La gestación es uno de los periodos más sensibles en el desarrollo humano, y la exposición a determinados elementos químicos es potencialmente peligrosa para el feto, incluso si a nivel de la salud de la mujer no causan daños. Si esta exposición se da durante el primer trimestre, puede afectar a la organogénesis y causar daños al embrión. Durante el segundo y tercer trimestre, se puede ver comprometido el desarrollo, crecimiento y maduración fetal.

Elementos Nocivos que Atraviesan la Barrera Placentaria
Contaminantes Químicos de Productos de Cuidado Personal
Un estudio del IDAEA-CSIC detectó, por primera vez, 11 nuevos compuestos químicos en el cordón umbilical de bebés recién nacidos de Barcelona, incluyendo filtros ultravioleta (UV) de cremas solares y parabenos de amplio uso en cosmética. Ambos son posibles causantes de efectos adversos en las etapas tempranas del desarrollo fetal e infantil.
- Benzofenona-3 (Oxibenzona): Se detectó en un 17% de las muestras de cordón umbilical. Es un filtro UV muy utilizado a nivel mundial para la protección solar y está prohibido en algunos países. Es un disruptor endocrino que afecta a la reproducción y ocasiona un mayor riesgo de sufrir endometriosis, infertilidad y problemas durante la gestación y el parto.
- Avobenzona: Presente en un 15% de las muestras, fue detectada por primera vez en cordón umbilical en este trabajo. Es habitual en cremas solares y lociones corporales. Este compuesto puede interferir con la acción natural de los estrógenos y favorecer el desarrollo de obesidad infantil.
- Benzofenona-2: Se hallaron altas concentraciones (53,3 ng/mL) de este conocido disruptor endocrino.
- Parabenos y otros filtros UV (Benzofenonas): Un estudio dirigido por la científica del CSIC Silvia Díaz-Cruz y con la colaboración del Hospital de Sant Joan de Déu, demostró la presencia de estos compuestos en la placenta humana. De los diez compuestos analizados (cinco parabenos y cinco filtros UV), más de cuatro fueron hallados en todas las placentas, y hasta siete en una misma muestra. El compuesto más frecuentemente hallado fue el BP4, detectado en el 75% de las muestras, del cual se pensaba que no se bioacumulaba en los tejidos. La metabolización de estos compuestos indica que no se excretan en su totalidad, sino que se acumulan en los tejidos con consecuencias aún desconocidas.
Los disruptores endocrinos son sustancias químicas, presentes en multitud de productos de uso diario, capaces de mimetizarse con nuestras hormonas una vez que acceden al cuerpo humano y bloquear sus efectos. El problema de estos compuestos es que, al ser contaminantes de preocupación y detección reciente, la regulación no ha establecido un valor límite para la exposición humana.
Metales Pesados
- Mercurio: Cuando las mujeres embarazadas comen pescado contaminado con mercurio, este cruza la placenta y daña el cerebro y el sistema nervioso en desarrollo del bebé. Cualquier nivel o concentración de mercurio es dañino.
- Plomo: La exposición al plomo puede provocar un aborto espontáneo, y los expertos informan que los niños cuyas madres estuvieron expuestas al plomo durante el embarazo podrían tener retrasos en el desarrollo. Una mujer embarazada expuesta al plomo también puede transferirlo al feto a través de la placenta.
Microplásticos
El impacto de los microplásticos en el medio ambiente es bien conocido, y en los últimos años su presencia en el cuerpo humano ha despertado una creciente preocupación científica. Después de haber sido detectados en la sangre, los pulmones y la leche materna, nuevos estudios han confirmado un hallazgo aún más alarmante: microplásticos en la placenta.
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico de menos de 5 milímetros que provienen de la degradación de objetos de plástico en el medio ambiente y pueden entrar en nuestro organismo a través de la inhalación del aire o el consumo de alimentos y agua contaminados. Una vez en el cuerpo, estas diminutas partículas pueden circular por el torrente sanguíneo y alcanzar tejidos y órganos esenciales, incluyendo la placenta.
En una investigación inicial, se analizaron seis placentas humanas y se encontraron fragmentos de microplásticos en cuatro de ellas, localizados tanto en el lado fetal como en el materno y en las membranas corioamnióticas. Más recientemente, un estudio publicado en 2024 analizó 62 placentas humanas, encontrando microplásticos en todas las muestras analizadas. El polietileno (empleado en bolsas y botellas de plástico) representó el 54% de los microplásticos detectados, y un 10% correspondió a cloruro de polivinilo (PVC), material que contiene cloruro de vinilo, sustancia química tóxica y carcinógena.
Aunque no se conocen con exactitud los efectos a largo plazo, los científicos sospechan que los microplásticos podrían interferir con funciones críticas del embarazo, como el intercambio de nutrientes, el equilibrio hormonal y la respuesta inmunológica. Además, muchos microplásticos contienen aditivos químicos o pueden actuar como portadores de contaminantes tóxicos, agravando su posible impacto en la salud del feto.

Sustancias Adictivas y Contaminación General
- Humo del tabaco: Quizá el contaminante más habitual en nuestro entorno. Incluso si la madre no fuma, la exposición pasiva al humo de tabaco hace que sus compuestos tóxicos lleguen a la sangre materna y de ahí a la placenta y al feto.
- Alcohol: Es uno de los tóxicos más nocivos para el desarrollo del feto durante la gestación. Los especialistas insisten en que no hay consumo de alcohol seguro en ninguna etapa del embarazo.
- Pesticidas, limpiadores del hogar y pinturas: Los gases de estos productos pueden ser dañinos para un feto en desarrollo, en particular durante el primer trimestre.
Contaminación Atmosférica
La contaminación atmosférica en grandes ciudades representa un riesgo significativo. Algunos estudios han analizado la relación entre el dióxido de nitrógeno, muy presente en el aire de las ciudades con mucho tráfico, y la función pulmonar de los niños. Otro estudio demostró que la exposición a contaminantes atmosféricos comunes como el ozono puede aumentar el riesgo de pérdida precoz del embarazo. Un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y el Erasmus Medical Center de Rotterdam, publicado en Biological Psychiatry, relaciona ambientes con un nivel seguro de polución atmosférica durante el embarazo con algunos trastornos en los niños, como dificultad para el autocontrol y conductas compulsivas.
Impacto de Elementos Químicos en el Desarrollo Fetal
Un equipo de investigación del Institut de Recerca Sant Joan de Déu y BCNatal ha estudiado la concentración de 22 elementos en la placenta. Se observó que bajas concentraciones de magnesio y manganeso están relacionadas con el bajo peso en bebés. El selenio, que tiene un papel importante en las funciones bioquímicas y efectos antiinflamatorios, propiedades anticancerígenas y efectos positivos en el sistema circulatorio, fue también uno de los elementos estudiados. Estas concentraciones de determinados elementos en la placenta impactan de manera temprana en la vida y el desarrollo fetal, por lo que es crucial entender cómo afecta esta exposición durante el embarazo para establecer recomendaciones de salud pública.
Toxicidad Mitocondrial Transmitida de Madre a Hijo
Las mitocondrias, encargadas de producir energía en los diferentes órganos del cuerpo, pueden padecer patologías adquiridas debido a la exposición a agentes tóxicos transmisibles de madre a hijo, lo que produce afecciones como debilidad muscular, inflamación del páncreas y cambios en la distribución de grasa corporal. Un equipo del laboratorio de Investigación Muscular y Función Mitocondrial del Hospital Clínico de Barcelona ha identificado muchos agentes que fomentan este tipo de toxicidad, incluyendo:
- Agentes biológicos como algunos virus.
- Antibióticos.
- Fármacos antirretrovirales.
- Fármacos antipsicóticos.
- Gases como el monóxido de carbono.
- Sustancias químicas como los pesticidas.
- Alcohol y tabaco.
La exposición al alcohol y el tabaco es frecuente y evitable mediante la concienciación. Sin embargo, otros muchos son fármacos, y es fundamental transmitir a la comunidad clínica la gran capacidad lesiva de estos tratamientos. Dependiendo del tiempo de exposición, de la dosis de cada tóxico y de la fase del embarazo, la toxicidad en las embarazadas será más probable. También existe una predisposición genética que puede determinar la resistencia o vulnerabilidad a la exposición, como los llamados haplogrupos mitocondriales.
La transmisión de la toxicidad mitocondrial de madre a hijo puede producirse desde la concepción hasta que termina la lactancia. A menudo, la toxicidad se transmite porque la placenta no actúa como barrera para todas las sustancias. Un ejemplo son los antirretrovirales administrados a pacientes embarazadas VIH positivas; aunque estos fármacos tienen más beneficios que la interrupción del tratamiento para evitar la toxicidad, representan un caso de exposición a tóxicos mitocondriales inevitable durante el embarazo.
Las consecuencias para la madre y el feto pueden ser desde asintomáticas hasta mortales en raras ocasiones. A veces, la toxicidad es responsable de problemas obstétricos como parto prematuro, restricción del crecimiento intrauterino o preeclampsia. Dado que las mitocondrias participan en procesos indispensables para la viabilidad celular y están presentes en casi todos los tejidos, si aparecen manifestaciones clínicas visibles, los efectos pueden observarse en cualquier órgano o tejido, como la redistribución de grasa corporal (lipodistrofia), pancreatitis, encefalitis o miopatías.
Nutrición materna - efectos en el desarrollo fetal (completo)
Estrategias para Reducir la Exposición y Proteger la Salud Fetal
Proteger a los bebés en desarrollo no les corresponde únicamente a las mujeres, pero sí existen pasos sencillos que los futuros padres pueden tomar para reducir la exposición a sustancias nocivas:
- Evitar los productos de un solo uso, especialmente los plásticos.
- Elegir envases reutilizables de vidrio o acero inoxidable.
- Consumir alimentos frescos y sin procesar, evitando en lo posible los envasados en plástico.
- Usar filtros en la lavadora para minimizar la liberación de microfibras sintéticas.
- Informarse y exigir medidas a las instituciones para frenar la contaminación por plásticos.
- Comer alimentos orgánicos, siempre que sean asequibles, ayuda a reducir la ingestión de pesticidas.
- Filtrar el agua del grifo y beber de recipientes de vidrio (no de plástico) también ayuda a reducir los contaminantes.
- Utilizar productos de limpieza que no contengan sustancias químicas durante el embarazo.
- Reducir la exposición a las sustancias químicas fuertes presentes en esmaltes de uñas, uñas postizas, tintes y permanentes para el cabello, y asegurarse de que la habitación esté bien ventilada.
- Evitar las radiografías innecesarias durante el embarazo. Si una radiografía es necesaria, informar al técnico del embarazo.
- En casos de exposición inevitable a tóxicos mitocondriales, se debería estudiar la posibilidad de reducir al máximo la exposición e implementar el uso de marcadores de toxicidad mitocondrial en la práctica clínica. Es esencial identificar sustancias menos tóxicas para la mitocondria, así como biomarcadores (si es posible, no invasivos) para seguir la evolución de esta toxicidad durante la gestación.
El embarazo, especialmente el primer trimestre, es un periodo muy sensible en la formación del bebé. Es muy recomendable llevar un estilo de vida saludable, alejado de tóxicos y contaminación medioambiental. La detección de microplásticos y otros contaminantes en la placenta representa un serio llamado de atención sobre el alcance de la contaminación en nuestro entorno y nuestra salud.