La antigua Roma, si bien centrada en la procreación como objetivo principal del matrimonio, presentaba complejidades y riesgos en torno al embarazo y el parto. Las jóvenes romanas, a menudo casadas en la adolescencia temprana, se enfrentaban a un periodo de importantes desafíos para la salud tanto de la madre como del recién nacido. La preocupación por las tasas de natalidad, especialmente entre las clases altas, llevó a legislaciones como las Leyes Julias impulsadas por el emperador Augusto en el 18 a.C. La alta mortalidad infantil, con estimaciones de hasta un tercio de los niños falleciendo en el primer año de vida, hacía necesaria una alta tasa de fertilidad, obligando a las mujeres a dar a luz en promedio cinco o seis veces.
En este contexto, figuras como Plinio el Viejo (23-79 d.C.), autor de la monumental obra Historia Natural, y el médico Sorano de Éfeso (98-138 d.C.) ofrecieron perspectivas sobre la atención a la maternidad. Plinio el Viejo, a través de su enciclopedia, recogió saberes populares y experiencias personales, mientras que Sorano aportó un enfoque más médico y sistemático. Ambos abordaron temas cruciales como la fertilidad, el control de la natalidad y la gestión de nacimientos no deseados.

La Visión de Plinio el Viejo sobre la Reproducción y el Embarazo
La Historia Natural de Plinio el Viejo, una vasta enciclopedia que abarca XXXVII libros, dedica atención a diversos aspectos de la vida y la naturaleza, incluyendo la reproducción humana. En sus escritos, se recogen observaciones sobre nacimientos excepcionales, cambios de sexo y las particularidades del embarazo y el parto.
Nacimientos Excepcionales y Monstrosos
Plinio el Viejo documenta casos de nacimientos múltiples, como el de trillizos, mencionando el célebre caso de los Horacios y Curiacios. Un número superior de nacimientos en un solo parto era considerado a menudo un presagio o de mal agüero, aunque con excepciones en regiones como Egipto, donde se atribuía a las propiedades del agua del Nilo. Se relatan sucesos notables como una plebeya en Ostia que dio a luz a dos varones y dos hembras, interpretado como un augurio de hambruna en Roma. También se citan casos de mujeres en el Peloponeso que alumbraron quintillizos en cuatro ocasiones, o incluso siete criaturas en un solo parto en Egipto, según Trogos.
Asimismo, Plinio aborda el fenómeno de los hermafroditas, anteriormente conocidos como andróginos y considerados portentos. Menciona cómo Pompeyo el Grande exhibía en su teatro imágenes de personas con estas características, como Eutiquia, quien tuvo 30 partos, o Alcipa, de quien se decía que había parido un elefante. Se incluyen otros nacimientos inusuales, como el de una serpiente por parte de una criada, o el nacimiento de un hipocentauro en Tesalia, que murió el mismo día, un caso que Plinio mismo presenció conservado en miel.
Cambio de Sexo y Características de la Reproducción
La obra de Plinio también recoge relatos sobre la transformación de sexo. Se mencionan casos documentados en los Anales de muchachas que se convirtieron en muchachos, enviadas a islas desiertas por orden de los augures. Licinio Luciano es citado por relatar el caso de un hombre en Argos que había sido mujer, Arescusa, y que desarrolló barba y atributos masculinos, llegando a casarse. Plinio mismo afirma haber visto en África a una mujer que se transformó en varón el día de su boda, llegando a ser conocida como Lucio Constancio.
En cuanto a la gestación, se señala que en partos de gemelos, la supervivencia de la madre y los hijos es rara, especialmente si son de distinto sexo. Se observa que las hembras nacen y envejecen más rápidamente que los varones, y que el movimiento fetal es más frecuente en varones, quienes suelen posicionarse en el lado derecho del útero, mientras que las hembras se sitúan a la izquierda.
El Proceso de Reproducción Humana y la Gestación
A diferencia de otros animales con estaciones fijas para la reproducción, la reproducción humana puede ocurrir durante todo el año. El período de gestación es variable, pudiendo exceder los seis, siete o incluso diez meses. Se considera generalmente un aborto a una criatura nacida antes del séptimo mes. Plinio indica que los nacimientos en el séptimo mes suelen ocurrir en aquellos concebidos cerca de la luna llena o en ausencia de luna. En Egipto, es común el nacimiento en el octavo mes, y en Italia, estas criaturas sobreviven, contrariamente a creencias antiguas.
Se ilustra la variabilidad con el caso de Vistilia, quien tuvo hijos con diferentes maridos tras embarazos de seis meses, pero luego dio a luz a Suilio Rufo a los diez meses y a Córbulo a los seis, ambos futuros cónsules. También tuvo a Cesonia, esposa del emperador Gayo, tras siete meses de embarazo.
Los niños nacidos fuera de término presentan mayor debilidad durante las primeras seis semanas. Las madres, por su parte, experimentan mayor debilidad en los meses cuarto y octavo de embarazo, y los abortos en estas etapas pueden ser fatales. Se menciona la afirmación de Masurio sobre una sentencia en un caso de herencia, donde se desestimó la reclamación de un heredero que supuestamente nació tras un embarazo de trece meses, basándose en la inexistencia de un período fijo de gestación.
Síntomas y Cuidados Durante el Embarazo
En el décimo día de concepción, síntomas como dolores de cabeza, mareos, visión borrosa, repugnancia por la comida y vómitos anuncian la formación del embrión. Si el feto es varón, la madre suele presentar mejor color y un parto más fácil, con movimiento fetal perceptible a los cuarenta días. En caso de ser niña, los síntomas son opuestos, la carga se hace pesada, hay ligera hinchazón en piernas e ingles, y el primer movimiento fetal se registra a los noventa días. La mayor debilidad para la madre ocurre cuando el embrión empieza a desarrollar cabello, y también durante la luna llena, un período desfavorable para los recién nacidos.
La dieta y el comportamiento de la madre durante el embarazo son cruciales. Se señala que las madres que consumen alimentos excesivamente salados pueden tener niños sin uñas, y la incapacidad de retener alimentos puede dificultar el parto. El jadeo durante el parto puede ser mortal, al igual que un estornudo inmediatamente después de la cópula, que puede provocar aborto.
Aborto y la Fragilidad del Origen Humano
Plinio el Viejo reflexiona sobre la fragilidad del origen humano, lamentando cómo el olor de una lámpara apagada puede causar aborto. Critica la vanidad y el orgullo humano, contrastándolos con la insignificancia de su origen. El texto invita a la reflexión sobre la propia vulnerabilidad, independientemente de la fortaleza física o la fortuna.

La Perspectiva Médica de Sorano de Éfeso y la Atención al Puerperio
Mientras Plinio el Viejo recopilaba conocimientos de diversas fuentes, el médico Sorano de Éfeso, contemporáneo de Plinio en el siglo II d.C., ofreció un enfoque más sistemático y médico, especialmente en su obra Ginecología. Sorano abordó la planificación familiar, el embarazo, el parto y los cuidados postparto, proporcionando detalles sobre las prácticas y creencias de la época.
Evaluación de la Capacidad Reproductiva y Planificación Familiar
Sorano consideraba fundamental evaluar la capacidad de una mujer para concebir y procrear antes del matrimonio, señalando lo absurdo de centrarse únicamente en el linaje o la riqueza. Detalló los exámenes necesarios para determinar dicha capacidad. También analizó la sincronización del coito para lograr la concepción y las etapas posteriores a un embarazo exitoso.
En cuanto al control de la natalidad, Sorano describió varios métodos, incluyendo la evitación de relaciones sexuales en momentos de alta probabilidad de concepción y el uso de anticonceptivos. Estos últimos incluían la aplicación de aceite de oliva viejo, miel o savia de cedro o bálsamo en la entrada del útero, o la inserción de un mechón de lana fina para prevenir la concepción.
El Embarazo y el Parto: Cuidados y Asistencia
Sorano proporcionó guías detalladas sobre los cuidados durante el embarazo, incluyendo el manejo de las náuseas matutinas, la importancia del ejercicio, el fortalecimiento del apetito y el uso de anchos vendajes de lino para sujetar el abdomen en etapas avanzadas de la gestación. Creía que el hombre y su semilla eran los únicos responsables del embrión, considerando a la mujer como un mero receptáculo.
La medición del embarazo se realizaba en meses lunares, con el parto esperado en el décimo mes. Las comadronas (matronas) desempeñaban un papel crucial en el parto. Sorano describía a la comadrona ideal como competente, alfabetizada y libre de supersticiones. Las familias pudientes podían permitirse comadronas entrenadas en cuidados obstétricos profesionalizados, capaces de realizar procedimientos como la rotación del feto en casos de partos difíciles, descritos en el Libro IV de su obra.
Durante el parto, la madre solía recostarse en una cama baja y dura. Se aplicaban paños empapados en aceite de oliva caliente en el abdomen para aliviar el dolor, y una vejiga llena de aceite caliente se colocaba en el costado. Al momento del alumbramiento, la mujer se sentaba en una silla de parto, equipada con apoyabrazos y un orificio en forma de media luna por donde la comadrona recibía al bebé. Sorano recomendaba la asistencia de tres mujeres, dos a los lados y una detrás, para sujetar a la parturienta, mientras la comadrona se situaba en posición opuesta para el alumbramiento.

El Recién Nacido y los Rituales de Aceptación
Una vez nacido el bebé, la comadrona realizaba un examen para detectar posibles deformidades. El padre, quien tenía el derecho legal de exponer al recién nacido, decidía si criarlo o abandonarlo. Los niños expuestos podían ser aquellos débiles, con deficiencias corporales, o incluso niñas, consideradas una carga financiera. En ocasiones, la exposición se realizaba para evitar costos de manutención o la división de propiedades.
La aceptación del recién nacido se simbolizaba mediante el ritual del "tollere liberos", donde el padre levantaba físicamente al infante. Tras esto, el bebé era lavado con una mezcla de sal, natrón o afronitro, suero de leche, aceite de oliva o jugo de cebada. Luego, se procedía a la envoltura del bebé con vendas de lana limpias y suaves, buscando moldear su cuerpo y mantener los miembros sujetos.
El ritual del dies lustricus, celebrado el octavo día tras el nacimiento de una niña y el noveno de un niño, marcaba la aceptación social del infante. Se realizaban ofrendas a los dioses y se le daba nombre. Para proteger al niño de males, se le entregaba la bulla, un amuleto de oro, y a las niñas la lunula.
Cuidados Postparto y el Uso de Nodrizas
Sorano instruía que, entre el día 40 y 60 postparto, se retiraban gradualmente las telas de envoltorio utilizadas desde el nacimiento. En cuanto a la alimentación del recién nacido, Sorano aconsejaba no darle alimento por dos días para permitir su descanso, indicando que aún estaría lleno de alimento materno. Antes de que la nodriza amamantara, se le podían dar alimentos para lamer, como miel ligeramente hervida.
En las familias de clase alta, era común el uso de nodrizas (nutrices), aunque los valores tradicionales romanos favorecían la lactancia materna. Se recomendaba que las nodrizas tuvieran entre 20 y 40 años y hubieran dado a luz dos o tres veces. La leche de nodriza era una práctica extendida, abordada en estudios sobre la lactancia y el amamantamiento en el mundo romano, incluyendo contratos de balizaje y la regulación social de esta práctica.

El cuidado de los niños en la antigua Roma, especialmente en las clases altas, a menudo recaía en nodrizas y otros cuidadores, con una menor implicación directa de los padres en el día a día. La reconstrucción histórica de estos cuidados, centrada en la concepción, el parto y la terapéutica empleada, se basa en fuentes como la Historia Natural de Plinio el Viejo y la Ginecología de Sorano de Éfeso, ofreciendo una visión detallada de las prácticas y creencias relativas al puerperio en la época romana.