La placenta es un órgano fundamental y maravilloso en el embarazo, aunque su ubicación y el proceso de su expulsión, conocido como alumbramiento, a menudo generan dudas y preocupaciones. Su posición dentro del útero puede variar y, en algunos casos, influir en el seguimiento de la gestación y en el parto. Entender tanto la placenta anterior como la dinámica del alumbramiento es clave para un parto seguro y bien informado.
¿Qué es la Placenta y Cuáles son sus Funciones?
La placenta es un órgano que se forma en el vientre o útero durante el embarazo, conectando al bebé con la madre a través del cordón umbilical. Este órgano es esencial para el feto en crecimiento, ya que cumple funciones vitales:
- Aportar oxígeno y nutrientes al bebé.
- Eliminar los desechos de la sangre del bebé.
- Producir hormonas que mantienen el embarazo.

Ubicación de la Placenta en el Útero
La placenta está unida a la pared del útero, cuyo tamaño aproximado es de unos 8-9 cm de longitud y tiene forma de pera. Lo habitual es que la placenta se adhiera a la pared del útero, en la parte superior o lateral. Esta posición suele ser la más segura, ya que permite al bebé crecer sin obstáculos. Casi siempre está unida a la parte superior, lateral, delantera o trasera del útero. El embrión se forma en las trompas de la mujer, recorre la trompa hasta el interior del útero. La anidación del embrión suele ocurrir con más frecuencia en la cara posterior del útero. Más raramente, el embrión se retrasa en su implantación y lo hace en la porción inferior del útero, casi en el canal de salida.
Tipos de Ubicación Placentaria
Existen varios términos que suelen aparecer en las ecografías para describir la posición de la placenta:
- Placenta anterior: Cuando la placenta se adhiere a la pared frontal del útero.
- Placenta posterior: Cuando se ubica en la parte trasera del útero.
- Placenta lateral: Cuando se coloca en alguno de los lados del útero.
Todas estas posiciones son normales y, en la mayoría de los casos, no suponen riesgo. La ecografía es la prueba que permite saber con exactitud dónde está colocada la placenta. Por eso, en las revisiones prenatales se suele anotar su localización.
Placenta Anterior: Características y Consideraciones
La placenta anterior se refiere a la condición en la que la placenta se adhiere a la pared frontal del útero durante el embarazo. La placenta anterior no significa que sea previa. Cuando se encuentra en la cara anterior del útero, la placenta puede estar localizada en la parte superior o en la parte inferior. Cuando está localizada en la parte superior, la placenta está insertada de forma normal. La placenta localizada en la cara posterior también puede estar localizada en la parte superior, siendo normal, o en la parte inferior.
Impacto en la Percepción de Movimientos Fetales
Esta posición de la placenta puede provocar una reducción de la sensibilidad de la madre a los movimientos fetales y podría afectar la capacidad de sentir las patadas y los movimientos con la misma intensidad. Es normal no notar al bebé en las primeras semanas, y las madres con placenta anterior suelen comenzar a sentir los movimientos entre las 16-17 semanas, e incluso más tarde, sobre las 21-22 semanas, como burbujeos o por los lados, notándose más de noche y de lado.
Causas y Factores de Riesgo
La placenta anterior puede producirse por diversas razones. Algunas de las causas más comunes incluyen la edad de la madre, los embarazos anteriores, el tabaquismo y determinadas afecciones médicas. Estos factores pueden influir en el lugar donde se implanta la placenta en el útero. La ubicación de la placenta desempeña un papel fundamental en la salud durante el embarazo, y cuando se encuentra en la parte delantera del útero, pueden surgir ciertos factores de riesgo que requieren un seguimiento y una atención más estrictos para garantizar un resultado exitoso.
Diagnóstico y Tratamiento
La placenta anterior suele diagnosticarse durante las ecografías prenatales de rutina. Esta técnica de diagnóstico por imágenes permite a los profesionales de la salud observar la ubicación de la placenta dentro del útero. El tratamiento de la placenta anterior depende de varios factores, como la etapa del embarazo y las complicaciones asociadas. En general, el tratamiento puede incluir un seguimiento minucioso por parte de los profesionales de la salud, modificaciones del estilo de vida y, en ocasiones, medicación o procedimientos médicos, aunque en la mayoría de los casos no se requiere intervención especial.

Placenta Baja o Placenta Previa
En algunos embarazos, la placenta se coloca más cerca del cuello uterino (cérvix), lo que se conoce como placenta baja o placenta previa. Si la placenta se encuentra cerca de la abertura del cuello del útero, es un caso de placenta previa. Si cubre la abertura del cuello del útero de forma parcial o total, causa la afección de placenta previa. En el primer y segundo trimestre es relativamente frecuente y muchas veces la placenta “sube” de manera natural a medida que el útero crece (fenómeno de migración placentaria).
Si la placenta previa persiste en el tercer trimestre, puede requerir vigilancia extra, ya que puede dificultar el parto vaginal o provocar sangrados. La placenta previa puede causar un sangrado vaginal intenso durante el embarazo o el parto. El tratamiento depende de diversos factores, como la cantidad de sangrado, si este se detiene, el momento del embarazo y la posición de la placenta. Si la placenta previa continúa en las etapas tardías del embarazo, un profesional de atención médica probablemente recomiende una cesárea.
Otros Problemas y Afecciones Placentarias Comunes
Diversos factores pueden afectar la salud de la placenta y dar lugar a complicaciones. Algunas de las afecciones más comunes que pueden dañar la placenta incluyen:
- Desprendimiento de la placenta: Ocurre cuando la placenta se desprende parcial o totalmente de la pared interna del útero antes del parto. Debido al desprendimiento de la placenta, el bebé en desarrollo podría no recibir suficiente oxígeno ni nutrientes. La persona embarazada podría tener dolor de espalda o de estómago y sangrado por la vagina. El desprendimiento de la placenta puede derivar en una emergencia en la que se debe dar a luz al bebé antes de tiempo.
- Placenta adherida (o espectro de placenta accreta): Muy a menudo, la placenta se separa de la pared del útero después de dar a luz. En el caso de la placenta adherida, parte de la placenta o la totalidad de esta permanece unida al útero con firmeza. Esta afección se presenta cuando los vasos sanguíneos y otras partes de la placenta crecen en la pared del útero. Esto puede causar una pérdida de sangre grave durante el parto. A veces, la placenta invade profundamente los músculos del útero o crece a través de la pared uterina. Si esto ocurre, un profesional de atención médica probablemente recomendará una cesárea, seguida de una cirugía para extirpar el útero, procedimiento denominado histerectomía por cesárea.
- Placenta retenida: En un parto vaginal, la placenta se expulsa al poco tiempo de que salga el bebé en la mayoría de los casos. Sin embargo, si no se expulsa la placenta en el plazo de 30 minutos después de dar a luz, es un caso de placenta retenida. La placenta retenida podría ocurrir debido a que la placenta queda atrapada detrás del cuello del útero parcialmente cerrado o porque la placenta sigue unida a la pared uterina. Si no se trata, la placenta retenida puede causar una infección grave o una pérdida de sangre que pone en riesgo la vida. El tratamiento puede incluir medicamentos para ayudar a expulsar la placenta o un procedimiento para extraerla.
Factores que Pueden Afectar la Salud de la Placenta
Existen varios factores que pueden incrementar el riesgo de desarrollar afecciones placentarias:
- La edad de la persona embarazada: Algunas afecciones de la placenta son más comunes en las personas mayores, especialmente después de los 40 años.
- La ruptura de la fuente antes del trabajo de parto: Esto aumenta el riesgo de que haya problemas con la placenta.
- Presión arterial alta: Esta afección puede hacer que llegue menos sangre a la placenta.
- Embarazo múltiple: Cursar un embarazo de gemelos, mellizos u otro tipo de embarazo múltiple podría aumentar el riesgo de desarrollar algunas afecciones relacionadas con la placenta.
- Afecciones relacionadas con la formación de coágulos: Las afecciones que hacen que la sangre coagule muy poco o demasiado aumentan el riesgo de desarrollar algunos problemas placentarios.
- Cirugías previas del útero: Una cesárea, una cirugía para extirpar fibromas o tumores, y otras cirugías uterinas aumentan el riesgo de desarrollar algunas afecciones que dañan la placenta.
- Afecciones previas de la placenta: El riesgo de tener problemas médicos con la placenta podría ser mayor si se tuvieron problemas con la placenta en un embarazo previo.
- Consumo de sustancias adictivas: Algunas afecciones que pueden dañar la placenta son más comunes en personas embarazadas que fuman o que consumen cocaína.
- Lesiones en la zona del abdomen: Un golpe en la zona del abdomen, como por un accidente de auto o una caída grave, aumenta la probabilidad de que la placenta se desprenda del útero demasiado pronto.
Síntomas de Problemas con la Placenta y Prevención
Se debe llamar al profesional de atención médica si se presenta alguno de los siguientes síntomas durante el embarazo:
- Sangrado por la vagina, en especial si es abundante.
- Dolor en la zona del estómago o abdomen.
- Dolor de espalda.
- Contracción y relajamiento de los músculos del útero (contracciones uterinas).
La mayoría de los problemas médicos relacionados con la placenta no se pueden prevenir de forma directa. Sin embargo, se pueden tomar medidas para aumentar las probabilidades de tener un embarazo sano, como asistir a todos los controles de rutina, controlar cualquier afección médica (como la presión arterial alta), no fumar ni usar drogas, y consultar con el médico sobre los riesgos de cirugías uterinas previas o problemas placentarios en embarazos anteriores.

El Alumbramiento: La Tercera Etapa del Parto
El parto no acaba cuando nace el bebé. Tras la salida de este, falta aún que salga la placenta, o lo que es lo mismo, falta alumbrar la placenta. La salida de la placenta humana no es inmediata a la salida del bebé, como ocurre en otras especies. La placenta suele salir después de que el cordón umbilical deja de latir y esto puede producirse poco después del nacimiento del bebé, normalmente entre 10 y 30 minutos más tarde, aunque también puede demorarse en salir una hora o más.
Según la "Estrategia de Atención al Parto Normal", la duración de esta etapa del parto se considera prolongada si no se completa en los 30 minutos posteriores al nacimiento del neonato con manejo activo y 60 minutos con el alumbramiento espontáneo.
Factores que Facilitan el Alumbramiento Espontáneo
La salida de la placenta depende de varios factores, entre ellos que surja un pico de oxitocina muy fuerte que reanude las contracciones. Las condiciones para que el alumbramiento tenga lugar con facilidad son las mismas que se necesitan durante el resto del parto, esto es, tranquilidad, comodidad y un ambiente cálido. La verticalidad también ayuda a la salida de la placenta, pues una vez desprendida del útero resbala hasta la vagina y la sensación de peso activa de nuevo las ganas de empujar. Por último, la presencia del bebé y su interacción con su madre, el contacto físico y visual entre ambos, y la succión del pecho, son el estímulo que el cuerpo de la mujer necesita para producir la oxitocina suficiente para que se produzca la expulsión de la placenta.
¿Cómo funciona realmente la placenta?
Manejo Activo del Alumbramiento
La “Guía de Práctica Clínica de Atención al Parto” del Ministerio de Sanidad recomienda el manejo activo del alumbramiento. Esto implica la administración de 5-10 unidades de oxitocina endovenosa directa (sin diluir) justo cuando sale el hombro anterior del bebé. Esta práctica disminuye en un 60% los casos de hemorragia posparto por atonía uterina y acorta la duración de esta etapa del parto. Debe ser realizado por personal capacitado y diestro en las maniobras y en ambiente hospitalario.
El manejo activo implica que la mujer tiene que tener una vía a través de la cual poder introducirle la oxitocina. La mujer decidirá junto con el equipo médico en qué momento del parto quiere que se le tome esa vía. Si se la pone al principio, tendrá el inconveniente de llevarla puesta durante todo el proceso. Si lo hace al final tras el expulsivo, se estará interviniendo en un momento delicado, pero se permitiría a la mujer librarse de la vía durante el resto del parto y que se la pusieran sólo en el momento en que fuese necesaria para administrarle la medicación.
Controversias y Complicaciones del Manejo Activo
Aunque hay buena evidencia de que el manejo activo del parto aumenta algunas complicaciones maternas, como presión diastólica superior a 100 mm de Hg, náuseas, vómitos y cefalea, no se observaron otras complicaciones como incremento del dolor durante la tercera etapa, HPP secundaria, readmisiones por sangrado, necesidad de antibióticos o fatiga materna a las seis semanas. Sin embargo, existen datos que sugieren que el uso rutinario de oxitócicos incrementa el riesgo de retención placentaria y por tanto la posibilidad de sufrir hemorragia posparto. El riesgo de HPP grave es casi el doble (x 1,8) cuando se administra oxitocina y es, además, proporcional a la cantidad administrada. Los estudios en los que se basan las autoridades para recomendar el manejo activo no especifican todas las características de los casos estudiados. No es difícil imaginar que los partos a los que se refieren dichos estudios hayan sido altamente medicalizados y que en ellos se hayan producido separaciones de los bebés, por lo que la recomendación de hacer uso del manejo activo en el alumbramiento tiene su razón de ser en que, en el ámbito hospitalario, las condiciones no han sido, ni son siempre, las más adecuadas para el alumbramiento espontáneo.
Si 30 minutos después de haber administrado la oxitocina, la placenta sigue sin salir, es habitual proceder a realizar una tracción controlada de cordón para extraerla, lo que obliga a cortar el cordón umbilical si aún no hubiese sido cortado. Si se realiza una cesárea, el profesional de atención médica extraerá la placenta del útero durante el procedimiento. Una vez que está afuera, el profesional revisará la placenta para asegurarse de que esté intacta y que no haya quedado ninguna parte dentro del útero, lo que podría causar sangrado e infección.
Hemorragia Postparto (HPP)
La Hemorragia Postparto (HPP) se presenta en el 3-10% de los partos, según distintos estudios. Una de las principales causas de muerte materna tras el parto son precisamente las hemorragias no controladas. La placenta penetra en el útero materno, por lo que en el momento de su salida se produce una pérdida de sangre desde los vasos sanguíneos maternos que quedan abiertos en la zona donde la placenta estaba anclada. Para cerrar esas salidas de sangre, el útero debe contraerse y reducir su tamaño.