Personajes Infértiles y la Representación de la Maternidad en la Literatura

La literatura ha sido un espejo de las inquietudes humanas a lo largo de la historia, y la infertilidad, una experiencia profundamente personal y social, ha encontrado diversas formas de representación en sus páginas. Desde los antiguos tratados hasta las novelas contemporáneas, los personajes infértiles o aquellos que cuestionan el mandato de la maternidad nos invitan a reflexionar sobre la identidad, el cuerpo y las presiones sociales.

"Infértil" de Rosario Yori: Una Mirada Contemporánea

La novela Infértil (Random House), ópera prima de la escritora peruana Rosario Yori, se erige como un referente actual en el abordaje de este tema. A través de la voz de su protagonista, que comparte nombre con la autora, la obra explora el "fracaso biológico" y la ruptura de un "legado" de mujeres fértiles. La novela surgió de la experiencia personal de Yori, quien, a sus 37 años, se planteó la posibilidad de ser madre y, tras no lograrlo de forma natural, se sometió a tratamientos de fertilidad que no funcionaron. Su "forma de dar vida fue a través de un libro", convirtiendo una experiencia "íntima y brutal en un tema más universal".

Portada del libro Infértil de Rosario Yori con elementos gráficos que evocan el proceso de fertilidad o la naturaleza.

El Mandato Social y la Duda en la Obra de Yori

En el corazón de Infértil reside una profunda reflexión sobre el mandato de la maternidad con el que las mujeres cargan desde los inicios de la humanidad. Yori, en diálogo con Clarín, destaca las luchas feministas por la autonomía sobre los propios cuerpos y el valor de las redes de mujeres, la complicidad de la pareja y la conexión con la tierra y la naturaleza. La protagonista de la novela transita por "las zonas grises, entre el deseo y el no deseo, entre el miedo y el entusiasmo, entre el duelo y el alivio", cuestionando si el deseo de ser madre surge de manera espontánea o es una imposición. Hay una "crítica al cuestionamiento de los cimientos de su identidad como mujer".

La novela también presenta una "masculinidad poco representada en la literatura peruana, una masculinidad feminista", encarnada en el personaje del marido, que "permite el espacio de duda". A lo largo del libro, se mantiene la metáfora del cuidado del árbol y las plantas en una ciudad como Lima, donde la restricción de los espacios verdes contrasta con la libertad que la pareja encuentra al hablar de su futuro en el campo, entre las plantas silvestres.

Yori enfatiza que "la duda es inherente al ser humano" y que la sociedad empuja a las mujeres hacia la maternidad, silenciando estas incertidumbres con comentarios como "ya vas a querer" o "se te va a pasar el tren". Sin embargo, gracias a los movimientos feministas y a la literatura, "la decisión de la maternidad se tiene que tomar en plena libertad y no por presiones u obligaciones". La "incesante búsqueda de tutelar el deseo de la maternidad" lleva a exigir que las mujeres "sean madres antes de los 40", añadiendo "una carga adicional".

Perspectivas Históricas: De los Templos Griegos al Lenguaje Médico

La investigación de Rosario Yori para Infértil la llevó a explorar la historia de la infertilidad en la literatura. Encontró que los primeros registros de tratamientos se remontan al siglo V A.C. en el templo de Epidauro en Grecia y en los tratados hipocráticos, donde las mujeres buscaban sanación a través de los sueños. Yori considera interesante que esos tratamientos "venían de un pensamiento mágico y religioso que contrastaban mucho con el lenguaje médico contemporáneo de los tratamientos in vitro que son sumamente controlados y sumamente racionales". La autora buscó que su protagonista realizara un "camino inverso, que fuera de lo más racional a lo más íntimo y emocional".

La Infertilidad en la Literatura Africana: Rompiendo Tabúes

En el contexto africano, la infertilidad o esterilidad ha sido históricamente "una de las tantas cargas que deben aguantar las mujeres a sus espaldas". En un sistema patriarcal predominante, en la mayoría de las culturas africanas, la infertilidad "solo existe en el género femenino, y es imposible e inconcebible en el masculino". Esto convierte a las mujeres en las principales responsables de "acarrear el peso psicosocial que esto conlleva y la desdicha por sesgar la descendencia en su núcleo familiar", siendo tratadas por sus familiares "como si ellas necesitasen descubrir la cura de aquello que aqueja en sus vientres".

Mujer africana en un entorno rural, posiblemente cultivando o en una situación que refleje las presiones sociales.

Varias obras literarias africanas han abordado esta realidad con una mirada crítica:

  • En Las delicias de la maternidad (Ediciones Zanzíbar, 2004) de Buchi Emecheta, la protagonista Nnu Ego es obligada por su familia política a dejar su hogar y a su esposo por ser “supuestamente” infértil.
  • La obra de teatro Anowa (1970) de la ghanesa Ama Ata Aido, presenta la esterilidad como un problema que padecen solo las mujeres, hasta que la protagonista, Anowa, descubre que la imposibilidad de concebir es de su adinerado esposo.
  • Las que aguardan (El aleph, 2011) de la senegalesa Fatou Diome, narra cómo Arame recurre a un viejo amor de la infancia para "formular los secretos de la fertilidad" y cumplir de este modo con las reglas marcadas por la sociedad: dar hijos, si son hombres mejor, y seguir procreando.
  • La colección de relatos entrelazados Go tell the sun (Modjaji Books, 2011) de la botsuana Wame Molaphe, llevada también a la ópera, tiene como protagonista a Sethunya y su “supuesta infertilidad”.
  • The secret lives of Baba Segi’s wives (2010) de la nigeriana Lola Shoneyin, utiliza la infertilidad enmascarada -impuesta socialmente tanto por hombres como por mujeres- para cuestionar hasta qué punto es lícito y justificable concebir fuera del matrimonio a fin de evitar el rechazo y la lapidación social. La novela intercala distintas voces narrativas en primera persona, creando personajes femeninos con "autonomía, poder de voz y diferentes puntos de vista", reflejando la cultura yoruba y el drama de la sociedad patriarcal nigeriana.

La Maternidad como Experiencia Límite en la Literatura Femenina Occidental

La literatura escrita por mujeres ha abordado la maternidad de una forma que se distancia de los discursos normativos, presentándola a menudo como "un problema biológico y social, incluso metafísico", y como "un tiempo de inquietud, conectado con la literatura de género".

El Embarazo y el Parto como Terror y Trauma

En el pasado, tener hijos en Occidente conllevaba un grave riesgo para la vida de la madre y el hijo, por lo que es normal que los embarazos fuesen temidos. Un ejemplo popular es Frankenstein (1818) de Mary Shelley, escrita como resultado de traumas familiares relacionados con el parto y la pérdida. El miedo a una procreación fallida es el núcleo de esta pesadilla, el "deseo imposible de dar vida a la carne muerta". Otro clásico terrorífico, con ecos lovecraftianos, es El papel pintado amarillo (1890) de la norteamericana Charlotte Perkins Gilman, que refleja la angustia femenina.

Maternidad, Crisis y Rebelión

Una generación de escritoras del siglo XX utilizó el embarazo y la condición de madre como detonante de la crisis nerviosa y la enfermedad mental, ilustrando "el peso abrumador de una responsabilidad que en muchos casos no se podía compaginar con el oficio de escribir y ese rol de la mujer como pilar doméstico invencible". A diferencia de los escritores masculinos que podían auto denominarse "malos padres" sin perder prestigio artístico, la "ambivalencia materna hacia los hijos, entre un amor desbocado y el rechazo violento", no se explicitó hasta fechas recientes. La consideración de una escritora que no cumple el rol de "buena madre" es muy diferente, enfrentando la disyuntiva de "o buena madre o escritora".

Dibujo o ilustración de una mujer escribiendo en un escritorio, con elementos que sugieren ansiedad o reflexión profunda.

La literatura femenina ha ofrecido retratos muy duros de la condición de madre en situaciones límite, cuestionando "no ya el sistema patriarcal y la situación política, sino a la propia naturaleza como la causa del desacuerdo entre la creación literaria y la procreación femenina". Algunas autoras "se han rebelado contra el don de la maternidad, y en su lugar lo han interpretado como una maldición".

Ejemplos de esta rebeldía y crítica incluyen:

  • Shirley Jackson, quien hizo un "exorcismo bienhumorado, pero no exento de ansiedad", sobre el caos de llevar una casa, ocuparse de su trabajo y el cuidado de sus cuatro hijos en Life Among the Savages (1997).
  • Mercè Rodoreda en La plaza del Diamante (1962), donde el embarazo y la maternidad son un tormento físico y una carga insoportable para la protagonista, Natalia (La Colometa), quien fantasea con matarlos y suicidarse. Esta "rebelión personal contra las costumbres todavía resuena en la historia de la literatura".
  • La dramaturga costarricense Ana Istarú en Baby Boom en el paraíso (1996) y la fallecida Sara Joffré, quien en su obra Una guerra que no se pelea (2002) aborda episodios de abortos y esterilización.
  • Diamela Eltit, quien "actualiza el mito de Medea como respuesta a la violencia patriarcal en Chile" en su novela Los trabajadores de la muerte (1998).
  • La autobiografía de Gioconda Belli, El país bajo mi piel: memorias de amor y guerra (2001), que aborda el sandinismo desde la experiencia de las mujeres y su doble lucha.
  • La escritora valenciana Concha Alós (1926-2011), cuya obra rebelde y atrevida, como Los enanos (1962) y la colección de cuentos de terror Rey de gatos, narraciones antropófagas (1975), explora la sexualidad femenina, la injusta posición de la mujer en la sociedad franquista y las mutaciones físicas como manifestación de desequilibrio mental y protesta social y corporal.

El Arquetipo de la Virgen María en la Literatura Española

En la literatura española, las expectativas sobre las mujeres estuvieron marcadas por el "ideal católico de la Virgen María", que, leído fuera de su contexto, exigía "un comportamiento imposible" y generó "graves daños en las mujeres". Este "relato femenino fantasmal" de una adolescente que concibe sin contacto físico, acepta con resignación su destino y asiste al sacrificio de su hijo, ha sido una "construcción ideológica" de siglos. La literatura femenina comenzó a subvertir esta fábula en el siglo XVIII con la Ilustración. En la posguerra del siglo XX, autoras como Carmen Martín Gaite y Mercè Rodoreda crearon personajes que "no se ajustan a los roles del franquismo: mujeres solteras, mujeres que se han negado a tener hijos, y que por ello permanecen aisladas, rechazadas por la sociedad".

La Ciencia Ficción y las Distopías sobre la Procreación y el Control

La ciencia ficción es un terreno fértil para explorar los augurios en torno al control de natalidad, la infertilidad y el papel de la tecnología y el poder político sobre el cuerpo humano. Maestras del género llevan décadas expresando hipótesis sobre la manipulación genética, las "granjas de fertilidad (masculinas también)" y los posibles problemas de un cambio en el concepto de género.

El Mundo en 3.000 Años: la Distopía de la Humanidad Rota (Documental de Ciencia Ficción)

Ejemplos destacados incluyen:

  • El cuento de la criada de Margaret Atwood, popularizada por la serie de televisión, que aborda una distopía totalitaria donde las mujeres fértiles son subyugadas con fines reproductivos.
  • La novela Swastika Night (1937) de Katharine Burdekin (escrita bajo el seudónimo masculino Murray Constantine), que imagina un futuro donde los hombres gobiernan en solitario, y las mujeres son "recluidas en jaulas, únicamente disponibles como ganado para la procreación, siempre controlada en número y calidad".

El Lenguaje de la Infertilidad y la Búsqueda de Trascendencia

La experiencia de la infertilidad a menudo se ve envuelta en un lenguaje "bancarizado" o técnico-científico-legal que puede "deshumanizar" el proceso. Rosario Yori sintió que este lenguaje "no lograba representar la complejidad de una decisión de ese tipo y de las emociones que despierta", lo que la impulsó a volcarse a la literatura para encontrar un lenguaje que pudiera "representar la experiencia humana y todas las dimensiones emocionales y psicológicas que se abrieron a partir de este proceso". Decidió narrar en primera persona e incluir su nombre "como una manera de ponerme al frente de esta situación, de rescatarme de todo este lenguaje médico, técnico y controlador".

Para la autora, escribir Infértil fue "una manera de resistirse a ese diagnóstico de que tu cuerpo es incapaz de producir algo". Reconoció que, si bien su cuerpo no podía reproducirse, "sí podía producir" a través de la escritura, encontrando la "fertilidad en otros campos". Esta búsqueda de la trascendencia es una respuesta a la "gran pregunta sobre la trascendencia" que surgió con el diagnóstico de infertilidad, un momento en que le dijeron: “Contigo se acaba la historia”.

La novela de Yori y otras obras de su tipo contribuyen a un "canon que tiene una nueva aproximación a la maternidad y la relación de las mujeres con la idea de la maternidad", dando visibilidad a procesos que se llevan en soledad y potenciando discusiones necesarias sobre el cuerpo femenino. Yori señala que las mujeres están "permanentemente bajo un escrutinio mucho mayor que el que pueden sentir los hombres" y que "hay una doble presión sobre nosotras" de ser "productivas y reproductivas". El dilema de "Congela tus óvulos y no detengas tus planes" es un claro ejemplo de esta presión. Además, critica que no se debe culpar a las mujeres por la baja en la tasa de natalidad, ya que responde a "estructuras que nos sobrepasan".

Finalmente, la pregunta sobre si la infertilidad es una enfermedad es respondida por Yori como "una condición", aunque se sienta como una enfermedad debido a los imperativos sociales que llevan a sentir que "algo está mal con tu cuerpo, de que estás incompleta". Los "discursos naturalistas" que atacan avances médicos como la fecundación in vitro son vistos como "peligrosos", ya que abren la puerta a "un montón de intolerancias de otra índole".

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