El parto prematuro, también conocido como parto pretérmino, se define según la Organización Mundial de la Salud (OMS) como aquel nacimiento que ocurre antes de completar la semana 37 de gestación. Esta condición representa un desafío médico significativo, ya que el grado de inmadurez del neonato es inversamente proporcional a su edad gestacional, lo que determina el riesgo de complicaciones graves.

Clasificación del nacimiento prematuro
La gravedad de las complicaciones está directamente relacionada con el momento del nacimiento. Los bebés prematuros se clasifican según su edad gestacional:
- Prematuro extremo: nacimiento antes de la semana 28.
- Muy prematuro: entre la semana 28 y la 32 de gestación.
- Prematuro moderado-tardío: parto ocurrido entre la semana 32 y la 37.
Causas y factores de riesgo
Aunque en muchos casos la etiología exacta es desconocida, se han identificado diversos factores que aumentan la probabilidad de un parto prematuro. Estos se dividen en condiciones gestacionales y maternas.
Factores gestacionales
- Embarazo múltiple (gemelar, trillizo, etc.).
- Polihidramnios: presencia excesiva de líquido amniótico.
- Insuficiencia cervicouterina o anomalías uterinas.
- Defectos en la placenta, como placenta previa o desprendimiento prematuro.
- Sangrados durante el embarazo.
- Intervalo intergenésico corto (menos de 18 meses entre partos).
Factores maternos y de estilo de vida
El estado de salud previo y los hábitos durante la gestación juegan un papel crucial:
- Infecciones: como la periodontitis, vaginosis bacteriana o infecciones urinarias.
- Estrés: tanto físico como psicológico intenso.
- Estilo de vida: tabaquismo, consumo de alcohol o drogas.
- Antecedentes: historial de partos prematuros previos o cirugías cervicales.
- Condiciones crónicas: hipertensión arterial, obesidad o bajo índice de masa corporal (IMC <19).

Síntomas de alarma
Es fundamental acudir a urgencias ante la presencia de signos que indiquen una posible amenaza de parto prematuro:
- Contracciones regulares y frecuentes (más de 5-6 por hora).
- Sangrado vaginal o expulsión del tapón mucoso.
- Presión abdominal o dolor lumbar persistente.
- Rotura prematura de membranas (pérdida de líquido amniótico).
Diagnóstico clínico
Ante la sospecha, el equipo médico realiza pruebas para confirmar si la paciente se encuentra en trabajo de parto activo:
- Monitorización: registro de la frecuencia y duración de las contracciones.
- Ecografía transvaginal: para medir la longitud cervical (un cuello <20-25 mm es un indicador de riesgo).
- Pruebas bioquímicas: detección de fibronectina fetal en secreciones cervicovaginales.
- Examen pélvico: evaluación de la dilatación y el borramiento cervical.
Manejo y tratamiento
El objetivo principal es retrasar el nacimiento para permitir la maduración fetal y reducir las secuelas.
- Tocólisis: uso de fármacos (como antagonistas de los canales de calcio o bloqueadores de oxitocina) para frenar las contracciones durante al menos 48 horas.
- Corticoides: administración de betametasona o dexametasona para acelerar la maduración pulmonar del feto.
- Neuroprotección: uso de sulfato de magnesio en gestaciones entre las semanas 24 y 32.
- Cerclaje cervical: procedimiento quirúrgico para cerrar el cuello uterino en casos de incompetencia cervical diagnosticada.
MADURACIÓN PULMONAR FETAL: BENEFICIOS, RIESGOS, INDICACIONES, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia
Impacto en el neonato
Los bebés prematuros enfrentan riesgos significativos debido a la inmadurez de sus órganos. Las complicaciones más comunes incluyen dificultades respiratorias, problemas de termorregulación, inmadurez del sistema digestivo e inmunológico, y riesgos de hemorragias cerebrales. Por ello, el ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) es a menudo necesario hasta que el bebé pueda mantener sus funciones vitales por sí solo.