El Significado Filosófico y Simbólico de la Partera

La figura de la mujer, vinculada intrínsecamente a la vida, se manifiesta de forma potente en la labor de la partera. Hacer posible la existencia humana, desde el momento en que la mujer culmina la gestación y sobreviene el parto, requiere labores universalmente ejercidas por mujeres denominadas parteras. Esta potente figura femenina nos ofrece un universo simbólico insondable que representa la conexión con el origen de la vida y su desarrollo humanizador.

La Partera como Conexión con el Origen de la Vida

Símbolo de Sabiduría y Fuerza Femenina

La partera es un símbolo perdurable de la sabiduría, del conocimiento, de la energía y la fuerza de las mujeres en su arraigo en la tierra. La tradición del alumbramiento ha permanecido a lo largo de la historia conservada por las mujeres parteras, quienes con su sabiduría guardan y transmiten las habilidades necesarias para culminar el alumbramiento de las nuevas criaturas.

Foto de una partera tradicional con gestante

Mediadoras Espirituales en Diversas Culturas

En distintas culturas, las parteras son consideradas como Mediadoras Espirituales por poseer el don de conectar el mundo espiritual y el material. Son poseedoras de una sabiduría ancestral sobre el embarazo, el parto y los cuidados al bebé y a la madre.

Rol y Simbolismo en Culturas Antiguas

Mitología Azteca: Toci, Nuestra Abuela

En la mitología azteca, la partera era denominada Toci, conocida como Nuestra Abuela y patrona de las parteras. En el mundo nahua, la partería fue vista como un ejercicio sagrado.

Representación artística de la diosa azteca Toci

Antiguo Israel: Un Papel Predominante y Religioso

En el antiguo Israel, las parteras tienen un papel predominante ligado a Yahvé en la obra misma de la creación. A lo largo de su historia, Israel vincula estrechamente el parto con principios de carácter religioso que dan lugar a rituales y normas específicas del alumbramiento.

Sifrá y Puá: Desobediencia y Temor de Dios

Mención especial merecen las parteras Sifrá y Puá por su crucial intervención en el relato del Éxodo (Ex. 1:15-20). Estas mujeres reciben la orden expresa del Faraón de dar muerte a los varones recién nacidos de forma terminante y directa, un mandato patriarcal que impone la muerte donde debe aflorar la vida. Una vez llegado el momento, Sifrá y Puá desobedecen el mandato y operan en favor de la vida. Eran mujeres valoradas por el tipo de trabajo que ejercían en la vida corriente, y que, según Denise Kingdom, “el temor del Señor las llevó a ser extraordinarias hacedoras de justicia”, representando la decisión por implantar la justicia en condiciones de manifiesta desigualdad. Su resiliencia hace posible una realidad alternativa a la realidad impuesta por el sistema patriarcal dominante.

Las parteras, por su parte, no cumplen el mandato del faraón y dejan con vida a los niños, movidas por su "temor de Dios". El verbo "Yirá" (ירא), unido a los términos que refieren a Dios, adopta un sentido religioso de dar culto, respetar y ser fiel. Este temor de Dios las lleva a venerarlo y a defender la vida, mostrando que no es solo una actitud cultual, sino activa, ligada a la defensa de la vida, incluso a costa de ellas mismas, desobedeciendo al todopoderoso faraón, a quien no le tienen miedo. Así, se convierten en un modelo de santidad de la desobediencia y resistencia a órdenes de muerte.

Ilustración de las parteras Sifrá y Puá desafiando al Faraón

El Debate sobre la Nacionalidad de Sifrá y Puá

El libro del Éxodo (Ex 1, 15-22) introduce a las parteras Sifrá y Puá como protagonistas principales, aunque la tradición bíblica no las recuerda extensamente. Un dato de relevancia es que las comadronas "probablemente eran mujeres mayores que poseían mucha experiencia en el parto", usualmente "posmenopáusicas" que estaban "libres de muchas restricciones de tiempo y pureza que afectaban a mujeres más jóvenes". La objeción sobre su descendencia (Ex 1,21) es un tema debatido, ya que el texto es un relato folclórico y no una crónica histórica.

La mayoría de los comentaristas modernos se inclinan a pensar que eran hebreas, dado que es difícil concebir que mujeres egipcias asistieran los partos de esclavas hebreas. Sin embargo, lingüísticamente, la expresión hebrea permite entender "parteras que asisten a las hebreas" (pudiendo ser egipcias) o "parteras que son ellas mismas hebreas de nacionalidad". Sociológicamente, por la delicadeza y confianza que implica un parto, es difícil que los hebreos, que se movían por clanes, admitieran extranjeras. Sin embargo, surge la objeción de que el faraón difícilmente confiaría a mujeres hebreas la tarea de matar a recién nacidos hebreos. Flavio Josefo sugiere que eran egipcias para asegurar la obediencia al rey. Otra explicación propone que Sifrá y Puá eran las parteras (o jefas de parteras) del harén del monarca, lo que explicaría la ambigüedad lingüística y la confianza del faraón. Su origen étnico es crucial: como egipcias, ejemplifican cómo Dios usa a no hebreas para sus fines; como hebreas, se vuelven símbolo de la lucha nacional por la libertad. El autor ha construido un relato enigmático, cuya intención no es mostrar su nacionalidad, sino su toma de posición por los niños y su decisión de evadir al faraón.

La Importancia de los Nombres en el Relato Bíblico

Los nombres de Sifrá y Puá son semíticos, pero su mención es relevante en contraste con el rey de Egipto, que es anónimo. Un nombre expresa ordinariamente la actividad o el destino de quien lo lleva, pudiendo evocar circunstancias o el porvenir. En este caso, no es despreciable, considerando la frecuencia con que las mujeres son anónimas en la Biblia. Los nombres de las parteras se relacionan con sus acciones: ellas se hicieron un nombre mediante sus actos de preservar la vida. El Tárgum Neofiti relaciona Sifrá con "limpiar" (mšprt) o "embellecer" (meshaperet) al bebé, y Puá con "soplar" (np't) o "gritar" (peá) para ayudar a la criatura, o incluso con insuflar vida a un bebé que parecía muerto. Otras interpretaciones vinculan a Sifrá con el crecimiento de Israel y a Puá con su presentación ante Dios o su confrontación con el faraón.

El Temor de Dios como Sabiduría Activa

El temor de Dios las convierte en mujeres sabias, puesto que para el pensamiento israelita esta actitud religiosa es causa de sabiduría (Pr 9, 10; 31, 30; Sal 111, 10). Sus convicciones y su piedad las presentan como modelos para el pueblo de Israel. Su piedad se refleja en la sagacidad y en la capacidad para hacer frente a la acusación del Faraón con argumentos racionales. El temor de Dios se transforma en astucia e ingenio para preservar la vida, y en deliberada desobediencia ante la opresión y la matanza.

La personificación femenina de la Sabiduría es un tema clásico que ha cobrado gran interés en la teología feminista. Las mujeres que luchan contra la injusticia dan un "espléndido y sorprendente testimonio femenino" que ofrece nuevas imágenes para hablar del Sophia-Dios que no es indiferente al sufrimiento. En este relato del Éxodo, la Sabiduría contó con la colaboración de mujeres de diferentes clases, razas y edades: con la astuta y desafiante intervención de las comadronas Sifrá y Puá, con la madre de Moisés y su hermana Miriam, y con la hija del faraón. En cada generación, las mujeres que trabajan y sufren por la justicia son cooperadoras de la ardiente llama de Sabiduría, sacramentos de su voluntad de liberación.

Europa Medieval: Persecución y Transmisión de Saberes

En la Europa del Medievo, las parteras sufrieron durísimas persecuciones, sostenidas por difamaciones de brujería en procesos jurídicos de la Inquisición, lo que evidencia la lucha por el control del conocimiento y el poder femenino.

El Oficio de la Partera: Cabeza, Manos y Corazón

El oficio de partera vincula a mujeres de distintas culturas y creencias en una actividad común y original: hacer posible aflorar la vida, acompañar y cuidar a la díada madre/nueva criatura. Requiere el uso de la cabeza (conocimiento), las manos (habilidad) y el corazón (empatía y cuidado).

Las Parteras en el Cristianismo Primitivo: Testimonios Apócrifos

El llamado del Papa Francisco a trabajar más el rol de la mujer en el cristianismo primitivo y a que haya más teólogas mujeres en una iglesia que cometió el pecado de masculinizarse, nos brinda la ocasión de meditar acerca de la Navidad a la luz de tradiciones que no son las habituales de los cuatro evangelios canónicos.

El Nacimiento de Jesús y las Parteras Apócrifas

Precisamente, las noticias de los apócrifos (escritos cristianos primitivos no aceptados por la Iglesia) hablan de dos mujeres que habrían presenciado el milagro del nacimiento de Jesús, conservándose ecos preciosos en el arte medieval. El Protoevangelio de Santiago, de mediados del siglo II d. C., nos muestra a un José anciano que lleva a María a una cueva para el parto y busca una partera, encontrando a una mujer anónima (en el evangelio del pseudo-Mateo se le da el nombre de Zelomí). Tanto José como la mujer presencian un portento: una nube luminosa desciende sobre la gruta y aparece María amamantando al niño.

Salomé: Entre la Incredulidad y el Milagro

Cuando la comadrona salió de la cueva, vino a su encuentro Salomé, a la que dijo: «Salomé, Salomé, tengo una maravilla nueva que contarte: una virgen ha dado a luz, cosa incomprensible para su naturaleza». Replicó Salomé: «Vive el Señor mi Dios, que, si no meto mi dedo y examino su naturaleza, no creeré que una virgen haya dado a luz». Esta Salomé comparte la misma profesión de partera y es mencionada como representante femenina de la incredulidad, necesitando tocar para creer, al igual que el apóstol Tomás. Al palpar a María, Salomé grita: «¡Ay de mí, por mi maldad y mi incredulidad! Porque he tentado al Dios vivo, y he aquí que mi mano se me cae quemada». Tras este castigo, suplica a Dios, recordando que es descendiente de Abrahán, Isaac y Jacob, y que realizaba sus curaciones en nombre de Dios. Luego, un ángel le informa que su oración fue escuchada y que debe tocar al niño y alzarlo para tener “salud y alegría”. Salomé sigue las instrucciones, adora al niño y recupera su antigua condición, reconociéndolo como futuro rey.

Mosaico bizantino de la natividad de Jesús con las parteras

La Tumba de Salomé: Un Legado Perdurable

En diciembre de 2022, circuló el anuncio del hallazgo de la tumba de Salomé en el Parque Nacional de Tel Lachish, Israel. El emplazamiento es antiguo, y las inscripciones en la pared y los restos votivos sugieren una capilla en su honor que perduró hasta el siglo XI. Esto sugiere que Salomé fue la primera en haber recibido un milagro de Jesús. Es difícil estudiar estos testimonios apócrifos, pero son piezas de un rompecabezas que hablan de la relevancia de las mujeres en la historia del cristianismo y de una espiritualidad que nutrió por siglos a estas comunidades.

La Cosmovisión Nahua: La Partería como Ejercicio Sagrado

La matronería es tan antigua como la humanidad, y las distintas culturas han conservado conocimientos tradicionales vinculados al embarazo. En México, las parteras tienen una relación estrecha con el mundo indígena. La conservación del saber indígena, resultado del aislamiento económico, ha permitido que la esencia de la tradición partera llegue hasta nuestros días. En el pasado, el oficio de las parteras formó parte de la cosmovisión de la civilización prehispánica, cobrando una dimensión ritual y social. El nacimiento no era un asunto aislado, sino un acontecimiento que involucraba a toda la comunidad.

Foto de una partera tradicional mexicana

La Partera como Consejera Espiritual y Sanadora

De acuerdo a Fray Bernardino de Sahagún, las parteras eran personajes respetables dedicados a la adoración de Chicomecóatl, diosa de la fertilidad humana y agrícola. El proceso de embarazo era indiferenciado del acto creativo de la madre tierra, y los hijos eran vistos como plantas que se desgarraban de sus madres para florecer. Al saberse embarazadas, las mujeres comunicaban la noticia a sus padres, quienes organizaban una comida para la comunidad, y las parteras participaban como consejeras espirituales y médicos.

El Parto como Lucha y Renacimiento

Cuando llegaba el momento del parto, la madre se transformaba en una guerrera, librando una lucha entre la vida y la muerte. Este momento era llamado «la hora de la muerte», donde se pensaba que la madre renacía del lugar de los muertos. Si una mujer moría durante el parto, la comadrona iniciaba inmediatamente los actos funerarios en honor de una mártir de guerra. En cambio, si la madre y el hijo sobrevivían, se felicitaba a la matrona y se organizaba una fiesta de nombramiento.

El Temazcal: Conexión con la Madre Tierra

El lugar de alumbramiento era el temazcal, donde las parteras medicaban a las madres con distintas hierbas para acelerar el proceso de nacimiento. Si el trabajo de parto se complicaba, las matronas solicitaban permiso para despedazar el producto. La asistencia al temazcal también tenía el significado de acceder a las entrañas mismas de la Madre Tierra. Las mujeres utilizaban frases como «Es una cueva, una barranca, lo que hay en nosotras» para emparentar el vientre femenino con la tierra.

Ilustración de un temazcal con mujeres en un ritual de parto

La Madre y el Bebé: Naturaleza Vegetal y Maduración

Tras el nacimiento, tanto la madre como el bebé eran percibidos como seres fríos de naturaleza vegetal. Para los nahuas, los bebés eran seres fríos que poco a poco iban madurando y adquiriendo mayor calor.

La Partera en la Actualidad y su Renacimiento

En la actualidad, cada vez son más las mujeres que demandan los servicios de las parteras. Según los testimonios, las matronas permiten tener un parto humanizado, sin violencia obstétrica y con acompañamiento terapéutico. Entre las ventajas de la asistencia de una comadrona se encuentran el parto en el hogar, la movilidad y el acompañamiento familiar.

El Concepto de "Doula" y Parto Humanizado

La RAE acaba de agregar en su última edición del diccionario el término doula -del griego ‘servidora’-, con el sentido de mujer que, entre otras cosas, acompaña física y emocionalmente en el parto, el puerperio y la lactancia. Esto refleja una revalorización contemporánea del apoyo y cuidado femenino en el proceso de nacimiento.

Fusión de Conocimientos: Tradición y Ciencia

Actualmente, el gobierno mexicano e instituciones privadas ofrecen cursos de certificación de la partería con la intención de cruzar conocimientos científicos y tradicionales. Para 2014, México poseía cerca de 15 mil parteras tradicionales, lo que demuestra la persistencia y adaptación de esta valiosa labor.

Foto de una matrona moderna o doula asistiendo a un parto en casa

La Mayéutica Socrática y la Partera de Ideas

La irrupción de la inteligencia artificial generativa en la producción científica ha suscitado intensos debates sobre la integridad, la transparencia y, sobre todo, la autoría. En este contexto, la perspectiva mayéutica socrática, el método de “dar a luz ideas”, ofrece un marco conceptual fructífero para repensar esta relación.

La Metáfora de la "Obstetricia" del Conocimiento

El término “mayéutica” deriva del griego maieutikós, que significa “arte de la obstetricia”. Este método funciona mediante preguntas sucesivas: en lugar de transmitir el conocimiento directamente, Sócrates interrogaba a sus interlocutores para que examinaran sus propias creencias, identificaran contradicciones en su razonamiento y llegaran gradualmente a una comprensión más refinada. Esta perspectiva tiene profundas implicaciones para el debate sobre la IA y la autoría científica.

Inteligencia Artificial como "Partera" en la Investigación

El uso predominante de sistemas de IA generativa en el ámbito académico ha seguido una lógica instrumental, considerándose la IA un oráculo que proporciona respuestas predefinidas. Sin embargo, la perspectiva mayéutica sugiere un reposicionamiento radical de esta relación. En lugar de extraer respuestas, el investigador puede utilizar la IA como un interlocutor dialógico que ayuda a aclarar, examinar y refinar ideas en gestación. Desde esta perspectiva, la IA asume el papel de “partera”: plantea preguntas, ofrece perspectivas alternativas, identifica lagunas en el razonamiento y cuestiona suposiciones.

Infografía conceptual de la IA como partera de ideas en la investigación científica

La Autoría y la Responsabilidad Epistémica

No obstante, el investigador sigue siendo quien “da a luz” el conocimiento. La responsabilidad epistémica, la capacidad y la obligación de responder por el conocimiento producido, sigue siendo intransferible. Las principales organizaciones de ética en publicaciones científicas coinciden en un punto fundamental: los sistemas de IA no pueden ser considerados autores porque no pueden asumir responsabilidad. El Consejo COPE (2023) estableció que las herramientas de IA no cumplen los requisitos de autoría porque «no pueden responsabilizarse del trabajo» ni «gestionar cuestiones relacionadas con la precisión, la integridad y la originalidad». Revistas como Science y Nature han sido categóricas al afirmar que el texto generado por IA es análogo al plagio o que los modelos de lenguaje a gran escala no cumplen los criterios de autoría.

Directrices Éticas y el Uso de la IA Generativa

Un análisis bibliométrico de Ganjavi et al. (2024) reveló que solo el 24% de las editoriales académicas contaban con directrices específicas sobre IA generativa, pero entre las que sí las tenían, entre el 96% y el 98% prohibían atribuir la autoría a los sistemas de IA. La perspectiva mayéutica ofrece un marco más matizado para las políticas editoriales que la simple dicotomía permiso/prohibición. Elsevier distingue entre usos aceptables (refinamiento del lenguaje, apoyo al análisis) y prohibidos (generación de imágenes científicas, producción de texto sin supervisión crítica). Springer Nature enfatiza que el uso debe documentarse en los métodos. Existe una necesidad urgente de nuevas directrices éticas para el uso de la IA en la investigación científica, que incluyan recomendaciones desde una definición clara del papel de la IA hasta mecanismos para verificar el contenido generado.

Alfabetización en IA y el Rol del Investigador

La perspectiva mayéutica tiene implicaciones directas para la formación de investigadores en competencias relacionadas con la IA, lo que se ha denominado alfabetización en IA. Long y Magerko (2020) definieron la alfabetización en IA como «un conjunto de competencias que permite a las personas evaluar críticamente las tecnologías de IA, comunicarse y colaborar eficazmente con ella, y utilizarla como herramienta». Esto implica desarrollar la capacidad de interactuar críticamente con estos sistemas: formular preguntas que estimulen la reflexión, evaluar críticamente los resultados generados, identificar sesgos, lagunas e inconsistencias, y ser consciente de la propia posición como agente epistémico responsable. Los programas de posgrado y la formación en metodología científica deben incorporar estas dimensiones.

Preservando la Agencia Humana en la Producción Científica

La metáfora mayéutica ofrece un marco conceptual que trasciende las dicotomías simplistas del debate actual sobre la IA en la ciencia. Si bien persisten preguntas sobre el sesgo algorítmico, la desigualdad de acceso, los impactos ambientales y los riesgos de homogeneización del pensamiento científico, la cuestión central es preservar la agencia humana en la investigación intercalada con la IA generativa. Para la comunidad de la comunicación científica, el reto consiste en desarrollar mecanismos que evalúen no solo la transparencia en el uso de la IA, sino también la calidad del proceso dialógico que este representa. En definitiva, en el método socrático, la partera no es la protagonista del parto; ese rol le corresponde a quien da a luz. En la producción científica mediada por IA, el conocimiento genuino continúa surgiendo del investigador.

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