El secuestro de José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones, representó el cautiverio más largo perpetrado por la organización terrorista ETA. Durante 532 días, Ortega Lara estuvo retenido en un zulo en condiciones inhumanas, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra el terrorismo y un catalizador para la movilización social en España.
El Inicio del Secuestro: Un Golpe a la Rutina Familiar
El 17 de enero de 1996, José Antonio Ortega Lara salió de su trabajo en el Centro Penitenciario de Logroño con la intención de regresar a su hogar en Burgos con su esposa, Domitila, y su hijo de dos años, Dani. Sin embargo, no llegó a casa. Fue secuestrado en el garaje de su domicilio, un hecho que marcó el inicio de un calvario para él y su familia.
La decisión de Ortega Lara de dejarse crecer la barba se convirtió en una razón poderosa: hacer feliz a su hijo Dani, de tres años, el día que volvieran a encontrarse. Cuando ese momento llegó, 532 días después, Dani ya no tenía 3 años, sino cuatro y medio. Ni una sola noche había dejado de preguntar por qué papá tardaba tanto en volver a casa.
El periodista Florencio Domínguez, director del Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, explica que la mayor parte de las víctimas de ETA eran elegidas de forma arbitraria, basándose en la información disponible sobre ellas. "Es funcionario de prisiones y nos sirve, como tenemos información de este y no de otro, nos lo llevamos", resume Domínguez, exponiendo el razonamiento de ETA. En 1995, la banda decidió emprender una ofensiva contra los funcionarios de las cárceles para acabar con la dispersión de sus presos. Con una vida normal, sin escoltas y una rutina metódica, Ortega Lara era el objetivo perfecto para ETA.
"Abrí la puerta de mi garaje y tenía la precaución de observar si había algo raro, no observé nada", relató años más tarde ante el juez. "Paré el coche y puse la barrera de seguridad. Por detrás salieron dos individuos y uno me puso la pistola en la sien". Los terroristas lo introdujeron en el maletero de su coche y luego lo transportaron al zulo en un camión. Ortega Lara había sido secuestrado por el comando Bellotxa y estaba a merced de ETA.

La Reivindicación y la Movilización Social
El 20 de enero, una persona anónima reivindicó el secuestro en nombre de ETA en una llamada telefónica al diario 'Egin'. A cambio de su liberación, pedían la agrupación de sus presos en las cárceles vascas, en lugar de la habitual petición de un rescate económico. Durante casi 18 meses, el burgalés se convirtió en rehén de ETA, atrapado en un cautiverio que finalizó cuando la Guardia Civil logró dar con el zulo el 1 de julio de 1997.
La sociedad española alzó la voz en el preámbulo de lo que sería, solo un año después, el Espíritu de Ermua tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. El 22 de enero, los compañeros de trabajo del funcionario convocaron un paro de cinco minutos en todas las cárceles españolas en un movimiento de solidaridad que no cesó hasta su rescate. Sus colegas de la prisión de Logroño decidieron concentrarse en silencio a las puertas de la cárcel todos los miércoles, día de la semana en que se produjo el secuestro.
La movilización social para pedir la liberación de Ortega Lara "no alcanzó las dimensiones de lo que vendría después, pero engrasó unos mecanismos sociales que explotaron con el caso de Blanco", afirma el director del Memorial. El 30 de enero, unas 25.000 personas se manifestaron en la capital de La Rioja contra los secuestros del funcionario y del empresario José María Aldaya.
Condiciones Infrahumanas y Esperanza
El zulo en el que estuvo retenido José Antonio Ortega Lara se encontraba en una nave industrial de Mondragón, cerca del río Deva, lo que provocaba una humedad constante y un ambiente viciado por la falta de ventilación. El habitáculo, de aproximadamente seis metros cuadrados, carecía de luz natural y las condiciones eran infrahumanas.
"Cuando los secuestradores entraban en esa habitación, Ortega Lara no sabía si era para darle de comer o pegarle un tiro. En un secuestro que tiene fines económicos, el rehén puede tener la esperanza de salir con vida y recuperar la libertad a cambio del dinero que se ha pedido. Sin embargo, el cautiverio tenía fines políticos: "Eso hizo que muchas veces José Antonio pasara momentos de extrema desesperanza, por la falta de perspectivas de salir de ahí".
Durante el secuestro, Ortega Lara llegó a pensar en quitarse la vida. "Me llegué a cortar las venas y pensé en ahorcarme, lo tenía todo preparado, pero llegó el rescate de la Guardia Civil", relató en el libro "Historia de un desafío". "Llegó un momento en que perdí también las ganas de vivir y decidí dejar de hacerlo. Hice un primer intento cortándándome las venas con el metal, previamente lijado, de los auriculares, y quedé desmayado momentáneamente con sangre a mi alrededor; pero acabé despertando, y limpié la sangre diciendo a mis carceleros que había sangrado de la nariz. Un escenario lleno de sangre no me pareció la mejor manera de morir y opté por ahorcarme con una cuerda de plástico que había conseguido tejer".

La Operación de Rescate
Durante año y medio de investigaciones, la Guardia Civil siguió decenas de pistas que no dieron resultado. Finalmente, entre la documentación incautada a un dirigente de ETA detenido en Francia, apareció un hilo del que tirar: una anotación encriptada en un listado de pagos en efectivo a miembros de la banda: "Ortega 5K BOL".
La investigación condujo hasta José Manuel Uribetxeberria Bolinaga, un hombre de Mondragón ya fichado por la Guardia Civil. Los agentes comenzaron a rastrear sus movimientos hasta confirmar su pertenencia a ETA y localizar una nave industrial "en la que no se fabricaba nada". Con absoluta discreción, los guardias civiles vigilaron la nave durante varias jornadas y observaron que los sospechosos introducían alimentos que no consumían, lo que indicaba que eran para otra persona.
Ante estos hechos, la Guardia Civil ordenó el arresto inmediato de Bolinaga y el resto del comando la madrugada del 1 de julio de 1997, iniciando una cuenta atrás para el rescate. El juez Baltasar Garzón se trasladó de urgencia para coordinar el registro judicial de la nave. Tras horas de búsqueda infructuosa, uno de los agentes notó algo extraño en una de las máquinas. Decidieron levantarla y descubrieron una apertura oculta que, mediante un sistema hidráulico, daba acceso al zulo.
A las siete menos cinco de la mañana, el ministro del Interior recibió la llamada del director general de la Guardia Civil: "Ministro, ya lo tenemos". Un agente de Intxaurrondo fue el encargado de bajar al zulo y aplacar la inquietud de Ortega Lara, quien, creyendo que era uno de sus secuestradores, le dijo: "Matadme de una puta vez".
20 años liberación Ortega Lara
La Recuperación de la Libertad y el Reencuentro Familiar
A las siete y cinco minutos, el ministro del Interior comunicó la noticia de la liberación a la esposa de José Antonio. Seis minutos después, los oyentes de Onda Cero escucharon por primera vez la frase que más se repetirá a lo largo del día: "La noticia de la libertad".
En tres lugares de España se vivieron instantes de honda satisfacción: el hogar de los Ortega Diez en Burgos, el cuartel de la Guardia Civil de Intxaúrrondo y la prisión de Logroño. Los compañeros del funcionario liberado fueron los primeros en felicitarse públicamente. La emoción de los funcionarios de Logroño se contagió a todas las personas que durante año y medio habían colgado el lazo azul de sus solapas, y se extendió a los grupos políticos, las instituciones y el gobierno.
José Antonio Ortega Lara, veinticuatro kilos menos que cuando lo metieron en el zulo, llegó a primera hora del día 1 de julio al cuartel de Intxaúrrondo. El examen médico apreció desnutrición y fatiga. Unas horas después, 532 días después, José Antonio pudo reencontrarse con Domitila. Sólo Isaac, el hermano de ella, fue testigo de ese encuentro. "Mi hijo no me reconoció", relataría Ortega Lara más tarde. Al principio no podía dormir, estuvo seis meses con pastillas, y siempre lo hacía con la persiana subida, tenía necesidad de ver la luz; todavía hoy necesita estar con la persiana algo subida.
Al día siguiente, José Antonio y Domitila regresaron a su casa de Burgos. Un helicóptero los trasladó desde San Sebastián a la comandancia de la Guardia Civil en la capital burgalesa. La familia Ortega Díez volvía a estar completa. Dani, un niño rubio, inquieto, de cuatro años y medio, no tuvo que preguntar ya esa noche por qué papá tardaba tanto en volver. José Antonio le animó a tirarle de las barbas, antes de llamar al barbero para que, al día siguiente, hiciera su trabajo y las afeitara.
La noche que Daniel Ortega Diez recuperó a su padre, Burgos estalló en fiestas. "Por fin José Antonio en casa", se leía en la pancarta que el ayuntamiento desplegó en el mismo balcón desde el que Domitila tomó la palabra para dar las gracias a todos los que habían hecho posible el reencuentro.

Las Secuelas del Cautiverio
Tras su liberación, José Antonio Ortega Lara hablaba poco, lento y en voz muy baja. Fue así como, lentamente y en voz baja, un día les dijo a los suyos: "No sabéis cómo son los terroristas. Seguro que ahora matan a alguien". 532 días encerrado en un zulo de seis metros cuadrados, sin luz natural, perdiendo la cuenta de los días y con la única presencia de sus secuestradores. Cada jornada era una incertidumbre: no sabía si iba a vivir o morir.
La adaptación a la vida fue dura. "Me quería ir con mi mujer a un monasterio, pero mi cuñado me dejó una semana tranquilo; luego ya me obligó a salir e intentar retomar mis hábitos normales", relató. El día que regresó a Burgos, lo convencieron para bajar al portal para que lo vieran los medios de comunicación; tuvo que ponerse el pantalón de un sobrino suyo porque había perdido veintitantos kilos. "Odiaba la calle, odiaba a Ortega Lara, al personaje mediático; yo era José Antonio, en mi casa y con mi familia".
Al principio, la gente lo agobiaba en la calle, era molesto, pero luego cesó. "Todavía hay alguien que me para y me saluda; también me encuentro con gente que me insulta (algún «Gora ETA» me han dicho), pero eso ha ocurrido muy pocas veces". Ha ido alguna vez por el País Vasco, aunque no le gusta mucho esa región. Ha seguido informado sobre la evolución de ETA y la lucha antiterrorista. Reniega de los últimos gobiernos y de la deriva que han tomado respecto a los terroristas.