Los grupos de ayuda mutua como estrategia en el trabajo social

La intervención del/la trabajador/a social mediante la creación de Grupos de Ayuda Mutua (GAM) permite abordar eficazmente problemas de salud mental. Estos grupos consisten en la construcción de espacios donde personas que comparten problemáticas similares impulsan la mejora de sus complejas situaciones. Aunque son una alternativa de actuación muy beneficiosa, no se llevan a la práctica con tanta frecuencia como cabría esperar.

Esquema conceptual que ilustra la interacción y reciprocidad entre los miembros de un Grupo de Ayuda Mutua (GAM).

Fundamentos y características de los GAM

Para entender esta metodología, es fundamental analizar sus pilares:

  • Grupo: Se trata de una actividad colectiva.
  • Ayuda: Destaca por proporcionar apoyo ante un problema compartido.
  • Horizontalidad: Existe reciprocidad y corresponsabilización; nadie es superior al otro.

A diferencia de la terapia grupal, los GAM no se sitúan en la lógica del tratamiento, puesto que no existe un psicoterapeuta mediando las sesiones ni se espera que los participantes asuman roles de enfermo-terapeuta.

Estructura y funcionamiento

Para construir un grupo es importante, en primer lugar, establecer los motivos y asegurar que las personas compartan las mismas problemáticas. Posteriormente, se deben determinar las características formales:

  • Tamaño: Es preferible que el grupo no sobrepase los 10 participantes ni sea menor a 5, para generar un espacio de confianza y seguridad.
  • Frecuencia y duración: Los encuentros deben realizarse de manera continuada para no perder los vínculos. La duración debe ser suficiente para que todos se expresen, evitando el agotamiento.
  • Compromiso: Es imprescindible asistir de manera regular y comprometerse a un número mínimo de sesiones (se recomienda un mínimo de seis) para abordar temas complejos.
Infografía que detalla las normas básicas de convivencia y respeto en los grupos de ayuda mutua.

Normas básicas y valores fundamentales

El respeto es la norma básica, y se desglosa en acciones concretas:

  1. Trato cordial: Generar un clima de bienestar.
  2. Turnos de palabra: Respetar el momento de cada uno, sin interrupciones.
  3. Ausencia de juicios: No juzgar ideas ni valores, permitiendo la expresión sin miedo.
  4. No dar consejos: Cada persona tiene su propio proceso de aprendizaje.
  5. Inclusión: Fomentar el sentimiento de pertenencia, evitando que una sola persona acapare la palabra o se formen subgrupos.

El rol del trabajador/a social

Aunque los GAM no precisan de la presencia de un profesional en las sesiones, el/la trabajador/a social desempeña funciones clave:

  • Orientación: Guía al grupo y al moderador durante las primeras sesiones (generalmente hasta la cuarta).
  • Apoyo psicológico: Facilita un espacio donde la persona pueda autoevaluarse y desahogarse.
  • Vinculación: Impulsa los vínculos entre participantes para combatir el aislamiento.
  • Gestión de recursos: Informa sobre recursos personales y externos, además de fomentar habilidades para afrontar conflictos.

Aplicación en salud mental y prevención del suicidio

En España, el 9% de la población padece algún problema de salud mental. Los GAM son herramientas poderosas para combatir el estigma y el autoestigma, permitiendo que los individuos dejen atrás el rol de "enfermo".

En cuanto a la prevención del suicidio, los GAM son vitales, ya que las personas con ideación suicida a menudo se sienten solas. Estos grupos ofrecen:

  • Apoyo y comprensión a familias y allegados.
  • Un espacio para aliviar la soledad y expresar emociones sin ser juzgados.
  • Aprendizaje sobre conductas suicidas y nuevas formas de afrontar el duelo.

¿Cómo se lidera un grupo de personas con adicción? | Yolanda Salamanca y Marcela Paz

La fuerza de un GAM radica en el efecto de identificación ("eso también me pasa a mí"), que permite al individuo dar un sentido a su sufrimiento, implicándose como protagonista y responsable de su propia recuperación.

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