La partería tradicional ha sido una contribución esencial a la atención materna desde tiempos ancestrales, logrando resultados favorables tanto para la madre como para el recién nacido en la mayoría de los casos. Esta práctica milenaria continúa vigente en diversas regiones de países latinoamericanos, con una presencia más marcada en áreas rurales, zonas urbanas marginadas o lugares donde el sistema de salud formal no llega debido a inaccesibilidad territorial, desinterés o modelos culturales arraigados en la población. De una u otra forma, se ha erigido como un pilar fundamental para la salud reproductiva de las mujeres en comunidades alejadas.

El rol de la partera tradicional en la comunidad
Valoración y confianza en las comunidades
La labor de las parteras tradicionales es profundamente valorada por las mujeres en las zonas rurales. Su disponibilidad inmediata y el empleo de prácticas culturales ancestrales durante el trabajo de parto les confieren seguridad y confianza. Además, el respeto por sus costumbres, la actitud amigable de las parteras y los costos mínimos de atención son factores que impulsan la preferencia de las mujeres por ser atendidas por ellas. Su labor se consolida tras años de dedicación y de afrontar eventos fortuitos sin poseer la formación académica formal.
Atención del parto y prácticas culturales
La atención del parto por las parteras sigue las creencias y costumbres locales. Buscan la posición más cómoda para la gestante, acomodan al feto para asegurar una posición correcta antes del nacimiento y emplean plantas medicinales con resultados previamente probados. También permiten la compañía de familiares para brindar apoyo. Aunque el uso de plantas medicinales durante el trabajo de parto está muy extendido, también lo están los posibles efectos adversos que pueden surgir.

Cuidados post-parto y tradiciones
Después del nacimiento, las parteras proporcionan cuidados al recién nacido, de manera similar a como se haría en un centro de salud, pero utilizando recursos rudimentarios de su entorno. Cortan el cordón umbilical con objetos (como carrizo) desinfectados con alcohol, amarran y cubren la parte restante del cordón, abrigan al recién nacido y lo bañan con agua tibia. Luego, esperan la expulsión de la placenta, estimulan su salida frotando el abdomen de la parturienta, y una vez expulsada, fajan a la mujer y entierran la placenta en la misma casa, cumpliendo así con las tradiciones culturales.
Soy Partera Tradicional: Rituales y Cesáreas
Importancia del rol y necesidad de apoyo
Dada la relevancia del rol que cumplen las parteras en sus comunidades y los riesgos inherentes a los que se exponen las gestantes durante el proceso de gestación y parto, es crucial la intervención de profesionales de enfermería. Su rol es direccionar, acompañar y encauzar de forma segura el trabajo de la partería tradicional. La educación en salud que el profesional de enfermería brinde a las parteras contribuirá a que ofrezcan una atención con prácticas más seguras.
Experiencias y saberes de las parteras tradicionales
Iniciación y desarrollo de la labor
Las parteras suelen ejercer esta labor desde hace muchos años, aprendiendo de sus predecesoras o a través de sus propias vivencias. La iniciación puede ser fortuita, asumiendo la función ante la inminente necesidad de atender a mujeres en trabajo de parto sin estar preparadas, o aprendiendo de un familiar cercano que les indica los pasos a seguir. La personalidad inquieta, la curiosidad, la predisposición, el atrevimiento, la iniciativa, combinadas con prudencia y responsabilidad, son cualidades que las hacen "válidas" para atender partos. También influyen su generosidad y un fuerte sentido de compromiso con su comunidad.

Técnicas empleadas en el trabajo de parto
Durante la fase de alumbramiento, las parteras realizan acciones como esperar la expulsión de la placenta, lavarla y acomodar a la madre. Para favorecer este proceso, utilizan la medicina tradicional, especialmente plantas con propiedades terapéuticas conocidas y disponibles. Ejemplos de plantas mencionadas son la ortiga, el pumapara y el higuerón, utilizadas para diversas finalidades como aliviar el "mal paso" (complicaciones), "amacizar los huesitos" o inducir el parto. También emplean "fresquitos" y "hierbitas" para ayudar a la gestante a dar a luz o para normalizar la presión arterial. La adecuada comunicación entre parteras y gestantes genera confianza y seguridad, ya que las parteras comparten las mismas costumbres y conductas, y la empatía es inherente a su quehacer.
Eventos fortuitos y resolución de problemas
Enfrentar eventos fortuitos es parte de su labor. Un estudio cualitativo con parteras del norte del Perú identificó como categorías las experiencias favorables, que incluyen las primeras experiencias en la partería, las técnicas empleadas en el trabajo de parto, el uso de plantas y la sensación de bienestar post-parto, así como una categoría de "eventos fortuitos en el trabajo de parto".
Sentimientos de bienestar y satisfacción
La atención exitosa de un parto proporciona a las parteras una profunda sensación de bienestar y satisfacción. Expresan alegría y alivio al ver a la madre y al bebé sanos, sintiendo que han contribuido a traer una nueva vida a la "madre tierra".
Contexto histórico y social de la partería
La partería en la España rural (mediados del siglo XX)
En la España rural de mediados del siglo XX, mujeres como Petrina, de Albares de la Ribera, compaginaban labores del campo, costura y hogar con la partería. Su iniciación a menudo estaba ligada a una necesidad familiar o comunitaria, como asistir a una cuñada o ayudar a una partera mayor. A pesar de la falta de estudios reglados, su valentía y disposición eran reconocidas por los sanitarios, quienes eventualmente delegaban en ellas la atención de partos ante la escasez de medios y la preferencia de las parturientas por el trato más cercano y respetuoso de sus costumbres.
Las parteras en este contexto adoptaban las posiciones que la parturienta deseaba, mantenían normas de higiene básicas y aplicaban técnicas aprendidas, como masajes para estimular el parto o el "meter mano" para acomodar al feto. También realizaban el "bautismo de urgencia" si el recién nacido corría peligro de muerte, una práctica enseñada por los curas. Estas parteras desempeñaron un papel trascendental que, por diversas razones, ha permanecido invisible.
La persistencia en Colombia: Guapi y el Valle del río Cimitarra
En el municipio de Guapi, Costa Pacífica caucana (Colombia), las parteras, como Teófila Betancurt, han sido primordiales para la preservación de la vida, supliendo las carencias de hospitales y equipos técnicos y humanos. Su rol trasciende la asistencia al parto, siendo también médicas, psicólogas, guías espirituales, agricultoras y protectoras del medio ambiente. Su sabiduría ha permitido forjar salud y vida incluso en contextos de exclusión institucional y conflicto armado.
La partería tradicional afro en Colombia ha logrado ser reconocida como patrimonio inmaterial de la nación, gracias a la incidencia política de organizaciones sociales. Esto es un paso hacia la justicia étnico-racial y el respeto por los saberes ancestrales, donde el cuidado es un derecho colectivo y una responsabilidad compartida.
En el Valle del río Cimitarra (Magdalena Medio), las parteras son la "única opción" para la atención del parto debido a dificultades económicas, el conflicto social y armado, y la escasa presencia del Estado. En esta región, la gestación, parto y puerperio son vistos como eventos íntimos que requieren un ambiente familiar, solidario y cálido, lo que explica la preferencia por la atención de las parteras frente a la infraestructura fría e impersonal de los servicios de salud formales.
Diálogos regionales y reconocimiento global
Aportes al Plan de Acción Mundial de la OMS
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) promovió un diálogo regional con la Alianza Continental de Parteras Tradicionales e Indígenas de las Américas para recabar sus aportes sobre la propuesta del Plan de Acción Mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la Salud de los Pueblos Indígenas. Las parteras, representando a 15 organizaciones de once países, analizaron críticamente el borrador, señalando que, aunque reconoce la participación indígena, el lenguaje es insuficiente y no garantiza una participación vinculante con poder real de decisión.
Identificaron limitaciones en la conceptualización de las parteras tradicionales como "acompañantes" en lugar de agentes clave, y la falta de respeto y reconocimiento de los sistemas de salud indígenas. Enfatizaron que el plan debe reconocer el papel central de las parteras como actoras políticas y sanitarias, y abordar los determinantes estructurales de la salud desde una perspectiva integradora que incluya aspectos espirituales, culturales y territoriales.
Desafíos y propuestas de la Alianza
El debate también abordó desafíos lingüísticos, la exclusión histórica de las parteras tradicionales de espacios globales de deliberación, y la importancia de mantener la integridad de los sistemas de salud indígenas sin subordinarlos al sistema biomédico occidental. Hubo consenso en la necesidad de respetar y reconocer legítimamente los sistemas de salud tradicionales de cada territorio, expresando preocupación por la tendencia a profesionalizar la partería tradicional.
La Alianza propuso crear una mesa de trabajo continua con la OPS para fortalecer la colaboración y solicitó incluir en la declaratoria para el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas el respeto y reconocimiento legítimo de los sistemas de salud propios de cada pueblo y territorio, y la oposición a la profesionalización o tecnificación forzada de la partería tradicional.