¿A qué sabe la placenta y qué riesgos conlleva su consumo?

La idea de consumir la placenta después del parto, conocida como placentofagia, ha ganado popularidad en los últimos años, impulsada en gran medida por las redes sociales y figuras públicas. Sin embargo, a pesar de las creencias extendidas, la comunidad científica y médica se muestra escéptica y advierte sobre la falta de evidencia de sus supuestos beneficios y los potenciales riesgos para la salud.

¿Qué es la placenta y cuáles son sus funciones?

La placenta es un órgano temporal, pero de vital importancia, que se forma en el útero durante el embarazo. Su función principal es actuar como un puente entre la madre y el feto, facilitando el intercambio de oxígeno, nutrientes y la eliminación de productos de desecho. Conecta al bebé con la madre a través del cordón umbilical, actuando como una barrera inmunológica y produciendo hormonas esenciales para mantener el embarazo y preparar el cuerpo para el parto.

Sus funciones incluyen:

  • Fuente de nutrientes: Suministra al feto proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales necesarios para su desarrollo.
  • Intercambio de oxígeno: Asegura un suministro adecuado de este gas vital.
  • Barrera inmunológica: Protege al feto de posibles infecciones y enfermedades.
  • Producción hormonal: Genera hormonas como la hCG y la progesterona, cruciales para el embarazo.
  • Regulación del crecimiento: Controla el flujo sanguíneo y el desarrollo fetal.
  • Salud de la piel: Contiene colágeno y antioxidantes que pueden ser beneficiosos.
Infografía detallando las funciones de la placenta durante el embarazo

Supuestos beneficios de la placentofagia

Los defensores del consumo de la placenta, ya sea cruda, cocida, encapsulada o en batidos, argumentan que puede ofrecer una variedad de beneficios para la salud materna. Entre las afirmaciones más comunes se encuentran:

  • Prevenir la depresión posparto.
  • Ayudar a lograr un equilibrio hormonal saludable.
  • Aumentar la producción de leche materna.
  • Mejorar el estado de ánimo y la energía.
  • Proporcionar nutrientes importantes, como el hierro.

Sin embargo, es fundamental destacar que no existe evidencia científica sólida que respalde estas afirmaciones. Las mejoras percibidas por algunas mujeres podrían atribuirse al efecto placebo o a otros factores, ya que no han sido confirmadas por estudios clínicos controlados.

Riesgos asociados al consumo de placenta

La comunidad médica y las autoridades sanitarias alertan sobre los riesgos potenciales de la placentofagia, dado que la placenta actúa como un filtro natural para absorber toxinas y contaminantes durante el embarazo.

Contaminación bacteriana

La placenta y los productos derivados de su procesamiento, como las cápsulas, pueden contener bacterias, incluyendo el estreptococo del grupo B. Si el tejido no se procesa adecuadamente, estas bacterias pueden afectar tanto a la madre como al recién nacido. Se ha documentado un caso en el que un bebé desarrolló sepsis neonatal grave tras el consumo de cápsulas de placenta contaminadas.

Acumulación de toxinas

Debido a su función como barrera y filtro, la placenta puede acumular metales pesados y otras sustancias potencialmente tóxicas. La evidencia científica sugiere que estos contaminantes pueden persistir incluso después de la cocción o encapsulación.

Niveles residuales de hormonas

Algunos preparados de placenta pueden contener niveles residuales de hormonas como estrógenos, progesterona y oxitocina. Estas hormonas podrían interferir con la lactancia, la coagulación o causar efectos adversos en personas sensibles.

Falsa sensación de seguridad

Confiar en la placentofagia como método de prevención de la depresión posparto podría llevar a las mujeres a retrasar la búsqueda de tratamientos probados y eficaces, creando una falsa sensación de seguridad.

Diagrama de flujo mostrando los posibles riesgos del consumo de placenta

Perspectiva de la comunidad médica y científica

Organizaciones como la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) no recomiendan la placentofagia. Señalan que no existen beneficios clínicamente probados y que la práctica puede implicar riesgos significativos. La Dra. Alicia Damiano, investigadora del Conicet, enfatiza que los estudios disponibles coinciden en la ausencia de beneficios, y que consumir cápsulas de placenta no repone las reservas de hierro ni mejora el estado de ánimo.

Además, se argumenta que los nutrientes y hormonas placentarias no se retienen en cantidades suficientes después del procesamiento para ser beneficiosos. Expertos como el Dr. Carlos Guardia, del Instituto Nacional de Salud de EE. UU., señalan que, si bien muchos mamíferos consumen su placenta por instinto de supervivencia (para ocultar rastros y evitar depredadores), esta razón no es aplicable a los humanos.

Otras formas de aprovechar la placenta

Más allá del consumo, existen otras prácticas relacionadas con la placenta, algunas de las cuales no están respaldadas por evidencia científica para la salud humana:

  • Suplementos en pastillas: La placenta se deshidrata y se tritura para encapsularla.
  • Joyería personalizada: Artistas transforman partes de placenta deshidratadas en piezas de joyería como recuerdo.
  • Arte creativo: Se utilizan impresiones de placenta o pinturas no tóxicas para crear obras de arte.
  • Plantación: Algunas madres entierran la placenta en su jardín, a menudo junto a un árbol, como símbolo de crecimiento.
  • Cremas para el cuidado de la piel: Se argumenta que sus componentes pueden ser beneficiosos para la piel.

¿Cómo funciona realmente la placenta?

Recomendaciones profesionales

Ante la duda, la recomendación de los profesionales de la salud es consultar a un dietista-nutricionista o médico. Estos profesionales pueden ofrecer orientación basada en evidencia científica actualizada, explicando que no se ha demostrado que el consumo de placenta tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación adecuada y el descanso.

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