El nacimiento prematuro, definido como aquel que ocurre antes de las 37 semanas de gestación, afecta a una proporción significativa de bebés a nivel mundial, con aproximadamente uno de cada diez bebés estadounidenses naciendo de forma prematura cada año. A nivel global, esto representa unos 15 millones de bebés anualmente. Este fenómeno no solo presenta desafíos inmediatos para los recién nacidos, sino que también se asocia con un mayor riesgo de sufrir diversos trastornos, incluyendo problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad, al alcanzar la edad adulta.
Los primeros niños que se beneficiaron de los avances médicos han alcanzado ya la edad adulta, y estos individuos representan una proporción creciente de la población debido al aumento de la frecuencia de los nacimientos prematuros y de las tasas de supervivencia. Por consiguiente, resulta fundamental conocer mejor las consecuencias de la prematuridad en la edad adulta, identificar los problemas que se atenúan o persisten en el transcurso de la vida, investigar los factores asociados a los buenos resultados y las intervenciones que se pueden ofrecer.

Avances Médicos y Evolución de la Supervivencia
Históricamente, la supervivencia de los bebés prematuros era extremadamente difícil. Por ejemplo, la historia de tres bebés prematuros nacidos en julio de 1932 ilustra las extremas dificultades de supervivencia antes de los avances médicos. En aquel entonces, los cuidados se limitaban a soluciones caseras como colocar a los bebés en cajas de zapatos con algodón junto a una chimenea encendida las 24 horas del día, dándoles friegas de mostaza para la respiración y alimentándolos gota a gota con pipeta. A pesar de estos esfuerzos, uno de los trillizos falleció al día siguiente de su nacimiento, y los dos hermanos restantes, Michel y André, pasaron días entre la vida y la muerte. Contra todo pronóstico, lograron sobrevivir y alcanzar la edad adulta, un verdadero "milagro de la naturaleza" en una época donde la medicina tenía poco que ofrecerles.
La aplicación de técnicas eficaces de reanimación neonatal y de asistencia respiratoria no se extendió hasta la década de los 60. Este progreso ha estado acompañado de un aumento espectacular de la probabilidad de supervivencia de los niños prematuros. De acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud, son aquellos que nacen antes de que se cumplan las 37 semanas de gestación (u ocho meses y medio de embarazo).
Estudios como el francés EPIPAGE-2 demuestran este avance: el 52% de los bebés prematuros extremos (nacidos entre la semana 22 y la 26), el 94% de los muy prematuros (nacidos entre la 27 y la 31) y el 99% de los prematuros moderados (nacidos entre la 32 y la 34) salen vivos del hospital y, por lo general, no presentan secuelas. Mientras que hace 60 años los bebés muy prematuros apenas tenían posibilidades de sobrevivir, ahora se puede afirmar que viven y crecen con normalidad.
Complicaciones de la Prematuridad en la Infancia
A pesar de la mejora en las tasas de supervivencia, la prematuridad sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en los menores de cinco años a nivel mundial. Aquellos que sobreviven pueden enfrentar problemas de salud importantes. El nacimiento prematuro interrumpe de forma abrupta el desarrollo intrauterino. Aunque el organismo presenta todos los órganos, estos son inmaduros.
Por tanto, los procesos de crecimiento y maduración de los órganos -especialmente el cerebro, los pulmones y el aparato digestivo- deben continuar en peores condiciones que si hubieran tenido lugar dentro del útero materno. Como resultado, durante las primeras semanas de vida, la inmadurez asociada al nacimiento prematuro puede causar dificultades respiratorias y digestivas, hemorragias cerebrales e infecciones. Dichas complicaciones pueden ser transitorias o hacerse crónicas, especialmente en los casos de displasia broncopulmonar.
Las secuelas neurológicas son frecuentes, sobre todo en los bebés muy prematuros, y pueden manifestarse como trastornos de la motricidad, con retraso o dificultad al caminar; como trastornos cognitivos, con dificultades en el lenguaje oral o escrito; o incluso como trastornos de la atención y problemas sensoriales, visuales o auditivos. Algunos estudios también han observado que, en general, su coeficiente intelectual es más bajo, que presentan más dificultades en matemáticas y ortografía, y que suelen ser menos extrovertidos.

Consecuencias en la Salud del Adulto Prematuro
Riesgos Físicos a Largo Plazo
Un estudio de cohorte dirigido por la Universidad de Rhode Island vincula el índice de riesgo médico acumulativo de los prematuros desde el nacimiento hasta los 12 años con los trastornos de la edad adulta a los 35 años. El riesgo médico se cuantificó desde el nacimiento hasta los 12 años mediante un índice compuesto que incorpora el peso al nacer, la edad gestacional, la duración de la oxigenoterapia y el estado de salud neurológico y médico en múltiples momentos.
Cada aumento de un punto en el riesgo médico en la primera infancia se asoció con un aumento de 7 puntos en la presión arterial sistólica, una disminución de 13 mg/dL en el colesterol HDL y un aumento de 54 mg/dL en los triglicéridos. La grasa tenía mayor probabilidad de acumularse en la región abdominal que en la parte inferior del cuerpo, y la densidad mineral ósea era menor. No se encontraron asociaciones con la presión arterial diastólica, el colesterol LDL, la hemoglobina A1c ni los marcadores inflamatorios.
Sin directrices clínicas para la detección de adultos prematuros, muchos profesionales podrían pasar por alto factores de riesgo arraigados en la infancia. Aunque la inmensa mayoría de los adultos que nacen prematuramente gozan de buena salud, algunos corren un mayor riesgo de padecer disminución de la función cardiopulmonar, hipertensión sistémica y síndrome metabólico que sus homólogos nacidos a término. Es decir, estos problemas de salud suelen manifestarse a una edad más temprana en comparación con los bebés no prematuros. Algunos investigadores consideran que la prematuridad es una enfermedad crónica.
Impacto en la Salud Mental y la Personalidad
Las personas que han nacido de forma prematura tienen un mayor riesgo de sufrir algún trastorno mental, caso de la depresión o la ansiedad, al alcanzar la edad adulta. Aunque la inmensa mayoría de los adultos que nacen prematuramente gozan de buena salud, algunos corren un mayor riesgo de padecer ansiedad y depresión, así como trastornos neurológicos y conductuales, en comparación con sus homólogos nacidos a término.
Los resultados de un estudio, alcanzados tras examinar la posible presencia de problemas de salud mental cuando los participantes tenían una edad promedio de 23 años, mostraron que aquellos que nacieron de forma prematura presentaban más comportamientos "evitables" y tenían "interiorizados" aspectos como la depresión, la ansiedad o la soledad. Los investigadores puntualizan que una de las limitaciones del trabajo es que se basó en la percepción de los propios encuestados, lo que no siempre es tan fiable como los registros o diagnósticos en los que interviene un profesional sanitario.
El caso de Manuel, un paciente con agorafobia que fue prematuro, ilustra cómo las experiencias emocionales de los padres pueden influir en la percepción de fragilidad del niño, afectando su desarrollo emocional. Manuel, quien desarrolló agorafobia en la adolescencia, no había relacionado sus problemas emocionales con su condición de prematuro hasta que en terapia se exploró cómo su madre, desde su niñez, le había transmitido la idea de que era un ser frágil en un mundo peligroso.
De hecho, la prematuridad también puede tener otras consecuencias sorprendentes. Por ejemplo, los adultos que nacen prematuramente suelen tener una personalidad diferente. No es una diferencia anormal, sino que tienden a ser más concienzudos, cautelosos, agradables, tímidos y menos propensos a adoptar conductas arriesgadas o desarrollar adicciones. Esto podría explicar en parte por qué sufren acoso con mayor frecuencia o por qué presentan más dificultades sociales, especialmente con sus parejas o amigos.

El Rol de la Familia y la Crianza en el Desarrollo del Prematuro
El embarazo suele durar 38 semanas, pero en algunas ocasiones el parto se adelanta y el bebé nace antes de lo esperado. Las experiencias emocionales en torno al nacimiento de un niño prematuro acompañarán a la familia toda la vida, influyendo en la crianza y en la propia identidad del niño. Las restricciones en la alimentación y los cuidados de la salud entrenan a la futura madre en el cuidado del bebé y preparan para las necesidades y renuncias que acompañan a la nueva etapa vital.
Muchas mujeres se sienten culpables al vivir un parto prematuro, repasando mentalmente lo que han hecho en busca de una causa. Es fundamental comprender que nadie tiene la culpa, lo cual es muy importante para la futura madre. Algunos padres tienen sentimientos de rechazo al ver a sus hijos recién nacidos porque no son como los imaginaban, o temen encariñarse con el bebé por si no sobrevive, lo que también genera culpa.
El temor a no saber cuidarlo y la falta de contacto físico dificultan el establecimiento del vínculo afectivo. En un nacimiento normal, la madre y su bebé están en constante contacto físico, y ahora sabemos que el amor de los padres ayuda al bebé a salir adelante. Por ello, las unidades de neonatología están preparadas para ayudar a los padres a crear un vínculo afectivo fuerte, animándolos a pasar tiempo con su bebé, a hablarle y acariciarle. Cuando la lactancia directa no es posible, es muy probable que se pida a la madre que extraiga leche materna con ayuda de un sacaleches para administrársela al bebé.
Tras días de incertidumbre, confusión, miedo, tristeza y mucho cansancio, los padres afortunados podrán llevarse a sus bebés a casa. Comienza entonces el momento de la crianza, donde algunos padres pueden sentirse asustados, temiendo no ser capaces de cuidar a una criatura tan delicada. Los bebés prematuros pueden presentar un desarrollo diferente de un bebé que ha madurado nueve meses en el útero; por ejemplo, pueden tener un incremento transitorio del tono muscular que desaparece sin más, aunque no se sabe muy bien por qué sucede.
Es importante que los padres tengan información sobre los problemas normales del desarrollo de un bebé prematuro. Se ha encontrado una mayor tendencia a desarrollar problemas psicológicos en niños que nacieron prematuramente, y muchos de estos problemas tienen que ver con la sensación de indefensión que los padres transmiten a su hijo. Es normal tener sentimientos negativos ante la llegada de un hijo prematuro, y se recomienda seguir los consejos de los profesionales de neonatología y preguntar todo aquello que les inquiete.

Retos y Futuras Investigaciones
Aún quedan muchas preguntas sin responder y resultados por confirmar. Es necesario investigar cómo afecta la prematuridad al envejecimiento, si los cuidados de asistencia al parto repercuten a largo plazo, qué sucede con los adultos nacidos prematuramente en países con recursos limitados, cómo contribuyen a nuestra sociedad, qué factores promueven su resiliencia, cómo es la calidad de vida de estos adultos y en qué medida les afecta el entorno familiar, genético, socioeconómico y de estilo de vida.
Como podemos observar, aún queda mucho por aprender a fin de entender mejor cómo se puede mejorar la salud a largo plazo y la calidad de vida de estas personas, y proponer políticas de salud pública y acciones educativas adecuadas. Sin embargo, esto no podrá lograrse a menos que los investigadores de todo el mundo aúnen fuerzas y analicen los datos ya disponibles. Por otra parte, también es necesario desarrollar estudios innovadores.
Proyectos de Investigación Actuales: HAPP-e
Para aclarar los efectos de la prematuridad en el transcurso de la vida, actualmente se están llevando a cabo varios proyectos de investigación. Uno de ellos es el proyecto HAPP-e (acrónimo de «Health of Adult People born Preterm - an e-cohort study»), puesto en marcha a finales de 2019 por investigadores del Instituto de Salud Pública de la Universidad de Oporto (Portugal), en asociación con el Inserm y otras instituciones y universidades europeas que colaboran en otro proyecto, RECAP preterm.
El objetivo de HAPP-e es estudiar la salud de los adultos nacidos prematuramente de forma novedosa y a gran escala. Para ello, se reclutará y monitorizará una cohorte electrónica de adultos nacidos de forma prematura. Tanto la selección como el seguimiento de los participantes se hará enteramente con la ayuda de instrumentos digitales, sobre todo gracias a una plataforma de internet. Al aprovechar la tecnología y los métodos de comunicación actuales, se podrá acceder a distintas poblaciones repartidas por todo el globo, las cuales no suelen tener la oportunidad de hacerse escuchar.