Es frecuente observar que muchos niños pequeños, especialmente durante los primeros años de vida, caminan sobre las puntas de los pies sin apoyar el talón. Este fenómeno, denominado marcha de puntillas, suele generar dudas y preocupación en los padres, aunque en la gran mayoría de los casos es una etapa transitoria que desaparece de forma espontánea a medida que el niño crece y desarrolla sus habilidades motoras.

¿Es normal que mi hijo camine de puntillas?
La respuesta corta es: sí, en muchos casos es normal. La mayoría de los niños comienza a caminar entre los 12 y 15 meses de edad, logrando el apoyo completo del talón alrededor de los 18 meses. Durante este periodo de aprendizaje, es habitual que prueben diferentes posiciones.
Se estima que entre el 7% y el 24% de la población infantil presenta esta conducta sin asociarse a problemas neurológicos. De hecho, los niños que utilizan las puntas de los pies pueden ser más rápidos y ágiles, aunque también presentan una mayor inestabilidad.
Causas principales de la marcha de puntillas
Los motivos que llevan a un menor a caminar sobre sus puntas son muy variados y pueden clasificarse de la siguiente manera:
- Marcha idiopática: Es la causa más frecuente. Se refiere a niños sanos, sin patologías conocidas, donde el hábito parece tener un componente hereditario (hasta en un 32-34% de los casos).
- Hábito adquirido: A veces, el uso prolongado de dispositivos como el andador (o "taca-taca") favorece esta postura, ya que el niño se impulsa con la punta de los dedos.
- Causas musculares y estructurales: El acortamiento del tendón de Aquiles o de los gemelos puede impedir físicamente que el talón toque el suelo.
- Causas neurológicas: Aunque son menos frecuentes, deben descartarse condiciones como la parálisis cerebral, el autismo o lesiones medulares.

Diagnóstico y evaluación profesional
Aunque a menudo es un comportamiento pasajero, es importante vigilar su evolución. Se recomienda consultar al pediatra o a un especialista en podología si el niño persiste con esta marcha después de los 2 o 3 años. El especialista llevará a cabo una evaluación que puede incluir:
- Exploración biomecánica: Análisis sencillo e indoloro del movimiento.
- Estudio de la marcha: Evaluación de cómo el niño apoya el pie al caminar.
- Pruebas complementarias: En casos específicos, pueden ser necesarias radiografías, electromiografías o resonancias magnéticas para descartar patologías subyacentes.
Tratamiento y pautas de acción
El enfoque ante la marcha de puntillas debe ser multidisciplinar, adaptándose a la edad y severidad de cada caso. Cuanto antes se inicie la intervención, mayor será su efectividad.
Opciones terapéuticas
- Fisioterapia y ejercicios: Se prescriben estiramientos para el músculo tríceps y ejercicios para fortalecer la musculatura más débil.
- Tratamientos ortopédicos: Uso de plantillas personalizadas o férulas (diurnas o nocturnas) para mantener el pie en un ángulo de 90 grados y corregir la alineación.
- Yesos correctores: Utilizados en casos más severos para estirar progresivamente el tendón.
- Cirugía: Se reserva como última opción, generalmente a partir de los 4 o 5 años, si los tratamientos conservadores no han dado resultado.
Ejercicios para ayudar a niños que caminan de puntitas.
Es fundamental observar si la marcha es simétrica o si, por el contrario, el niño solo utiliza la punta en un pie para compensar una diferencia de longitud entre ambas extremidades. Ante cualquier duda o si el niño presenta rigidez, falta de coordinación o dolor, la valoración profesional es la mejor estrategia para garantizar un desarrollo saludable.